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Cuestiones Clínicas

 

Isabel, de 35 años, es la madre de tres hijos, de 9, 8 y 2 años. El padre de 40 años de edad, es un hombre de características autoritario y violento, en los primeros años golpeaba a su mujer. Pese a esto Isabel valoriza la familia que pudo formar con él y que le dio sostén a ella y sus hijos, y tiene total dependencia económica de su esposo.
Llegaron a la consulta hospitalaria por el hijo mayor, Lucas, con una constipación crónica, lesiones anales, problemas de conducta y aprendizaje que hicieron presumir un abuso sexual que posteriormente fue descartado
Después de una primera etapa de evaluación diagnóstica y inicio del tratamiento psicológico individual de Lucas, se efectúan entrevistas familiares, por detectar trastornos en los vínculos familiares en la actualidad.
En la primera de ellas la hija de 8 años, espontáneamente toma una hoja y lápices disponibles y dibuja su familia con una integrante más, una hija de 20 años. Así comienzan a exponer un dramático capítulo de la historia de Isabel.
Isabel, oriunda de una provincia del norte, a los 12 años deja su casa materna para trabajar como empleada doméstica de una familia adinerada. A los 15 años queda embarazada, recuerda que no se daba cuenta hasta cerca del parto. Sus patrones con una hija solterona la cuidan y acompañan y nace una nena sana. En el hospital firma un papel, sin entender por qué un médico le dijo "fijate bien".
Sigue su vida en la misma casa, amamantando a la beba, pero paulatinamente la separan y la enfrentan con la evidencia de que la niña legalmente fue anotada como hija de su patrona solterona, y terminan despidiéndola. No cuenta con apoyo familiar, y migra hacia Buenos Aires, siguiendo la misma ruta de dos hermanos y amigas. En un viaje de visita, cinco años después, logra ver a la niña a distancia, pero no pudo tomar contacto directo con ella, sólo tener noticias por una amiga.
Isabel, compartió con sus hijos y esposo esta situación, así es que los hijos la nombran como hermana, y la quieren conocer.
Isabel se angustia intensamente cuando habla de la hija de la que fue despojada. No piensa en que pueda encontrar ayuda legal, ni nunca la buscó en todos los años transcurridos. Su esposo se ofrece como apoyo, y se proponen que a la brevedad podrían viajar todo el grupo familiar y ubicar a la joven que ahora tiene 20 años y establecer en forma directa el lazo afectivo, y el esclarecimiento del verdadero origen de dicha joven.
¿Cómo abordaría a esta madre y su familia? Ella después de ser despojada de un hijo, quiere recuperar o construir un lazo afectivo y ha generado en sus otros hijos un deseo compartido de recuperar al hermano del que también fue despojado. No se considera amparada por ninguna instancia institucional y quiere actuar rápidamente, sin dar mucho lugar a un análisis psicológico de la situación histórica, sí en cambio tiene más permeabilidad a considerar el camino más conveniente para sus hijos convivientes.

 

Me parece interesante el desafío que plantea mi primer paso como "telesupervisor". Es evidente que el interés del caso se centra en esa hermana "despojada" de 20 años. Prueba de ello es que sabemos poco de la problemática del paciente Lucas, excepto que hubo una historia previa de asedio descartado. ¿Quién le tiene miedo a la constipación? Pero luego viene esta frase "atravesada": "Ella después de ser despojada de un hijo, quiere recuperar o construir un lazo afectivo y ha generado en sus otros hijos un deseo compartido de recuperar al hermano del que también fue despojado". Confusión de género y de número. ¿Quién también fue despojado? Y el significante "despojado" aparece como una pieza central en el drama.
Llama la atención que esta familia, cuya intención es realizar toda una expedición para rescatar a la hija despojada, no revelara la existencia de ella en las consultas previas y que el dato solo aparezca en un dibujo de la menor de la familia. Es posible que esa expedición sea la "misión secreta compartida" familiar, mejor dicho, el proyecto que organiza el imaginario grupal. Eso me lleva a especular si no es que toda la familia alimenta el safari fantástico. Siguiendo esa línea de pensamiento yo estimularía la misión de rescatar la hija despojada, tal vez con la ayuda de una asistente social. Me gustaría saber como termina la historia.

Emilio Rodrigué
Psicoanalista
erodrigue [at] uol.com.br

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Articulo publicado en
Octubre / 2003

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