Presentación del libro de Enrique Carpintero “La alegría de lo necesario” realizada por Vicente Zito Lema | Topía

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Presentación del libro de Enrique Carpintero “La alegría de lo necesario” realizada por Vicente Zito Lema

Presentaciones de la primera edición de La alegría de lo necesario

 

Presentación del libro de Enrique Carpintero “La alegría de lo necesario” realizada por Vicente Zito Lema durante el desarrollo del Primer Congreso Patagónico sobre Nuevos paradigmas, instituciones y subjetividad. Chubut – Trelew el 18/10/2003

 

Hubiera sido ideal, tal vez, aunque fuera en forma breve haber complementado la disertación de Enrique con la presentación del libro. De todas formas vamos aquí entre los que estamos; y digo esto por que pienso que el libro de Enrique Carpintero merece una presentación, mas que una presentación, merece su lectura.

No voy a negar que siento amor por los libros en general. He quedado marcado desde la infancia por mi abuelo, que con su pequeña librería de libros viejos, y por mi primer trabajo (7 u 8 años vendiendo libros allí), siento lo que se podría llamar un amor reverencial, casi, por los libros. Pero también es cierto que en la medida que uno lee muchos libros, que uno tiene el trabajo que para desgracia o suerte, como se quiera mirar, lo obliga a estar constantemente leyendo libros, llega un instante, que no diría de saturación, pero si que uno como crece en su espíritu critico, y no necesariamente nos dejamos atrapar ni atraer si quiera por todos los libros que llegan a nuestras manos.

No es la primera vez que lo leo a Carpintero. En los últimos años e leído sus trabajos, incluso le pedí publicar cuando editaba en un suplemento del diario Pagina 12. Lo he escuchado hablar y hoy también lo hemos escuchado. Y aquí quiero aclarar algo referente a la revista Topia, que dirige y donde el también escribe. Carpintero ha podido organizar un pensamiento y esto no es un tema menor; porque toda persona que escribe organiza un pensamiento.

Muchas veces, digamos, se puede escribir un libro llevado con una idea estética, llevado por un deseo o por una vocación de encontrar un espacio publico a partir de la actividad. Pero no en todos los libros uno puede ver la coherencia de un pensamiento, y no se trata de una coherencia que puede ser vista como menor o mayor. Es como un cristal, esta entero o esta roto y pierde su valor.

Cuando yo hablo de coherencia le doy un sentido de lo absoluto, que desde el comienzo del pensamiento hasta el final, o en el caso que ese pensamiento pase de verbalizarse a la escritura (que es otro momento crítico) que se exprese desde el inicio hasta el fin en pos de un objetivo determinado.

Me preguntaría ¿cual es el objetivo de este libro? , ¿Cuál es el objetivo de ese pensamiento? Que ha ido ya desarrollando desde hace unos años Carpintero. Lo admita el o lo niegue, ese aspecto lo veo vinculado con el espíritu y con la ideología de Enrique Pichón Riviere.

Ustedes saben que los griegos encontraron en el pensamiento y en el arte como destino final el amor, es decir, ya Aristóteles plantea como el estado superior el contemplar, y una de las maneras de contemplar el mundo es pensar el mundo, escribir el mundo; y cuando hablo de mundo, hablo de la realidad también de la criatura humana. Y ahí definitivamente culmina la tarea, en amor. Pero el amor definitivamente para uno mismo, amor para poder uno contemplar mejor, y aceptando en el final de la historia lo que el mundo es. Por que si lo contemplo en definitiva lo estoy aceptando, hay ahí una contemplación, una aceptación y muchas veces un placer.

Frente a esta postura que se liga diría más bien a una postura apolínea del mundo, hay otra visión que se le enfrenta, que es una visión dionisíaca, que es una visión más apasionada, que es una visión que en definitiva, en forma explícita o inconsciente se liga con el deseo de cambiar.

Ya no se trata de escribir por amor al mundo, ya no se trata de pensar al mundo por amor al pensamiento y al mundo tal como es, sino de pensar, de escribir con el deseo de que el mundo se transforme. En esa transformación o en ese deseo de transformación, obviamente ya trabaja la pasión.

Nadie sin pasión se arriesga a superar la contemplación y a entrar en el camino mucho más complicado del cambio.

Cuando nosotros organizamos este encuentro, me hago cargo, propuse a Enrique Carpintero, porque si bien el no es lo que puede decirse clásicamente un hombre de la psicología social, el viene del mundo de la psicología clínica, el ha hecho suyo, digamos, un pensamiento de Freud que acaso sea como muy general, en el sentido de que toda psicología es social. Pero que uno lo puede ver en un sentido más profundo, pero es cierto también que toda conducta humana es social, todo es social en la manera en que todos somos parte de esta sociedad.

Pero cuando Pichón organiza el pensamiento de la psicología social; cuando Freud habla concretamente de la psicología social, esta hablando de una situación, podríamos decir de alguna manera de calidad, de relación, o con un lenguaje aun más pichoniano de Vínculo. ¿Desde donde miro al mundo en relación al sujeto?, desde el sujeto mismo, o desde el sujeto en relación con otros sujetos en vinculo con otros sujetos, deseados y deseantes en función de esa sociedad, que para bien o para mal esta participando.

Desde ese lugar todo lo que yo conozco del pensamiento de Carpintero, todo lo que es su material escrito, esta ligado con ese deseo de la psicología social. Escribir no solo para analizar las cosas, escribir no solo para vencer el misterio que rodea las cosas, para encontrar lo que diría Pichón “la parte profunda de la cosa”, no solo lo que en principio se muestra. No solo ese Iceberg del que vemos apenitas una parte, de lo que es en realidad profunda; y ahí viene la pasión. La pasión que por supuesto nos remite a un pensamiento, para mi bellísimo, de Marx, solo se modifica, solo se cambia lo que previamente se conoce. Yo siento que eso es lo que le da coherencia a toda la obra de Carpintero. Porque uno puede hablar de la obra de Carpintero en el sentido, insisto, que no es solo lo que escribe en la revista Topia, no es solo lo que el publica en forma compartida incluso, no son solo sus conferencias, sus charlas, sus clases, sino el conjunto de su producción, encaminada por supuesto desde la mirada de la psicología. Pero con un fin concreto que por desgracia no es hoy el fin mayoritario, de mi lectura, de las personas que trabajan en el campo de la psicología; ya sea de la psicología clínica, incluso de la pretensión del psicoanálisis, de la psiquiatría o de la psicología social. Porque sabemos que una cosa es declarar y otra cosa es actuar en función concreta. Por eso cuando Carpintero habla con pasión de Spinoza, y sabemos que desde muchas formas la obra de Spinoza nos da para entender ese tema de las pasiones, lo hace de manera pasional.

Yo más de una vez he dicho que uno puede hablar de la locura, desde una manera de la razón, desde una manera si se quiere objetiva, si se quiere exterior, o hablar de la locura “locamente”.

En el caso de Carpintero yo veo que habla de la pasión apasionadamente. El se apasiona con Spinoza, y ¿por qué?, Porque no es solo el tema de la pasión de Spinoza, sino yo creo que es uno de los momentos donde una criatura humana desafía la visión del mundo.

Spinoza es lo que esencialmente podríamos clasificar, con riesgo de usar la palabra, un subversivo, pero un subversivo total. Y no es por eso algo menor que una iglesia, una religión, una práctica, que no se caracteriza comparativamente con la religión católica, en el sentido de persecución de sus Herejes, en su sentido, diríamos de tener un santo oficio, que mantiene la perfección perpetua del dogma, y esta siempre atento a cualquier delictuación de ese dogma, para sancionar al que lo efectúa. La práctica de la iglesia judía, por lo menos desde la lectura que puedo yo hacer de la realidad, ha sido siempre de mayor tolerancia, o en último caso de una persecución más sofisticada. En el único caso que yo conozco de una persecución apasionada y desenfrenada ha sido precisamente con Spinoza. Y ¿por qué?, Tanto en esa Holanda que yo conozco bien, he pasado mi exilio, que es tan tolerante (es el primer país donde se impuso la posibilidad de publicar los libros sin censura previa, sin lo que se llama sello obispal) el primer país que generó en el mundo el derecho de asilo; el país precisamente que expulsada la familia Spinoza de España viene a vivir a Holanda, y también ahí desde todo punto de vista Spinoza sufrió una gran intolerancia. Ya no solo la intolerancia de la religión judía (de la que el era, por tradición familiar, miembro) sino la intolerancia de una sociedad que se caracteriza, dentro de lo que pueden ser las sociedades humanas, por ser una de las mas tolerantes de la historia humana (actualmente viven en Holanda 200 comunidades extranjeras, en Ámsterdam habitan mas de 200 miembros de diferentes países, que han ido ahí y viven en comunidad). La historia de Holanda es una historia de tolerancia, y si hay un sujeto que sin embargo no fue tolerado, y si hay una iglesia que no acepta con él esa practica, mas serena para quienes criticaban su dogma, también se da con el caso de Spinoza. ¿Y que hay ahí? , y tal vez es la primera impugnación profundísima a un orden que descansa sobre Dios, a una lectura sobre Dios, que en lengua mas simple podríamos llamar una lectura panteísta, o una misión panteísta. Una lectura si se quiere de lo mítico cristiano. El mismo San Pablo cuando dice ¿donde esta Dios?, Bueno, Dios esta en cada uno, pero eso que San Pablo dice entre otras cosas que no son exactamente igual, en el caso de Spinoza hay como una primera articulación. Dios también puede estar en una vaca, y no es menor por decir que Dios esta en una vaca.

¿y que es la pasión? Pienso yo que lo que nutre a Carpintero, no solo insisto “la lectura apasionada de la realidad”, sino que esa lectura amorosa implica una fuerte apuesta contra el autoritarismo, y el tema del autoritarismo remite necesariamente al tema del poder. Y la existencia del poder remite no solo a los aparatos del Estado, no solo en la manera tradicional en la que recibimos o podemos observar el juego del poder, esa forma digamos vertical. La existencia del poder y en esto Foucault ha trabajado muchísimo, es algo mucho más profundo que se da de arriba hacia abajo, pero que también existe de abajo hacia arriba, que se da en lo vertical, pero también en lo horizontal, que se da también en las instituciones, y uso mi lenguaje poético ahora o romántico, pero que también se da en lo profundo del corazón, o como diría Rozichtner, en la forma de la subjetividad; se llame como se llame, se llame espíritu, se llame alma, se llame situación secreta del deseo humano.

Todavía de Spinoza en adelante, y aun mirando desde atrás pareciera que la criatura humana no acepta los limites, podríamos llamar mecanismos de la materialidad.

Y hay una tradición religiosa, diríamos, por un lado; pero aquí también hay una tradición política, que haber soñado con la producción de un mundo más culto, donde esa justicia que organizaría una distribución diferente de la riqueza, o a cada uno según su necesidad o lugar.

Y hay una palabra que es clave en lo que dice, piensa y escribe Carpintero, que él habla de una democracia, de una justicia, que él habla de una felicidad, cuyo elemento no es solo una justa distribución de los bienes materiales, sino también de todas las riquezas, de los bienes espirituales. Participa y no es frecuente en un pensador y un militante de la izquierda, de una idea de que hay una materialidad mas profunda que la en apariencia presentada. Me hace pensar en uno de los núcleos shaekespiriano, él dice “no hay nada mas material que los sueños”, que hay más material que el deseo humano, que hay más material que la conciencia humana sobre el sufrimiento del otro, sobre la pasión del otro, que hay más material que la materialidad de desear y besar en sueño al ser que nos da la mirada de nosotros mismos. El no conformarse con esa transformación de la sociedad que organiza la pasión de Enrique Carpintero, lo lleva por suerte a organizar su pensamiento, y el pensamiento que no esta por afuera de la acción. Tengo conocimiento de las prácticas políticas de Carpintero, las practicas humanísticas. No se trata de la ideología como un decálogo del pensamiento muy bien organizado, en definitiva la ideología es lo que uno hace, y en ese hacer también esta el pensar, no hay un hacer absolutamente de hechos. Por que si no hay una idea, no hay una pasión y un espíritu que mueve al hecho. ¿Cómo unir nuestras pasiones a nuestros actos?, ¿Cómo espiritualizar (uso una palabra casi mística) la materia de la vida?, Repartir y redistribuir la riqueza material, pero también la otra riqueza, ¿y como organizarlo? Después de las derrotas de las que se llena el campo socialista una mirada de lo justo (uso una palabra bíblica) de lo justo y necesario, sino es también, me atrevo a decir, de incorporar la espiritualización a la acción. Y cuando uno busca esa armonía de pensamiento, este uno organiza diferentes búsquedas, diferentes lecturas, de alguna manera diferentes maestros, diferentes pasiones. De alguna manera Carpintero va organizando algo que se va instituyendo en el pensamiento transformador de nuestra época.

Este mundo tal como es, es injusto; queremos construir otro mundo con pasión, pero también queremos construirlo con la razón, queremos construirlo desde el amor, y queremos construirlo desde la ética, y ahí hay lecturas, hay antecedentes, ahí hay un corpus de la humanidad en la cual uno puede leer, tomar, pero saciar esta sed de lo desconocido a construir.

Todo esto esta, insisto, en Carpintero. No son muchas paginas, pero lleva mucho tiempo leerlo. Yo estuve presente en el día en el que él dio, además en un marco muy especial: Grisinopolis, unas de las fabricas tomadas, en que dio a conocer el libro, me lo obsequio generosamente ese día y me lo lleve para leer, y aseguro (aunque soy habitúe de lecturas, que tengo que leer rápido, porque con la lectura me gano la vida) no pude leerlo rápido, porque es un libro profundo, no tiene más de 150 páginas aproximadamente, pero insisto, no se puede leer rápido y no por que este mal escrito (aclaro que Carpintero no es un poeta, la desgracia de la poesía la cargo yo sobre mi cabeza) pero sabe escribir, ha practicado y esto no es frecuente en los psicólogos, pero el ha unido la pasión por la comunicación y el periodismo, el periodismo enseña a escribir y a decir las cosas con mucha condensación, dejando de lado el exceso de la retórica, y yendo a lo profundo; como acaso el periodismo tenga que ver, o el periodismo profundo tenga que ver con la poesía profunda en el sentido que ambos buscan la condensación, hay que decir lo más con lo menos. Desde ese sentido este libro esta organizado como una poética, una poética de buscar lo profundo, lo riguroso, y de no excederse en las palabras. Y ahí también lo del esfuerzo para leerlo, porque no hay ninguna frase que este puesta retóricamente para acompañar a otras para hacer mas fácil la lectura.

Cada artículo no tiene una línea de más, y si uno lee con ligereza pierde, tiene que volver a leer. Lo digo (los que me conocen saben que no soy excesivo en juicio, ni aun en el caso de personas a las que le tengo aprecio como en el caso de Carpintero) es un libro que demanda un largo tiempo de lectura a pesar de las pocas páginas, porque no hay una sola página que este de más. No sé incluso si hiciese falta ponerle alguna página más; creo que esta dicho todo lo que en este momento de su vida tiene para decir, quizá no son muchísimas cosas, porque tampoco son muchísimas las cosas que en este momento social tenemos para decir. Estamos también llenos de dudas, de sospechas, de angustias. Estamos construyendo desde el balbuceo, estamos construyendo sin santos patrones que nos marquen desde los partidos políticos tradicionales como se construye el camino de la felicidad posible desde nuestra sociedad.

Por supuesto en “La alegría de lo necesario” no hay un recetario, pero si hay como palabras claves, una de esas palabras es: lo necesario, que otra vez remite al pensamiento bíblico, lo justo y necesario, y remite también por un lado a Pichón de su lectura de lo que es el ser humano, un ser de necesidades.

Como satisfacer esas necesidades, yo siempre agrego necesidades y deseos, y Carpintero también apuesta a eso.

Creo que la generación que me sigue, que lo sigue a Alfredo (Moffatt) esta tratando de organizar respuestas que en nosotros estuvo muy ligado con la muerte, nosotros somos la generación que organizo un pensamiento que tuvo un correlato de gran desgracia. Y como enseña Ernesto Guevara, no se trata solo de que cuando uno pierde una batalla se perjudica, el tema es que deja marcada también otras generaciones. La lectura de Spinoza hubiera sido casi una burla en los años sesenta, tengo conciencia de ello. A Spinoza digamos que con mi vocación mística y esas cosas que acompañan mi pensamiento marxista, soy lector y lo conozco a Spinoza desde hace ya muchos años, pero debo decir que más allá de esta casi burla que puedo hacer de mi mismo, yo que he participado en el pensamiento de la izquierda de la década del sesenta (saben que funde junto a Galeano y Gelman la revista CRISIS) hablar entre nosotros de Spinoza hubiera sido como, que cosa esta pasando acá. Por eso que en este nuevo milenio, pensadores que no solo se comprometen con el pensamiento, sino que con una practica de cambio, en este caso es imposible no reconocer y registrar los trabajos y las practicas de Carpintero con las pautas tomadas, que no es solo firmar un documento de alusión, es si un trabajar, es ir y organizar, es ir y colaborar, poner el cuerpo y el saber de cada uno en estas nuevas utopías.

Por supuesto hay en todos sus trabajos, sus lecturas y después en las incorporaciones a sus praxis esta el tema de la salud. Pero el tema de la salud mental no ligado solamente a una terapia individual, sino que ligado a algo más profundo, una sociedad enferma produce obviamente hombres enfermos, pero mucho mas que enfermos, produce hombres tristes, ¿y donde esta el sentido de la tristeza?, En el sentido de la falta de un proyecto que nos excede tal vez en nuestra capacidad cultural en este momento. Habrá que dejar de ser hombres tristes para construir una nueva sociedad. Habrá acaso que entender la materia en lo más profundo del universo, pero como dice Nietszche “tener la humildad de saber que no sabemos nada de la materia” y ser precisamente, porque en esto confía Spinoza, la materia mas profunda y subjetiva.

Es un placer leer este libro, podría seguir incluso hablando y mucho, porque me motivo mucho. Lamento que no haya podido estar el conjunto de este encuentro, por que le libro lo merece. Esta el deseo de que nos podamos convertir en portavoces de lo que esta en el libro y trasmitirlo para que sea leído. Y es un libro que demanda no solo una lectura, sino también critica. Podemos estar de acuerdo en todo, podemos estarlo en parte. Lo que no merece es una lectura y un olvido, por que aquí están expresados muchas de las discusiones que hoy se da en los sectores que no son solo intelectuales, porque cuando los obreros de una fabrica tomada nos preguntan como hacer para hablar, y cuando están diciendo que con hablar toman el conjunto de su condición humana. Cuando en una fabrica, Zanon por ejemplo, la preocupación no es solo ya el salario, sino como hace alguien angustiado para poder seguir haciendo el amor con su mujer cuando llega la noche, a pesar del miedo de perder el trabajo, o que una barra brava venga y le rompa la cabeza. Esto esta implicando que hay como una nueva subjetividad, o si se me permite, una nueva espiritualidad que nos esta desafiando.

En este libro hay mucho de la disputa de nuestra generación, traído hoy a un nuevo elemento práctico, y hay mucho de lo que las generaciones que nos siguen están disputando. Es un libro que une a las generaciones de intelectuales, también eso es positivo. Y es un libro que nos remite a la humildad. No esta claro el camino, pero tampoco con una mirada pequeña es posible entender lo profundo de la sociedad y lo profundo de la criatura humana.

Me felicito por haber tenido el placer de presentar “La alegría de lo necesario” de Enrique Carpintero.

Vicente Zito Lema
Primer Congreso Patagónico
Chubut – Trelew
18/10/2003