El apurado y el rayo maldito | Topía

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El apurado y el rayo maldito

 

Mucho no se podía conectar, estaba incómodo. Venía apurado de tanto
trabajar, apurado saludó y apurado se preparó (había olvidado el jogging).
Cuando comenzó, ya estaba pensando en lo que tenía que hacer después de la
clase de trabajo corporal.
Por eso, cuando la coordinadora poniendo música dijo "déjense llevar por los
movimientos, jueguen", vio su oportunidad. Se puso boca abajo y, sin saber
cuándo ni cómo, se sintió un pájaro-avión: los brazos y manos bien
extendidas, las piernas tensas, solo el plexo rozaba los árboles. Sentía
todos los músculos para arriba, en un esfuerzo muy agradable.
Nunca había hecho "eso" con sus músculos. Estabilizó el vuelo apoyando la
barbilla en la colchoneta y echó a volar: sentía cómo el viento musical
calentaba sus brazos que se desplazaban desde la cabeza hacia abajo y
volvían al ras del piso.
De repente un estampido: un rayo enceguecedor cruzó el espacio e impactó
directamente en su hombro izquierdo. Una dolorosa electricidad le recorrió
el brazo hasta la punta de los dedos. Con los motores de un ala en llamas
aterrizó y descansó.
Después, en la despedida, le dijeron que por ahí un mal movimiento le
produjo una contractura, o tal vez fuera un problema cervical; él les sonrió
como agradecido, pero mientras se iba pensó para sí: "no, fue el rayo
maligno".

 

Héctor Fenoglio

 

“Esencial: Partir del cuerpo y utilizarlo como guía. Él es el fenómeno más
rico que permite observaciones más claras. La creencia en el cuerpo está
mejor fundada que la creencia en el espíritu”.

Federico Nietszche.
 

 
Articulo publicado en
Agosto / 2007

Boletín Topía