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La paranoia sobre nuestra salud y su defensa: quedar sin medicamentos, hormonas y cirugías

 

Cierre en los equipos interdisciplinarios de hospitales públicos, sin fechas para cirugías de adecuación corporal, falta y recorte en los tratamientos hormonales. La realidad de la salud pública y el ataque a la educación sexual integral.

Mientras recorremos los pasillos del Hospital Ramos Mejía, Sebastián relató que convive “con VIH hace ya once años y las únicas veces que tuve algún tipo de dificultad en conseguir mi medicación para seguir indetectable fueron las veces que tuve obra social. No me malinterpreten, no abogo por la abolición de éstas, sólo quiero resaltar lo beneficioso que es para muchos de nosotros que convivimos con esto, el poder acceder de forma gratuita, rápida y solo con una receta a la medicación que nos permite seguir con vida”. Él también es laburante en una fábrica y estudia en la UBA.

“Desde noviembre que no puedo acceder a mis hormonas, ya estoy teniendo algunas consecuencias físicas”, relata un adolescente que se atiende en el Hospital Fernández porque no están entregando estrógeno. Con tan solo 17 años está al tanto de los derechos que le están siendo vulnerados. “La Ley Nacional de Identidad de Género establece que la entrega es gratuita”, afirma.

Desde su discurso negador del patriarcado, el proyecto de presupuesto 2025 golpea a las políticas de género, dejando sin partidas a áreas sensibles, hay despidos en lugares fundamentales con un discurso antiobrero y negacionista.

Tiene razón. La vulneración al trato digno y al acceso a un tratamiento sin dilaciones fue una conquista sancionada en el 2012, sin embargo, la motosierra del Gobierno actual, sumado al desfinanciamiento de los gobiernos anteriores a la salud pública, deja como consecuencia a cientos de pacientes que solo tienen como respuesta, esperar.

“Yo me enteré mediante un mail, me informaron que se recortaron las cirugías, no hay turnos hasta marzo y no tengo hormonas ni recetas para adquirirlas, no puedo suspender mi tratamiento, además tengo hipotiroidismo”, afirma un paciente del Hospital General de Agudos Carlos Durand.

Otro caso, y éste no se encuentra en el sector público, un hombre de más de 40 años que cuenta con la obra social Unión Personal afirma que desde noviembre “existen dilaciones burocráticas, por el sello, la firma o mismo la fecha de la receta. Consumo Nebido inyectable y ya no sé cómo reclamar. Todos estos meses, cada día yendo a sedes”, denuncia.

El odio a las personas trans se expresa a través del rechazo que sufren por transgredir el sistema sexo/género socialmente establecido. Estas personas están en situación de especial vulnerabilidad y sufren un alto grado de marginación, violencia y comportamientos discriminatorios que vulneran sus derechos humanos. Hoy en día esto es política de Estado. En Argentina, Milei viene recortando recursos y eliminando programas destinados a la prevención y contención contra la violencia. Desde su discurso negador del patriarcado, el proyecto de presupuesto 2025 golpea a las políticas de género, dejando sin partidas a áreas sensibles, hay despidos en lugares fundamentales con un discurso antiobrero y negacionista.

“El hospital público significa eso, garantía de vida para muchos, para la mayoría. La costumbre y la constancia me impiden ver un futuro sin nuestros hospitales públicos, son parte de nuestra idiosincrasia como argentinos, forman parte de nuestro orgullo como nación, como pueblo. En fin, sólo sé que, sin los hospitales públicos, yo estaría muerto. Mis hermanos postrados, y no hubiésemos podido disfrutar a nuestra abuela tantos años”, reflexionó Sebastián.

La defensa de la salud pública en Argentina es una causa fundamental que trasciende las fronteras nacionales y exige una perspectiva internacionalista. Los sistemas públicos de salud son un pilar esencial para garantizar el acceso universal a derechos básicos como la atención médica, pero enfrentan amenazas constantes por políticas de ajuste y privatización impulsadas por organismos internacionales y gobiernos que priorizan los intereses del capital. En este contexto, es vital que los trabajadores y estudiantes de Argentina se unan a la lucha global por preservar y fortalecer los servicios públicos, entendiendo que las mismas políticas de recorte afectan a millones de personas en diferentes países. La salud no puede ser un privilegio; debe ser un derecho garantizado por el esfuerzo colectivo de los pueblos organizados.

Para avanzar en esta lucha, es imprescindible organizar asambleas de trabajadores y estudiantes que sirvan como espacios de discusión y acción. Estos encuentros deben ser el motor para coordinar las demandas por una salud pública de calidad y para exigir a las burocracias sindicales que abandonen su pasividad frente a las políticas de ajuste. Un paro general nacional se presenta como una herramienta clave para frenar el deterioro de los servicios públicos, exigiendo un cambio de rumbo político y económico que priorice las necesidades populares. Solo a través de la unidad y la movilización masiva podremos defender un sistema de salud que esté al servicio de las mayorías, no de las élites económicas.

Al cierre de esta nota hay un nuevo ataque de Milei a la salud pública, con 1400 despidos, el Hospital Laura Bonaparte vuelve a estar en la mira del ajuste. Los trabajadores denuncian que “quieren volver a cerrar el Bonaparte”. ◼

Tom Máscolo
Periodista
tomas.mascolo [at] gmail.com
IG: @pibetiger

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Articulo publicado en
Abril / 2025

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