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Futuro on the rocks

 
Columna

Los sonidos y las palabras son parte indivisible de la experiencia musical. Una amalgama que está en los fundamentos de la música y el lenguaje. Las “letras” de las canciones nos cantan, nos cuentan, nos habitan. Terminan siendo parte de nuestro cuerpo, de nuestra vida. En cada época y lugar tienen la potencia de convertirse en mojones de nuestra existencia.

Cada época tiene sus temas. Algunos quedan en el olvido. Otros persisten e insisten y se convierten en los llamados “clásicos”. Las resonancias atraviesan épocas, clases y generaciones. De vez en cuando hasta toman otro sentido. La experiencia musical compartida da carnadura para que una canción forme parte de nuestras vidas.

Un capítulo particular son las canciones sobre el futuro. En verdad, de cómo se vive el presente. Y los horizontes son imaginables en cada momento histórico. Desde los ’60 el rock muestra los devenires de nuestros tiempos.

Tomorrow never knows cierra el disco Revolver de los Beatles. Una música poética sobre un futuro incierto de 1966. La canción presenta un “mañana nunca se sabe” como un futuro intrigante y deseable aún hoy. A la vuelta de la esquina estaban varias revoluciones posibles y parecen mostrarlo en pocos minutos. Un momento único en nuestra historia. En 1971, John Lennon compuso Imagine. Aún se imaginaba otro mundo posible, más justo, sin fronteras, sin religiones. Con los años dicha canción se convirtió en un himno que invoca la nostalgia por Lennon y por ese mundo.

A los pocos años el capitalismo giraba hacia su nueva estación. Los Sex Pistols gritaban en God save the queen (1976), que no había futuro para nadie. El punk escupía sobre el inicio de la etapa financiera del capitalismo que aún hoy nos vomita. Al poco tiempo, los Joy Division proponían en Heart and soul (1980): “Existo en los mejores términos que puedo/ El pasado es ahora parte de mi futuro/ El presente está fuera de mi alcance”.

En el otro extremo del planeta, Miguel Cantilo, en La gente del futuro (1981), asumía el presente “tan, tan duro” de la última dictadura militar. Ironizaba sobre las promesas caídas de los “filósofos críticos” y de psicoanalistas que calmaban “la neurosis de los accionistas”, mientras apostaba a una nueva generación: la “gente del futuro” con la cual edificar un supuesto “mañana total”. Una respuesta posible a dicho optimismo la encontramos en los Redonditos de Ricota con Todo un palo (1987). Una canción cuyo inicio se convirtió en aforismo: “el futuro ya llegó/llegó como vos no lo esperabas/ todo un palo, ya lo ves.”

Leonard Cohen le dedica todo un disco al futuro en 1992. Y en el tema que abre el disco es contundente: “el futuro es un asesinato”. Las imágenes apocalípticas de lo que vendrá hacen que Cohen pida que le devuelvan el muro de Berlín, San Pablo y al propio Stalin. Parece la mejor musicalización para la tesis del fin de la historia de Francis Fukuyama editada ese mismo año.

Cada época genera bandas sonoras de los momentos sociales e históricos. La destrucción del futuro parece haberse convertido en una constante. A la vez, insiste una “retromanía” que hace volver una y otra vez a temas del pasado. Necesitamos una música de fondo que nos acompañe y acompase en estos tiempos donde parece no haber un horizonte.

Mientras tanto, en los huecos, en las fracturas se están generando nuevos movimientos y luchas contra los asesinos del futuro. Nuevos temas. Nuevas canciones suenan. Quizá se componen en este mismo momento. Ni la historia terminó ni el futuro está escrito.

Porque finalmente, mañana nunca se sabe.

Alejandro Vainer

Las canciones mencionadas se encuentran en la lista de Spotify “Futuro on the rocks”

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Articulo publicado en
Noviembre / 2018

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