Editorial: La libertad está con los otros | Topía

Top Menu

Editorial: La libertad está con los otros

 

Una de las características de la cultura es que regla los vínculos entre los seres humanos. De no existir tales vínculos quedarán sometidos a la arbitrariedad del individuo: el de mayor fuerza impondrá sus intereses y deseos. Es así como la cultura favorece la "fuerza de la razón" por encima de la "razón de la fuerza".

Por ello Freud plantea que es un mandato "amar al prójimo" ya que esto no es natural de la condición humana. Naturalmente el yo en su unicidad permite soportar el odio y el miedo. Para amar hay que renunciar a ese yo de la omnipotencia narcisista infantil que se basta a si mismo y poder reconocer que somos parte de los otros. Cuando nos aislamos el yo en su soberbia se siente glorioso y se hunde a la vez.

En este sentido la cultura lleva al establecimiento de una organización económica, política y social. La misma se reglamenta en normas sociales que se formalizan jurídicamente. Pero aquí comienza una contradicción entre la libertad individual y las necesidades de una cultura que puede posibilitarla o limitarla.

El sujeto le tiene miedo a su propia libertad. Le tiene miedo a su deseo. Esto lo sabemos aquellos que ejercemos la práctica del psicoanálisis. El deseo suele ser vivido como peligroso. Pero también el sujeto le tiene miedo a la libertad de los demás en tanto los demás dejan de ser previsibles. El miedo es el miedo al otro que puede sacarme lo que considero mío. Si mi libertad es peligrosa en tanto puedo encontrarme con la incertidumbre de mi deseo que desconozco y, por lo tanto, puede dañarme, mucho más peligroso es encontrarme con el deseo del otro.

Cuando hablamos de libertad nos estamos refiriendo a que nos tenemos que hacer responsables de nuestra condición de sujetos finitos y de nuestro deseo. Implica equivocarse. Si nunca nos pasa nada desagradable en la relación con los otros es por que no somos libres. Libertad es ruido, molestias, desorden, debates, discusiones y peleas. En definitiva, la incertidumbre que implica no estar tranquilos. La paz solo se encuentra en los cementerios. Vivir en libertad es estar con personas y en situaciones que no se toleran. El problema de todo grupo humano es como convivir con lo que no se tolera del otro. La pregunta es como establecer una cultura cuyo único límite sean los intolerantes. Una cultura donde el respeto de las diferencias esté sostenido en una igualdad económica, política y social. Caso contrario ocurre lo que plantea Fernando Savater : "La reivindicación del derecho a la diferencia en la democracia deja de ser democrática cuando se prolonga en la exigencia de una diferencia de los derechos".

En este sentido tolerar al otro no implica tolerar sus opiniones. Tolerar al otro es respetarlo como persona aunque nos lleve a criticar sus opiniones o, incluso, llegar a combatirlas. Por ello afirma Spinoza "Si la esclavitud, la barbarie y la soledad han de ser llamadas paz, nada más deplorable para los hombres que la paz". Esto nos plantea algunas cuestiones referidas a la ética.

 

"En el principio fue la acción"

Baruch Spinoza vivió en el siglo XVII donde conoció el miedo a la libertad producido por un poder que no aceptaba su pensamiento. La filosofía de Spinoza es un sistema. Esto significa que la rige un principio presente en cada uno de los eslabones que constituyen sus argumentaciones. Sin este principio que expresa al Ser como totalidad, ninguna "cosa" dentro del sistema podría ser, ni tampoco ser comprendida. Es decir, ninguna ciencia -la física, la ética, la política, la psicología, etc- podría constituirse seriamente. Pretender explicar la totalidad del sistema de pensamiento de Spinoza excede este artículo editorial. Solamente trataré de desarrollar algunas ideas referidas a la condición pasional de todo ser humano y, por extensión, el principio de toda sociedad, relacionando la misma con la producción y la praxis.

"En el principio era el verbo", así comienza el evangelio de San Juan. El Fausto de Goethe se pregunta
¿Qué puede traducirse adecuadamente como Verbo ?. Su respuesta es "En el principio era la Acción". La idea de un Dios que se define mediante la acción, mediante el acto de creación del mundo lo reconforta. Su Dios será el del Antiguo Testamento, del Génesis, que se define y prueba su divinidad creando el cielo y la tierra.

También Spinoza plantea que el conocimiento se realiza en la acción. La filosofía spinoziana es una filosofía de la acción. Se conoce obrando y se obra conociendo de manera que conocer es hacer y hacer es conocer. En este hacer se ponen en juego la pasiones del ser humano. En él vamos a encontrar pasiones alegres que lo potencian y pasiones tristes que lo deprimen y entorpecen su potencia. El esfuerzo ético de Spinoza, es decir, su política consiste en transformar las pasiones tristes en pasiones alegres. Mientras padecemos somos sujetos de las pasiones tristes somos cautivos, dependientes y carecemos de libertad. Pero no luchamos contra la pasiones tristes con la Razón sino con la fuerza da las pasiones alegres, transformando la Razón en una razón apasionada. Pero esta Razón es una razón con los otros. Por ello se pregunta Spinoza ¿ Por qué hacemos la suposición de que tenemos libre voluntades ?. La respuesta está en pensar que somos entidades separadas. En este pensamiento no vemos nuestra unión real con los otros. No vemos que fueron otros seres humanos los que dieron principio a nuestro pensamiento, quienes, por decirlo así, pensaron primero y por nosotros nuestro pensamiento. Todos somos como una sola Mente y un solo Cuerpo. Es en este cuerpo social donde podemos encontrar nuestra libertad. La libertad está con los otros.

Por miedo a la libertad no nos reconocemos en los otros, en sus diferencias y nos refugiamos en nuestros narcisismo. Por ello decía Antonio Machado "El que no habla a un hombre no habla al hombre ; el que no habla al hombre no habla a nadie".

Poder y libertad

Platón escribe el mito de Prometeo y Epimeteo a través del filósofo Protágoras. Este narra que cuando Zeus envió a Prometeo y su hermano Epimeteo que poblase el mundo de seres humanos y animales repartieran entre todos ellos las cualidades que cada especie necesitara para vivir. Prometeo tuvo la debilidad de dejarle a su hermano la distribución de los dones, el cual dispensó todas las facultades en favor de los animales. Cuando tuvo que ocuparse de los humanos no tenía más bienes para distribuir. Es así como Prometeo descubre que mientras los demás vivientes estaban armoniosamente dotados, los humanos se encontraban desnudos y desvalidos para poder sobrevivir. Entonces Prometeo decide robar el fuego del taller de Hefestos para dárselo a los seres humanos. De esta manera pudieron hacerse de los recursos necesarios para la vida. Lo único que no pudieron hacer es organizarse y vivir en ciudades, puesto que para ello no era suficiente poseer la sabiduría útil para la vida que proporcionaba el fuego. Además era necesario la sabiduría política para que no vivieran permanentemente en guerra. Al ver amenazada la especie humana, Zeus decide enviar a Hermes para que lleve el respeto y la justicia. Al preguntarle Hermes si debía repartir los nuevos dones a todos los humanos o solo algunos como ocurre con las habilidades técnicas, Zeus respondió : a todos por igual ya que las ciudades no podrían subsistir si sólo una minoría tuviera esos sentimientos.

Las fuentes del poder son el miedo y la condición finita del ser humano. Cuando un poder está por encima de las facultades reguladas democráticamente por el conjunto de los ciudadanos es por que estos le otorgan la aptitud de mitigar el miedo y las consecuencias de la finitud. Esto ha llevado, en las dictaduras, a generar un imaginario social que crea una falsa seguridad. De esta manera poder y libertad están vinculados : a más poder menos libertad y viceversa. El proyecto marxista plantea un poder que establezca relaciones iguales entre los miembros de la sociedad cuyo objetivo es desaparecer para que se constituya una sociedad de productores libremente asociados.Su vigencia permite no solo un pensamiento crítico de las formas actuales del capitalismo sino de las experiencias socialista burocráticas-autoritarias.

Es que el poder no es compartido con cada uno de los ciudadanos. El poder no se tiene, se ejerce. Desde esta perspectiva Paul Ricoeur plantea que el problema de la política es la libertad : para que el poder funde la libertad por su racionalidad como que la libertad limite el poder por su resistencia.

En la actualidad se ha creado un imaginario social donde solo existe la libertad de tener y el poder de dominar lo que lleva al ser humano a la incertidumbre y la indiferencia. La actual sociedad basada en la supuesta economía de libre mercado no potencia la capacidad de elegir ya que, no solo la limita a algunos de sus miembros sino restringe la libertad al banalizar su potencia.

Un posmodernismo ahistórico y acultural conviene al afianzamiento del poder al aumentar la incertidumbre donde todo vale y se cree que todo debe ser inventado nuevamente. Para ello no debe haber memoria.

En este sentido los caminos de la vida no están trazados. El problema del libre albedrío es falso ya que plantea dos opciones : libertad o determinación. En la búsqueda de una respuesta a este problema el posmodernismo apela al azar para contraponerse a libertad que hace del ser humano un dios o al determinismo que pretende borrar la incertidumbre. Debemos situar el problema de la elección en otros términos. Este no depende de una subjetividad libre de determinaciones ni de una presencia divina que mueve los hilos del mundo. Tampoco es el resultado del azar sin que se pueda trazar una ley o regularidad sin caer en los dioses del libre mercado o de cualquier otro. Muchas veces se acude al azar para no poner en juego la capacidad racional del sujeto. La misma nos lleva a preguntarnos ¿ Que es lo que se elige, para qué y porqué ? ¿Entre que términos se produce la elección ?.

La actual cultura que se suele llamar postmoderna en realidad es una culminación del proyecto de la modernidad. Esto es así en tanto hay una continuidad entre el proyecto de la modernidad y las condiciones materiales de la sociedad actual. A partir del desarrollo de las fuerzas productivas -como nunca se han dado en la historia de la humanidad- se pueden establecer las condiciones para fundar lo que en la modernidad se entendió como un proyecto utópico : una sociedad igualitaria. Esta utopía -no lugar- deja de ser tal para transformar el poder en una herramienta eficaz que puede ofrecer alternativas para superar las condiciones de existencia a través de una ampliación de la libertad nacida de una razón apasionada y realizada históricamente. Si la postmodernidad es el fin de la utopía de la modernidad es por que hoy esta es materialmente posible. Sin embargo lo que predomina es la desesperanza. Las características del actual capitalismo es que ha sabido adecuarse a lo más primario de la subjetividad en todo sujeto humano : su egoísmo y crueldad. Es decir la afirmación de un yo que se alimenta del odio y vive del miedo. Esto lo podemos observar en las manifestaciones de nuestra cultura. Las cuales no son un defecto de la misma sino, por el contrario, la condición necesaria para que se siga reproduciendo las actuales condiciones del tejido social y ecológico.

Construir una topía -un lugar- requiere la necesidad de una política que retome los grandes relatos de la historia donde -como se plantea en el mito de Prometeo y Epimeteo- el respeto y la justicia para todos los seres humanos son condiciones para que se constituya una cultura basada en la libertad y la solidaridad. Caso contrario las ciudades no podrán subsistir.

 
Articulo publicado en
Agosto / 1998

Jornadas AAPPG

Boletín Topía