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El precio de la inclusión: pinkwashing y la doble máscara israelí

 

Mientras el gobierno de Netanyahu profundiza la ofensiva militar sobre Gaza y escala tensiones regionales, Israel intentó realizar su Pride como si nada sucediera.

No es casual. Hace años que el Estado israelí promueve la idea de ser una isla progresista en Medio Oriente, donde las personas LGBT+ supuestamente gozan de amplios derechos frente a los regímenes represivos de la región. Pero detrás de esta narrativa de modernidad e inclusión se esconde una estrategia de marketing político conocida como pinkwashing: utilizar la causa LGBT+ para lavar la imagen de un Estado colonial y opresor.

Pinkwashing: utilizar la causa LGBT+ para lavar la imagen de un Estado colonial y opresor.

En los últimos años, esta estrategia alcanzó niveles grotescos. Durante las ofensivas militares en Gaza, circularon imágenes de soldados israelíes izando banderas del orgullo sobre zonas destruidas por los bombardeos, acompañadas por consignas como In the name of love. Estas imágenes no son gestos aislados: son parte de la campaña internacional Brand Israel, una política de Estado que busca reforzar la legitimidad de Israel mediante la exportación de una imagen cosmopolita, abierta y moderna.

Sin embargo, para las organizaciones palestinas y los colectivos queer de la región, no hay orgullo posible en el marco de la ocupación. “No hay una puerta rosa en el muro que encierra a los palestinos”, denuncian activistas como Sa’ed Atshan. La consigna que recorre movilizaciones en todo el mundo es clara: “No hay orgullo en la ocupación”. Desde Euskal Herria hasta Bogotá, pasando por las marchas en Berlín y Nueva York, los sectores críticos señalan que Israel intenta apropiarse de las luchas por los derechos LGBT+ para maquillar su política colonial y los crímenes contra el pueblo palestino.

Es cierto que Israel ha impulsado avances importantes en materia de derechos LGBT+ respecto a otros países de la región. La actividad sexual es legal desde 1988, las parejas del mismo sexo pueden adoptar y sus matrimonios son reconocidos si se celebran en el extranjero. Las personas LGBT+ pueden ingresar libremente al ejército, e incluso algunos políticos israelíes se muestran abiertamente homosexuales. Sin embargo, no todo es tan inclusivo como lo venden: el matrimonio igualitario sigue prohibido y parte del gobierno, con ministros vinculados a sectores ultraortodoxos, sostiene posturas abiertamente homofóbicas.

Pero el problema no se reduce a Israel. Como señala Pablo Heron en La Izquierda Diario en su análisis sobre las empresas “diversas e inclusivas”, el pinkwashing también es una práctica común en las grandes corporaciones globales. Empresas como Amazon, Disney o Booking despliegan campañas multicolores cada mes de junio, mientras sostienen condiciones laborales precarias, explotan a minorías y retroceden en sus discursos cuando enfrentan presiones conservadoras. La diversidad, en estos casos, se convierte en un negocio: una estrategia para captar consumidores sin cuestionar la lógica de la explotación y la desigualdad.

El pinkwashing es parte de una estrategia global donde Estados, gobiernos y grandes empresas se apropian de los símbolos de la diversidad para maquillar sus prácticas opresivas.

El pinkwashing no es una práctica exclusiva de Israel: es parte de una estrategia global donde Estados, gobiernos y grandes empresas se apropian de los símbolos de la diversidad para maquillar sus prácticas opresivas. Desde la FIFA, que ondea banderas del orgullo mientras organiza mundiales en países que persiguen a personas LGBT+, hasta marcas como Coca-Cola, que pintan sus productos con los colores del arcoíris mientras explotan trabajadores en el sur global, el pinkwashing se ha transformado en una herramienta funcional al capitalismo. Bajo el discurso de la inclusión, se esconde la explotación.

El pinkwashing, tanto estatal como empresarial, busca apropiarse de símbolos de lucha para convertirlos en herramientas de marketing. Pero las banderas no deberían encubrir ni muros ni bombas. Los derechos LGBT+ no pueden ser utilizados como escudo para legitimar ocupaciones ni como vidriera para vender productos. La verdadera liberación no es compatible con la opresión de otros pueblos ni con las lógicas de mercado que vacían de contenido.

Durante junio de 2025, el ataque israelí a Irán ha escalado con tintes estratégicos de largo alcance. Según La Izquierda Diario, Netanyahu no se limita a frenar un supuesto plan nuclear iraní, sino que pretende desestabilizar o incluso derrocar al régimen de los ayatolás, con el objetivo explícito de “hacer caer a los ayatolás”.

La campaña aérea ha alcanzado instalaciones nucleares clave -como Natanz y Fordow- y altos mandos del régimen, lo que representa una ofensiva inédita desde 2003. Esta operación, destinada a reforzar su poder interno y presionar a Irán, podría ser el desencadenante de una guerra regional más amplia.

Frente a esta ofensiva, la respuesta iraní ha sido contundente: múltiples misiles y drones han sido lanzados contra ciudades como Tel Aviv y Jerusalén. El conflicto ha provocado ya cientos de muertos, según informan fuentes oficiales, y amenaza con irradiar violencia a Líbano, Siria y aguas del Golfo. Mientras tanto, la comunidad internacional muestra creciente alarma, con llamamientos a detener la escalada y advertencias sobre las repercusiones económicas globales y el riesgo de implicación directa de potencias como Estados Unidos.

El desafío es recuperar el sentido radical del orgullo: un orgullo que no se negocia, que no se maquilla, y que no se utiliza para limpiar la imagen de quienes reproducen violencia y explotación. Un orgullo que sea parte de una lucha integral contra todas las formas de opresión. ◼

 

Tom Máscolo
Periodista
tomas.mascolo [at] gmail.com
IG: @pibetiger

Temas: 
 
Articulo publicado en
Agosto / 2025

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