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Pensando la educación desde los afectos, las tensiones y la necesidad de contacto

 
Presencias de lo invisible, lo imperceptible o el silencio como potencia.

Ya lo dijo el Principito “…lo esencial es invisible a los ojos”. ¿Será nuestro trabajo como docentes darle espacio al pensamiento para que haga visible lo invisible, para que lo esencial sea nombrado y tome forma ante nuestros ojos?

¿Qué es lo esencial en estos tiempos?

El arte se animó a jugar con la potencia de lo no dicho, de lo sugerido, de lo poético, de lo apenas nombrado.

El arte nos revela que construimos nuestra visión de la realidad desde los intersticios

El arte nos revela que construimos nuestra visión de la realidad desde los intersticios, desde los espacios vacíos, los restos que no lo dicen todo o las mudeces del discurso, dado que la condición de nuestra mirada es escurridiza y cambia según el contexto o la posición subjetiva de quien observa.

Aunque es cierto que una de las capacidades más poderosas de la lengua es nombrar, tal como lo dicen Sol Minoldo y Juan Cruz Balián en su artículo llamado “La lengua degenerada”, a propósito del lenguaje inclusivo, también es preciso reparar en la otra cara de la moneda ya que al mismo tiempo que la lengua nomina invisibiliza lo que queda silenciado o librado al terreno de lo interpretativo, de lo ambiguo, lo latente, afectando nuestra percepción de lo que sucede.

Traigo una famosa cita de David Foster Wallace, escritor estadounidense, dicha en ocasión del discurso que dio en el año 2005 en la ceremonia de graduación del Kenyon College en Ohio,  en el que cuenta una pequeña historia llamada ¿This is Water? – ¿Esto es agua? (…)

“Van dos peces jóvenes nadando juntos y sucede que se encuentran con un pez más viejo que viene en sentido contrario. El pez viejo los saluda con la cabeza y dice: “Buenos días, chicos, ¿cómo está el agua?”

Los dos peces jóvenes nadan un poco más y entonces uno mira al otro y dice: “¿Qué demonios es el agua?”

Al naturalizar lo que pasa tendemos a invisibilizarlo y dejamos de preguntarnos acerca de ello quedando ese aspecto ensombrado, dejando de percibir lo que nos rodea o nos parece obvio

Foster Wallace sostiene que “las realidades más obvias e importantes son a menudo las más difíciles de ver y que cuando la certidumbre acerca de lo que creemos es ciega, y nuestro pensamiento se cierra, es equiparable a la idea de estar en una prisión tan absoluta que ni el prisionero sabe que está encerrado. Resalta a continuación la importancia de ser lo bastante conscientes para elegir a qué prestar atención y cómo construir significado desde la experiencia.}

Al naturalizar lo que pasa tendemos a invisibilizarlo y dejamos de preguntarnos acerca de ello quedando ese aspecto ensombrado, dejando de percibir lo que nos rodea o nos parece obvio.

Lo obvio también puede ser un espejismo, una ilusión engañosa de lo que quisiéramos ver.

Del mismo modo la escultura nos invita a experimentar con las formas de lo no dicho cuando nos propone que completemos la imagen desde donde estemos situados.

Toda percepción es situada y en relación.

Toda percepción es una construcción viva, subjetiva, en movimiento y en proceso.

Estatuas que se desvanecen en el aire de julien voss andreade.

El vacío puede ser interpretado como lo que falta, lo roto, lo inacabado, lo olvidado o como la marca de una tensión, de un derrumbe, de un sufrimiento o tal vez de un espacio que reclama alguna suerte de reparación, de construcción o de reconstrucción.

 

No existe la nada. Lo que falta suele ser un punto que captura nuestra atención, un espacio que pide nuestra intervención, que abre una pregunta, una conversación posible y nos incluye.

Lo no dicho puede ser potenciador, generativo y allí suele anidar el conflicto.

Podemos considerarlo como una de las formas del fluir del pensamiento. Una mirada situada en una imagen que nos llama a reflexionar, a palpar los huecos con los ojos esperando encontrar en ellos algún suceso.

El observador siempre es participante y da cuenta de la imposibilidad de lo objetivo, de la ilusión de lo transferible que permanece fuera de lo disciplinar, de la captura del consumo y de la exigencia de producción como una meta en sí misma, ya que abre diálogos inesperados desde una percepción multidimensional, plural y dinámica.

 

¿Cómo reducir entonces nuestra mirada a un planteo dicotómico, binario o dual?

 

Desde esta perspectiva cobra fuerza la necesidad de reflexionar sobre la afectividad desde el pensamiento complejo que admite lo inacabado, lo que cada cual percibe, valorando lo multidimensional y el proceso por sobre el producto.

Llevado al terreno del pensamiento podríamos decir que reflexionar es volver sobre una idea cuando ella impacta para acompañarla en su flexión, para seguir y visibilizar su recorrido desde su origen

 

La palabra reflexión viene del latín re-flectus que significa acción de doblar, curvar. Para la física se aplica cuando los rayos de luz que impactan en una superficie y rebotan siendo devueltos nuevamente con un ángulo igual al de su incidencia.

Llevado al terreno del pensamiento podríamos decir que reflexionar es volver sobre una idea cuando ella impacta para acompañarla en su flexión, para seguir y visibilizar su recorrido desde su origen.

 

Nos permite interrogarnos sobre lo que acontece en sus sub-versiones, en sus intertextos que contienen a la vez lo singular y lo común, sin considerarlos excluyentes.

Los intertextos son maneras de dar lugar a lo multivisual y a la multivocidad entrecruzando distintos marcos de referencia.

 

Ante la irrupción de lo imprevisible se produce un corte y lo que era esperable se ve alterado.

Tendemos a la simplificación, a la uniformidad, a la economía de energía o a la quietud y somos proclives a volver a las repeticiones que nos suelen habitar.

 

¿Somos capaces de incluir lo que sucede, lo inédito, lo impensado de este momento, para transformarlo en nuestro foco de interés, para problematizarlo tolerando la frustración, la falta de síntesis, de un orden conocido que unifica y nos tranquiliza, pero que a la vez recorta, empobrece y mutila nuestra experiencia?

 

Al considerar los afectos que se ponen en juego en el terreno educativo ¿somos capaces de sostener una mirada fragmentada, abierta a lo desconocido, a las paradojas y a la incidencia del contexto?

¿Podemos tolerar la tensión que implica entrar en contacto con lo que pasa y nos pasa, al encontrarnos con nuestros propios límites en un adentro y un afuera que se funden y confunden?

¿Logramos percibir lo desaforado, lo desmedido, los excesos, lo que pierde su forma inicial dada o naturalizada para darle visibilidad a lo que no es nombrado?

 

Los físicos dicen que del caos surgen los matices, que la repetición convive en los sistemas complejos con lo impredecible, el orden con el desorden, el equilibrio con el desequilibrio propio de la materia viva que es mutante y frágil por tratarse de un sistema abierto y contingente que crea un orden diferente cada vez.

No poseemos la capacidad de controlar todo lo que pasa.

 

¿Estaremos transitando la cuarta herida narcisista para la humanidad al descubrir que no podemos hacer lo que se nos antoje con la Tierra? No somos dueños de nada, ni de la verdad, ni del planeta.

 

¿Qué tipo de relaciones cultivamos con lo que nos rodea?  ¿Con quienes convivimos?

 

Convivio, según el diccionario, es un vocablo que define a cualquier comida o alimento asociado a una celebración a la que somos convidadxs a asistir. Es una invitación a participar y a construir algo con otrxs.

Convivio viene del  latín convivium que significa banquete. Un banquete de sabiduría.

El dramaturgo y actor Rafael Spregelburg, afirma que “no hay teatro sin convivio” ya que, desde el lenguaje teatral, sin la invitación al espectador a entrar en diálogo con la obra, a traspasar la intimidad que se juega en el escenario para llevar lo representado ante la presencia del público se le impide participar activamente de la experiencia, en un diálogo provocador y productor de sentidos y de nuevas preguntas a través de las cuales la obra sigue viva”.

En tal caso el convivio es una conversación, una forma discursiva, son las resonancias de una puesta en escena que nos lleva a desplazar del centro lo que supuestamente se está diciendo o representando.

¿Podríamos entonces pensar en una pedagogía del convivio?

Esta práctica no permite respuestas globales, estandarizadas o del orden de lo preconcebido. Se opone a lo que se plantea como verdadero en términos dicotómicos en relación a lo falso, para que el debate no se agote y se propicie la aparición de los contrastes, de los detalles, de lo singular y se estimule el diálogo en varias direcciones.

Walter Benjamín dice que…”la obra de arte irradia un aura en una trama particular de espacio y tiempo. El aura es la esencia de la obra, es aquello que la hace única y está atada a su aquí y ahora... Su aparición es irrepetible (...) Es lo imperceptible, un hálito, un aliento o un soplo que solo se percibe en presencia del espectador. El contexto es el encuentro y el juego que se abre en presencia del acontecimiento” (...)

Encuentro de actores, espectadores, productores encarnados en un mismo cuerpo viviendo un presente siempre inédito, único e irrepetible.

 

Las producciones esenciales de la vida humana suelen nacer de la experiencia de lo que excede a lo considerado útil, en términos de rendimiento o mercantilización como el amor, el deseo, la amistad o el compañerismo.

¿Para qué producimos y cuál es el mensaje que estamos transmitiendo?

¿Cómo concebimos la dimensión emocional y afectiva en la experiencia educativa? ¿Podríamos considerarla como el contexto de un proceso de construcción de un saber colectivo que abreva en una praxis permanente y en una multiplicidad de protagonismos que piensan juntos, creando diferentes narrativas, dejando por fuera cualquier posibilidad de mercantilizar el producto de los intercambios?

El acontecimiento convivencial y convivial como condición de posibilidad para la construcción de los vínculos pedagógicos necesita de espacios y tiempos comunes.

Ante las diferentes posturas y especulaciones acerca de la importancia de volver a las escuelas se abre un gran debate que revela tensiones e intenciones.

Están lxs que dicen que gracias a la innovación y a los adelantos tecnológicos se pueden definitivamente trasladar las aulas a los espacios virtuales, quedando de lado y sin nombrar a quienes excluyen y dejan por fuera de ésa posibilidad.

La pandemia nos ha empujado a resignar el contacto y la proximidad, como un gesto de cuidado, ubicando a las plataformas en la primera línea respecto de las acciones recomendadas, siendo claro y evidente que eso es posible sólo en tanto se tenga acceso a la conectividad.

Reducir la educación a la transmisión de contenidos es una promesa de deshumanización.

No se va a la escuela para estar a solas. Es una práctica de socialización de cuerpos presentes que precisa de la inminencia del encuentro en una confluencia espacial y temporal que nos ubica frente a frente, razón por la cual las nuevas plataformas nos resultan tan difíciles de integrar cuando se trata del afecto transmitido por redes ópticas o por satélite poniendo de manifiesto nuestros desvalimientos, fragilidades y carencias así como también nuestra naturaleza gregaria que nos pide vivir en comunidad y en contacto con otros cuerpos.

El acontecimiento convivial sucede y es acción. Es una experiencia compartida, vital, que incluye repeticiones de rituales que forman parte de un mundo común e intersubjetivo, en una conexión rizomática y orgánica en una realidad diversa y común a la vez, que no se agota en los binarismos y se expande a través de la producción de sentidos.

 

Por todo ello son irremplazables los espacios de comunicación abiertos al intercambio a través de la creación de diferentes cualidades de redes que potencien la cercanía para que el sentir circule e irrumpa sin ser silenciado, ni censurado y mucho menos excluido, etiquetado o castigado.

 

¿En estos tiempos será nuestro gran desafío como docentes cuidar, acompañar y trabajar para recuperar la voz de todxs lxs ninxs, estando disponibles, poniendo en palabras y en acción sus derechos, alojando sus sentires desde una mirada habilitante que haga visible lo invisible, lo que permanece oculto estando a la vista de todxs, para que lo esencial tome forma ante nuestros ojos y no olvidemos, parafraseando a Foster Wallace, qué es el agua?

 

Ana Kurtzbart
Maestra, Psicoanalista.
tallersomosmaestros [at] gmail.com

 

* Imágen principal de nota: ESPECTACULAR ESTATUA DEL FRANCÉS BRUNO CATALANO QUE SIMBOLIZA EL VACÍO del desarraigo, según su mirada.

 

 

 

 

 

 

 

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Articulo publicado en
Marzo / 2021

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