En el famoso cuento de Edgar Allan Poe La carta robada, encontramos una enseñanza de excelencia. Dupin, el entrañable detective, es contratado por la reina para realizar cierta tarea específica: recuperar una carta que le ha sido robada por su ministro. Sin embargo, los policías registran constantemente al ladrón, lo requisan una y otra vez en diferentes momentos, y nada encuentran. Incluso su casa es revisada, sus cajones revueltos, pero la carta no aparece. Dupin, en el mismo momento en que escucha el estado de la situación, confía en saber con cierta precisión dónde puede encontrarse dicho objeto. En cierta ocasión, cuando el ministro no se encuentra en su hogar, el detective ingresa a la vivienda y se apodera de la carta que se hallaba, para sorpresa de todos, en una repisa de la chimenea del despacho, arrugada, como un papel sin más, y a la vista de cualquiera. Dupin pudo ver lo que nadie había notado: la mejor forma de esconder algo es dejarlo a la vista. Un especialista, parece decirnos Poe, rara vez va en busca de lo más común.
Frente a la apuesta por lo que nos diferencia contemporáneamente, parece que hemos dejado de lado lo que compartimos por naturaleza.
Una noticia se hizo viral en tiempos del otro virus, cuando la pandemia acechaba en todos los rincones del planeta, cuando cuidar y cuidarnos era la consigna, cuando salíamos por las noches a los balcones a aplaudir a los médicos que nos cuidaban y a los que ahora, nosotros tenemos que cuidar en medio del desastre de nuestra salud pública. La noticia -seguramente muchos de ustedes la han recibido y quizás hasta la hayan compartido- decía que cuando un estudiante le preguntó a la antropóloga Margaret Mead cuál creía que había sido el primer signo de civilización en la historia de la humanidad ella respondió que fue el hallazgo de un fémur roto y curado. Alguien se había quedado cuidándolo. La historia culmina con una supuesta frase de M. Mead: “Ayudar a alguien a superar una dificultad, es allí donde comienza la civilización.”
La cría humana nace en un estado de absoluto desvalimiento y requiere obligatoriamente de un adulto para sobrevivir.
En la década del ‘50 la “ciencia ficción” o “ficción científica”, como la denominaban algunos, se consolida como género tanto en el cine como en la literatura. En los EE.UU., profundamente conservadores y anticomunistas, se transforma en un medio para establecer un control de los miedos latentes en la sociedad ante un otro desconocido considerado un bárbaro y ante el peligro en los desarrollos tecnológicos que habían creado la bomba atómica. Los relatos reforzaban el lugar de la ciencia como medio racional para enfrentar los sombríos pensamientos sobre el fin del mundo en el contexto de la posguerra.
Lo que predomina hoy en día son los procesos de desidentificación ante la sensación de fragmentación de las relaciones sociales y una civilización atrapada en los efectos de la pulsión de muerte
Este texto corresponde a un capítulo del libro El erotismo y su sombra. El amor como potencia de ser.[1] Allí tratamos de responder al reto que tiene el psicoanálisis para dar cuenta conceptual de nuestra época. Esto nos lleva a rescatar nociones que definen la particularidad de su práctica; pero también, modificar otras a partir de los nuevos paradigmas de nuestra época. Esta propone nuevos procesos de subjetivación que ponen en cuestionamiento la sexualidad heteronormativa y patriarcal. En este sentido vivimos en un momento de transición donde el patriarcado sigue siendo la estructura familiar dominante pese a que han surgido nuevas formas de familia que ha provocado su crisis: monoparentales, monoparentales extendidas, homoparentales, unipersonales, familias ensambladas, etc. Por otro lado, las teorías e investigaciones ligadas al género y la sexualidad, la importancia de la imagen en la construcción de subjetividad plantean nuevos desarrollos en la teoría.
EDITORIAL:Recuperar la vergüenza ética como fuerza de lo colectivo. Enrique Carpintero
DOSSIER: AFIANZAR LA ÉTICA DE LA ALTERIDAD Ramiro Gentile / Daniel Waisbrot / Eugenia Aptecar
Primera mención del Octavo Concurso Topía Ensayo Breve 2024/2025
2023. Marcelo Rodríguez
SEPARATA: POR QUÉ LA IZQUIERDA HOY. Entre la colonización algorítmica y una hibridación que respete la vida. Entrevista a Miguel Benasayag Alejandro Vainer
Columna: Lo puto no quita lo facho: cuando el otro deja de importar. Tom Máscolo
ÁREA CORPORAL: Todo dolor es sufrimiento. David Le Breton
Reflexiones sobre la propuesta de modificación de la Ley de Salud Mental ¿Reforma o gatopardismo? María Laura Lopez Rolandi
TOPÍA EN LA CLÍNICA: EL TRABAJO A DISTANCIA HOY Ricardo Carlino / Luciano Rodríguez Costa
DAR EN EL BLANCO: Hoy estoy que ni me entiendo. Relatos de un psicoanalista. Carlos D. Pérez
NOTA DE LOS EDITORES: La contrarreforma psiquiátrica avanza
Y también:Lucas Méndez / Alejandro Vainer / Tom Máscolo
Carla Delladonna (compiladora), Rocío Uceda (compiladora), Paulina Bais, María Sol Berti, Susana Di Pato, Marta Fernández Boccardo, Romina Gangemi, Maiara García Dalurzo, Bárbara Mariscotti, Agustín Micheletti, María Laura Peretti, Malena Robledo, Georgina Ruso Sierra