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Carta de lectores

 

El siguiente texto fue enviado a raíz de la publicación en nuestro número anterior del artículo Fin de análisis: la utopía de analistas y pacientes de Alejandro Vainer.

 

Hola Alejandro, acabo de leer en Topía tu interesante artículo sobre el fin de análisis, donde señalás algunas paradojas, como en el caso “humorístico” que contás, y también invitás a los lectores a que examinen sus propias experiencias, sean como pacientes o analistas. Está bueno.

Por mi parte, tengo relatada una experiencia que se acerca en algo a la contada por vos con humor, con la variante de que el desenlace no vino del lado del analista sino de la paciente, un relato corto y elocuente de lo que carece de final previsible, a veces pienso que para desencadenar un fin de análisis hace falta una dosis de transferencia negativa. De paso te digo que si bien pasó mucho tiempo, medido en años, desde que ese desenlace se produjera, la ex paciente mantiene conmigo algún contacto, aún latiendo el pulso de su experiencia. Te lo mando como contribución a tu desarrollo.

Un abrazo,

Carlos D. Pérez

 

El Ave Fénix

 

Luego de años de análisis, María comenzó a pensar en finalizar con las sesiones. Consideré la ocurrencia como a tantas otras y llegado el momento interpreté pero ella insistió, dando forma a la idea de haber concluido un ciclo. Escuché y continué interpretando lo que me era dado. Aparecieron asociaciones que acrecentaban la convicción de María acerca del ciclo cumplido y dio curso al proyecto de unas merecidas vacaciones tropicales luego de terminado el análisis; quería viajar a una pequeña ciudad que visitara años antes y alojarse nuevamente en la Posada Fénix.

Pasaban las sesiones y el sentimiento de María acerca del final no se modificaba. En algún momento creí entender que su propósito era válido. Le dije que tal vez el análisis llegaba a su término y le propuse continuar durante el tiempo que faltaba para las vacaciones de febrero y entonces decidir.

A la sesión siguiente, María se quejó con amargura. ¿Cómo no me había dado cuenta -me increpó- de que lo suyo era un velado pedido de amor, que esperaba ser retenida por mí? ¿Cómo pude proceder del modo contrario, despidiéndola? Eso era no saber escucharla y si era así sólo cabía terminar de una vez, me dijo, cortante.

Y llegó el fin.

¿Y llegó el fin?

El Ave Fénix levantó vuelo.

 

 
Articulo publicado en
Noviembre / 2010

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