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Buscar en Google o escribir una URL: Psicoanálisis

 

La paciencia hizo el mundo, lo rige la paciencia;
el arte es una larga paciencia (¿y el amor?)

Amado Nervo

¿Qué es Google? Aunque la pregunta resulte ociosa, porque todos conocemos la respuesta, vamos a dedicarle un par de líneas. Google es el motor de búsqueda más utilizado a nivel mundial y según wikipedia recibe cientos de millones de consultas cada día a través de sus diferentes servicios.

Ahora, con esto en mente, preguntemos a Google sobre nuestro tema de interés.

Qué es el psicoanálisis:

Teoría psicológica que concede una importancia decisiva a la permanencia en el subconsciente de los impulsos instintivos reprimidos por la conciencia.

Más abajo, en preguntas relacionadas, nos dice: una disciplina científica que estudia, investiga y describe el alma humana: cómo se forma, cómo se desarrolla, cómo está estructurada y cómo funciona. Todo esto en sus aspectos así llamados “normales” o sanos.

Y la primera página web a la que nos refiere pertenece a la Asociación Psicoanalítica Mexicana que nos dice: El psicoanálisis se refiere especialmente a la exploración del inconsciente. Esta exploración clínica se fundamenta en la “asociación libre” por parte del paciente y en la “interpretación” por parte del psicoanalista.

En un sentido más amplio se denomina psicoanálisis a:

1. El tratamiento realizado por este método.

2. La disciplina creada por Sigmund Freud, y sólo ella, (el subrayado es mío, pero el mecanismo de defensa es de ellos) en cuanto comprende un método terapéutico, una organización clínica, y una técnica específica. Es una teoría de la estructura y función de la personalidad.

En un artículo titulado Las 20 teorías psicológicas más influyentes podemos leer: ...en el psicoanálisis se considera que la mayoría de nuestros problemas están provocados por la relación que mantenemos con nuestros padres durante la infancia. Así, esta teoría defiende que los trastornos que sufren los adultos tienen que ver con temas que ocurrieron durante los primeros años de vida y que aún no se han resuelto.

Lo anterior describe lo que de psicoanálisis ha escuchado tanto el ciudadano promedio como el psicólogo profesional y no dista de lo que muchos psicoanalistas responderían cuando se les formulara la misma pregunta. Google, la APM, profesionales del área psi (psicólogos, psiquiatras, psicoterapeutas, psicoanalistas) y diletantes probablemente estarían de acuerdo en que el psicoanálisis es una teoría psicológica de la estructura y función de la personalidad que explora el subconsciente o inconsciente (muchos utilizan ambos términos como sinónimos), utilizando el método de la asociación libre y de la interpretación, con la intención de desentrañar los temas no resueltos de nuestra infancia, causa de trastornos en la edad adulta.

Pero también es probable que un grupo de psicoanalistas intervendría para decir: no. Psicoanálisis y terapia son dos formas distintas de tratar el sufrimiento humano. El psicoanálisis lacaniano es sustentado por una ética, la ética del deseo, que implica al sujeto en su habla y en su inconsciente, responsabilizándolo por sus elecciones y su modo de satisfacción.

Para los lacanianos, el psicoanálisis sería una forma no terapéutica de tratar el sufrimiento humano. (¿El solo hecho de tratar el sufrimiento humano no es terapéutico?) El psicoanálisis no es una terapia -dirán-, sino una ética, ética del deseo: una posición subjetiva, una reflexión acerca de la condición humana como resultado de la búsqueda de una imposible plenitud, cuyo modelo son las primeras y para siempre perdidas e irrecuperables experiencias de satisfacción, y un actuar concomitante.

Entonces, una terapia psicológica sería una conversación con un profesional de la salud mental en la que se buscaría reconocer, comprender y después modificar los asuntos vitales que llevan al sufrimiento (no cito las fuentes porque cualquiera puede llegar a la información acotada buscando en Google el tópico referido, no he citado de páginas más allá de las primeras siete u ocho referencias). Y lo mismo aplicaría tanto para las terapias de orientación psicoanalítica como para los psicoanálisis que se ofrecen como una alternativa más entre intervenciones en crisis, psicoterapia familiar sistémica, psicoterapia de pareja, etc., añadiendo nada más que éstos, a diferencia de otras terapias, consideran que lo más relevante es lo que no resulta accesible a la consciencia, lo que ocurre en la cara oculta de nuestras mentes (léase lo anterior escuchando el tema introductorio de la serie televisiva La dimensión desconocida). En cambio, en un psicoanálisis-lacaniano habría, sí, también un tratamiento (que llaman no terapéutico) por medio de la palabra, pero ésta sería trabajada de forma diferente. ¿Y en qué consistiría la diferencia? En que mientras la terapia estaría en consonancia con la ciencia médica, orientada hacia el restablecimiento de la salud y en busca de bienestar (principio de placer); el psicoanálisis-lacaniano (que apunta al más allá del principio de placer) estaría condicionado por el pasaje del goce pulsional al discurso para que el sufrimiento, el síntoma, sea canalizado por las vías de la palabra -de la persona en análisis- en busca de sentido propio y de un cambio de posición subjetiva; sin que esto forzosamente signifique conformidad con ideales institucionales de salud o conformismo con el statu quo.

Sólo que para que este recorrido sea posible hace falta una condición sine qua non del psicoanálisis: la transferencia, el proceso en virtud del cual los deseos inconscientes -la búsqueda de la ya mencionada satisfacción imposible- se actualizan sobre ciertos objetos, dentro de un determinado tipo de relación establecida con ellos y, de un modo especial, dentro de la relación analítica. Y para que la transferencia se instale hace falta que el sujeto esté dispuesto a tender un puente desde su insatisfacción hasta la posibilidad ensoñada de objetos satisfactorios, de hallazgos en el con-trato establecido con el analista; que salga de sí para buscar en el otro, con el otro, a través del otro, aquello que podría completarlo, que se produzca una conexión entre las distintas partes del “aparato psíquico” del analizante y entre el aparato de éste y el del analista.

-Así es. ¿Y?

Hoy no se espera que las respuestas vengan de un “sujeto supuesto saber” encarnado en la figura del analista, sino de un motor de búsqueda omnisciente como Google

Y esta búsqueda de objetos satisfactorios, de respuestas, no está teniendo lugar en la transferencia psicoanalítica. Y parece que cada día sucederá menos. Hoy en día el sufrimiento, el “malestar en la cultura” no se expresa en el gabinete de un psicoanalista, sino en el venting - “soltar vapor”, dejar salir todo lo que está en tu mente, generalmente emociones provocadas por la ira (¿es necesario señalar la similitud con la regla fundamental del psicoanálisis?)- “posteado” en distintos foros virtuales. Hoy no se espera que las respuestas vengan de un “sujeto supuesto saber” encarnado en la figura del analista, sino de un motor de búsqueda omnisciente como Google. Hoy en día no se conecta con otro sujeto, sino con objetos que buscan, y en gran medida consiguen, satisfacer inmediatamente a las demandas.

Y pasamos de un psicoanálisis del que solía decirse que “no es para todos” o “no para cualquiera” a un psicoanálisis “para nadie”. O peor aún, sólo para un más o menos reducido grupo de… ¿cómo llamarlos? ¿Románticos? ¿Elegidos? ¿Enterados? ¿Soñadores? ¿Rebeldes? ¿Intelectuales? Quizá. Pero casi nunca entusiastas ni elocuentes.

Los psicoanalistas son un grupo (que no se agrupa porque no cree en los objetivos comunes, sino en las diferencias, como los practicantes de las distintas ramas del cristianismo) que no logra ponerse de acuerdo sobre su formación profesional -o no-, sobre los conceptos fundamentales de su teoría -que tal vez no sea teoría-, sobre la eficacia de su tratamiento -eficacia de la cual muchos reniegan-, sobre las condiciones para reconocerse cada quien a sí mismo o al otro como miembro del gremio (que no por esto deja de ser excluyente), en fin… Y los “pacientes”, los analizantes, son casi siempre futuros psicoanalistas.

Tenemos, por un lado, a los psicoanalistas que han adaptado o pretendido adaptar el psicoanálisis a los criterios de eficacia esperados de una psicoterapia y, por el otro, a los que, renunciando a esta eficacia, se excluyen de toda posible aplicación de un tratamiento; a los que pretenden legitimarse y legitimar su práctica en instituciones y a los que, autorizados exclusivamente por sí mismos, carecen de toda legitimidad y autenticidad; a los que están atrapados en un bucle infernal de seminarios y diplomados sobre los mismos temas y a los que desvarían sobre psicoanálisis meta-humanos, cyborg-análisis, psicoanálisis de zombies…

Volvamos a Google a ver qué más encontramos bajo el rubro psicoanálisis en relación con oferta de servicios, seminarios, tesis de posgrado, instituciones y frases alusivas.

*...los zombies, desde un punto de vista psicoanalítico, comparten ciertos rasgos que encontramos principalmente en las patologías tóxicas y traumáticas (…) He observado esto mismo en Gerardo, un paciente adicto quien, además, como un zombie, tenía un aspecto sucio, descuidado, andrajoso, como un despojo humano…

*Freud asegura que, en la infancia, nuestros padres fueron una especie de dioses para nosotros, pero es necesario que esta imagen idealizada caiga, para así poder crecer…

*Aquél que nunca falta sobra. Dividir sin alojar, puede ser iatrogénico.

*Era lo que dije yo y siempre lo pensaba, pero dicho así, ahora, con vos, lo escucho distinto.

*La posibilidad de soñar con un psicoanálisis mutante permitiría, entre otras cosas, no sólo aportar al proceso de transición epistémica que atravesamos, sino además dar paso a la experimentación creativa con las micropolíticas del deseo y las revoluciones moleculares del inconsciente.

*Cabe preguntarnos: ¿Qué aconteció? ¿Qué ocurrió con estos hermanos conjurados que luego del asesinato del padre (de la mítica y freudiana horda primitiva), tan valientemente realizado, hecho con tanta decisión, abjuran del mismo? Dijimos que surgió la culpa y entonces se erige al padre como tótem. También enunciamos que podía haber culpa ante el asesinato, que éste podría traerla, que se produjo en cada uno de los complotados. No enunciamos que no podría ser de otra manera, sólo que podía surgir…

*(...) sin embargo, el emblema principal del psicoanálisis freudiano probablemente sea el complejo de Edipo (…), el máximo organizador de la experiencia porque es donde los diferentes elementos de la sexualidad convergen en la relación genital con el progenitor del sexo opuesto, mientras que el progenitor del mismo sexo se vuelve un rival odiado y temido…

*Sentí su deseo de que yo imaginara su furia y desesperación relacionadas con su experiencia sexual traumática con su hermano y cómo eso había dañado su mente. Pero Anne interrumpió mis reflexiones, diciendo con gran excitación y rabia: “Eso es lo que obtengo de los hombres, usted me utiliza y luego me tira, como mi hermano mayor.” Tras una pausa, ella expresó sorpresa por su estallido y sintió que lo que había emergido en el sueño eran sus deseos sexuales íntimos y su dependencia de mí.

*Querer ser normal, solo te aleja de vos mismx. (La “curiosa” ortografía se encuentra así en el original.)

¿Es en serio? ¿Esto es el psicoanálisis, la teoría psicoanalítica, su práctica o sus derivados?

Habíamos mencionado, y creo que después de los ejemplos anteriores queda totalmente claro, que el psicoanálisis no se rige por “el principio de placer”, no se mueve entre los límites de la moderación o la cordura. Desde su regla fundamental, la asociación libre -diga lo primero que se le ocurra, no seleccione, no censure- el psicoanálisis invita al desgarriate, al desmadre, al exceso y al reventón (al goce, si lo enunciamos en lacaniano). Así es. De eso se trata. Y no es eso lo que venimos a cuestionar, sino los efectos que esto produce en las instituciones psicoanalíticas y su pertinencia, o no, tanto de las instituciones como de sus funcionarios, en un mundo que ya se rige por el desgarriate, el desmadre, el exceso y el reventón. Un mundo que no necesita un espacio de soporte, de neutralidad benevolente, para desahogarse, ventilar sus problemas, buscar respuestas, compartir sus experiencias y liberarse de sentimientos de culpa porque tiene infinitos foros y espacios virtuales a su disposición; donde el usuario del servicio psicológico exige criterios “objetivos”, etiquetas diagnósticas precisas y remedios puntuales; donde el “mundo interior” no interesa, en la medida en que es no lucrativo, y en donde la imaginación está retenida por la industria del entretenimiento; donde encuentra de manera gratuita y a disponibilidad 24/7 lo que, aparentemente, le ofrece un tratamiento psicoanalítico más o menos costoso y engorroso.

El mundillo psicoanalítico se encuentra ahogado, sofocado por la hiperabundancia de ofertas. Todos, quienquiera es psicoanalista y entiende por psicoanálisis lo que le da la gana o lo que las instituciones le dictan

El mundillo psicoanalítico se encuentra ahogado, sofocado por la hiperabundancia de ofertas. Todos, quienquiera es psicoanalista y entiende por psicoanálisis lo que le da la gana o lo que las instituciones le dictan. Los efectos de esta bochornosa situación se derraman por dos grandes vertientes: fallidos intentos de regulación, promulgación de normas y códigos éticos cuestionables, endogamia, empantanamiento de la enseñanza, anacronismo y, del otro lado, falta de precisión y claridad tanto en las propuestas como en la praxis, irrisorios intentos de legitimación mediante aproximaciones a disciplinas con abolengo, encumbramiento de trivialidades enmascaradas por abusos del lenguaje y una total laxitud en la formación de psicoanalistas y en el ejercicio de la disciplina.

Todos, cualquiera, es decir nadie. Consideramos que éste es el quid del asunto.

¿Serán realmente nuevas las formas en que se presenta actualmente el malestar en la cultura y requieren de intervenciones y métodos ultrapsicoanalíticos y ultramodernos o estaremos frente a las posiciones subjetivas tradicionales, pero ahora inmersas en la red informática mundial, ante la inminencia de la dimisión de toda autoridad y la omnipresencia del autoritarismo empresarial?

¿Cómo podría regularse una práctica que, como ya vimos, tiene como regla fundamental la desmesura, la desregulación? Es más, ¿para qué hacerlo? ¿No atentaría contra su naturaleza? ¿Se trata de poner orden, y para ello habría que descalificar textos, escuelas, asociaciones, practicantes; o de resignarse a que el psicoanálisis sea un cajón de sastre en donde cabe todo y donde todo tiene la misma validez? Consideramos que ninguna de las dos, que de lo que se trata es de hacer análisis, de recordar que el psicoanálisis no es un desgarriate, no un desmadre, sino un pasaje del desmadre a las vergüenzas del padre, a sus nombres, a sus “no”, para trascenderlo. Consideramos que se trata de señalar lo que de imaginario permanece en las producciones analíticas -textos o psicoanalistas- como resultado de la verleugnung, de señalar lo divergente al psicoanálisis como resultado de la negativa a aceptar la inexistencia de la relación sexual. Qué son el apego incondicional a una supuesta teoría (¿son teoría esa liturgia imaginaria llamada, en el psicoanálisis “oficial”, complejo de Edipo o el mito del padre de la horda?) y las pretensiones de originalidad e innovación, la lucha por la autenticidad sino inhibición, síntoma y angustia. ¿Acaso las diferentes propuestas psicoanalíticas necesitan más puntos de convergencia que la Urverdrängung, no convergen todas en el “ombligo del sueño”? Y la constancia -en el sentido de certificación- de haber realizado la experiencia del análisis, tanto para el “paciente” como para el futuro analista, ¿no es la constancia, la perseverancia en la actitud de escucha, de disposición a la emergencia, mejor dicho, a la invención, de lo inconsciente? Y lo inconsciente, en cuanto estructural, consustancial al lenguaje, ¿podría no incumbirle a alguien, no afectarle? El método psicoanalítico está restringido, por supuesto, pero a los límites de lo humano.

¿Serán realmente nuevas las formas en que se presenta actualmente el malestar en la cultura y requieren de intervenciones y métodos ultrapsicoanalíticos y ultramodernos o estaremos frente a las posiciones subjetivas tradicionales, pero ahora inmersas en la red informática mundial, ante la inminencia de la dimisión de toda autoridad y la omnipresencia del autoritarismo empresarial? Y entonces hoy en día la transferencia, condición sine qua non del psicoanálisis, para instalarse, ¿no tendría que acentuar la voluntariedad de la co-incidencia psicoanalítica por encima de la fatalidad de las agendas cibernéticas, la a-ventura, la ventura del objeto @ (en la escritura propuesta por el Dr. Néstor Braunstein), por sobre la deprimente predictibilidad de la industria del entretenimiento, por sobre la opresiva regularidad de las redes sociales? ¿No habrá que “arriesgarse” -es decir, hacer psicoanálisis- y apostar por el capricho de los procesos primarios en lugar de por el entretenimiento masificado, por la paciencia del artista en lugar de la urgencia onanista del consumidor? ¿No habría que hacer tiempo -el tiempo del análisis- para el gozoso pasaje del desmadre a la cultura y hacer espacio -espacio analítico- para la singularidad, para la locura? ¿No será tiempo de arrancar de una vez la bandita que cubre la herida narcisista de los psicoanalistas por no tener un lugar seguro y acreditado en universidades, escuelas, hospitales y reconocer que su disciplina está más cerca de la experimentación artística que de la quimicobiológica? (Y en este sentido más cerca de las calles y saloncillos que de las instituciones y salones de clase, más cerca de la posibilidad de una ejecución ad-lib de la partitura, de la partición, de cada sujeto y de una propuesta est-ética que de la hoy en día cacofónica cantaleta del estribillo de la ética del deseo.)

El dispositivo analítico es más que un encuadre, más que la sumisión a la bifronte regla de la asociación libre y la atención flotante y más que un espacio de soporte o atención benevolente: es, parafraseando al poeta de Piedra de sol, una apuesta insensata por la libertad del otro, una @-puesta tonta por el amor, por la poiesis.

Sahid Jiménez
Psicoanalista
sahid.jimenez [at] hotmail.com
México, 1975, psicoanalista y autor de tres novelas, La sarna, La iguana masca de este lado y Por si vuelven a preguntar, publicadas por el Instituto Mexiquense de Cultura.

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Articulo publicado en
Junio / 2022

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