Lo que presentaré a continuación son algunos recortes organizados cronológicamente de una situación que acompañé. Lejos de poder armar aún un caso clínico, lo escrito es un esbozo de relato de experiencia que intenta situar cómo el tiempo trastoca la manera de inventarnos una escena en el mundo y, a la vez, los hechos y dichos trastocan el tiempo vivible. Ante lo urgente, una apuesta por inventar una escena vivible.
¿Se puede prevenir un duelo? Pienso: no es lo mismo despedirse de alguien sabiendo que se hizo todo lo posible y que no funcionó, a que lo que se hizo no haya sido lo suficiente para que alguien pueda sobrevivir
Apuesta 1
Luna tiene 17 años. Está terminando el secundario y tiene un próximo año ya planificado. Siempre fue una chica muy alegre, muy buena hija, muy buena nieta, muy buena hermana, muy buena novia. En una consulta ginecológica le dicen que tiene cáncer de útero. Luna ahora será, también, muy buena paciente.
Inicia tratamiento por psicología, donde conversa sobre lo que le va pasando a su cuerpo y sobre cómo va transitando su enfermedad, el cual dura un tiempo.
A sus 19 años vuelve a pedir tratamiento. Necesita hablar de lo que le pasa en el cuerpo. Su primera psicóloga ya no trabaja en el hospital y con la profesional que continuó no terminó de enganchar, dice, explicando que fue porque “no estuvo desde el principio”. Me cuenta que su ginecóloga y oncólogo actuales son los mismos desde que recibió el diagnóstico.
En ese encuentro le digo que conozco a su primera psicólogay que, si está de acuerdo, la llamaré para preguntarle por el tiempo en que trabajaron juntas. Accede. Varias veces, en próximas entrevistas, haré mención de esa psicóloga “desde el principio”, como intento de instalar una continuidad temporal que la aloje.
Le propondré, además, que la frecuencia de las entrevistas las determinará ella según vaya queriendo. Intento de instalar que, al menos en algún aspecto, pueda seguir eligiendo.
Luna empezará a pedir.
Habla de su enfermedad y de sus efectos. De sus dolores, de su hinchazón, de su dificultad para olvidar su enfermedad. Cuando el dolor o el líquido disminuye, aprovecha para hacer cosas que le gustan, que son muchas, pero no pasa demasiado hasta que alguien hace algún comentario sobre su cuerpo, incluida la pregunta por si está embarazadaque hacen que, una vez más, le dificulte olvidarse por un rato de lo insoportable. Presencia constante. Presente constante.
En un encuentro, luego de una nueva sesión de quimioterapia en la que la pasó muy mal, me dice que hasta ese momento el tratamiento le servía para vivir mejor porque sus síntomas disminuían, pero que sentirse así ya no es vida. Me cuenta del enojo que siente con el médico que indicó dicho tratamiento porque la hinchazón de su panza no disminuye y que se pregunta si él sabe que hay algo mal y no le cuenta. Transmite su dificultad para hablar con él ya que no quiere defraudarlo porque, con todo, es quien le brindó tratamiento. Acordamos que hablaré con él.
Luna me contará, luego, que vio a su médico y que estuvo muy distinto. Que le explicó el momento del tratamiento en el que estaban -con lo posible y lo que no- y que le pudo preguntar. A partir de ello, acordaron entre ambos suspender la quimioterapia por el momento.
Luna relatará pequeños momentos de alegría compartida. Los dolores y lo insoportable de su cuerpo hinchado vuelve a estar, a ser presente. Menciona la posibilidad de morirse. Intento abrir a la construcción de un futuro, que incluya su presente. Un modo de bordear lo insoportable. No es posible.
El cuerpo de Luna empieza a deteriorarse. En una de las tantas internaciones cuyo fin era aliviar sus síntomas, nos reunimos con el equipo de paliativos. Se explicita que, por su estado físico,estaría entrando en lo que se denomina fin de vida. Empezamos a conversar sobre cómo poner a trabajar algo de esto con Luna y su familia. A los pocos minutos, Silvia, su madre llega de una interconsulta que había ido a hacer a un hospital oncológico especializado y le dice a Luna que se tiene que poner fuerte porque le dijeron que hay muchos tratamientos para curarla.
Comunicación realizada a un familiar de la paciente a partir de analizar una serie de datos e imágenes. Pura técnica que deja de lado lo agresivo del tratamiento quimioterápico, en donde lo primero es que haya un cuerpo que pueda soportarlo.
Luna ya casi no tiene cuerpo.
Registro lo esencial de que la transmisión médica incluya la diferencia entre la impotencia y la imposibilidad.
Registro el poder de trastocamiento de los tiempos del sujeto que tienen los dichos médicos.
Me pregunto por el duelo de estas mujeres. ¿Se puede prevenir un duelo? Pienso: no es lo mismo despedirse de alguien sabiendo que se hizo todo lo posible y que no funcionó, a que lo que se hizo no haya sido lo suficiente para que alguien pueda sobrevivir.
No es lo mismo realizar el trabajo del duelo sobre un imposible, a hacerlo a partir de una impotencia.
Vuelvo a pensar: no se puede prevenir un duelo. Sí podemos instalar condiciones de posibilidad que favorezcan que el mismo inicie.
Mantengo una entrevista con su madre. Lejos de estar empecinada en hacer vivir a su hija, me cuenta que sabe que su cuerpo no puede más pero que no se resigna a la idea de que pueda morir. Trabajamos sobre esto último.
Meses después de fallecida Luna, su madre vendrá a algunas entrevistas. Algunos autores resaltan la necesidad de que las entrevistas en donde un duelo está en juego necesitan ser largas, contar con tiempo cronológico. Silvia hablará de su hija, mucho. De lo que fue y de lo que no. También de lo que está pudiendo hacer con lo que su hija es hoy.
Analía J. Fernández
Psicóloga - Psicoanalista
naliajfernandez [at] gmail.com