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Los desgaciados

 

En 1879, los Doctores Lucio Meléndez y Emilio Coni presentaron, en el Congreso Interamericano de Medicina reunido en Ámsterdam, el informe titulado “Consideraciones sobre la estadística de la enajenación mental en la provincia de Buenos Aires”.

Para propulsar una verdadera modificación del sistema de atención en salud mental resulta indispensable una estructura social, económica y política que sostenga cambios tan significativos como los que se necesitan, sino serán solamente cambios cosméticos que nunca llegarán a dignificar la vida de las personas internadas en manicomios.

Por sus datos retrospectivos y sus importantes reflexiones estadísticas, ese escrito se transformó en una importante referencia en la historia de la psiquiatría argentina por haber sido el primero en describir la situación que padecían las personas internadas en los manicomios del país.

Debido a la superpoblación que existía en estas instituciones y a la falta de infraestructura, muchos usuarios tenían que compartir las camas, mientras que otros debían dormir directamente en el piso. Las habitaciones eran calabozos húmedos, fríos y pestíferos con cepos para sujetar a las personas internadas para que no se escapen durante la noche.

La alimentación también era deficiente, los pacientes debían concurrir con su plato para recibir un poco de caldo o un pedazo de carne como único alimento del día. En los comedores también se podían observar las cadenas que unían los pies de los internados a las mesas.

En el informe se remarcaba que los encargados de administrar estos lugares, se retiraban por las tardes regresando recién al otro día, por lo tanto, las puertas de las habitaciones permanecían cerradas con llave, anulando la posibilidad de asistencia ante cualquier eventualidad o emergencia. En tal situación ninguna indicación terapéutica era posible, puesto que no quedaba nadie para llevarla a cabo.

Durante el día, estos establecimientos se encontraban en un estado de completo desquicio, los usuarios eran las víctimas contra quienes se ensañaban los rudos e inhumanos asistentes. Ninguna terapéutica regía en esa época más que el mantenimiento del orden institucional y el aislamiento de las personas allí alojadas.

Intentando modificar esa deplorable realidad, en 1887 Meléndez asumió la dirección del Hospital de las Mercedes (actual Hospital Psicoasistencial José T. Borda), la primera institución dedicada exclusivamente a tratar padecimientos mentales en nuestro país.

“…Desde el Doctor Meléndez, puede decirse, que se inicia el progreso y bienestar para los desgraciados insanos, que al amparo del gobierno, elevan al loco de otras épocas, que gemía bajo el yugo de la ignorancia y las torturas de la barbarie, a la categoría de enfermo…”1

Meléndez subrayaba la importancia de dignificar la vida de las personas internadas, poniendo énfasis, no sólo en un trato humano y cálido, sino también en el valor que tenía disponer de jardines espaciosos que sirvan de recreo para los usuarios. Para ello llevaría a cabo reformas radicales (organizativas y edilicias) siendo destinados numerosos fondos públicos para transformar la institución, evidenciándose de esta manera la necesidad del compromiso estatal en relación a la atención en salud mental.

A pesar de sus esfuerzos y convicciones por modificar el estado en que se encontraba la institución, la situación dentro de la misma iría empeorando año tras año y gestión tras gestión, con muy pocas salvedades como las de Domingo Cabred (1892-1916), Gonzalo Bosch ( 1931-1947) y la del propio Meléndez (1887-1892).

Aún con los avances humanitarios y los descubrimientos científicos; la superpoblación, las torturas justificadas como quehacer médico, los millonarios negocios de los laboratorios, el desinterés político y la segregación social seguirán siendo parte de la realidad cotidiana de las personas internadas en hospitales psiquiátricos.

Más de 130 años después de aquel informe, la realidad del Borda se volvería a asemejar a la situación de abandono y maltrato que describía Meléndez en 1879. La rotura de un caño de gas generaría una situación sin precedentes en la historia del hospital, recrudeciendo las, ya de por si nefastas, condiciones de vida en los manicomios.

Crónica sin gas2

(Día 1) El miércoles 20 de abril de 2011, en las vísperas de semana santa, manos anónimas rompían una válvula que distribuía el gas hacia distintas áreas del Hospital Borda.

(Día 2) Se hacía presente la empresa Metrogas y anunciaba que el problema original había quedado solucionado, aunque para mayor seguridad dispuso revisar toda la instalación. En la misma, se encontraron varias pérdidas, por lo que se decidió cortar preventivamente el suministro en todo el hospital.

(Día 3) Los trabajadores del hospital cortaban la calle Ramón Carillo en protesta por la falta de gas. Reclamaban que en ese estado no se podía trabajar, se tenía que servir la comida fría y las condiciones en las que se encontraban los pacientes eran lamentables, ya que ni siquiera se podían higienizar. Además, denunciaban que el corte del suministro formaba parte de una estrategia del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires para vaciar los hospitales públicos.

(Día 4) El Director Salud Mental Porteño, Juan Garralda, aseguraba que se estaba investigando lo sucedido y prometía solucionar el problema durante ese fin de semana.

(Día 7) Casi mil pacientes continuaban sin calefacción ni agua caliente. Gabriel Cavia, psicólogo del hospital, declaraba que la situación se había resuelto calentando agua en anafes. Los pacientes se higienizaban al sol, con esponjas y jabones que habían sido donados por una ONG.

(Día 14) Para paliar la situación, el Gobierno Porteño anunciaba que pondría a disposición del hospital diez termotanques eléctricos y veinte anafes.

(Día 17) El subsecretario de Salud del Gobierno de la Ciudad, Néstor Pérez Baliño, reconocía que no había un mantenimiento adecuado de las instalaciones y que se realizarían los controles necesarios para garantizar la reconexión de gas en los próximos días.

(Día 30) Se realizaba una nueva marcha de los trabajadores en reclamo por la desesperante situación del hospital. Denunciaban que desde el Gobierno porteño existía una estrategia de vaciamiento del Borda, con el fin de cerrar el hospital e instalar en ese predio el Centro Cívico de la Ciudad de Buenos Aires, y que se estaban trasladando pacientes a instituciones privadas, sin ninguna estrategia terapéutica.

(Día 43) Pérez Baliño llamaba a la tranquilidad anunciando que no existía ningún pabellón sin cobertura de agua caliente, calefacción y comida caliente, ya que para ello se habían instalado más termotanques, anafes y pantallas de calefacción. Insistía también en que no había planes de cerrar el nosocomio.

(Día 50) Con el apoyo de los sindicatos y organizaciones sanitarias, los trabajadores realizaban una denuncia al Gobierno Porteño por abandono y negligencia, acusándolo además de tener una política sistemática de arrasar con la salud pública, dejando que el hospital se caiga por falta de mantenimiento y después cuando llegue a estar en condiciones deplorables, decir que así no podía funcionar y cerrarlo. Además, anunciaban que varios de los paliativos que habían instalado (anafes, termotanques y pantallas) ya no funcionaban y habían provocado reiterados cortes de energía, ya que toda la instalación eléctrica era muy antigua y no aguantaba tanta tensión.

(Día 63) El diario Página 12 titulaba Ir al hospital es como estar en Siberia. En la nota, un trabajador del Borda comentaba que los pacientes que iban a operarse, debían entrar vestidos al quirófano para no morir de hipotermia.

(Día 65) Gabriel Cavia, declaraba que los pacientes la estaban pasando muy mal con toda esta situación, ya que a la falta de calefacción y agua caliente, se le sumaba la incertidumbre por no saber si el hospital iba a ser cerrado o no y eso generaba mucha angustia.

(Día 70) FM La Colifata y Cooperanza organizaban el festival Abrigo para el Borda con la intención de juntar ropa de abrigo.

(Día 72) La Defensoría del Pueblo de la Nación le reclamaba a Mauricio Macri que tome las medidas necesarias para dignificar la vida de los pacientes internados, ya que los paliativos instalados no llegaban a satisfacer mínimamente la demanda. A la falta de gas se le sumaban una gran cantidad de ventanas y vidrios rotos, y la falta de provisión de mantas y frazadas. La situación se agravaba por la llegada de las bajas temperaturas.

(Día 80) Mauricio Macri anunciaba ante los medios de comunicación que la instalación de gas funcionaba perfectamente, pero se había producido la rotura de un caño maestro que requeriría grandes inversiones. Afirmaba que habían tenido un gran compromiso en recuperar la dignidad de todos los pacientes y que su gestión se había lanzado en tiempo y forma para solucionar el problema.

(Día 82) Los trabajadores del hospital daban a conocer un comunicado de prensa en el que se explicaba la situación actual: De las trece plantas reguladores que distribuían gas en todo el hospital, se había restablecido el suministro solo en cuatro y los sectores de hospital de día, guardería, morgue, consultorios externos, capilla, servicio de orientación vocacional y cooperadora, todavía carecían de gas.

(Día 85) Los pacientes iban a bañarse de a dos, los enfermeros aprovechaban el sol de la tarde para higienizar a los que no podían realizarlo por sus propios medios, la comida llegaba fría y/o en mal estado y las instalaciones eléctricas continuaban sin dar a basto, generando serias dificultades para la subsistencia dentro del Borda.

(Día 90) Alberto Sava, director del FAB, relacionaba la situación del hospital con la política que Macri había anunciado cuando asumió, que apuntaba a cerrar los manicomios, pero no para impulsar un proyecto de desmanicomialización sino para hacer un polo inmobiliario en el predio donde funcionaba el hospital. Macri quiere dejar a los pacientes y trabajadores en la calle, enfatizaba.

(Día 101) Las enfermeras colgaban un cartel en la guardia del hospital: Si quiere ayudar al hospital, por favor traiga rollos de cocina para secar las lágrimas de los pacientes.

(Día 120) Pino Solanas, candidato a Jefe de Gobierno Porteño declaraba que el abandono de las instalaciones del Borda no era una casualidad, sino un solapado intento por privatizar los hospitales públicos.

(Día 130) A pesar del conflicto, Mauricio Macri ganaba el ballotage y era reelecto como Jefe de Gobierno en la Ciudad de Buenos Aires con el 63,9% de los votos.

(Día 131) Alguien escribía en una pared cercana al hospital: Los locos no votan, ni interesan.

(Día 142) Una ola de frío polar azotaba la Ciudad de Buenos Aires. El suministro de gas todavía seguía sin restablecerse totalmente, muchos sectores del hospital continúan en una situación dantesca.

(Día 150) Se estrenaba el documental Borda sin gas; en el que se denunciaban las políticas de vaciamiento del hospital público: reducción del personal, traslado de pacientes al sector privado, cierre de servicios y abandono de las instalaciones. Si el gas estuviera instalado se podría vivir una vida digna, o semi-digna al menos, porque no es muy digno estar privado de la libertad, pero es lo que la sociedad le da a las personas con padecimiento mental, declaraba Cristian Ruggeri, tallerista del FAB.

Estas políticas neoliberales, llevadas a cabo también durante la década menemista y en la actualidad, provocan que el sistema de salud sea regido, en gran parte, por el sector privado, logrando acceder sólo las personas que puedan costear sus tratamientos

(Día 180) Después de negarlo durante meses, Mauricio Macri finalmente anunciaba la creación del Centro Cívico de la Ciudad de Buenos Aires, en el predio donde funcionaba el Borda. Para su construcción se utilizarían las instalaciones que se encuentran en el fondo del hospital y que habían sido desmanteladas meses antes por el Gobierno Porteño. Entre ellas: el Servicio 14-22, la unidad penitenciaria Nº20, los talleres protegidos y gran parte del área verde del hospital. Este proyecto elevará los precios inmobiliarios de la zona, prometía el jefe de gobierno.

(Día 190) Miguel Materazzi, ex director del hospital entre 1988 y 2008, señalaba que había una intención de dejar que todo el funcionamiento del Borda se muera.

(Día 210) Una trabajadora del hospital declaraba que el invierno había sido terrible, los pacientes se habían tenido que bañar con agua fría, no había ni papel higiénico en los baños. Hoy por hoy la situación mejoró bastante: ya no hace frío, sentenció.

(Día 250) Los medios masivos de comunicación, poco a poco, dejaban de hacerse eco de la noticia. Sin embargo, trabajadores y usuarios continuaban su lucha por dignificar las condiciones de vida en el Borda.

(Día 307) Entraron topadoras por la madrugada y demolieron la panadería del hospital, donde funcionaba desde hacía más de diez años el emprendimiento laboral Pan del Borda, que permitía la rehabilitación psicosocial a más de 20 pacientes. En el operativo se volvieron a romper conexiones de gas y agua que agudizaron aún más la situación intramuros.

(Día 330) La legisladora porteña Virginia González Glass denunciaba que la situación continuaba siendo terrible, y agregaba además que la gestión de Macri estaba destinando más de 280 millones de pesos en la construcción del Centro Cívico, pero no disponía de ese dinero para solucionar el problema del gas.

(Día 365) Al cumplirse un año del conflicto, el Borda continuaba sin gas en varios sectores claves del funcionamiento del hospital. Todavía los consultorios externos, la sala de radiología y los pabellones laterales permanecían sin suministro.

A raíz de ese primer aniversario, el tema volvió a estar presente en los medios de comunicación y se escucharon diferentes voces en relación al primer aniversario:

Esta es una situación grave, el Gobierno Porteño está batiendo el récord de lentitud en las obras y no es más que una muestra de la política de vaciamiento que aplica Macri en los hospitales públicos para favorecer negocios inmobiliarios. María Naddeo, del Frente Popular y Progresista.

El avance privatista contra los hospitales públicos se haría sentir no sólo en el Borda, sino también en otras instituciones de salud de la Ciudad de Buenos Aires donde hubo reducción de personal, falta de insumos y condiciones edilicias en ruinas. Los mayores afectados fueron, como siempre, las personas con menores recursos económicos.

¿Cómo se va a construir un Centro Cívico con un edificio faraónico sin que estén resueltas las cuestiones más elementales del cuidado de las personas que aquí se encuentran? María José Lubertino, Legisladora FPV.

Si uno observa el momento en que reciben la comida, fría y en condiciones deplorables; es muy triste ver a una población en estas condiciones. Jorge Selzer, Presidente de la Comisión de Salud Porteña.

Hubo un intento de negociación entre el Gobierno Porteño y los trabajadores del hospital, pero fracasó. Los empleados denunciaron un intento de extorsión, porque les propusieron que, si ellos aceptaban que se instale el Centro Cívico, la gestión Macrista haría las obras de gas. Gabriela Alegre, Legisladora Porteña.

No es cierto que el Borda esté sin gas desde hace un año. Horacio Rodríguez Larreta, jefe del Gabinete Porteño.

Al finalizar el primer año del conflicto, la situación del Borda seguía sin resolverse en su totalidad, casi un 70% del hospital continuaba sin tener suministro de gas. Los dispositivos eléctricos utilizados para subsanar la situación no llegaron a solucionar los problemas, solo fueron parches que provocaron cortes de energía, y generaron mayores complicaciones.

365 días no bastaron para que se realicen las obras necesarias para darle una solución definitiva al problema. Los usuarios vivieron en un estado de constante incertidumbre y desprotección, las condiciones de vida a las que se los sometió, durante ese período, fueron atroces, cometiéndose numerosas violaciones a los Derechos Humanos.

Durante la gestión de Mauricio Macri al frente del Gobierno de la Ciudad, se desmantelaron proyectos que trabajaban en pos de la reinserción social de las personas internadas; los talleres protegidos y la panadería son sólo dos de los tantos ejemplos.

El avance privatista contra los hospitales públicos se haría sentir no sólo en el Borda, sino también en otras instituciones de salud de la Ciudad de Buenos Aires donde hubo reducción de personal, falta de insumos y condiciones edilicias en ruinas. Los mayores afectados fueron, como siempre, las personas con menores recursos económicos.

La lógica empresarial aplicada al sector salud por el Gobierno de la Ciudad fue una continuación de las políticas implementadas durante la última dictadura Cívico-Militar en nuestro país en la que se cerraron varios emprendimientos que apuntaban a socializar la atención en salud mental, intentando evitar que ésta quede en manos del mercado.

Estas políticas neoliberales, llevadas a cabo también durante la década menemista y en la actualidad, provocan que el sistema de salud sea regido, en gran parte, por el sector privado, logrando acceder sólo las personas que puedan costear sus tratamientos. Para aquellos que no dispongan de los recursos económicos necesarios, uno de los pocos destinos posibles es el ver cronificar su vida dentro de un manicomio público cada vez en más decadente estado.

“…Cuando el rol del estado desaparece en su función social de atender la salud pública para servir a los instituciones públicas, la salud queda en manos de la iniciativa privada donde lo que prima es el eje costos-beneficios (…) Esto trae aparejado la exclusión y descalificación de amplios sectores de la población, cuyo resultado es quedar en los márgenes de la sociedad…3

Ni siquiera la aprobación de una nueva ley progresista de salud mental (sancionada en 2011) pudo desarmar aun el entramado económico-perverso de los manicomios del que son parte los laboratorios, algunos políticos (cuyas campañas son financiadas por dichas empresas) y aquellos profesionales atentos únicamente a sus propios intereses.

La deficiente instalación, por parte del estado, de las alternativas terapéuticas necesarias para suplantar al manicomio (quedando éstas en manos de capital privado), las altas médicas dadas a muchísimos pacientes (justificadas por el nuevo proyecto) y el traslado al sector privado de la salud, evidencian la primacía de los intereses económicos por encima de la búsqueda por mejorar la salud mental de las personas internadas.

Por una verdadera desmanicomialización

Al iniciarse el primer mandato de Mauricio Macri como Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en 2007, en el Hospital Borda comenzó a circular como rumor que iban a cerrarlo para instalar un proyecto desmanicomializador, en concordancia con las nuevas leyes de salud mental.

Desde aquel momento, usuarios/as, familiares y trabajadores/as comenzaban a debatir acerca de qué era y cómo se implantaría ese proyecto, tan progresista e innovador para la ciudad.

Algunos sectores, atemorizados por la posibilidad de perder sus empleos y suponiendo que muchos pacientes iban a quedar en la calle, se oponían rotundamente; mientras que otros defendían una modificación radical como la anunciada, entendiendo que los manicomios nunca fueron, ni serán lugares aptos para recuperarse.

Con el correr del tiempo, fue quedando dilucidado que el nuevo plan anunciado no era en pos de mejorar la realidad de las personas internadas, sino que escondía detrás un intento de privatización del sistema de salud y un ampuloso negocio inmobiliario que terminaría de develarse al anunciarse la construcción del Centro Cívico. Es decir que las oficinas centrales del Gobierno Porteño se instalarían en ese predio, revalorizando las propiedades de la zona.

Previamente a que se anunciara el proyecto, aquellos inmuebles (en su mayoría fábricas abandonadas y construcciones muy antiguas) fueron vendidos a muy bajo costo a diferentes empresarios allegados a Macri.

El vaciamiento del hospital no se haría de la noche a la mañana, llevaría años en los cuales se reduciría el personal general (profesionales, mantenimiento, administrativo, etc.), se dejarían en ruinas las instalaciones sin realizarse el mantenimiento adecuado y se trasladarían pacientes al sector privado.

Los diferentes sectores, integrantes del cotidiano del hospital, quedaban en una situación contradictoria, ya que muchos de ellos habían pugnado durante años por desmanicomializar la salud mental, transformando de manera íntegra las estructuras hospitalarias, y ahora se encontraban defendiendo el manicomio porque lo que tenían en frente, causaría aún más daño que el propio Borda.

Se haría necesario profundizar la consigna, ya no sería solamente la vieja frase NO al Manicomio, sino que había que definir qué era la desmanicomialización para esclarecer cuál era el proyecto que se intentaba instalar y cuál era el verdadero origen y significado de tan difícil palabra.

En esa línea, el Frente de Artistas del Borda, redactó un manifiesto en 2007, que intentaría echar un poco de claridad sobre tanta confusión:

Desmanicomializar No es cerrar el hospital público. No es dejar a los internos en la calle. No es dejar a los trabajadores de salud sin sus puestos de trabajo. No es privatizar la salud pública. No es sobremedicación. No es encierro. No es segregación. No es violencia física, psíquica o química. No es depósito de las personas. No es abandono y desamparo. No es judicialización de la internación.

Desmanicomializar Es la atención digna de la salud mental. Es transformar el vínculo entre profesional y paciente. Es una internación corta en hospitales generales o centros de salud mental. Es dignificar el trabajo de los enfermeros. Es atención ambulatoria, domiciliaria: el profesional va hacia el paciente y/o el paciente va hacia el profesional. Es recuperar los lazos familiares y sociales de los pacientes. Es garantizar la vivienda (propia y/o familiar o mediante casas de medio camino, hogares sustitutos, etc.). Es garantizar el trabajo de los pacientes (mantenimiento de la relación laboral, creación de cooperativas, bolsas de trabajo, microemprendimientos y otros). Es una mejor utilización y distribución de los recursos económicos. Es brindar más información, apoyo y contención a las familias. Es convertir al manicomio en un hospital general con un área de salud mental. Es la búsqueda de nuevas alternativas de tratamiento.

En aquel manifiesto quedarían clarificados los principios que un plan desmanicomializador como el que se anunciaba debería tener. En nuestro país existieron experiencias que apuntaban a la concreción de esos mismos objetivos. Las comunidades terapéuticas de Entre Ríos de los años 70, las casas de medio camino del hospital Estévez de Temperley y las reformas llevadas a cabo en las provincias de Río Negro y San Luis, han sido pioneras, con sus diferencias y matices, en buscar nuevas maneras de tratamientos en salud mental, basados en principios no represivos y democráticos.

Darío Cavacini 
dariocavacini83 [at] gmail.com

 

1 José Ingenieros, La locura en Argentina, Buena Vista, Córdoba, 2005.

2 Recopilación de las noticias publicadas en los diarios: Página 12, Clarín, Crónica, La Nación, Tiempo Argentino, Z, Perfil, Popular, la revista Hecho en Buenos Aires y la agencia de noticias Télam; entre abril de 2011 y mayo de 2012.

3 Enrique Carpintero, La subjetividad asediada, Topia, Buenos Aires, 2011.

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Articulo publicado en
Febrero / 2026

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