Sin fantasía es mucho el Dolor,
se hace, más de lo que es, fantástico.
Macedonio Fernández,
No toda es vigilia lo de los ojos abiertos
En este final de época, las crisis operan como indicadores de finales y revelan una serie de sucesos que resquebrajan el equilibrio del sistema, rompen el orden estable, dando por resultado una inestabilidad que da la impresión del fin. Sin embargo, se puede pensar a través del concepto de estructura disipativa, que es muy probable que logre organizarse nuevamente en un orden por fluctuaciones, alejado de aquel primer equilibrio.
Desde esta perspectiva, el final ya no es la imagen de la muerte, sino un momento de transición complejo que suele tender a una actitud apocalíptica, donde se revela con cierta añoranza lo que ya no está para anunciar un porvenir que se ignora y que resulta inaccesible.
El uso del potencial de las ilusiones forma parte de la programación capitalista actual. No cesan de producir dispositivos de satisfacción sustitutiva, porque la esencia del capitalismo no es sólo la plusvalía económica, sino también la toma de poder sobre la subjetividad.
Es importante resaltar que el ya no de una época está anunciado por el desastre, porque estos dos vocablos están asociados: por un lado, época, que deriva de un vocablo griego epokhé, que hace referencia a los astros, lo que está arriba, y era utilizado para operar como marcadores de momentos importantes. Por otro lado, el desastre, que deriva de des-astrum, porque pone de manifiesto que ya no hay guía en el cielo, como la creencia de tener mala estrella. Así, el desastre indica que ya no hay tiempos de una determinada época, se ha disipado, y se hace difícil no vivirlo desde cierta incertidumbre apocalíptica, porque prevalece y resiste de modo inercial una percepción con referencias de una época anterior.
Este final de época está marcado por una multiplicidad de episodios que revelan finales, y este primer cuarto del siglo XXI está atravesado por situaciones que han afectado al mundo, y que pueden ser mencionadas desde sus campos dominantes.
Desde lo político, se inaugura el siglo con el ataque a las torres gemelas, un símbolo de la época, y su posterior efecto en la avanzada imperialista de EEUU ante el terrorismo, justificando su política del terror en Medio Oriente. Luego, en la última década hay un avance de las políticas conservadoras, con resurgimientos y vestigios de ideologías totalitarias que parecían ya desterradas de la política. Además, se mantienen las guerras políticas internacionales en disputa por territorios, así como guerras civiles. Ahora bien, al mismo tiempo, se da una crisis de las instituciones estatales y sociales que supieron sostener la democracia representativa desde la mitad de siglo XX, y que actualmente desafían los grandes acuerdos en materia de derechos. Asimismo, se ha dado que masivas manifestaciones populares ya no llevan la bandera de los enunciados marxistas y socialistas, un fenómeno que ya alertaba el filósofo francés, Alain Badiou en la década del 80, y que puede observarse en las insurrecciones populares de las últimas décadas: Movimiento Verde Iraní del 2009; Movimiento Occupy en EEUU; el 15 M de España; y la Primavera Árabe.
No obstante, en cuanto a lo económico, hay eventos con afectaciones a escala global, como la crisis de la burbuja inmobiliaria de 2008, y, actualmente, desde 2018, la guerra comercial que sostienen EEUU y China. El panorama económico está signado por una mercantilización de la vida cotidiana, que sobrecodifica y axiomatiza para capitalizar hasta la mínima acción humana, y se tecnocratiza la organización social a partir de la hiperdigitalización, la robotización, la global conectividad informática de la comunicación, y el desarrollo de la inteligencia artificial.
Estos sucesos encuentran en el acontecimiento de la pandemia por covid-19, en los años 2020 y 2021, un escenario de representaciones y resonancias, que con sus efectos perdurables genera un antes y un después, dejando una huella del aislamiento y distanciamiento social a los que se sometió a las sociedades del planeta. Esta prisionización a gran escala fue impredecible: desde Hiroshima y Nagasaki resultan más esperables las amenazas de explosiones que esta implosión inesperada.
No dejan de suceder eventos; sin embargo, no hay horizonte de futuro, es la era de los sin futuro, reflexiona Zourabichvili (2023), ya no hay un acontecimiento prometedor, pero esta coincidencia de sucesos diagrama las condiciones de acontecimentalidad. No obstante, estos sucesos que no han dejado de advenir, están ahí, y han dejado marcas que dan testimonio de que el mundo ya cambió. Y no hay respuesta posible porque están en planos de significación distintos, por un lado, está “lo que viene”, y por otro, “nosotros”, porque “lo que viene” exige una mutación de aquellos hacia los que se dirige: por eso, “lo que viene no viene por nosotros porque nosotros ya no somos los mismos” (p. 91).
Es ardua la tarea de analizar esta multiplicidad de sucesos, que se traducen en este malestar de la cultura, sin embargo, resulta indispensable estar en posición de análisis, ese estar psicoanalista que proponía Fernando Ulloa, aún en condiciones desfavorables, pero reconociendo que es pertinente estar. Para estar a la escucha, para atender a resonancias que transversalizan la existencia en estas condiciones, y que alcanzan a las propias intimidades.
El desastre, que deriva de des-astrum, porque pone de manifiesto que ya no hay guía en el cielo.
Condiciones en las que el mismo Derrida, reclama la puesta en escena del saber psicoanalítico en los campos de la ética y la política, lo propone en el encuentro de lo que queda por pensar (por hacer, por sufrir, por vivir) y en la tarea de lo imposible, destaca la hospitalidad incondicional al extraño, porque logra escuchar al extranjero sin coartada alguna, sin alibi.
Para poder adentrarse en los análisis de los efectos que tienen los sucesos antes mencionados en la subjetividad, es necesario traer algunas ideas de El porvenir de una ilusión, de Freud (1927), que pueden resultar de introducción a lo que se despliega en el presente trabajo. Freud hace una investigación sobre la génesis psicológica de las ideas religiosas, y encuentra en las ilusiones la protección contra la indefensión (la humanidad se defiende de la naturaleza instintiva, pero también de la hostilidad que genera la civilización con sus prohibiciones). Plantea que las ilusiones no son errores, sino que encuentran su punto de inicio en la satisfacción de deseos, reconoce que esta producción prescinde de su relación con la realidad, pero que no está necesariamente en contra. Las ilusiones forman parte de la satisfacción narcisista, compuesta por el poder de los ideales de la civilización, logran promover relaciones satisfactorias con la participación de clases favorecidas y clases oprimidas. Freud refiere que las doctrinas religiosas acabarán por ser abandonadas, pero en su lugar vendrán otras creaciones sustitutivas.
El uso del potencial de las ilusiones forma parte de la programación capitalista actual. No cesan de producir dispositivos de satisfacción sustitutiva, porque la esencia del capitalismo no es sólo la plusvalía económica, sino también la toma de poder sobre la subjetividad. En las investigaciones sobre capitalismo, Deleuze y Guattari, en El Antiedipo, destacan la actividad de descodificación de los flujos para ponerlos al servicio de la producción, porque hace una conjunción de flujos que ya no tienen referencias de territorio y resultan afines al circuito financiarizado.
A continuación, se realizan reflexiones sobre tres despliegues asociados a los efectos de las condiciones existenciales actuales en la subjetividad humana y las relaciones sociales.
Es menester detectar algunos puntos de los efectos del desarrollo de la tecnología, la informática y la comunicación, en este actual modo de subjetivación capitalístico.
Para empezar, es atinado el análisis que hace Walter Benjamin sobre los efectos de la fotografía, y que bien valdría para los tiempos actuales, cuando considera que ya no será analfabeto el que ignore la escritura sino la fotografía, porque ese será el analfabeto del futuro. Hay que hacer notar que estas palabras suenan proféticas, porque actualmente la comunicación en redes sociales procede a través de fotos y derivados (videos, stickers, memes, etc.) que terminan marginando a aquellos sujetos que no saben -o eligen- no usar estos medios digitales.
Los sujetos ya no se los hace sumisos y disciplinados, sino dependientes, esta política del capitalismo del me gusta, busca más agradar que someter.
Por otro lado, Benjamin destaca la importancia de la leyenda que acompaña a la fotografía, refiere que de este modo se incorpora a la literaturización de las relaciones de la vida. Razón por la cual se pregunta lo siguiente: ¿No se convertirá la leyenda en uno de los componentes esenciales de las fotos? Como si anunciara, con casi un siglo de antelación, el uso de los comentarios, las reacciones, las notas y mensajes de las publicaciones en redes sociales.
Hay una reflexión que merece ser citada textualmente por su capacidad para detectar los efectos a nivel subjetivo, y dice lo siguiente: “La cámara se empequeñece cada vez más, cada vez está más dispuesta a fijar imágenes fugaces y secretas cuyo shock suspende en quien las contempla el mecanismo de asociación” (Benjamin, 1994, p. 82). Esta idea es central porque actualmente los sujetos quedan subsumidos en un estado de alienación ante el uso de las redes sociales, quedan entrampados en circuitos de respuestas reflejas y automatizadas que realizan ante los infoestímulos.
Otro punto interesante de afectación a la subjetividad es la pauperización de la producción imaginaria, se da un empobrecimiento de la fantasía porque las imágenes ya vienen dadas en un afuera, proyectadas en una pantalla, hay una satisfacción de la pulsión escópica, lo que lo transforma en un consumidor consumido, cuyo requisito para formar parte de la gran red de internautas es hacer de la vida personal una vida pública. Aquí las imágenes dejan de subyacer, para espectacularizarse en los escenarios públicos, hay una exterioridad total en la que todo se transparenta, se expone en un afuera que no sólo proyecta imágenes, sino también emociones, porque se desarrolla la habilidad para reaccionar con pictogramas, con la semiótica de los emojis, estados emocionales digitales. En palabras de Byung-Chul Han (2014 b), este modo de administración de la vida es una psicopolítica digital, a los sujetos ya no se los hace sumisos y disciplinados, sino dependientes, esta política del capitalismo del me gusta, busca más agradar que someter. En efecto, producen a los devotos del smartphone, y este dispositivo se convierte en un confesionario móvil.
Con respecto a la experiencia del tiempo en el uso de las tecnologías, se pueden señalar algunos puntos, como con respecto a la noción de historia en la era digital, porque en la red social Instagram es uno de los modos de compartir contenido, y resulta efímera dado que sólo tiene una duración de 24 horas. En cambio, por otro lado, están las publicaciones, como otro modo de compartir contenido, pero éstas son permanentes y forman parte del perfil, la identidad pública del autor.
Hay una sobrecodificación de la idea de historia, se la modeliza desde un sentido capitalístico, con una nueva producción de sentido. Ya lo planteaba Umberto Eco, en la década del 60, en sus análisis sobre la cultura de masas, al reflexionar que el universo de la iconosfera sobresatura de información visual, y prioriza lo que está ocurriendo en el espacio en detrimento de la información sobre acontecimientos temporales, considerando que hay una pérdida del sentido de la conciencia histórica.
El mecanismo de la posverdad permite entender la sobrecodificación del capitalismo como una máquina de producción de sentido que busca tergiversar significados para transformar las relaciones entre lo real y lo imaginario.
Por su parte, Franco Berardi (2019), filósofo italiano, hace foco en los efectos psicopatológicos que produce la incompatibilidad que hay entre el ciberespacio y el cibertiempo, llegando a proponer el uso del término cronopatologías. Considera que el entorno técnico está creciendo de un modo más acelerado que las respuestas que se pueden dar de modo cultural y cognitivo, no se llega a elaborar la cantidad de información. Por consiguiente, se produce un empobrecimiento de la experiencia, porque no sólo se afecta la capacidad de atención, sino que se reduce la sensibilidad, ya no hay tiempo para extraer el placer y significado de lo que se vive (pp. 48-51).
En cuanto al proceso de des-erotización que se acrecienta con la hiperdigitalización de las relaciones, se producen sujetos que buscan satisfacer sus placeres conociéndose en redes a modo de catálogos, logrando matchear para conexionar con otros. Estas conexiones se dan a partir de la búsqueda de coincidencias, un otro que no es buscado ni encontrado en su otredad, sino programado como portador de caracteres del propio narcisismo, como proyección de sí mismo.
Es la era en que la sexualidad se ha terminado de pornografiar, hay acceso ilimitado al porno, éste se ha transformado en el modo único del sexo. Berardi refiere que “se habla de sexo en todos lados, en los medios, en la publicidad, en la televisión; pero en el sexo ya no hay espacio para hablar dado que se ha desconectado del lenguaje” (p. 55). Por su parte, Byung-Chul Han (2014 a) observa que el porno carece de expresividad y misterio, el acrecentamiento del valor expositivo, la desnudez obscena, termina por aniquilar a toda la sexualidad. Así pues, termina exhibiéndose como mercancía, se profana a eros para convertirlo en porno.
Respecto de Eros, alerta sobre la crisis del amor, a partir de la erosión de la experiencia erótica en este infierno de lo igual. En sus reflexiones contrapone a Eros con la depresión narcisista, como la patología del sujeto del rendimiento, el que se autoexplota y se autoexige buscando su optimización personal, pero que termina hundiéndose en sí mismo en la ilusión individualista de la autoproducción ilimitada.
Los encuentros con otros han perdido potencia, ya no se encuentran y, si lo hacen, terminan siendo algo que no con-viene, la pérdida de sensibilidad, plantea Berardi, ha llevado a que el Noli me Tangere (No me toques) sea la regla de comportamiento actual. O sea, porque la piel es la que sufre con mayor intensidad, por ser “el punto de contacto, la interfaz sensitiva entre el yo consciente y la emisión infinita de signos” (p. 45), se satura y colapsa la receptividad sensitiva.
A nivel cultural, la idea de posverdad es uno de los sellos de esta época, la post-truth, es el como si de la verdad que entra en un estado de apariencia, y utiliza la repetición para instalar certezas en una realidad que es cambiante e incierta. La repetición encuentra en el espacio web un terreno de exacerbación exponencial, se presenta en todas sus formas, desde el bucle hasta la viralización. Son ideas simples, argumentadas con certezas, que reemplazan a los hechos de la realidad por datos seleccionados y tergiversados de la misma, para construir otras realidades. Así los datos y la repetición son los puntos de apoyo de la palanca de la posverdad, que transmite su fuerza a través de creencias y emociones, para tener efectos de desplazamiento en la opinión pública.
El mecanismo de la posverdad permite entender la sobrecodificación del capitalismo como una máquina de producción de sentido que busca tergiversar significados para transformar las relaciones entre lo real y lo imaginario. En este punto, en donde los mass media simulan realidades, que resultan más complejas y elaboradas que lo que puede brindar cualquier realidad, es importante traer el concepto de simulacros para captar la potencia de la imagen en la era digital, porque ésta prevalece por sobre la realidad, hasta aniquilarla.
La realidad muta en una hiperrealidad: una realidad cargada de simulacros que no distingue lo real de lo irreal, lo verdadero de lo falsificado.
Los simulacros han sido un tema de interés, desde la filosofía antigua con Platón, Epicuro, y luego, con Lucrecio. Más cercano en el tiempo es una idea reactivada por autores como Klossowski, Deleuze, Bataille, Baudrillard y Perniola. Primero, conviene empezar por los aportes de Platón en su libro El Sofista o del ser donde recurre a la figura del extranjero de Elea, para reflexionar sobre la capacidad que tienen los sujetos en el arte de producir cosas y el arte de producir imágenes, e identifica en la figura del sofista, como ejemplo, aquel que puede producir ilusiones, que se representan a través de sí mismo para imitar la apariencia del saber, con el objetivo de convencer al público.
Por otro lado, el sociólogo francés Jean Baudrillard, se refiere a la era de la simulación, ya en la década del 70 del siglo XX, para reconocer el poder mortífero de las imágenes, y su efecto de aniquilación hacia toda referencia. Destaca que hay una suplantación de lo real por los signos de lo real, signos que tienen la función de reversionar y negar, por eso la simulación es una imitación que se parece a sí misma, no tiene identidad porque no es copia de nada, dado que ya no hay referencias a lo real. De este modo, la realidad muta en una hiperrealidad: una realidad cargada de simulacros que no distingue lo real de lo irreal, lo verdadero de lo falsificado.
Esta es una realidad saturada, por todos lados hay simulación, hay una coexistencia de representaciones y simulacros. En el arte, ya es muy difícil distinguir el valor de una obra, un engaño estético puede tener un valor económico muy elevado. En el deporte, se inventan grandes eventos, ya sea en torneos de fútbol sin futbolistas, o veladas de boxeo sin boxeadores, donde los invitados son influencers y terminan resultando ser negocios más rentables que el mismo deporte. Y sólo por mencionar, entre otras cosas, la aceptación que tienen los reality shows y los videojuegos que simulan realidades alternas. La aceptación del público es el salvoconducto de los influencers, para que éstos se sientan con el derecho y la libertad de poder hacer lo que quieran. Éstos devienen como ya lo dijimos en artistas, deportistas, periodistas, publicistas, intelectuales, terapeutas, y cuanto oficio o expresión humana uno se pueda imaginar.
En los últimos años se ha presenciado el arribo al poder de personajes consumidos por el público, elegidos por su influencia, llegando a cubrir cargos gubernamentales sin carreras políticas, como lo son los casos de Ucrania, Argentina, EEUU, entre otros. En un contexto de incertidumbre e inestabilidad, estos personajes ofrecen certezas que funcionan como referencias, cuando no tienen a qué atenerse. Clément Rosset (1994), en su análisis sobre el fanatismo, señala que este gusto por la certidumbre está asociado al gusto por la servidumbre, hay sujetos que están dispuestos a ofrecer una ciega sumisión a cambio de algo de esperanza, “prefieren trocar su libertad por la ilusión de que hay alguien que piensa por ellos y sabe lo que ellos no lograrían saber” (pp. 54-55). Así pues, el fanático no cree en nada, sólo cree en el que supone que cree en algo cierto.
Este apartado despliega la esencia de las coordenadas capitalísticas que moldean a las subjetividades, es un axioma inicial que encuentra en el acto de la violación sexual el modelo desde dónde se desprende el molde de la explotación en las relaciones de producción. Para abordar este tema es importante traer los aportes del psicoanalista Otto Gross, uno de los pioneros del psicoanálisis.
Gross (2019) parte del estudio sobre el rol de las mujeres en la civilización de su época, a principios del siglo XX, para desentrañar el sufrimiento interior de la humanidad. En principio hace una recapitulación histórica en tres tiempos. Un primer tiempo, que es de la institución originaria del derecho matriarcal1, con su independencia económica y sexual. El segundo tiempo, instaurado por la familia patriarcal, que responde a una subversión del orden anterior, y tiene su constitución en las guerras, el rapto de mujeres y abuso de esclavos. Aquí la institución del matrimonio relegó a la mujer a su función reproductiva, haciéndola renunciar a su libertad. Por último, el tercer tiempo, es lo que anuncia respecto al retorno del matriarcado, afirmando en 1913, que “la revolución que viene será la revolución por el matriarcado. No importa las formas ni los medios en que se realice” (p. 24). Sin dudas, se anticipó al desarrollo de los movimientos feministas hasta nuestros días.
Es en la encrucijada de los dos primeros tiempos en dónde encuentra el origen traumático de la historia, constituido por el acto sexual en su forma de explotación y violación, devenido en símbolo de la destrucción. Gross, logra detectar en su clínica psicoanalítica el sufrimiento asociado al acto que se dirime entre violar y ser violado, considera que aquí radica la expresión psicológica del conflicto sexual. A partir de esta idea se puede pensar que se moldean los modos del poder patriarcal y capitalista, a través de esta lógica de la dominación y explotación, con su codificación binaria y asimétrica de las relaciones, postulando opresores y oprimidos.
Desde esta lógica, la opresión binaria es una primera etapa de la explotación, sin embargo, el capitalismo actual ha mostrado una etapa de univocidad, en la que prima la lógica del consumo, entra en los circuitos del mercado, y aplasta todo hasta convertirlos en consumidores, porque “… todas las cosas se han prostituido cuando el Capital las conforma y les da su nueva forma ‘fetichista’…” (Rozitchner, 2011, p. 28).
En esta misma línea, Suely Rolnik (2019) propone la idea de proxenetización2 de la vida para entender los efectos vibratorios de la economía capitalista en los cuerpos, considera que hay una cooperación en la que se entrega la fuerza pulsional a la producción para obtener plusvalía. Rolnik observa que el régimen capitalista y colonial pervierte la potencia del deseo, lo desvía de su destino ético, activo y creador, para apropiarse de su fuerza y relegarlo a la sumisión (p. 77). Reconoce que las subjetividades están más vulnerables y expuestas al abuso traumatizante en las condiciones de precarización laboral actual, sumado a la supuesta autonomía que los hace libres para negociar.
Por último, se puede pensar que ese retorno al matriarcado que propone Gross3, se ve enfrentado a un régimen patriarcal-colonial-capitalístico que intensifica su violencia y crueldad, haciendo resurgir arcaísmos que tiene en el fenómeno de los feminicidios su máxima expresión y atentado a la vida, porque no sólo se mata una vida, sino a las que pueden dar vida, por eso, en estos tiempos, la muerte de eros es la muerte de la mujer.
Para concluir, es necesario considerar que los tres despliegues del desastre, son aproximaciones a una mirada sobre la falta de horizonte. Ante esta implosión reflejada en el desastre, se hace menester la tarea de descifrarnos a nosotros mismos, descifrar las nuevas coordenadas de orientación, teniendo en cuenta que nuestros modos habituales de descifrar están siendo transformados por “lo que viene” (Zourabichvili, 2019, p.101).
En el primer despliegue, se abordan algunos puntos sobre los efectos de la hiperdigitalización en la subjetividad y se exponen aspectos de las actuales condiciones de existencia. El segundo despliegue es una propuesta para entender el proceso de aniquilación de las condiciones humanas de la realidad, su posterior instauración de reversiones de la realidad a través de ilusiones y el objetivo siempre es el control de la opinión pública. Y en el tercer despliegue, se expone el acto de violación sexual como fundante de las relaciones de dominación, donde el cuerpo del otro es apropiado para la producción, se lo descodifica para hacer uso de su fuerza vital; y en casos de insurrección se les da muerte cruel, o ante la falta de producción es desechado y se los deja morir.
En esta tarea de descifrar-nos, no sólo es importante la crítica dialéctica de negar la negación del sistema, para afirmar la totalidad; sino que se hace conveniente tratar de arrojarse más allá de los límites de la totalidad, como lo que propone el filósofo Enrique Dussel (2011), cuando plantea el momento analéctico, ese encuentro con el otro que interpela desde su distinción, que afirma la exterioridad del sistema desde su existencia (pp. 257-260). Esta exterioridad trae nuevos despliegues, aparece lo nuevo que siempre estuvo, porque es el hecho real humano situado siempre afuera, más allá de los márgenes. Por eso, la clínica psicoanalítica puede sentirse convocada en esta tarea analéctica, porque desde su hospitalidad incondicional logra alojar al otro, está entrenado para escuchar lo que hay en la exterioridad.
Otra tarea para descifrar-nos es apelar a referencias, recrearlas y resignificarlas, así, como en la Europa del siglo XV, cuando fue necesario pensar un renacimiento desde las imágenes de la Grecia Antigua. En definitiva, en la historia de la humanidad se han vivido otros finales, y también se ha recomenzado, quizá en esta transición se logre avizorar lo que viene. Hay que postular esa tarea ecosófica que propone Félix Guattari, al apelar a nuevas referencias para recomponer la praxis humana en los dominios de la subjetividad, el socius y el medio ambiente.◼
Bibliografía
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Berardi, F. (2018), Fenomenología del fin, Sensibilidad y mutación conectiva, Caja Negra.
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Deleuze, G. y Guattari, F. (2007), El Antiedipo. Capitalismo y esquizofrenia, Paidós.
Derrida, J. (2015), Estados de ánimo del psicoanálisis. Presentación a los estados generales del Psicoanálisis, Paidós.
Dussel, E. (2011), Filosofía de la liberación, FCE.
Eco, U. (1999), Apocalípticos e integrados, Lumen Tusquets.
Forty, S. (2022), “Posverdad, fake news y extrema derecha contra la democracia” en revista Nueva Sociedad Nº 298 , ISSN: 0251-3552, <www.nuso.org>.
Gross, O. (2019), Más allá del diván. Apuntes sobre la psicopatología de la civilización burguesa, Irrecuperables.
Guattari, F. (1996), Las tres ecologías, Pre-textos.
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Prigogine, I. (2006), El nacimiento del tiempo, Tusquets.
Rolnik, S. (2019), Esferas de la insurrección. Apuntes para descolonizar el inconsciente, Tinta Limón.
Rosset, C. (1994), El principio de crueldad, Pre-textos.
----- (2015) Lo real y su doble: ensayo sobre la ilusión, Hueders - Libros del Zorzal.
Rozitchner, L. (2011), Materialismo ensoñado, Tinta Limón.
Ulloa, F. (1997), “Psicoanálisis de la externidad”, Actualidad Psicológica 1 (248), pp. 15-18.
Zourabichvili, F. (2023), La literalidad y otros ensayos sobre el arte, Cactus.
Notas
1. León Rozitchner (2011), en su ensayo Materialismo ensoñado, plantea un análisis filosófico que tiene resonancias de la propuesta de Gross, porque infiere que la palabra patriarcal suplantó a la lengua materna originaria, a través del terror que encubre el matricidio, para imponer su dominio sobre el cuerpo mater. Ahora bien, esta idea la traslada en la imposición de la racionalidad y la ley por sobre el ensueño de la materialidad sensible.
2. “Esta es, precisamente, la violencia del régimen colonial-capitalístico en la esfera micropolítica (…), una violencia semejante a la del proxeneta que, para instrumentalizar la fuerza de trabajo de su presa, en este caso, la fuerza erótica de la sexualidad, opera por medio de la seducción. Bajo el hechizo, la trabajadora sexual tiende a no percibir la crueldad del cafisho y, por el contrario, tiende a idealizarlo, lo que la lleva a entregarse al abuso por su propio deseo” (Rolnik, 2019, p. 98)
3. Es atinado traer la propuesta terapéutica que ofrece Gross ante el símbolo destructivo de la civilización, la busca en el instinto primitivo congénito de la conservación de la propia individualidad y la de los demás, logra encontrar la esencia en las fuerzas que resisten para “no dejarse violar y no querer violar a otros”. Considera que en esta labor terapéutica de protección reside la ética del amor por la individualidad de los demás.
Maximiliano AnÍbal Reyes (Seudónimo: Salamantika)
Psicólogo, Ciudad de Plottier (Neuquén)
Email: anibalreypsi [at] gmail.com