A la izquierda de Freud: Adorno y la dominación de la subjetividad en los dispositivos tecnológicos con el efecto de “masa” | Topía

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A la izquierda de Freud: Adorno y la dominación de la subjetividad en los dispositivos tecnológicos con el efecto de “masa”

 

Los debates promovidos en un amplio circuito académico y mediático acerca de las virtudes que la tecnología del Siglo XXI nos deparan para estos tiempos, se presenta, las más de las veces, despojado de las determinaciones políticas, sociales y culturales que dicho enfoque merece. Frente a la velocidad en la que un objeto desplaza a otro, por su practicidad y su equipamiento, el planteo central parecería radicar en asimilar masivamente dichas producciones y, toda reflexión sobre el modo en que ello se inserta en nuestra sociedad, choca rápidamente con las objeciones que cualquier prurito al respecto, merece ser sospechado de “retardatario” si cuestiona dicho fenómeno. Así, bajo una sofística seductora, se recrea el viejo antagonismo de “Civilización o Barbarie”, según se acepte o se rechace estas maravillas de la ciencia…y del mercado.

El planteo adolece de seriedad y no apunta al problema que nos proponemos transmitir en este artículo, apelando a algunas consideraciones de Theodor Adorno y Sigmund Freud, en torno a la conformación de una masa y los dispositivos de la dominación de la subjetividad en la modernidad, que el debate mistificado, al cual aludimos, se encarga plenamente de invisibilizar a los ojos de la crítica. Nos referiremos a un texto de Adorno, que hoy puede resultar lejano si lo comprendemos en un sentido estrictamente “evolutivo” en términos del escalafón tecnológico, para los tiempos actuales, pero que, a nuestro juicio, mantiene una sólida vigencia, en los problemas que nos interesan acerca de la dominación de la subjetividad, con vistas a su masificación, para la reproducción de amplios dispositivos de poder en el mercado, en la política y, en definitiva, en las relaciones sociales del capitalismo en su aguda fase de crisis y descomposición.

 

 

El artículo “Adorno: la vigencia de un planteo crítico”[1], postuló que dicho autor plasmaría una síntesis de sus diversas intervenciones al investigar la llamada “Industria Cultural”, que serviría para una “crítica del modo en que la propaganda cultural burguesa prepara y captura la subjetividad de las masas para la reproducción del propio orden social en sus aspectos más recónditos y sofisticados”.[2] En función de ello, continuaremos la lectura de la obra de Adorno, específicamente su libro titulado Televisión y cultura de masas[3] tratando de trazar tesis referidas a posibles parentescos epistemológicos con el famoso texto de Freud titulado “Psicología de las masas y análisis del yo”.[4]

En el mencionado texto, la tesis principal de Adorno es que la televisión, como integrante de la denominada cultura de masas, tiene una estructura de múltiples estratos. El autor indicará que el análisis de los materiales televisivos no debe centrarse sólo en lo visible, en la superficie “textual” televisiva, sino que debe también considerar, y darle aun un mayor interés, al mensaje oculto[5].

Sin embargo, antes de continuar con el criterio de Adorno, debemos comenzar a plantear tesis y líneas de demarcación entre ambos autores en lo tocante al problema de la reproducción del orden social:   la conformación de formaciones de masa en Freud.

 y los distintos dispositivos, de orden técnico-tecnológico en el caso de Adorno.

En su escrito, Freud comienza con una crítica a los distintos conceptos que existían a nivel teórico como causas de una formación de masa: sugestión, imitación, contagio, inducción primaria de afecto e instinto gregario. En sí, Freud no está criticando las características que tanto Le Bon, McDougall y Trotter atribuyen a una formación de masa -primordialmente, a la masa espontánea, es decir, a la multitud- que se resume en dos características: “...una alteración a menudo profunda de su actividad anímica” donde mientras la “...afectividad se acrecienta extraordinariamente, su rendimiento intelectual sufre una notable merma”[6] en los individuos insertos en la masa.

Esto es, la crítica freudiana a la masa no pasa tanto por las características “despectivas” que tienen los autores: “Una masa tal es: extremadamente excitable, impulsiva, apasionada, veleidosa, inconsecuente, irresoluta y al mismo tiempo inclinada a acciones extremas, accesible sólo a las pasiones más groseras y los sentimientos más simples, extraordinariamente sugestionable, aturdida en sus reflexiones, violenta en sus juicios, receptiva sólo para los razonamientos y argumentos más elementales e incompletos, fácil de conducir y de amedrentar, sin conciencia de sí, respeto por sí ni sentimiento de responsabilidad, pero pronta a dejarse arrastrar por la conciencia de su fuerza a toda clase de desaguisados, que sólo esperaríamos de un poder absoluto e irresponsable.”[7] El aporte freudiano a la psicología de las masas es la tesis de que las causas de una formación de masa que encuentran tanto Le Bon, McDougall y Trotter son secundarias, porque la causa la brinda la teoría de la libido. Así, una formación de masa se puede explicar teniendo en cuenta diversos conceptos, como son los sentimientos denominados “tiernos”, la cohesión libidinal de meta inhibida y la colocación del objeto en el lugar del ideal del yo.

Estos conceptos explican la relación entre los individuos en la formación de masa, donde priman los afectos por sobre la racionalidad, porque se postula que dichos individuos colocan al objeto en el lugar de su ideal del yo, al mismo objeto, sea éste un conductor, una idea, una idea encarnada en un conductor o algo abstracto. Dada aquella colocación, los individuos se encuentran relacionados entre sí por el nuevo lugar que ocupa el objeto, y a su vez por sentimientos tiernos -sentimientos libidinales de meta sexual que fueron reprimidos, transformándose así en ligamentos que permiten un sostenimiento de la relación en el tiempo mayor que una ligazón a través de sentimientos de meta sexual que ven drenada su carga al satisfacerse el acto sexual- que hacen a la cohesión libidinal a través de tener todos ellos al objeto de la meta sexual transformado en una meta inhibida.[8]

Hemos planteado que los objetivos de Adorno se basan en la tesis de la reproducción del orden social a través de diversos dispositivos y mecanismos, en el caso que nos toca hoy, la televisión, y que la tesis de Freud de la formación de masa son la colocación del objeto en el ideal del yo y la cohesión libidinal de meta inhibida analizada a través de su teoría de la libido.

Ahora bien, nos preguntamos si hay salida. Esto es, qué tiene que suceder para evitar concientemente la reproducción de la sociedad, y qué tiene que suceder para que el individuo en formación de masa recupere su conciencia de sí y su rendimiento intelectual.

Según Freud, “...las aspiraciones sexuales directas son desfavorables para la formación de masa”[9], esto es, la merma en la cohesión libidinal de meta inhibida podría comenzar a desarticular la formación de masa. Y si tenemos en cuenta que la represión de la meta sexual directa nunca es posible por completo, sino que siempre hay aspectos de ella que quedan latente, vemos que se buscan drenar a través de disposiciones reguladas como “lo muestra ya la institución de las fiestas, que originariamente no son otra cosa que excesos permitidos por la ley y deben a esta liberación su carácter placentero”[10] o directamente el chiste y el humor en la vigilia.

Estas citas nos aportarían una brecha para comenzar a pensar posibilidades de alternativas a la formación de masa, pero el mismo Freud nos demuestra que, a través de su estudio de la neurosis, que ella vuelve asociales a sus víctimas, debido a que “...la inhibición no se logró acabadamente o dejó sitio a un regreso a la meta sexual reprimida”[11], haciendo que dicha cohesión no funcione óptimamente, convirtiendo en “asociales a sus víctimas” -la misma influencia negativa que también produciría el enamoramiento, explica Freud-. Pero unas líneas más adelante, Freud nos demuestra que no habría una salida posible de la formación de masa, tanto porque el otro siempre va a contar para la vida anímica, tanto porque “abandonado a sí mismo, el neurótico se ve precisado a sustituir, mediante sus formaciones de síntoma, las grandes formaciones de síntoma, las grandes formaciones de masa de las que está excluido. Se crea su propio mundo de fantasía, su religión, su sistema delirante, y así repite las instituciones de la humanidad en un deformación que testimonia con nitidez la hiperpotente contribución de las aspiraciones sexuales directas”.[12]

Y esta tesis fundamental también la encontramos en Adorno, salvo que aplicada en su problemática, la reproducción de la formación social, en este caso, la televisión utilizada para la reproducción y traspaso de las ideas dominantes, que como ya Marx y Engels explicaron en La ideología alemana, “las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante”[13]. En palabras de Adorno, el proceso creciente de comercialización de la cultura deviene en que se estructuren objetivos de realización de la inversión económica claras, a través del recurso a la reutilización de fórmulas ya establecidas. Así, es posible que un televidente ya sepa, desde antes de ver el programa, que va a ocurrir allí. Las variantes se encuentran a nivel superficial, es decir, del mensaje explícito, donde las innovaciones se basan en detalles, no en el grueso de la historia, las finalidades de los personajes, las situaciones y las ambientaciones. Dadas estas características, Adorno encuentra que “cuanto más se expande el sistema de 'comercialización' de la cultura, más se tiende asimismo a asimilar el arte 'serio' del pasado mediante la adaptación de este arte a los propios requisitos del sistema. El control es tan amplio que cualquier violación de sus reglas es estigmatizada a priori como 'pedantería' y tiene pocas posibilidades de llegar al grueso de la población”[14] concluyendo que “El esfuerzo concertado del sistema tienen como consecuencia lo que se podría denominar la ideología predominante de nuestra época”.[15]

La ya descripta comercialización cultural, que se engloba en el concepto de “industria cultural”, da cuenta también de un proceso de institucionalización para la transmisión de valores que se encuentra en ámbitos que podríamos denominar “blandos”, subrepticialmente, haciendo nuevos aportes a la reproducción de la sociedad por fuera de los tradicionales y más “duros”, como son los mecanismos coercitivos.

Pero también está, según Adorno, a favor de obturar la subjetividad de los individuos, por el hecho de que “...la pauta misma, vagamente perceptible en las antiguas novelas y fundamentalmente conservada hoy, se encuentra, a esta altura, congelada y uniformada. Por sobre todo, esta rígida institucionalización transforma la moderna cultura de masas en un medio formidable de control psicológico. El carácter reiterativo, de ser siempre lo mismo, y la ubicuidad de la moderna cultura de masas tiende a favorecer las reacciones automatizadas y a debilitar las fuerzas de resistencia individual.”[16] Esto es, que al nivel de los televidentes, podemos encontrar que se forman configuraciones que merman las capacidades racionales de cada individuo, para que comiencen a primar su afectividad, pero tal como Freud la comprende en su sentido peyorativo en el contexto del artículo de Psicología de las Masas y Análisis del Yo. No afirmamos que esta sea la posición de Freud a lo largo de su obra, sólo que es en este texto donde sostiene que la capacidad racional del individuo se rebaja en la formación de masa.

Es pertinente repasar algunas características que encuentra Adorno sobre la televisión: pseudo personalización de las cuestiones objetivas, generando una creciente cantidad de estereotipos sociales cada vez más establecidos socialmente, que además de alejar las cuestiones sociales concretas, “afianza[n] la división del mundo psicológicamente tan peligrosa, en negro (el grupo de afuera) y blanco (el grupo de adentro)”;[17] cambio del acento en los personajes, de conflictos interiores y psicológicos a caracterizarlos estereotipadamente; una reiteración en aumento de valores establecidos socialmente que actúan guiando, estableciendo desde fuera, cómo proceder; el uso frecuente de dichos estereotipos sociales, de clisés que “constituyen un elemento indispensable de la organización y previsión de la experiencia, que nos impide caer en la desorganización mental y el caos”;[18] y la división del mensaje televisivo -y de todo producto de la industria cultural- en múltiples estratos, acentuando fundamentalmente la división entre mensajes explícitos y mensajes ocultos. Esta división, ya explicada más arriba, muestra muchos emparentamientos con la teoría psicoanalítica. Es más, Adorno, lo hace explícito: “Posiblemente, los diversos niveles que hay en los medios para las masas implican todos los mecanismos de conciencia en inconsciente en que insiste el psicoanálisis”.[19] Pero en esta cita, Adorno dice “en los medios para las masas”, permitiéndonos postular las últimas tesis sobre la vinculación con la psicología de las masas.

Ya vimos que en Freud, si es que hay una salida a la formación de masa -vía neurosis- ésta reproduce sus mecanismos fundamentales. En Adorno, hay una postura a entender a la televisión como un ámbito para visualizar estas cuestiones. Ya dimos cuenta de las características fundamentales que dan cuenta de su investigación sobre la televisión. Pero la idea de mensajes ocultos y mensajes explícitos también se relacionan con la teoría freudiana, donde el mensaje oculto, actúa tanto reforzando las convenciones, como permitiendo que “...cierto número de gratificaciones reprimidas que desempeñan un papel importante en el nivel oculto se manifiesten en la superficie en forma de chistes, observaciones de subido tono, situaciones sugestivas y otros artificios semejantes. Sin embargo, toda esta interacción de diversos niveles apunta en una dirección definida: la tendencia a canalizar la reacción del público”.[20] Así, podemos postular la existencia de una figura exterior a los espectadores que los une y cohesiona entre ellos, pero con la finalidad de canalizar las emociones, reacciones y actitudes del público. Es este mensaje latente, subrepticio, el vínculo más profundo, el transmisor más profundo que actúa en la televisión, reprimiendo o gratificando y eludiendo la conciencia. Esta es la caracerística que hace al mensaje oculto tan eficaz, ser “considerado tan leve como una pluma”[21] pero estableciendo “pautas para los integrantes del público sin que éstos lo adviertan”.[22]

Para finalizar, no podemos dejar de destacar que también en Adorno parece que no hay una salida a la captura de la subjetividad de las masas, captura que tiende a la reproducción de los valores dominantes en el caso de la televisión. Sostenemos fehacientemente que la crítica aporta en sí misma un contenido muy valioso para pensar el problema planteado, aún en desmedro del pesimismo con el que siempre se ha acusado a la Escuela de Frankfurt, y en especial a Adorno. Pero el autor nos advierte que no debemos explorar los “culpables” de dicha captura en los guionistas y productores de los programas televisivos. No hay una figura maquiavélica por detrás que mueve los hilos de la subjetividad de las masas, porque “Estudiar programas de televisión en términos de la psicología de los autores sería casi equivalente a estudiar los autos Ford en términos del psicoanálisis del difunto Mr. Ford”.[23]

En tanto que consideremos al sentido transmitido por los diversos productos de la industria cultural como un “significado polimorfo”, con distintas capas, con una estructura de múltiples estratos, podremos encontrar, en el análisis, distintos énfasis dados, en cada estrato, a diversos signficados y sentidos que se quieran transmitir, pero mientras “...el legado del significado polimorfo [sea] usurpado por la industria cultural” organizando su transmisión “...con el objeto de dominar el ánimo de los espectadores en diversos niveles psicológicos a la vez”,[24] lo que predominará, nos indica Adorno, será la adaptación y la obediencia irreflexiva, un mensaje de “adaptación y de obediencia irreflexiva [que] parece dominar hoy e invadirlo todo”.[25]

Vemos la importancia otorgada a este mensaje latente por el filósofo. Y está más que justificada, porque es a través de ellos que se transmiten los valores dominantes de cada formación social. Esta diferencia entre lo explícito y lo oculto, lo denotativo y lo connotativo, es lo que permite analizar los mensajes que recorren subrepticiamente los materiales discursivos, haciendo que, al plasmarse en los explícitos, pasen como naturales, ahistóricos y desconextualizados. Este es otro punto de vínculo entre las teorías: el historizar, el sacar a flote eso que estaba oculto vinculando los distintos materiales textuales privilegiando las asociaciones por sobre los vínculos lógicos. Característica señalada también por Adorno al analizar la televisión y la cultura de masas en general: “En muchos aspectos la cultura de masas está organizada mucho más mediante (…) asociaciones que en términos estrictamente lógicos. Cabe añadir que muy a menudo los ataques contra cualquier tipo social tratan de protegerse presentando aparentemente al objeto del ataque como una excepción, sin bien por las indirectas debe entenderse que se lo considera un ejemplar del concepto en su totalidad”.[26]

 

 

[1]   Ramírez, F, “Adorno: la vigencia de un planteo crítico” en Revista Topía, n°57, noviembre, 2009, p.32-33.

[2]   Op.cit., p.32.

[3]   Adorno, T, Televisión y cultura de masas, Eudecor, 1966.

[4]   Freud, S, “Psicología de las masas y análisis del yo” en Obras Completas, Volumen XVIII, Amorrortu,1979.

[5] Dicho tema, ha merecido diversas consideraciones en otros textos y autores, de los cuales queremos mencionar y referenciar destacadamente, aquello vertido por Cesar Hazki en “El cuerpo mediático”, quién analiza certeramente los efectos de los programas televisivos causantes de furor masivo y coronados como indiscutibles en el éxito del rating y el estrellato mediático, bajo el imperativo de “lo que la gente demanda”. Así, Hazaki nos explica que, eventos como “Gran Hermano” o “Bailando por un sueño”, reproducen una situación de “inclusión-exclusión” del modelo social imperante, bajo la participación del público, quién, en apariencia, oficia como árbitro de dicha situación

[6]   Op.cit., p.84.

[7]   Op.cit., p.81.

[8] Una lectura ineludible de esta temática, la hallamos en León Rozitchner y su obra “Freud y los límites del individualismo burgués”.( [8] Rozitchner, León, “Freud y los límites del individualismo burgués”, Ed Siglo XXI, Bs., As.1988), cuyo desarrollo excede los marcos de este artículo. Sin embargo, haremos mención a lo esencial. Se trata de leer, a partir de este artículo mismo, si existe o no una salida, en la propia formación de masa, de cara al cepo que instala el sistema burgués para el individuo mismo, dentro de la conformación colectiva que encuentra en dichas formaciones. Tal como señala Alejandro Vainer en “Las huellas de la Memoria”: “Para Rozitchner era la persona burguesa la que se afectaba en la masa y no la subjetividad. Por el contrario, rescataba al Freud que daba la preeminencia creadora de la actividad colectiva de la masa respecto a sus miembros individuales. Para ello clasificaba a las masas en institucionalizadas, espontáneas y revolucionarias. Desde la visión burguesa solamente las institucionalizadas (artificiales, como la Iglesia y el Ejército) eran las “buenas”, ya que reproducían el sistema social. En cambio, las espontáneas y revolucionarias eran malignizadas porque cuestionaban el sistema social” (Carpintero, E.; Vainer, A.; Las Huellas de la Memoria, vol. II, Ed. Topia, Bs, As, 2005, págs. 135-136)

[9]   Op.cit., p.132.

[10] Op.cit., p.124.

[11] Op.cit., p.134.

[12] Op.cit., pp.134-135.

[13] Marx, Karl y Engels, Friedrich: La Ideología Alemana. Santiago Rueda Editores, Buenos Aires, 2005. CAP. 1.

[14] Adorno, Op.cit., p.12 (el destacado es del original).

[15] Op.cit., p.12.

[16]        Op.cit., p.13.

[17] Op.cit., pp.36-37.

[18] Op.cit., p.33.

[19] Op.cit., pp.21-22 (el destacado es del original).

[20] Op.cit., pp.22-23.

[21] Op.cit., p.26.

[22] Op.cit., pp.25-26.

[23] Op.cit., p.28.

[24] Op.cit., p.21.

[25] Op.cit., p.17.

[26] Op.cit., p.40 (nota al pie).

 

 
Articulo publicado en
Agosto / 2012

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