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Un encuentro

Susana Ragatke

susana.ragatke [at] topia.com.ar

 

               Era una mañana del dos mil uno, en el conurbano, el gran supermercado y a pocas cuadras la villa de los pobres. Fue cuando una muchedumbre se avalanzó sobre las góndola, salteó cajas, molinetes y puertas, llevándose mercaderías para palear el frío y el hambre de familias sin trabajo. En el entorno, humo, golpes, tiros, forcejeos entre la policía y ellos, detenidos unos, huyendo otros, tratando de no perder lo poco logrado.

Al atardecer, todo era desolación vigilada por una guardia policial.

El andaba sin rumbo, con paso cansado. El esfuerzo estaba dirigido a investigar cuanta partícula detectaba para saber si era comestible, o rastros que lo encaminaran hacia un poco de agua. Calmó su sed, jadeante, en un charco de la acera. Después tuvo fuerza para sacudirse algo del polvo que lo recubría, y se tendió a descansar.

Al inclinar la cabeza para rascarse una oreja, se cruzó con la mirada de Gustavo, quien comenzó suavemente a acariciarle el dorso, para hacerlo cada vez con más firmeza. Se reanimó, y con gruñidos y movimientos de su cola le mostró agradecimiento.

Aceptó la invitación del gesto y de un “vamos” indudable.

Caminaron a la par, unas tres cuadras, con pasos decididos. No dejó de merodear algún rincón sospechoso de tener restos de comida, sin resultados positivos.

Gustavo se detuvo en la entrada de un galpón, pintado de colores llamativos. Y repitió el gesto de invitación. Entraron tras el chirrido de la puerta, abierta con sigilo, para ver el interior.

Allí estaban los tres compañeros con quienes convivía, uno tocaba la guitarra y los otros dos estaban pintando unas artesanías ciertamente bonitas.

Los tres levantaron la mirada con sorpresa y gesto desconfiado. Habían convenido que no traerían a nadie más sin discutirlo y consensuarlo antes.

--Les presento a Saqueo, se salvó de los palos de la cana, pero se quedó sin casa y está muerto de hambre.

--¡Pero, estás loco, habíamos quedado en que nadie más! ¡Vos siempre el mismo lanzado, te vas a tener que ir junto con el perro si seguís jodiendo!

--¿Y dónde dejaron la ideología? Si somos coherentes no podemos negarle casa y comida a esta inocente criatura. – con toda firmeza lo dijo Gustavo-- ¡De cuidarlo me ocupo yo!

Su convicción no dejó lugar a más cuestionamientos.

Saqueo se ganó la simpatía de todos, de a poco.

El pacto de fidelidad se había firmado entre Gustavo y Saqueo, los otros fueron testigos.                                                            16-5-09