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Coger sin forro. Riesgo y clínica psicoanalítica

 

“…hay cientos de otras maneras para compartir un sexo realmente excitante que no incluyen el que alguien eche un chorrito dentro de alguien.”

Ética promiscua1

 

Introducción

El Sistema Nacional de Vigilancia de la Salud de Argentina (SNVS) registra una tendencia general de un sostenido crecimiento de las infecciones de transmisión sexual en consonancia con los datos de la Organización Mundial de la Salud. Por tomar un ejemplo, las tasas de sífilis en toda la población argentina han aumentado en forma sostenida durante los últimos cinco años, alcanzando una tasa de 56,1 casos cada 100.000 habitantes en todo el país en 2019. Este valor es dos veces y media mayor al registrado en 2015. Adolescentes y jóvenes son quienes presentan las tasas más altas en ambos géneros. La incidencia en el grupo de 15 a 24 años es casi el triple de la tasa en la población general: 153,57 casos cada 100.000 habitantes.2

En cuanto a las vías de transmisión del vih el SNVS señala que en el caso de los varones cisgénero3, el 38,9% se infectó durante prácticas sexuales con mujeres y el 59,9%, con otros varones cis; verificándose un aumento de las infecciones en relaciones sexuales entre varones cis.

Si bien hemos escuchado eslóganes y latiguillos como “el deseo no se previene” para desacreditar toda práctica preventiva, muchxs analistas intervenimos cuando percibimos un “plus” de riesgo

Entre los adolescentes de 15 a 19 años, casi el 76% refiere haberse infectado durante prácticas sexuales con otros varones cis, en tanto que esta proporción llega a valores de alrededor del 32% en los grupos de 50 años o más. Si comparamos estos valores con los de una década atrás, en todos los grupos desde los 15 hasta los 39 años, aumentó la transmisión de vih entre varones cis a través de prácticas homoeróticas en alrededor del 10%.4

Según un relevamiento realizado por AHF Argentina (Aids Healthcare Foundation), sobre un total de 30.013 personas que se realizaron el test de vih en 14 provincias de todo el país, uno de los datos más significativos fue que el 96% de los nuevos casos diagnosticados fueron por transmisión sexual, es decir, relaciones sexuales sin preservativo. Otros de los datos relevados indicaron que sólo el 14,5% de las personas utilizan siempre el preservativo, mientras que el 65% lo utiliza en algunas oportunidades y el 20,5% reconoció no usarlo nunca. En el caso de los adolescentes de 13 a 20 años, sólo el 16,7% dijo usarlo siempre.5

Este cambio de tendencias ha coincidido con la aparición de la profilaxis preexposición (PrEP)6 y la mejoría en el pronóstico de las personas con vih tras la introducción del tratamiento antirretroviral de gran actividad (TARV), que pareciera haber llevado a una cierta distensión en las medidas de prevención y, en paralelo, la desaparición de campañas de prevención por parte de los Estados nacional y provinciales.

Esto podemos verlo en la clínica con jóvenes y adolescentes donde cada vez es más frecuente escuchar relatos donde se encuentra naturalizada la práctica de relaciones sexuales sin preservativo, donde muchas veces el único cuidado pasa por la toma de pastillas anticonceptivas. Si bien hemos escuchado eslóganes y latiguillos como “el deseo no se previene” para desacreditar toda práctica preventiva, muchxs analistas intervenimos cuando percibimos un “plus” de riesgo. Es una verdad de Perogrullo que vivir implica riesgos. Asimismo la evaluación del riesgo ante determinada conducta es subjetiva y depende de muchos factores: del momento vital, de la clase social, del valor atribuido a esa acción por el sujeto y por su grupo de pertenencia, el placer esperado al realizarla, el valor de transgresión y/o desafío que se le adjudica, etc.7 Incluso una conducta de riesgo muchas veces puede ser un llamado al otro, sobre todo en jóvenes y adolescentes.

En la clínica con jóvenes y adolescentes cada vez es más frecuente escuchar relatos donde se encuentra naturalizada la práctica de relaciones sexuales sin preservativo

Ficciones clínicas

“¿Tenés algo que querés usar forro?”

Paula de 23 años cuenta que un día organizaron una salida con varios compañeros del trabajo y terminaron en la casa de uno de ellos. Allí se dio empezar a besarse con un compañero con el que hacía rato había una tensión sexual. “Después de los besos me empezó a sacar la ropa y en el momento más caliente le pregunté: ‘¿tenés un preservativo?’”. La pregunta le cayó como un baldazo de agua fría. “Me dijo que no tenía y puso cara de ‘no me jodas’. Aunque yo sabía que no tenía riesgo de quedar embarazada porque estoy tomando pastillas (anticonceptivas) insistí en usarlo para evitar el contagio de cualquier enfermedad. Vos ya sabés que me contagié herpes de mi primer novio, después de eso decidí usarlo siempre.”

“Él dijo con un tono despreocupado que no importaba, que él estaba sano, que no era promiscuo, y me preguntó si yo tenía algo que quería usarlo; eso me re pinchó. Así que al final no pasó nada y terminamos charlando con el resto.” “Tal vez le tendría que haber preguntado antes, pero no da; de alguna forma es decirle: ‘bueno y… ¿ya vamos a coger?’”

Paula ya tenía una experiencia previa en cuanto a haberse infectado con herpes y el padecimiento que le había implicado y tenía claro que no iba a ceder en cuanto a su decisión de tener sexo protegido y cuáles son para ella las condiciones mínimas para estar con alguien.

No sucede del mismo modo en todxs lxs jóvenes.

“Es molesto, a uno se le baja”

Fernando de 15 años llegó a la consulta derivado por mala conducta en la escuela, en las primeras entrevistas cuenta angustiado que tuvo que ir al médico porque le ardía el pene al orinar y le diagnosticaron gonorrea y que además le realizaron análisis de vih entre otros tantos. A la entrevista siguiente relata que sus otros tres amigos también tenían la misma infección. Aclara enseguida que nunca estuvo con un varón. “Dijo la doctora que porque estuvimos con la misma chica.” Refiere que usualmente los cuatro tienen relaciones sexuales con “alguna atorranta del barrio” y obviamente ninguno usa preservativo. “No sé por qué lo hice, la mina ni siquiera me gustaba, como todos estuvieron no podía echarme para atrás...” Rito de pasaje inevitable para ser aceptado en la comunidad de varones con el fin de reforzar la virilidad y la masculinidad tradicional.8 El varón cis tiene que demostrar una sexualidad desbordante y viril para ser aceptado dentro de la comunidad de varones; éstos son los sujetos y la mujer un objeto para ese fin (“ni siquiera me gustaba”; puede ser “alguna” o “cualquiera”, llegando al extremo de la cosificación más radical en el caso de las violaciones en manada). En cuanto al uso del preservativo menciona que aprendió a usarlo en la escuela, pero que nunca lo utilizan. “Es molesto, a uno se le baja.”9

Con la información técnica y biológica que se brinda a los adolescentes no alcanza, ya que al igual que las teorías sexuales infantiles, por más que la información racional se exponga, nos comportamos de acuerdo a lo que nos viene de “las entrañas”

A-: “¿Cómo sabés si me decís que no usás…?”

F-: “Bueno, lo dicen todos, te ponés una goma en vez de sentir la piel”

F-: “En realidad intenté usarlo un par de veces, pero hasta que lo abrí y vi cómo se ponía, se me bajó. Probé desde que la doctora me dijo que tenía que usarlo y no hay caso, se me baja, ya fue.”

A-: “¿Como que ya fue? ¿Cuántas veces te masturbaste antes de tener relaciones sexuales con una chica?

F: (se ríe) “Mirá lo que me preguntás, no sé, un montón, perdí la cuenta” (se vuelve a reír)

A-: “¿Y cuántas veces jugaste con un preservativo a solas?

F:- “Nunca” (se ríe).

Dos semanas después cuenta que empezó a usar el preservativo con su novia y que se dio cuenta que “está buenísimo” porque “puede durar más” (en referencia a retardar la eyaculación), dato que dice haber compartido con sus amigos.

“Vi el preservativo tirado en el piso. Ni me di cuenta cuándo se lo sacó.”

Julio un joven gay de 18 años y Brisa una adolescente cis heterosexual de 17, vivieron experiencias equivalentes. Mientras tenían relaciones sexuales, el amante con quien estaban se sacó el preservativo durante la relación sexual sin que éstos lo advirtieran.10 Julio cuenta que venían chateando con Dani de 21 años a través de una app hacía varias semanas y que tenían muchas cosas en común, “era el tipo de hombre que yo quería conocer, no solo por lo lindo, también le gusta el tipo de música y películas que me gustan a mí, conectamos enseguida.” “Fue muy dulce todo el tiempo y a la vez tiene una actitud muy protectora y muy varonil, me recalentó, mucho más que con otros chabones que conocí, así que acepté ir a su casa y tener sexo con él… En un momento me doy vuelta para cambiar de posición y veo el preservativo tirado en el piso, miro bien y no lo tenía puesto. Ni me di cuenta cuándo se lo sacó. Le pregunté y me dijo que se lo había sacado porque así me sentía más. En ese momento me dio un poco de miedo, pero él insistió seduciéndome y besándome y me gustaba tanto que no quería perderlo, dudé, pero seguí adelante.”

A (Analista): -¿Y ahora que pensás?

J: - “No sé qué pienso, estoy un poco confundido, me re gusta él, pero a la vez me quedé con un poco de miedo porque lo hicimos sin forro, él me dice que no me preocupe que está sano, que siempre me va a cuidar. Tal vez tiene razón, yo soy muy desconfiado.”

A:- Me parece que lo que te hace dudar es que vos acordaste una cosa y no respetó tu decisión, no te dejó elegir. No te avisó que se había sacado el preservativo, vos te diste cuenta de casualidad cuando ya estaban en medio de la relación sexual.

J:- “La verdad cuando acabé no fue tan bueno como lo había imaginado, había algo en mi cabeza que no me dejaba soltarme del todo… Detrás de toda esa dulzura había un engaño,… se me puso la piel de gallina, como algo siniestro.”

La situación de Brisa fue aun más traumática. Se dio cuenta que el joven se había sacado el preservativo una vez terminado el acto sexual. “Me invadió un frío por todo el cuerpo, no estaba tomando los anticonceptivos y estaba en fecha, y no quiero quedar embarazada, me arruinaría todos mis proyectos. Ese amor que sentía se transformó en bronca y desesperación.” Ayudé a Brisa a gestionar un turno inmediato con una ginecóloga quien le suministró un anticonceptivo de emergencia (pastilla del día después) y evaluaron diversas estrategias a seguir. Brisa decidió no volver a ver al joven que le había gustado tanto y a su vez se lo contó a sus amigas, una de ellas le reveló que le había hecho lo mismo.

En un mundo donde lo que se valora es el individualismo de la “felicidad privada” -“cojo y no me importa lo que le pase al otrx”-, la práctica del stealthing pareciera ser la consecuencia lógica

Estos son solo dos ejemplos de esta práctica de los tantos escuchados en la clínica y en talleres sobre salud sexual y reproductiva. Las conductas psicopáticas siempre deben ser señaladas y puestas al descubierto. El sujeto por lo general lo advierte (“cuando acabé no fue tan bueno”; “me recorrió un frío por todo el cuerpo”, etc.), aunque a veces funcionen algunos mecanismos de negación y/o desmentida (“tal vez yo soy muy desconfiado”, etc.).

Las autoras de Ética promiscua lo dicen en otros términos: “…insistir en tener sexo sin protección o intentar saltarse los límites de sus amantes sobre sexo seguro es, simplemente, jugar sucio.”11

 

Si bien toda relación sexual comporta un riesgo, la no utilización del preservativo con parejas de las cuales desconocemos su estado serológico, lleva este riesgo al límite. Sin embargo, en la clínica nos encontramos con matices que implican intervenciones cualitativamente diferentes. Existe una brecha entre la negación, la desmentida y el acto deliberado. Y dentro de este último, entre la práctica consensuada y el acto “sigilosamente” psicopático.

Algunas reflexiones

Cabe preguntarse el porqué de este aumento en la difusión de las infecciones de transmisión sexual asociada a la no utilización del preservativo como método preventivo. Si algunas de las campañas que se han llevado a cabo han centrado el eje en lo normativo y la apelación al miedo, es lógico entonces que cuando la ecuación sida=muerte se transforma debido a la efectividad de los nuevos tratamientos, el miedo disminuya, la percepción del riesgo sea baja, y con esto pierdan valor las medidas de protección.

Por otro lado, evidentemente, las campañas llevadas adelante por el Estado como la Educación Sexual Integral (ESI) están haciendo agua. El problema no está dado por la ley que en su letra es bastante buena, sino en su manejo e implementación; que termina siendo tecnocrática y biológicista, a través del dictado de clases teóricas sobre la temática.

Lo que se suele escuchar como argumento más común para no usarlo, se asocia con las representaciones sociales12 respecto de la sexualidad y el preservativo. “Con una goma no se siente nada”, “hasta que me pongo el forro se me baja, rompe el clima”, “acabar adentro es más excitante, llenar con mi semen al otro”, “coger sin forro nos hace sentir uno”, “mi novio me dice que hacerlo sin preservativo es demostrarle el amor”, “me preguntó si estaba con otros que quería que use preservativo”, “me da cosa llevar preservativos, los hombres piensan que sos una trola”, etc.

Estos comentarios que suelen escucharse frecuentemente nos llevan a afirmar una vez más que si bien es necesaria, con la información técnica y biológica que se brinda a los adolescentes (cuando esto se hace) no alcanza, ya que al igual que las teorías sexuales infantiles, por más que la información racional se exponga, nos comportamos de acuerdo a lo que nos viene de “las entrañas”. Por otro lado, esta “información” corre en paralelo con las prácticas aportadas por la pornografía de la cual jóvenes y adolescentes se nutren13 que casi nunca incluyen el uso del preservativo y el varón hace lo que le place con el cuerpo de la mujer.

Por otra parte, el uso o no del preservativo se constituyó históricamente en una práctica política que apuntaba a vivir una sexualidad placentera minimizando riesgos, en contraposición por ejemplo a grupos e instituciones como la iglesia católica que condenaban su uso y propugnaban la abstención sexual como único método preventivo. Ahora bien, si el uso del preservativo es una construcción social que tiende al cuidado y placer compartido, en un mundo donde lo que se valora es el individualismo de la “felicidad privada” -“cojo y no me importa lo que le pase al otrx”-, la práctica del stealthing pareciera ser la consecuencia lógica.

Para finalizar, un posible modo de abordaje podría ser en pequeños grupos -como se ha hecho desde algunos equipos de atención primaria- para trabajar con las representaciones sociales imperantes para que al menos haya una posibilidad de aparición de otras con las que entren en conflicto. Así como la participación activa de lxs mismxs jóvenes y adolescentes en la elaboración de las campañas de prevención que son las que históricamente han tenido efectividad.

Carlos Alberto Barzani
Psicoanalista
carlos.barzani [at] topia.com.ar

Notas

1. Easton, Dossie y Hardy, Janet W. (2009), Ética promiscua, Melusina, segunda edición, 2013, p. 146.

2. Ministerio de Salud de Argentina, Respuesta al VIH y las ITS en la Argentina, Año XXIII, Nº 37, Diciembre de 2020, pp. 18-19.

3. Cis o cisgénero se refiere a las personas cuya identidad de género concuerda con el género asignado al nacer por oposición a transgénero. El prefijo “cis” significa “de este lado de”, mientras que el prefijo “trans” significa “del otro lado de”.

4. Ídem, p. 34.

5. Infobae, “Baja en el uso del preservativo y consumo de drogas sintéticas, dos de las causas que dispararon las cifras de ETS entre los jóvenes”, 8 de octubre de 2019, https://www.infobae.com/salud/2019/10/08/baja-en-el-uso-del-preservativo...

6. La PrEP es una de las estrategias de prevención del vih en la cual las personas que no tienen vih, pero que tienen prácticas que pueden exponerlos a la transmisión del virus, toman un medicamento antirretroviral para reducir la posibilidad de adquirirlo. El medicamento más popular es Truvada, previamente utilizado para el tratamiento del vih que, tomado apropiadamente, ha demostrado proteger a los usuarios vih negativos de ser infectados con el virus, aunque su costo es aún muy elevado, entre 400 y 750 dólares mensuales dependiendo el país. Por otro lado, este medicamento no previene la transmisión de otras ITS.

7. Ver Le Breton, David, Conductas de riesgo. De los juegos de la muerte a los juegos de vivir, Buenos Aires, Topía, 2011.

8. Cf. Volnovich, Juan Carlos, Ir de putas. Reflexiones acerca de los clientes de la prostitución, Topía, Buenos Aires, 2010.

9. Sobre el uso del pronombre indefinido “Uno” en vez del pronombre personal “Yo”, ver Tajer, Débora, Psicoanálisis para todxs, Buenos Aires, Topía, 2020, Cap. 6: “¿Qué quiere un hombre?” donde señala la confusión entre identidad personal e identidad corporativa de género en algunos varones cis, en este caso potenciada por la necesidad de pertenencia al grupo de pares que supone la adolescencia.

10. Esta práctica está tan difundida que hace unos años se le puso un nombre: stealthing, que en inglés significa sigilosamente o en secreto. Se trata de una práctica sexual en la cual el varón que está penetrando (sea éste gay, bi o heterosexual) retira de forma deliberada el preservativo que estaba utilizando en el coito, sin que su pareja sexual se entere ni haya dado su consentimiento para una relación sin protección. No se debe confundir con otra práctica muy difundida entre varones gays -el bareback o “montar a pelo”- que es el no uso del preservativo de forma previamente consensuada.

11. Op. cit. p. 123.

12. “…la noción de representación social nos sitúa en el punto donde se intersectan lo psicológico y lo social. Antes que nada concierne a la manera cómo nosotros, sujetos sociales, aprehendemos los acontecimientos de la vida diaria, las características de nuestro ambiente, las informaciones que en él circulan, a las personas de nuestro entorno próximo o lejano. En pocas palabras, el conocimiento «espontáneo», «ingenuo» que tanto interesa en la actualidad a las ciencias sociales, ese que habitualmente se denomina conocimiento de sentido común, o bien pensamiento natural, por oposición al pensamiento científico.” Jodelet, D., “La representación social: fenómenos, concepto y teoría.” en: Moscovici, S. (comp.) (1984), Psicología social II. Pensamiento y vida social. Psicología social y problemas sociales. Barcelona, Paidós, 1986.

13. Trato este tema más ampliamente en Barzani, Carlos, Actualidad de erotismo y pornografía, Buenos Aires, Topía, 2015, pp. 10-11.

 

 
Articulo publicado en
Abril / 2021

Boletín Topía