Mi práctica clínica durante las crisis socio-económicas de los últimos 20 años | Topía

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Mi práctica clínica durante las crisis socio-económicas de los últimos 20 años

 

El cumpleaños número 20 de nuestra revista, me lleva a rememorar cuestiones de mi práctica clínica de ese período. Donde las situaciones de crisis económico-social, funcionaron como detonadores de cambios, que ya pensaba, había que producir en los dispositivos clínicos psicoanalíticos.

 

La Hiperinflación como analizador

 

La década de los 90, la última del siglo XX, comienza en la Argentina con una modalidad golpista distinta. Ya no son los militares los que presionan o derrocan presidentes para imponer planes económicos que convengan al capitalismo, sino su señoría el mercado. La hiperinflación que se desató a fines de los 80 con Raúl Alfonsín, y que tuvo que entregar el gobierno anticipadamente a Carlos Menem, siguió durante el primer año de presidencia de éste, hasta que se implantó la convertibilidad.

Se volvía a repetir la misma situación, que a mediados de los años 70, prologó el golpe que instauró al terrorismo de estado. Se creó una situación de caos social que generó una sensación de pánico colectivo, llevando a buscar la salvación individual en detrimento de lo plural. Y a aceptar luego, la panacea de un plan salvador, con un sacrificio que sería “recompensado algún día”.

 

Desde que tengo uso de razón, nuestro país siempre estuvo en crisis. Recuerdo lo que decía Fernando Ulloa en el reportaje  publicado en el N° 1 de Topía Revista: “Tomando el concepto de crisis cronificada, aunque parezca una paradoja. Las crisis, como es conocido, son momentos de oportunidad, de oportunidad que teníamos, pero la crisis cronificada es una oportunidad perdida, es una situación detenida en donde se queda alguien estancado en la crisis. La crisis se cronifica cuando lo que subyace es una situación trágica, definiendo la tragedia como una situación de dos lugares, sin tercero de apelación”.

Lo que ha hecho el poder económico es generar este sistema dual, donde “los terceros de apelación” fueron reprimidos por la fuerza, la tortura y la desaparición, y/o el terror de los golpes del mercado, y/o el apoderamiento de los medios masivos de difusión donde se propala un pensamiento único.

Durante esos años, los profesionales que ejercíamos la práctica privada de la clínica psicoanalítica, sufrimos los mismos embates que toda la población. Uno de los pilares del contrato analítico tradicional, o el difundido y enseñado por las instituciones oficiales del psicoanálisis: los honorarios, comenzó a tambalear. ¿Cómo fijar el precio de la sesión en un momento, si de inmediato, la inflación se lo comía? Este fue un debate en las instituciones, en las supervisiones y en las charlas de café. -Que cobremos en dólares, que cobremos por adelantado, fijemos el precio sesión por sesión, etc.- Fue un analizadora la rigidez del encuadre analítico. Entonces, pensé junto con algunos colegas, que el mejor camino era resolverlo con cada uno de los pacientes, en el campo de la transferencia.

 

Catalina, una paciente que estaba en tratamiento hacía unos años, planteó en una sesión que me pagaría los honorarios después del 15 de cada mes, ya que para que su sueldo de maestra no se le deteriorara, había decidido colocarlo a plazo fijo. Aprovechaba los mini plazos que había comenzado a ofrecer el capitalismo financiero, para cobrar los intereses. Trabajamos esa propuesta, o sea, cómo ella para “salvarse”, se olvidaba del perjuicio que la hiperinflación también me causaba. Ya que los honorarios que pagaba, eran de las sesiones realizadas el mes anterior. Fue muy rica esa experiencia, ya que la paciente pudo tomar conciencia de ciertas conductas individualistas propias en situaciones de peligro. Por ejemplo, asoció esta conducta con lo que le habían relatado sus padres: cómo para salvarse del régimen nazi, que los perseguía en Polonia por su condición de judíos, habían tenido que asumir conductas del tipo sálvese quien pueda.

 

Jorge, un paciente arquitecto que construía y remodelaba bancos, a quien le pagaban y compraba todos sus insumos en dólares, decide por su cuenta abonar en esa moneda. Se sorprende muchísimo cuando yo le propongo pensar sobre esa modificación, ya que en su mundo era obvio. Lo obvio en su vida lo había llevado a una sobre adaptación, donde incluso había perdido muchas de sus facetas creativas, como la pintura y la escultura.

 

Pero la apelación más profunda que había provocado el golpe del mercado, fue a la institución de las llamadas profesiones liberales, que tradicionalmente fijaban sus honorarios de acuerdo a la jerarquía que creían tener, y que se habían afianzado en la década de los 60, con los gobiernos desarrollistas. El mercado hacía sentir que era más poderoso que cualquier sujeto. La fantasía de autodeterminación quedó seriamente cuestionada.

 

De la convertibilidad a la pobreza

 

Pero el mercado que todo lo puede, trajo la solución mágica, el plan de convertibilidad: un peso un dólar. Los resultados de esta falsa panacea: un país sin inflación, con empresas privadas que se modernizaban, se pudo ver claramente cuando terminaba el primer mandato de Menem. Se empieza a sentir el desmantelamiento del aparato productivo, ya que era más barato importar que producir y, como consecuencia, la desocupación masiva.

Comienza la resistencia en Cutral Có en 1996, con los piquetes en las puertas de las empresas cerradas. También comienza la represión, el modelo económico se sostiene y se profundiza mediante la fuerza. Esto fue gestando quizás, el más novedoso movimiento de resistencia, el movimiento piquetero; la protesta que no se podía hacer en las fábricas porque ya no existían, se realizaba en el espacio público.

En este sentido, adhiero a lo que dice Christophe Dejours, en La Banalización de la Injusticia Social: “…la violencia y la injusticia comienza siempre generando, en primer lugar, un sentimiento de miedo. El miedo es un sufrimiento, pero un sufrimiento que no marca en absoluto la culminación del proceso iniciado por la violencia. El miedo puede ser el punto de partida: el punto de partida de estrategias defensivas contra el sufrimiento de tener miedo, ignorado por la filosofía, que menosprecia el miedo”.

 

Seguramente los políticos y el mercado pensaron que el miedo nuevamente les serviría para imponer sus planes.

 

Con otros psicoanalistas, con quienes  pensamos, que la producción de subjetividad se da en un contexto histórico y social ya nos veníamos preguntando, desde hacía tiempo, si las herramientas que teníamos, después de un siglo de psicoanálisis, todavía seguían siendo eficientes para encarar nuestra práctica clínica.

Considerábamos, que era necesario generar cambios en el dispositivo analítico, para dar respuesta a una realidad que cada día se convertía en más angustiante.Esto surgía, allá por 1994 ó 95, desde una posición ideológica: en las prácticas sociales existe una dimensión política que como profesionales no podemos eludir.

Desde allí que para dar cuenta de las problemáticas de esos momentos, debíamos establecer reglas necesarias en los encuadres de trabajos, que nos permitieran instaurar condiciones propicias para abordar las formaciones del inconciente.

Esto consistía en una operación política, que invertía el orden del poder: el paciente no tenía porqué adecuarse al dispositivo clásico, y si no lo hacía era “inanalizable”, sino que nosotros debíamos buscar en nuestros repertorios, las posibilidades instrumentales para dar cuenta y tratar su problemática. Fue revindicar lo artesanal del psicoanálisis, la creatividad y la singularidad de cada tratamiento.

Allí se dio mi encuentro con la Revista Topía. Después de la organización conjunta de las dos jornadas “Nuevos dispositivos psicoanalíticos”, fui invitado a formar parte del Consejo de Redacción de la misma. Y que con el pasar de los años, se  ha convertido en mi lugar de pertenencia y militancia política en las cuestiones de salud mental.

Conjuntamente, nos empezamos a plantear: cómo trabajar con la desocupación, la exclusión social y la desafiliación (R. Castel). Que en su trabajo Las Trampas de la Exclusión Social -un análisis de la situación laboral en Francia- nos dice:“…las situaciones límites se inscriben en un continuo de posiciones que ponen en cuestión la cohesión del conjunto de la sociedad. En la mayoría de los casos el “excluido” es de hecho un “desafiliado”cuya trayectoria está hecha de una serie de desconexiones respecto a estados de equilibrio anteriores más o menos estables, o inestables… hoy existen quienes están “in” y quienes están “out”, pero no habitan universos separados. En una  sociedad no hay nunca, propiamente hablando, situaciones fuera de lo social. Es importante reconstruir el “continuum” de las posiciones que ligan a los “in” con los “out” y dominar la lógica a partir de la cual los “in” producen los “out”.  

Creo, que nos fuimos  ingeniando para no producir pacientes “out”,  ni ser analistas “out”.

 

Cuando un paciente se va[1]

 

Poco a poco los pacientes comenzaban a plantear la necesidad de interrumpir los tratamientos, o de bajar el número de sesiones. Nuevamente la agudización de la crisis, otra vez la pregunta: ¿Qué hacer?, y otra vez el miedo, la angustia del paciente por haberse quedado sin trabajo, o porque le podía pasar lo mismo que a los compañeros despedidos. Y entonces, la angustia del terapeuta de quedarse con el consultorio vacío: -¿De esto no se habla?, ¿Ni con los colegas ni con los amigos?- Quizás en el análisis personal o en la supervisión.

 

Juan, un paciente que llevaba tres años en tratamiento, tenía una pequeña empresa de distribución de correas de transmisión para máquinas industriales, que proveía a grandes fábricas. A la merma de sus ventas, se le agregó que los pocos clientes que le compraban le diferían los pagos. Mientras que él debía abonar al contado la mercadería, sus clientes lo hacían a 90 ó 120 días. En poco tiempo se tuvo que desprender de su casa para financiar a la empresa, y pasó de una situación económica de bienestar a una de gran estrechez.

-Alfredo, no puedo seguir, ya no tengo ni para pagar sus honorarios.

-Juan, por un tiempo yo lo beco.

Con este paciente el espacio analítico se convirtió, por momentos, en un estudio de análisis económico-financiero, en el cual él se sentía contenido y yo aprendía muchísimo del tema. Desarrollé, cómo diría Enrique Carpintero: un espacio soporte frente a la crisis.

 

Cecilia era encargada de una fábrica de ropa de bebé, desde que ésta había comenzado a funcionar, hacía 20 años. El dueño y ella eran como de la familia. Llega un día al consultorio llorando y me dice:

-Emilio cierra la fábrica, no vendemos nada, yo me voy…  no se dónde, si no hay trabajo en ningún lado…  y lo único que se hacer es esto. Tengo que interrumpir el tratamiento, no le voy a poder pagar.

Frente al planteo, le propuse que lo pensáramos por un tiempo, mientras tanto yo no le cobraría mis honorarios.

La experiencia fue muy rica: porqué ella pudo plantearle algo parecido a Emilio. Que no le pagara, pero que le diera mercadería que tenía y no podía vender, que ella la ofrecería, tocando timbre en las casas, con muy poco margen de ganancia. Él recuperaría el capital y ella ganaría algo. Salieron ambos a vender y terminaron siendo socios después de la crisis.

 

En síntesis, bequé pacientes, bajé honorarios, no interrumpí ni un solo tratamiento, ni bajé el número de sesiones a nadie. Y quebré económicamente, como la mayoría de la población, pero no quedamos ni yo ni mis pacientes “out”. Cobré en cuasimoneda, Patacones y en Lecop. Pero lo más rico fue incluir en las sesiones, un análisis de la realidad política, y encontrar con cada uno de los pacientes, de qué forma podríamos no quedar atrapados en la encerrona. Trabajé en la crisis y con la crisis.

 

En la calle codo a codo, somos mucho más que dos[2]

 

Desde la revista convocamos a la Asamblea de Trabajadores de Salud Mental, para discutir, con el conjunto de los colegas, las estrategias para enfrentar la agresión que estábamos sufriendo.Además salimos a trabajar comunitariamente, como institución,  en las fábricas recuperadas, siendo ésta una de las experiencias psicoanalíticas más ricas que haya vivido. A propósito, ver en www.topia.com.ar: “El fin de una intervención comunitaria”.

Tanto en el consultorio como en el campo comunitario convertimos a la crisis, como diría Ulloa, en una oportunidad.

Argentina quedó totalmente arrasada, con gran parte de la población excluida y/o desafiliada y aún no se le ha dado una respuesta integral desde el poder político.

 

Hoy me encuentro, junto a mis compañeros, con el desafío de seguir luchando en contra del uso del manual DSM IV que hace desaparecer al sujeto, y que en base a él se instruyan tratamientos y formación. De las neurociencias unidas a los laboratorios de productos medicinales, que junto a ciertas corrientes de la psicología provocan la medicalización de la vida cotidiana. De la contrarreforma psiquiátrica que borra el trabajo transdisciplinario, y también en contra de la privatización de la Salud Pública.

Y a favor de la desmanicomialización, la plena vigencia de la ley 448 de Salud Mental en la Ciudad de Buenos Aires, y por la aprobación de la Ley Nacional de Salud Mental.

 

Alfredo Caeiro

Psicoanalista-Analista Institucional

alfredo.caeiro [at] topia.com.ar">alfredo.caeiro [at] topia.com.ar

 

                                                          

 

Notas

 

[1] Canción del grupo musical Las Psicófonas.

 

[2] Poemas de Otros. “Te quiero” de Mario Benedetti.

 

 
Articulo publicado en
Noviembre / 2010

Boletín Topía

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