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¿Me Sirve Qué?

 
Ética del vínculo, subjetividades y responsabilidades en tiempos de fragmentación

Vivimos una época en la que los vínculos parecieran estar mediados por una lógica del mercado: lo que se da y lo que se recibe, más que por lo que se siente entre las personas. En ese encuadre, se instaló una expresión que circula con fuerza: "me sirve". Este criterio funciona como brújula afectiva y justificación ética: me vinculo si me sirve, continúo si me sirve, sostengo si me sirve. Ya no preguntamos tanto qué siento, sino cuánto rendimiento afectivo, social extraigo de una relación, como si en la superficie de los vínculos se encontrara una ganancia permanente, pero ¿cuál es la ganancia real?

Socialmente ceder a estas lógicas no es inocuo. Implica un retroceso en nuestras formas de vincularnos, porque lo que surge de un utilitarismo del vínculo es una ética pragmática: la vida está bien o mal según cuánta tajada pueda extraerse de lo que ocurre. No importa tanto qué hacemos, sino cuánto rinde esa acción para mí o para mis proyectos de vida.

¿Perdimos el eje? Frente a esto, es necesario sostener otra ética que no reduzca lo humano a una conveniencia, sino que mantenga al otro como alguien a quien cuidar y no como mero recurso. Esta idea aparece en una anécdota atribuida a Margaret Mead, según la cual el primer signo de la humanidad fue un fémur humano fracturado que logró sanar, evidencia de que alguien cuidó y protegió a una persona en un estado de vulnerabilidad.

Frente a esto, suele suponerse que asistimos a un cambio en los valores de las personas, a un trasvasamiento (incluso intergeneracional) de principios y referencias éticas. Sin embargo, aun viviendo transformaciones profundas, seguimos habitando un mundo organizado por ciertos imperativos que, como ya lo señalaba Kant, estructuran la vida social más allá de las voluntades individuales.

Sostenemos que lo que se modificó es el estatuto mismo de esos imperativos. Cada vez más, lo que antes funcionaba como imperativo categórico se presenta hoy como una hipótesis condicional: aquello que hace algunas décadas generaba vergüenza (como robar, transgredir normas básicas de convivencia o exhibirse en las redes sociales) hoy puede ser leído, en ciertos discursos, como una forma de "viveza" o astucia adaptativa.

Aquello que hace algunas décadas generaba vergüenza (como robar, transgredir normas básicas de convivencia o exhibirse en las redes sociales) hoy puede ser leído, en ciertos discursos, como una forma de "viveza" o astucia adaptativa.

Hoy parece que está desplazada la honradez bajo la hipótesis de ser millonario, pero ¿a cualquier precio?

Incluso en este desplazamiento hacia lo que podríamos llamar hipótesis categóricas, persisten algunos núcleos éticos que, generación tras generación, sostienen la posibilidad de reconocer al otro como semejante.

Es justamente allí donde se vuelve necesario insistir en la construcción de formas amorosas del lazo, en las que el vínculo con el otro no quede reducido a un uso meramente instrumental o mercantil de la relación.

Es justamente allí donde se vuelve necesario insistir en la construcción de formas amorosas del lazo, en las que el vínculo con el otro no quede reducido a un uso meramente instrumental o mercantil de la relación.

No se trata de desconocer las transformaciones culturales en curso, sino de sostener una ética que preserve la alteridad y el cuidado como condiciones mínimas para que el lazo social no se degrade en pura utilidad. Estamos a tiempo, la mano invisible del mercado no da abrazos ni contiene.

Este es un movimiento que encuentra como interlocutora clave a Silvia Bleichmar (2015) quien pensó que un sujeto ético se constituye a partir de vínculos donde el otro, el par, el semejante, es condición de posibilidad de la subjetividad misma, no su instrumento funcional. La autora enfatiza que la ética no se reduce a límites o prohibiciones, sino que emerge en el proceso de subjetivación, donde la alteridad se internaliza y modifica la propia estructura del sujeto: la función del otro, en tanto semejante, constituye el núcleo de una ética auténtica para la construcción de legalidades que den cuenta del proceso que pauta la amorosidad como posibilidad.

Esta distinción es central para entender por qué la pregunta "¿me sirve qué?" no solamente interpela la utilidad de un vínculo, sino la manera en que concebimos al otro: ¿alguien con quien construir sentido o alguien cuya presencia solo justifica un retorno instrumental? e incluso los ideales de época que se instalan constantemente, "esto me sirve" como si la forma de buscar felicidad se haya corrido de su camino a ser exitoso en términos económicos, en una actualidad con cientos de gurús económicos, criptomonedas, estafas piramidales y procesos altamente subjetivantes.

Estamos conviviendo con un cambio en las subjetividades que tiene un impacto en todo lo que conocemos, la forma de construir la cultura, la música y evidentemente la manera en que se ejercen los vínculos.

La pregunta por el "me sirve" remite a un problema más amplio: ¿desde qué marcos imaginarios construimos al otro?, ¿cómo se produce la figura del semejante? Para pensar estas configuraciones que exceden lo individual, el aporte de Cornelius Castoriadis resulta central. El mismo desarrolla el concepto de imaginario social para pensar como tendemos a construir identidades (Castoriadis, 1997). Para el autor, el imaginario social es la matriz de significaciones que estructura la identidad colectiva y las formas de interacción social, más allá de la racionalidad explícita. La subjetividad, no es un producto natural aislado, sino una construcción social que se inscribe en un sistema simbólico de identidades, lenguajes y funciones que exceden la intencionalidad individual o familiar como primer círculo de sociabilidad.

Volvamos entonces al me sirve. Cuando el vínculo se organiza bajo esa lógica, cualquier fisura se vive como amenaza. Y frente a la amenaza, la respuesta que vemos defensiva es el corte, la retirada, el aislamiento y de allí el devenir de frustración y angustia. ¿Podemos pensar a los vínculos con el mismo estatuto que los objetos? Los vínculos no se sostienen sin atravesar el malentendido, las frustraciones y las diferencias.

Pensar una ética del cuidado implica, también, revisar cómo construimos la otredad: no sólo como alguien que puede darme algo, ni como alguien que puede dañar, sino como un semejante con quien necesariamente comparto algo del riesgo de vivir, la posibilidad de lazo. Y quizás hoy, más que certezas, lo que necesitamos es esa posibilidad. Como señaló Luis Alberto Spinetta "cuida al que tenés al lado", (Secretaría de Cultura de la Nación, 2020).

Esta tensión no es ni individual ni accidental. Están profundamente atravesadas por las estéticas, los discursos y las producciones culturales del neoliberalismo tardío (o acelerado), donde el reemplazo de los proyectos de vida de manera autopreservativa se reemplaza por la inmediatez como forma de supervivencia a niveles básicos (Bleichmar, 2008).

Los ejemplos de incendios forestales en toda la argentina nos devuelven a la pregunta ética: no sirve regar solo nuestra propia quinta si el fuego consume lo común, y nadie se salva aislado de los efectos colectivos de nuestras prácticas culturales, sociales y ambientales. Cuando la respuesta a un desastre se organiza en términos de culpabilidad simplista o se polariza hacia narrativas conspirativas, seguimos reproduciendo dualismos que no encauzan una opción posible.

Si el vínculo social se fragiliza como vemos en prácticas como el ghosting, el abandono abrupto de relaciones, o entregas seguidas de frustraciones desmesuradas como nombramos anteriormente, es quizás porque hemos descuidado la capacidad de imaginar al otro como semejante con peso propio, y no como mero instrumento personal de satisfacción. La obra de Aulagnier (1987) nos recuerda que los procesos identificatorios no son sólo operaciones cognitivas, sino nexos dinámicos entre nuestro mundo interno y las figuras del entorno. Esto implica que nuestros modos de abrirnos al otro o cerrarnos ante su falta de cumplimiento son profundamente ligados a nuestras identificaciones tempranas y a la forma en que nuestra vida afectiva ha sido constituida.

Quizás quede pendiente para otros desarrollos como los modos de producción subjetiva contemporánea y las realidades socio políticas están cambiando de alguna manera los modos de construcción del psiquismo. Esto amerita un esfuerzo del campo de la salud mental, para poder debatir viejos conceptos y poner en el tamiz novedades epistemológicas que desemboquen en la posibilidad de establecer mejoras en los modos de acompañamiento.

Una ética del cuidado no es simplemente un imperativo moral abstracto: es una tarea compleja de reconfigurar nuestros imaginarios y nuestras formas de identificación para aceptar la ambivalencia, la alteridad y las inevitables diferencias que aparecen en todo lazo afectivo.

La pregunta "¿me sirve qué?" no es sólo un juego de palabras provocador con una frase que se ha vuelto popular.

La pregunta por el "me sirve" remite a un problema más amplio: ¿desde qué marcos imaginarios construimos al otro?, ¿cómo se produce la figura del semejante?

Es una invitación a revisar las bases con las cuales elegimos vincularnos, a mirar críticamente las tramas sociales que determinan nuestras expectativas y a pensar el lazo no como un contrato de utilidad, sino como una construcción ética y afectiva que nos transforma tanto a nosotros como al conjunto social que habitamos.

Tal vez la tarea que tengamos por delante no sea sencilla, pero lo que sucede actualmente nos invita a mover nuestras comodidades. Frente a este imperio de pragmatismos, necesitamos seguir construyendo en los espacios que habitamos legalidades que pauten amorosidad, éticas de cuidado y políticas de hospitalidad al semejante.

Por todo lo anterior, tenemos una gran responsabilidad, "Buena Suerte y Más que Suerte" (Solari, 1986). ◼

Referencias

Aulagnier, P. (1987). The violence of interpretation: From pictogram to statement. Routledge.

Bleichmar, S. (2008). El estallido del yo: Desmantelamiento de la subjetividad. Topía. https://www.topia.com.ar/articulos/estallido-del-yo-desmantelamiento-de-la-subjetividad

Bleichmar, S. (2015). La construcción del sujeto ético. Ediciones del Psicoanálisis.

Castoriadis, C. (1997). The imaginary institution of society. MIT Press.

Secretaría de Cultura de la Nación. (2020). Luis Alberto Spinetta y su legado eterno. Presidencia de la Nación. https://www.cultura.gob.ar/luis-alberto-spinetta-y-su-legado-eterno-8673/

Solari, C. A. (1986). Vencedores vencidos [Canción]. En Oktubre. Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.


Rodrigo Sosa Raverta
Email: rodrigo.sosaraberta [at] gmail.com

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Articulo publicado en
Septiembre / 2026

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