Seminarios: Las Huellas de la Memoria Tomo II. Segunda Clase. | Topía

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Seminarios: Las Huellas de la Memoria Tomo II. Segunda Clase.

 
IV Congreso Internacional De Salud Mental y Derechos Humanos. La Salud Mental en la dictadura Militar

Coordinación: Enrique Carpintero y Alejandro Vainer
Invitados: Oscar Sotolano y Lucila Edelman

(Versión textual. No esta corregida por los expositores)

Enrique Carpintero : Hoy vamos a trabajar sobre la salud mental en la dictadura militar, mañana“Las huellas de la memoria para pensar el presente de la salud mental”.

Antes que empiece Alejandro quiero leer algo (convocatoria)

 

Alejandro Vainer : Nos acompañan hoy Lucy Edelman y Oscar Sotolano. Ayer trabajamos el tema de lo que sería Salud Mental en los setenta; psiquiatría, psicoanálisis y psicología. En realidad, sobre todo ayer aunque al final del seminario empezamos con el tema de la dictadura, vale la pena pensar como la cantidad de riqueza que se produjo a principios de los setenta que venía desde finales de los sesenta, o Cordobazo, esto comienza a ser atacado durante el gobierno de Isabel Perón con la Triple A – digo para que pensemos un poquito el marco de la situación. Las amenazas de la Triple A , los asesinatos políticos, esto comienza a atacar a toda la sociedad y también al campo de la salud mental.

Los primeros exilios .- como el de Marie Langer, por ejemplo, que es a fines del 74- comienzan antes del 24 de marzo del 76.

También comienza el desmantelamiento del sector público en Salud mental. Muchas veces se piensa que comenzó con la dictadura y no, comenzó antes. Tenemos que mencionar lo que fue la intervención en la Universidad , y en ese momento se comienza a desmantelar- inclusive un plan que parecía ser prometedor, como el plan idiota??? Lo que termina probándose es bastante distinto a lo que aparecía durante el 73.

Digo esto para que contextuemos como llega el campo de la salud mental inserto en la sociedad al 24 de marzo.

Cuando digo desmantelar es porque prácticamente las primeras residencias que se empiezan a cerrar se cierran durante el año 75. Los servicios como el del Hospital. De Clínicas comienza a desmantelarse previamente a la dictadura. Cuando se instala la dictadura con el terrorismo de estado y los campos de concentración, comienza a darse en la sociedad algo que – todos conocemos, voy a ser bastante breve en esto- pero la idea era extirpar cualquier política que fuera de transformación social para imponer esta parte del capitalismo en la cual vivimos. Esto llevó a persecuciones, a exilios externos e internos. Si hacemos un panorama- ayer poníamos psiquiatría, psicología y psicoanálisis; en la psiquiatría teníamos a la desaparecida FAP que en ese momento, durante el 76 realiza su último congreso argentino de psiquiatría, a fines del 76.

La FAP comenzó a denunciar ya en abril mismo del 76, la cesantía – porque había cesantías masivas por motivos ideológicos- , la desaparición de los primeros trabajadores de salud mental y recibe un golpe importante con la desaparición en 1976 de su secretario gremial Juan Carlos Rizau. Pero la FAP ya no era el único organismo de los psiquiatras. En ese momento, desde 1972, estaba la Asociación Argentina de Psiquiatras, que existe actualmente, se había creado en el 72 y era opuesta en la conducción a la FAP. Y durante la dictadura colabora con ella, tiene su publicidad en el INSM. Por otro lado en cuanto a los psicólogos teníamos la Asociación de Psicólogos de Bs. As pero teníamos la Confederación de Psicólogos de la República Argentina , la COFRA que después se transformó en Federación de Psicólogos de la República Argentina. Que también tiene una postura opuesta a la dictadura, y esto lleva a que Beatriz Perosio en 1978 sea una de las desaparecidas. Era presidente de COFRA Y de la Asociación de Psicólogos. Los documentos de esa época también denunciaban y mostraban la oposición a la dictadura. En cuanto al psicoanálisis, tema que ayer se había comenzado a debatir, hubo un silencio de las instituciones oficiales pero sin embargo muchos psicoanalistas tanto en exilio interno como los que se exiliaron, continuaron con su trabajo en cuanto a denuncias y a dispositivos de trabajo. Es de destacar, seguramente Lucy va a hablar de su participación en el tipo de asistencia y además el congreso creo que es el lugar mas indicado para hablar del tema de la salud mental durante la dictadura; el equipo de asistencia psicológica de Madres de Plaza de mayo, también hay que mencionar el movimiento solidario de Salud Mental.

Pero tenemos que considerar que la dictadura pierde gran parte de su fuerza con Malvinas, donde se produce cierto aflojamiento- hay que destacar la experiencia importante de salud mental que es Dalmiro Bustos, que realizó todo su trabajo con familiares de los que estaban en Malvinas, que hizo un trabajo que circuló en todo el país con familiares y cuando volvieron, con quienes fueron a combatir.

Toda la salida de la dictadura quedará para mañana.

Termina la dictadura, hablaremos de lo del presente pero yo quisiera remarcar que el terror impuesto por el terrorismo de estado y los campos de concentración, lleva hasta el día de hoy a algo que ha quedado vigente y metido en nuestros cuerpos y huesos. Mas allá de que muchos- y teniendo en cuenta este ámbito- tengamos que resistir y poder pensar algunas cuestiones. Dicho esto y habiendo hecho el panorama general del tema de la salud mental durante la dictadura militar, los dejo con Enrique.

 

Enrique Carpintero : Yo me voy a referir a un tema que está relacionado con el proyecto de nuestro libro, ya que este lo pensamos no como un libro de historia sino como una forma de poder reflexionar el presente.

Entre las cuestiones para pensar el presente, voy a subrayar un hecho, que lo desarrollamos en el libro y también está trabajado en el último número de la Revista Topía. Cuales son los efectos actuales de un tema que a mi entender no esta lo suficientemente hablado: los campos de concentración y exterminio en la Argentina. Si una sociedad no se plantea sus responsabilidades, difícilmente podrá comprometerse con sus problemas éticos y relativizará los conflictos vinculados con la impunidad, la justicia, la corrupción y la muerte. La dictadura militar, además del dolor por los desaparecidos ha dejado la sensación de que todo es un presente perpetuo. Nuestro pasado presente es una historia lejana y no es un problema sobre el cual es necesario una revisión ya que ha dejado profundas huellas en nuestra subjetividad. Ahora bien, Si ponemos el eje en los campos de concentración y exterminio, es porque creemos que esta fue y sigue siendo una historia negada por la sociedad. En este sentido, se los sigue llamando Centros de Detención Clandestinos. Esta palabra es un eufemismo, resulta más aceptable que llamarlos lo que fueron, campos de concentración y exterminio. Ya que esto nos llevaría a preguntarnos cómo una sociedad generó semejante barbarie. Y aún más, cuales fueron y siguen siendo sus efectos en nuestra subjetividad. Agamben se interroga acerca de que es un campo. Cual fue la estructura jurídico- política que hizo posible que pudieran ocurrir tales acontecimientos y establece que la pregunta correcta con respecto a los horrores ocurridos en los campos, no es por consiguiente aquella que infiere hipócritamente como fue posible cometer delitos tan atroces en relación a seres humanos. Sería mas honesto, dice Agamben y, sobre todo más útil, indagar atentamente acerca de los procedimientos jurídicos y los dispositivos políticos que hicieron posible llevar a privar tan completamente de sus derechos y prerrogativas a unos seres humanos hasta el extremo de que llevar a cabo cualquier acción contra ellos no se considerara ningún delito.

Desde esta perspectiva vamos a considerar el campo de concentración y exterminio no como un simple hecho histórico, sino como la matriz oculta que aún produce efectos en el espacio social y político en que vivimos.

Creemos necesario detenernos brevemente para analizar la metodología central en la que se basó el terrorismo de estado; los campos de concentración de exterminio y desaparición de personas.

El siglo veinte estuvo lleno de asesinos de la memoria, como los denomina el filósofo Yosef Yerushalmi. De esta manera nos encontramos con censuras, condenas, desapariciones, falta de declaraciones de culpabilidad, de asesinatos. El objetivo siempre del poder totalitario fue el mismo: impedir la reconstrucción de los acontecimientos, es decir, privar de la posibilidad de recuerdo. En esa época fue detenido el periodista Jacobo Timerman en un campo de concentración y su torturador, el General Camps lo interrogaba, y Timerman reproduce un diálogo que tuvo con Camps en un libro. Camps le decía: si exterminamos a todos habrá miedo por varias generaciones. Le pregunta Timerman ¿Qué quiere decir todos? Todos. Unos 20 mil. Y además sus familiares. Hay que borrarlos a ellos y a quienes puedan acordarse de sus nombres. Timerman le dice: es lo que intentó Hitler, con su política de Noche y Niebla. A lo cual Camps responde: Hitler perdió la guerra. Nosotros la ganaremos.

Estas palabras de Camps, que eran parecidas a las usadas por otros militares, implica establecer que la dictadura militar llevó adelante un plan organizado y sistemático de represión basado en los campos de concentración y exterminio y la desaparición de personas. Entre 1976 y 1982 funcionaron 340 campos en 11 de las 23 provincias argentinas. Negada, también por las Fuerzas Armadas que los denominaba lugar de reunión de detenidos, otro eufemismo. Algunos campos estaban instalados en bases militares, especialmente se equiparon para darles cabida. Sin embargo, era en los sitios que en nada se relacionaban con el ejército los que mostraban la impunidad con la que operaba el régimen militar. Había campos en viejas escuelas rurales, en hospitales, como el hospital Posadas, en galpones de tranvías como el Olimpo, etc. etc. Cinco grandes campos de concentración conformaban el centro del sistema represivo militar. Uno era el Vesubio, que ya había sido creado en el gobierno de Isabel Martínez de Perón. Y el campo de Mayo, estos dos funcionaban en las afueras de Buenos Aires. La ESMA y el Club Atlético en la ciudad de Buenos Aires y la Perla en Córdoba.

Podemos estimar que aproximadamente desaparecieron ahí entre 15 y 20 mil personas, pero como la cifra no se sabe exactamente se calcula que fueron 30 mil desaparecidos. Y acá hay una sobreviviente del campo de concentración, que es Pilar Calveiro, que escribió un libro y voy a citar algunos párrafos: “Los campos de concentración fueron el dispositivo ideado para concretar la política de exterminio producto de esta concepción del área de lo político y lo social. La política concentracionaria como concepción pertenece a este universo binario que separa amigos de enemigos. El campo de concentración, como el cuartel o el psiquiátrico, son instituciones totales”.

Como sostiene Agamben, los campos se crean en estado de excepción y ley marcial. Allí se suspende toda la ley. En este sentido, los campos de concentración y exterminio mostraban la cara oculta de una sociedad sometida al a arbitrariedad de poder donde la subjetividad, atravesada por ese estado de excepción solo podía generar miedo.

De lo justo no se podía hablar, para ello había que mantener una disociación entre lo que se sabía y lo que se decía. La propaganda oficial planteaba que “el silencio es salud” y por el contrario las que hablaban eran “las locas de Plaza de Mayo”.

Volviendo a Pilar Calveiro, ella dice “ los campos de concentración, ese secreto a voces que todos temen, muchos desconocen y unos cuantos niegan, sólo es posible cuando el intento totalizador del estado encuentra represión molecular, se sumerge profundamente en la sociedad perneándola y nutriéndose de ella. Por eso toma una modalidad represiva específica cuya particularidad no se debe desdeñar. No hay campos de concentración en todas las sociedades. Hay muchos poderes asesinos. Casi se podría afirmar que todos lo son en algún sentido. Pero no todos los poderes son concentracionarios. Explorar sus características, su modalidad específica de control y represión, es una manera de hablar de la sociedad misma y de las características del poder que entonces se instauró y se ratifica y reaparece a veces idéntico, a veces mutado, en el poder que hoy circula y se reproduce. En la actualidad el poder concentracionario parece claramente en las llamadas instituciones totales. Según la Comisión por la Memoria, en un informe sobre corrupción, torturas y otras prácticas aberrantes en el servicio penitenciario bonaerense, titulado “El sistema cruel” plantea.: la cantidad de muertes en las cárceles bonaerenses resulta alarmante y puede considerarse el resultado de una verdadera política de servicio. Luego sostiene que las cárceles en las provincia de Buenos Aires, semejan a los campos de concentración que describe Primo Levy en su libro “Si esto es un hombre”. Esta situación puede extenderse a todas las cárceles del país.

En los psiquiátricos, el hacinamiento y la mala alimentación se ve compensada por psicofármacos que son utilizados para imponer el poder disciplinario. Sin embargo, este poder autoritario atraviesa al conjunto de la sociedad mutado en un discurso donde al pobre se lo mira con desconfianza. Donde una manifestación que produce un embotellamiento de tránsito se lo denomina caos. Donde a una huelga en un hospital público se la llama terrorismo sanitario. Es decir, donde en un discurso supuestamente democrático se criminaliza la protesta.

Nuevamente el silencio es preferible al ruido de los diferentes sectores que reclaman por sus derechos.

En este sentido debemos tener presente lo que decía Juan Gelman en el prólogo de este libro de Pilar Calveiro. Dice Gelman: “ésta- refiriéndose a la autora- advierte : la represión consiste en actos arraigados en la cotidianeidad de la sociedad y por eso es posible. Se trata de ideas sobre las que conviene meditar. La historia está llena de repeticiones y pocas pertenecen al orden de la comedia.”

De allí la necesidad de seguir manteniendo estas huellas de la memoria. Los dejo con los invitados.

 

Oscar Sotolano : Tenía algunas ideas, la intervención de Enrique me genera otras. Voy a ver como concilio. En primer lugar, muchas veces estuve dando clases, muchas veces estuve en mesas, muchas veces presenté libros, de hecho tuve la posibilidad de presentar el libro de Carpintero en Madres hace dos años. Ahora nos encontramos en una experiencia que condensa todo: presentación, seminario y en este sentido hay algo que tengo que aclarar. Cual es el contexto de mi propia participación. Porque por cierto es distinta de todos los otros panelistas que participan en el seminario; Fernando Ulloa, Emiliano Galende, Lucila Edelman, Juan Carlos Volnovich, Roberto Harari, Gilou García Reynoso, son personas que han estado profundamente comprometidas con los mejores y mas intensos momentos de las transformaciones en el territorio de la Salud Mental que tuvo este país. En este sentido su experiencia está partiendo desde el punto de vista de su directa intervención en esa ¿????. Mi caso es absolutamente distinto.

En un corte que el libro establece y que Alejandro formuló y me parece importante, la dictadura y los procesos de destrucción de la dictadura se iniciaron antes de ésta, en el año 74. Y se iniciaron en un contexto que justo coincide con el momento en que yo me retiro. Mi participación en los espacios de esta lucha de la cual este libro da cuenta, forman parte mas de lo que yo escuchaba en los pasillos que de mi participación directa. En realidad yo venía – para el año 71 el psicoanálisis y el mundo de la Salud Mental no existían para mi- era una práctica que me era ajena porque yo venía militando desde el año 67-68 en el mundo secundario, en el interior de un partido que era Política Obrera, y que se formulaba como idea central la construcción de una alternativa política independiente, de la clase trabajadora, por fuera de las experiencias políticas decisivas que en este país eran atravesadas por el peronismo. En este sentido, mi militancia giraba alrededor de una práctica estudiantil con una profunda pata en el acercamiento a la militancia obrera. En ese punto para mi el Cordobazo no fue una experiencia que marcó un cambio en mi vida, porque fue mas bien la experiencia con la cual muchos veníamos militando antes de que se produjera y por supuesto sin concebir, porque como todo acontecimiento particularmente ¿??? y propio, las características que iba a tener.

Pero toda la militancia que se fue realizando durante el período de la dictadura de Onganía ya tenía planteadas muchas de las características centrales que después se incubaron en este movimiento central que fue el Cordobazo, y que, en el libro lo plantean claramente, provocó una especie de giro en el territorio del mundo de la Salud Mental.

Entré a la Facultad de Filosofía y Letras ni siquiera por una cuestión vocacional sino por una definición política de que se necesitaba a alguien en ese frente en ese momento. Yo quería estudiar biología, pero terminé estudiando sociología. Solo que a los dos años de estar militando y estudiando sociología, llegué a la conclusión de que la sociología que estudiaba en la facultad me era completamente inútil desde el punto de vista de lo que era ya mi formación estructural en el interior del campo del marxismo, y que por ejemplo, era bastante mas vasta que lo que allí se daba. Con lo cual se producía una situación de contradicción y empecé a escuchar de la existencia de Freud.

Fue la Facultad que en esa época tenía la ventaja de ser un espacio cultural amplio y no como es hoy, un espacio de creación de profesionales universitarios, sino un espacio donde se dirimían discusiones de distinta índole en el que, gracias a personajes que en el libro ustedes le dedican una particular atención. Por eso tuve acceso a el conocimiento mínimo de la obra de Freud.

Entrar al psicoanálisis en ese momento era entrar en el territorio de un volcán en conflicto. Para alguien que no sabía de que se trataba, tampoco se entendía muy bien de que se trataba lo que decían cuando decían.

Con lo cual, entre las discusiones que se producían entre las corrientes con las cuales yo me sentía políticamente afín, como podía ser toda la vertiente que encarnaba Marie Langer como símbolo de un momento, uno estudiaba, psicoanalistas particularmente sesudos y que son además centrales para pensar el psicoanálisis, esto es lo mas dramático. Se decían cosas como esta; “¿¿????? Juego”(libro), para los que son psicólogos, psicoanalistas y demás sabrán es un libro central desde el punto de vista del psicoanálisis de niños. Se estudia, es necesario, imprescindible. Qué sabía uno en ese momento cuando encontraba en una de sus partes una referencia que decía, “podría resultar que la diferencia entre el ciudadano blanco de Estados Unidos y el de piel negra no tenga tanto que ver con el color de la epidermis como con la alimentación a pecho. Es incalculable la envidia de la población blanca alimentada a biberón contra los negros que en su mayor parte, según creo, son alimentados a pecho.”

Como se hacía en ese momento para albergar dentro del universo del pensamiento de transformar el mundo una teoría que postulaba y se morfaba alegremente la lucha y el esclavismo de los Estados Unidos en el medio de los algodonales. Con lo cual se planteaba una brutal contradicción. Esta brutal contradicción estaba expresada en las luchas que se fueron dando en el plano universitario. Porque ya en el año 73 para mí se produjo la verdadera terminación de una etapa- para mi- que fue la expectativa que efectivamente la alternativa independiente de los trabajadores del peronismo pudiera producir. Para mi el triunfo de Perón implicó el alejamiento absoluto de las fuerzas políticas que en aquel momento podían pensar una salida independiente. Yo no creía que pudiera ocurrir otra cosa que el desastre que ocurrió. No creía que se pudiera conciliar las alternativas de una política independiente a la subordinación de que Perón volviera o no a la Argentina , aún cuando fuera uno de los deseos mas profundos que existían en la sociedad. Con lo cual en el interior de ese conflicto y en esa situación, empecé a circular por mi formación en la facultad, y en una facultad donde se producían situaciones francamente caóticas por momentos.

Les cuento una anécdota. Una materia, creo que era General 2, que se daba con Caparrós, tenia problemas. Había una especie de uniformidad en muchas de las llamadas materias críticas. Todo se estudiaba, desde un texto de Marx que era el modelo de producción asiático más un agregado de algún texto de Hernández Arregui sobre la identidad nacional. En una de esas materias, voy a dar el final, me encuentro con Caparrós que me hace una pregunta insólita; ¿usted que nota se pondría? Así empezó la mesa. Yo que venía bastante ofuscado, y en ese momento era un pendejo muy omnipotente, le dije 10. El me miró y me dijo ¿porqué? Y le dije Si partimos de la base de que los titulares o los profesores de una cátedra son el nivel más alto y tienen que tener 10 porque son los que enseñan, como yo he comprobado que en esta cátedra se mucho mas que casi todos los docentes, y como no hay 11, 12 o 13, tengo que quedarme con el 10 y me resigno a eso. Se produjo una situación tensa y Caparrós sin embargo, me dijo- A ver, ¿porqué me dice esto? Creo que mi examen fue una exposición con respectivo a los puntos críticos que había sobre esto, me escuchó, me dijo muchas gracias y me puso el 10. Con lo cual yo salí casi mas indignado porque era una especie de confirmación de que efectivamente todo valía. Y que ni siquiera le llevaban la contra a uno. En este punto y en ese contexto, la destrucción que se iba dando en el plano de la universidad toma su cúspide exactamente en el momento en que me recibo, 74.

Del 74 en adelante, esto fue un crescendo, en el cual el terror se fue instaurando en el país. Y fue además, instalándose en las propias organizaciones en lucha, agigantando, como siempre ocurre en los momentos de retroceso, los niveles de lucha interna entre las organizaciones, el acentuamiento de lo que Freud ha llamado “el narcisismo de las pequeñas diferencias”. En los momentos en los cuales las contradicciones rehacen muy brutales, hay un modo casi brutal de tratar de adquirir identidad sobre la base de mostrar cuan distinto uno es. Lo cual trajo como consecuencia un nivel alto, para aquellos que no nos sentimos profundamente representados por ninguna organización, y teníamos una especie de mirada simpática hacia casi todas, algo que es importante porque habla de un sector social de este país muy amplio, que es el de todos aquellos que muchas veces no nos sentimos representados por aquellos que se declaman los representantes. Con lo cual habla de un sector muy vasto y de la resistencia de este país. Porque cuando llegó la dictadura- yo en el 75 entré al Centro Uno, que era un lugar (claro, yo había hecho una experiencia de psiquiatría stanilista progresista en el Moyano) es decir, había estado en el pabellón Pinel durante un año, el lugar era el espacio concentracionario puro, encarnado en sus grandes pabellones, las galerías cerradas y enrejadas, lo que se llamaba “el infierno”, que era el lugar donde se depositaba toda la miseria del servicio, en todas sus formas casi más fétidas, desde el olor de los baños , de la sangre, los vómitos. En un recinto al cual no entraba nadie, donde, para dar una idea, un día se enteraron que dos personas que estaban allí eran hermanas, y estaban internadas hacía 27 años y por esas cosas de la internación no se sabía que eran hermanas.

Salir de ahí y entra al Centro Uno, que era un espacio construido en el plano del proyecto Goldemberg, era entrar en el espacio de la luz; del infierno al paraíso. Claro que el paraíso era el paraíso del 74, ya 75. Atravesado por profundas contradicciones y donde muchas de las experiencias importantes que se realizaban en aquel momento y que ustedes mencionan en el libro, todo lo que fue el psicodrama, experiencias y admisiones grupales, serían un problema central. Todas estaban justificadas desde el punto de vista de lo que yo podría llamar una especie de racionalidad populista. Se explicaba que había que usar estas técnicas porque los recursos del hospital no daban para usar otras. Con lo cual no era que se usaban porque era la mejor técnica, sino que muchas veces se planteaba que se tenía que usar porque la lucha contra las condiciones en las que se imponían los presupuestos, implicaban muchas veces discusiones con el propio gobierno, con el cual sectores tenían su propia afinidad. Con lo cual, algo que es central, como políticas posibles de salud, quedaban subsumidas en el interior.

La dictadura significó, por cierto, un proceso que coaguló esto de modo brutal. Y los servicios fueron muchos desmantelados, muchos siguieron subsistiendo como podían. Y en el interior de muchos servicios se fueron dando situaciones tan paradójicas como que en el centro Uno, con intervención militar de un tipo que era de la aeronáutica, después de echado al director y sub director, te encontrabas con la situación que venía y consultaba alguien que había pasado por un campo de concentración. Y que había sufrido el proceso de la tortura. Era recibido por alguien que al mismo tiempo trataba de hacer una especie de maniobra para que no llegar por alguna vía a este milico que estaba instalado en el medio de esto, con lo cual se podían producir derivaciones y atención de pacientes en situaciones que eran como en los intersticios del propio poder sanitario criminal. Esto pasó en distintos servicios. Pasó en el Italiano. Pasó en distintos lados en los cuales coexistentemente hubo dos formas de tratar de sostener lo que al mismo tiempo iba generando un terror profundo.

Porque lo que Enrique trae como cuestión, el tema del campo de concentración, es central. El campo de concentración- y yo creo que no solo se trata de lo que el campo de concentración silencia, sino lo que también tiene que hacer reconocer para que como campo de concentración intimidante funcione. Para que el poder del campo de concentración tenga eficacia de circulación del terror, en algún punto tiene que informar que existe. No se tiene que comprobar que existe, tiene que hacerse saber que existe en alguna parte. Por eso, muchas veces las lógicas de la represión fueron dejar en libertad a alguien simplemente para que funcionara como correo de transmisión del terror. Para que se supiera lo que estaba pasando, para que nos enteráramos que eso nos podía pasar a nosotros. La situación era francamente característica en ese sentido, y todos los que por alguna razón que en lo personal no logro todavía explicarme, no decidimos exiliarnos. Yo tenía a mi favor que en le 72 había hecho la colimba y había descubierto, por esos azares que mis antecedentes no figuraban. Me habían nombrado soldado de un general, habían investigado- el día que estaban investigando dije cagamos- y resulta ser que no apareció nada. Con lo cual supongo que eso me dio una cierta idea que la política que existía era la de crear ese espacio de terror en su doble faz: exterminio y expansión del terror. Con paradojas enormes.

Una noche en el año 77 estoy con unos amigos en casa, tocan el portero eléctrico; una persona que se presenta como el padre de un paciente. En ese momento, que hacer; podía ser cualquier cosa, aunque era el nombre del paciente, pasa, todos con inquietud a ver que mierda iba a pasar. Cuando abre la puerta, este señor se para y me dice ¿ mi hijo vino a su última sesión? Porque no sabemos nada de él desde el día anterior. Lo hago pasar, me cuenta y el hombre venía muy preocupado y quería saber si podía efectivamente haber algún motivo por el cual pudiera ser desaparecido. Pero las preguntas de este hombre no eran casuales. Estas preguntas eran porque este hombre era un miembro de la dictadura militar; el padre era funcionario en una de las dependencias del gobierno de la propia dictadura. Ergo, para este hombre, la desaparición de su hijo era la desaparición del hijo en manos de él mismo. Por supuesto, yo tenía una masa de contradicciones enormes, desde pensando en él decir jodete, pensando en mi paciente decir esto es atroz. Y era una escisión en la cual rápidamente se impuso el paciente y le dije, efectivamente este muchacho no era una persona – hasta lo que yo sabía y por sus características personales- un persona que estuviera sosteniendo una actividad política, la había tenido en algún momento hace unos años. Pero lo que yo si sabía y este hombre no, es que el padre era parte de una lucha de poder interna en el ejército. Con lo cual mi hipótesis es que le habían usado al hijo para tirárselo encima. Claro que la entrevista en ese momento era en ese espacio; el terror, el silencio, y uno que le podía decir mas que escuchar, varias entrevistas. Y un día viene muy alegre y me dice Mire, yo le mande una nota a Videla, Massera, etc. explicando todo lo de mi hijo y al mismo tiempo que se atendía con usted, le di su teléfono, su dirección por si se quería poner en contacto con usted. La cabeza de este hombre ……

Por el mismo momento, un familiar mío desaparece, con lo cual yo ya ni sabía donde estaba, si me iba o no, estaba jugado. En un momento este familiar aparece, el chico sigue desaparecido, y al poco tiempo el padre me pide una cosa. Me dice Mire, le pido una última cuestión. ¿Sería capaz de venir conmigo al Ministerio del Interior para hablar con Arguindegui y explicarle que mi hijo es una persona que no puede tener práctica política? Qué le decía. Me puse el traje que nunca usaba, y una noche fuimos al Ministerio del Interior a hablar con Arguindegui. Por supuesto Arguindegui no era, era otro. El comentario fue, después de explicarle con términos específicos que había una cuestión esquizoide, etc. etc. – que por supuesto el no entendía- En un momento el padre le dijo: mi hijo lo único que hace es leer. Y el comentario de este Ruiz Palacios, se llamaba, fue Ah, pero es leído.

Creo que si algo sintetiza el clima cultural brutal de liquidación de pensamientos y de prácticas es esta pequeña síntesis sobre la que podría extenderme. –

 

 

Lucila Edelman : Bueno, yo también tenía un esquemita preparado y voy a introducir solamente algo suscitado por las palabras de Sotolano, que tengo una divergencia muy importante en cuanto al análisis que él hace de la situación sociopolítica porque creo que el golpe de estado del 24 de marzo de 1976, marcó un cambio cualitativo en la represión en la Argentina. Y creo que en períodos anteriores, pasamos por dictaduras y situaciones de represión en gobiernos constitucionales, algunas de ellas las sufría en carne propia, ya que fui presa a disposición del poder ejecutivo cuando era consejera superior universitaria y presidenta del centro de estudiantes de medicina, pero creo que nada de eso se puede comparar con una situación en la cual se impone el terrorismo de estado.

Creo que el terrorismo de estado es una situación de represión que, como su nombre lo indica, es el imperio del terror en manos del organismo mas poderoso que representa a las clases dominantes que es el estado. Dicho esto, sigo con el esquema.

Me parece que es muy importante este libro y estos seminarios que están organizando Carpintero y Vainer. Porque creo que hay un significado etimológico entre la palabra amnesia y la palabra amnistía. Las dos tienen la misma raíz. El hecho de olvidar es un hecho que está vinculado a las políticas de olvido que son activas por parte de los estados y los sectores dominantes y que tienen que ver con procurar el perdón para sus crímenes. Pero creo que, junto con eso, no se trata solamente de los hechos de represión sobre personas, las desapariciones, las torturas, la muerte, sino que se trata también de llevarse junto con eso la liquidación de las construcciones de pensamiento crítico y contra hegemónico, y de las experiencias de realización de `prácticas contra hegemónicas de las cuales creo que en nuestro campo se han dado cuenta en innumerables bajo este nombre genérico de “lo que hicimos los trabajadores de salud mental”. Me parecen por eso muy importantes estos seminarios y en el marco de este congreso, porque creo que necesitamos transmitir esta experiencia, y este congreso justamente es un lugar importante en cuanto a la transmisión de estas experiencias.

Cuando vino el golpe de estado, no voy a contar lo que ya se ha dicho, se disolvió la Coordinadora de Trabajadores de salud Mental y aparecieron una cantidad de pequeñas instituciones. Yo también formé parte de una de estas pequeñas instituciones, que se llamó Casi, que murió al poco tiempo y que creo que tenían el doble sentido o esa contradicción de la cual hablan en el libro, que sería por un lado tener que ver con el silenciamiento y simultáneamente tener que ver con un lugar de encuentro y de intento reproducción Pero en general era una producción en la cual se intentaba mantener la lectura crítica del psicoanálisis tal cual al habíamos realizado en otras épocas, pero bastante disociada del análisis de la realidad que se estaba desenvolviendo en ese momento.

Creo que efectivamente una experiencia de signo completamente diferente fue la formación de el equipo de asistencia psicológica de Las Madres de Plaza de mayo. Es un equipo que se formó a partir de la solidaridad política, que este sería un primer rasgo muy importante. Es decir, no fue un acercamiento en calidad de terapeutas, sino en calidad solidaria. Lo empezó Diana Kordon, que se había arrimado como otras personas a tratar de ayudar en el campo de las denuncias, y en el cual las madres se enteraron tiempo después – en esa época todos usábamos seudónimos y vivíamos en condiciones de clandestinidad, muy duras –……

Me fui de tema, pero yo tuve una anécdota parecida a la que contó Sotolano pero de signo inverso. Digo esto porque me parece que es importante el hecho de que en nuestro campo siempre hay elaboración teórica o conceptual para acompañar cada práctica. Entonces, ya sobre el final del 75 apareció en nuestro campo la pregunta de si se podía atender a un militante. Y esto siguió luego en el 76. ¿Un psicoanalista; puede atender a un militante? Porque evidentemente era riesgoso atender a militantes. Implicaba un riesgo personal que se podía o no asumir y dependía de la valoración que cada uno hiciera. No tengo ninguna actitud peyorativa ni nada para poder reconocer que una persona diga que no porque no puede asumir ese compromiso por el riesgo que eso implica. Es una decisión. Lo que es una alienación es decir no se puede atender a un militante porque en las condiciones actuales todo aquel que milita en realidad es un acting suicida. Es decir, la militancia es un actino suicida y yo no lo atiendo. Entonces me parece muy importante que para nosotros, tratar en cada momento de diferencia cuales son los mecanismos en los cuales no solamente reproducimos la ideología dominante, sino que también aportamos creándola, no es que simplemente seamos receptores. Si no, que podemos hacer en determinados momentos para convertirnos en portadores, en creadores, como puede ser a través de esa cuestión de ese actino suicida. La diferencia en esta anécdota personal, es que yo tenía un compromiso con un militante de que él no iba a dar a conocer a nadie la dirección del consultorio. Y ese chico despareció, yo no lo sabía, y apareció la madre en el consultorio; tocó el timbre y me dijo Yo se que el se atiende con usted y me contacto a ver que puedo hacer con alguna organización de derechos humanos. Locuaz implicó en ese momento alguna cita en un lugar público, un hospital, para conectarla con algunas de las organizaciones de derechos humanos. Esas eran l as condiciones en las que trabajábamos.

Vuelvo al equipo de las Madres. Diana nos invitó en primer lugar a Darío Lagos y a mi a armar un equipo cuando las Madres empezaron a pedirle consultas. El equipo se conformó mas específicamente cuando nos pidieron charlas que llamaban de orientación, para discutir qué formación había que darles a los hijos de los desaparecidos. Los hijos de los desparecidos eran en esa época por lo general, niños pequeños, y había una gran discusión alrededor de si había que informar o no que su padre había desaparecido, si había que decir que su padre estaba preso, había que decir alguna otra cosa o que había muerto. Esta discusión atravesaba distintos campos. Por una parte atravesaba las diferentes posiciones en la relación con el desaparecido. Me refiero a que una cosa es ser padre o madre de un desaparecido, y otra es ser su pareja. Entonces, en muchos casos, las parejas querían formar otras parejas, o cerrar un proceso de duelo personal partiendo de la base o presunción de que estaba muerto. Y en consecuencia informar algo de esto a los chicos.

En otros casos eran los propios terapeutas los que decían No, la situación de desaparición es terriblemente ambigua, y la ambigüedad es desestructurante del psiquismo. En la medida en que es desestructurante, es decir, que no hay una dirección posible para el trabajo de duelo, porque éste se asienta en el principio de realidad contra el cual lucha el psiquismo, había terapeutas que decían que era mejor dar una información terminante que la desestructuración de la ambigüedad. Pero en ese caso, nosotros qué decíamos; si la dictadura dice que los desaparecidos no existen, y que si existen están muertos, en consecuencia, de alguna manera decir que el desaparecido está muerto es asumir discurso de la dictadura con todos los conflictos y contradicciones que esto traía a los propios familiares. Entonces, el equipo se formó alrededor de estas charlas que no eran de orientación porque hacíamos grupos que eran de reflexión alrededor de estas cuestiones, donde vimos que en este período había una relación- muy discutida en algunos congresos- entre duelo y situación traumática. Y lo que dificultaba mas o lo que predominaba eran las características particulares del proceso de duelo, en el cual intervenían directamente los mensajes, las campañas, las inducciones, de la dictadura. Entonces empezamos a trabajar sobre esto de porqué el contexto es texto en la subjetividad. Porque el contexto es texto en salud mental. Y particularmente pude empezar a resolver un problema que también traía desde un examen que había dado en la Coordinadora de Salud Mental en la materia Psicoanálisis que dictaba Dubcosvky, FIN LADO A

 

LADO B L.E: …Entonces yo había hecho un trabajo sobre el tema de la cuestión del género en Freud. Y lo había hecho muy en concreto por una paciente. Yo tenía una paciente que era la séptima hija mujer de una familia. Si hubiera sido varón, hubiera sido ahijado del presidente. Todo es cuestión del cristal con que se mire; lobizón o ahijado del presidente. Pero esa chica en realidad había sido rechazada por su padre, que había seguido propiciando los embarazos de su mujer en busca del hijo varón que nunca aparecía. Entonces Santiago me dijo que el trabajo que yo había hecho estaba muy lindo pero que no aparecían claras las articulaciones entre el padrinazgo del presidente, el tema de la mujer en la sociedad y la clínica de esta paciente.

En el trabajo del equipo de madres de plaza de mayo, tuvimos necesariamente que empezar a trabajar sobre las articulaciones. Nos llevó la práctica. Siguiendo adelante con la idea de la no neutralidad que ya venía en nosotros desde la Coordinadora , la condición para formar parte del equipo de las madres era: cualquier terapeuta de cualquier escuela que aceptara las consignas de las madres de plaza de mayo, o sea Aparición con vida y Juicio y castigo a los culpables. Había que aceptar esas consignas y ojo, que el tema de aparición con vida es una consigna que trajo muchas preguntas y polémicas. Entonces en el equipo tuvimos lacanianos, freudianos, es decir, estuvimos representadas todas las escuelas del psicoanálisis con la condición de que había una línea que la daban las madres,. Y que nosotros éramos un equipo colaborador que trabajaba dentro de una institución y que aceptábamos sus reglas.-

 

Participante : no se entiende (sobre aceptar las condiciones)

 

Lucila Edelman : Era uno de los temas. El problema es así. Aparición con vida reconocía el status del desaparecido y por lo tanto marcaba una dificultad en lo que sería el proceso de duelo clásico por una parte, en el sentido de los ritos, de la ausencia de ritos funerarios, la no convicción jamás, ola fantasía permanente de que alguna vez pudiera aparecer, pero simultáneamente implicaba un proceso colectivo en el cual si estaba presente el duelo. Es decir, que había un proceso colectivo que afirmaba la existencia de los desaparecidos y que simultáneamente daba lugar- porque la discusión en determinado momento fue alrededor de si pasado el 83, cuando ya se sabía que no había desaparecidos con vida, si no era una afirmación delirante decir “aparición con vida”. Y si entonces nosotros no estábamos apoyando algo que podía ser del orden de la fantasía o inclusive de la convicción delirante. Nosotros lo que dispusimos fue que la consigna de “aparición con vida” era una apelación a un tercero. Y vimos que las madres iban realizando un proceso de duelo con todas las características del proceso de duelo. Pero queda un duelo colectivo, que acompañaba el proceso social en cada uno de sus casos y que no cedía una responsabilidad fijada a otro que era el estado. Estas fueron algunas de las discusiones sobre esta consigna. Después también tuvimos discusiones sobre el tema de la palabra duelo. Porque hubo una reunión que se hizo en determinado momento, de los organismos de derechos humanos, madres y familiares en la cual participamos el equipo de las madres y el movimiento solidario, y no recuerdo si alguien mas en el cual nos pidieron que no usáramos la palabra duelo, porque tenía la connotación social de muerte. Y ellos reclamaban la aparición con vida, entonces decían que nosotros que éramos sus equipos, no usáramos esa palabra en contradicción con lo que reclamaban. Tuvimos largas explicaciones de que el duelo era un proceso ante una pérdida que no implicaba necesariamente la muerte, que la pérdida podía ser la del cuerpo infantil en la adolescencia, o de un ideal, etc., etc. Pero aún así nos dijeron está todo muy bien pero no usen la palabra duelo. Entonces empezamos a hablar de situación traumática, no sabíamos como decirlo; poníamos “ante una pérdida”…y no usábamos la palabra duelo.

 

Participante : En algún sentido , la consigna de las madres, lo que estaban trabajando, es todo el tema renegatorio. En la incorporación del proceso que ustedes hacen, la instauración que persiste como ¿??? De los institucional, un aspecto ideológico, podría ser pensado hoy, visto, de todo lo renegado que era …. (colectivo, no se escucha)

 

Lucila Edelman : Cuando Enrique plantea el tema de la responsabilidad de la sociedad, ahí hay un punto que me gustaría discutir tranquilos en una mesa. Porque nosotros en nuestro equipo, sobre todo Diana y yo tendemos a pensarlo en términos de alienación y a lo mejor incluye demasiada condescendencia a veces. Cuando escucho lo tuyo o lo que dicen en el libro, pienso que a lo mejor hay que llamarlos hijos de puta… y no alienados. Pero junto con eso me resuena algo que leí en el diario de ayer, que son las declaraciones de una chica árabe en Francia que dice que la policía la detuvo, la tuvo con las manos en alto, y que uno de los policías le dijo “raza de mierda, deje su casa “ Y la chica termina diciendo “nos tratan como negros”. Me impactó en términos de alienación. Incluso no se si hay algo de una mirada femenina y una mirada masculina que sería bueno que se complementen.

 

Participante : Realmente me gustó tu reflexión, Enrique. Porque yo pasé por campos, en La Perla. El tema es como en la comunicación social esto se instrumentó para amedrentar ala población porque el objetivo principal era donde apuntabas vos, era no solo quebrar las organizaciones militantes sino centralmente lo que venía como experiencia del movimiento social. La idea de establishment no estaba solo en las organizaciones sociales, estaba en el peronismo a su manera, cada uno tenía lo suyo. … Ahora yo siempre sostuve que la gente saber, sabía. La discusión es hasta donde la población se pudo hacer cargo y también por ahí la responsabilidad de los que estuvimos en la militancia, desde donde hacemos ciertas cosas para dar respuesta a eso. Pero creo que el tema de no ver el tema del campo de exterminio y concentración, y el impacto que ha tenido en el cuerpo social y que tiene al día de hoy …..NO SE ENTIENDE

 

Alejandro Vainer : Mañana seguimos con las reflexiones que fueron saliendo con Las Huellas de la memoria para el presente a las 14:30 …….

Muchas gracias a todos.

 
Articulo publicado en
Noviembre / 2005

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Enrique Carpintero (Compilador), Eduardo Grüner, Alejandro Vainer, Hernán Scorofitz, Juan Carlos Volnovich, Juan Duarte, Lev Vygotski, Alexander Luria