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Políticas psicoanalíicas

 

“…hay que quemar el cielo si es preciso, por vivir…” S.R.

PETICIÓN DE PRINCIPIO

Ante todo, una petición de principio: en su mayor parte, este ensayo consiste en una suposición y en una tesis. A su vez, toda la suposición que se expondrá en las siguientes páginas reside en la justificación de la tesis. Pues bien, ¿en qué consiste tal conjetura? ¿Qué es lo que se supone?

Si bien muchas teorías científicas se asientan sobre hipótesis inverificables en su materialidad –aunque sí en sus efectos-, la incidencia especulativa aquí presentada, queda –incluso- restringida a unos pocos elementos, sólo a aquellos que serán abordados en los puntos que siguen.

A pesar de que para la representación humana la terquedad material no es un escollo, nos centraremos en resaltar los eventos de algunos factores socio-históricos con los que Freud tuvo que ver directa o indirectamente, e intentaremos inferir su inadvertida inclusión en la teoría freudiana. Sólo se intenta realizar un movimiento -casi lúdico- con la teoría vinculada a la historia, para lo cual estamos invitados a salir al exterior del cerco específico del Psicoanálisis. Pero antes, veamos desde dónde partimos revisando algunos conceptos acuñados por Freud para nuestra disciplina.

 

1. LA NEUROSIS OBSESIVA

El nuevo cuadro clínico

 

Son innegables las numerosas críticas socio-culturales de Freud a través de toda su obra. Sin embargo, y referido a sus posiciones, nunca se ha ponderado la importancia que ha tenido la creación del concepto de neurosis obsesiva por parte de nuestro iniciador como expresión de un cuadro nosológico pasible de ser descrito, abordado y tratado. Y lo hizo muy tempranamente en la Carta 125 a Fliess del 9 de diciembre de 1899 (Freud, 2008).

Este hecho no es trivial por una razón extra-ordinaria ya que asocia la enfermedad con dos elementos sociales notables: la religión y la educación como patrimonios de la cultura. ¿Por qué? ¿Cuáles son los rasgos que Freud describe en la neurosis obsesiva?

En “Carácter y erotismo anal” (Freud, 1988:153) observa que las características del neurótico obsesivo tratan de lo siguiente: son ordenados (frente al desorden), ahorrativos (contra el despilfarro al que incita el deseo) y pertinaces (contra la inclinación a ser inconstantes). Y en “Acciones obsesivas y prácticas religiosas” traza los rasgos del ceremonial: “pequeñas prácticas, agregados, restricciones, ordenamientos que, para cierta prácticas de la vida cotidiana se cumplen de una manera idéntica o con variaciones que responden a leyes” (Freud, 1988:101) (la negrita es nuestra)[1].

Además, describe la vida que promueve la ciudad: tomando a W. Erb indica que en la ciudad surge y se encuentra el descontento, las apetencias, la prisa, la agitación, la “inquietud producida por las grandes crisis políticas, industriales, financieras, etc.” (Freud, 1988:164). Si bien Freud restringe los efectos nocivos de la vida de las metrópolis a la sexualidad, es evidente que esta última es sólo uno de los síntomas de lo que más abarcativamente ocurre en los aspectos subjetivos angustiantes de la comunidad en su conjunto.

Designa en estos escritos como “la injusticia social” (respecto de la sexualidad), el hecho de que a todos los individuos se les exija el mismo patrón de conducta (sexual) ya que el incremento de los síntomas patológicos en nuestra sociedad se debe a la mayor limitación (sexual) (Freud, 1988:173). Más adelante, en el mismo escrito, añade que este hecho produce una moral hipócrita.[2]

Pero en la cima de su visión sobre la cultura de esa época arriesga una ecuación sacudidora: la neurosis obsesiva es el correspondiente patológico de la religión, y la religión una neurosis obsesiva universal (Freud, 1988:109)[3].

Sin embargo, no sólo la religión sostuvo y estimuló estos rasgos de obediencia meticulosa a aquello que se considera “legal y correcto”. Como veremos, también lo hizo el Estado que trajo consigo órganos específicos para lograrlo: la familia, la escuela, la policía y el poder militar.

Para alcanzar a aprehender la importancia del discernimiento de esta unidad clínica que hizo Freud, haremos una pregunta: ¿de qué trata la limitación social?, ¿desde dónde discurre la incorporación de las exigencias sociales?

 

2- EL SUPERYÓ

¿Existe acaso algo que enferme más que la angustia desbordante?

 

En 1922, Freud comenzó a escribir El Yo y el Ello. En ese escrito (Freud, 1986b:13) anuncia que lo que expondrá en él resulta la continuación de pensamientos iniciados en “Más allá del principio de placer” (1919-1920) en el que diseña como inherente al ser humano la pulsión destructiva; es decir que la teoría que propone en El Yo y el Ello está relacionada con la pulsión de muerte.

Si bien nos ahorraremos la trayectoria teórico-clínica de Freud que va desde la concepción de la conciencia moral hasta lo postulado en este ensayo, llamaremos la atención indicando los rasgos de esta nueva noción. Afirma (Freud, 1986b:30) que existe una diferenciación en el interior del yo a la que le da el nombre indistinto de ideal del yo o super-yo. La dimensión poderosa que le otorga en este escrito al mecanismo identificatorio no reside sólo en el hecho de ser el factor que instala al super-yo debido a que se ve obligado a resignar al objeto, sino también en virtud del investimiento a dicho objeto. Y –sabemos- se inviste a lo que se ama (¿y a lo que se teme?). A este objeto Freud lo llama padre. Los estados patológicos sobrevienen según sea el número de cargas y según la intensidad que tenga la incidencia de este objeto en el psiquismo.

Sumándole el aspecto prohibidor, esta alteración del yo se enfrenta al mismo yo desde una posición interna especial. A la fuerza represora de “padre”, investido para Freud amorosamente, se le suman “el influjo de la autoridades, la doctrina religiosa, las enseñanzas, la lectura”. La educación impartida en la experiencia familiar y la instrucción en la experiencia social se suplementan y potencian. Y en el capítulo sobre los vasallajes del yo (Freud, 1986b:49) le añade al super-yo lo que anotó más arriba: la pulsión de destrucción. Todo este fenómeno tiene su expresión en la conciencia de culpa[4].

Según la intensidad de este super-yo y de sus efectos en la conciencia de culpa, será tomado éste como el factor decisivo “de la gravedad de una neurosis” (Freud, 1986b:51).

Más tarde, en “El malestar en la cultura” refuerza la misma concepción describiendo “los medios de los que se vale la cultura para inhibir, para volver inofensiva, acaso para erradicar la agresión contrariante” (Freud, 1988a: 119). Y como primer mecanismo indica que es justamente la cultura la que instaura esta instancia –el super-yo- como conciencia moral y conciencia de culpa sin otra alternativa debido al desvalimiento y a la dependencia del cachorro humano. De modo que aquello que creemos que es nuestra civilización, incide desde el comienzo mismo en la configuración del psiquismo intentando mantener a raya a las pulsiones destructivas, y desde allí, se expande en la subjetividad del ser humano de nuestra sociedad y nuestra cultura.

¿Qué diferencia, dice Freud, al super-yo de la conciencia moral? La necesidad de castigo. ¡Sus efectos llegan hasta el masoquismo!

Ahora bien, el creador de la disciplina en la que nos formamos, se esmera en recalcar que este hecho que se da en la educación impartida, esta intención y conductas concretas de los agentes de la cultura (padres, maestros y religión) que intentan extinguir sofocando aquello que consideran como conductas agresivas, es real. Debido a esto considera la génesis del “sentimiento de culpa como el problema más importante del desarrollo cultural” (Freud, 1988b:130).

Con la descripción de la instauración del super-yo por parte de la cultura la pregunta insiste: además de la limitación sexual, ¿de qué otras cuestiones trata la limitación social?[5] ¿Cuáles son los contenidos y los sentidos de la incorporación de las exigencias sociales? ¿Y cuáles sus tácticas?

 

2- [6]Y ahora, comencemos con nuestro juego de suposiciones.

 

3- LA ARQUITECTURA

Ningún espacio es inocente

 

a- cuando Freud nació, Freiberg in Mahren era una ciudad tan pequeña que apenas trepaba hasta los cuatro mil quinientos habitantes, de los cuales aproximadamente ciento treinta eran de origen judío. En el departamento que el señor Jacob Freud alquilaba en la parte superior de la herrería del señor Zajice, nació Segismundo. La familia vivió allí hasta 1858 y se mudó a Leipzig; y ya en 1859 se estableció en Viena.

En Pribor, la calle donde Segismundo nació se llamaba Schlossergasse. Sin embargo, después del fallecimiento de nuestro autor, pasó a llamarse Freudova ulice.

Allí existe un museo que intenta recordar los campos y praderas aledaños al Pribor de aquel tiempo, y donde quizás Freud jugaba o por lo menos, experimentaba como lo existente, como el entorno de su habitat. Aquello era su mundo.

b- Ya en Viena, se alojaron en un barrio muy pobre en el que se amontonaban los judíos que emigraban de otros lugares de Europa como Checoslovaquia, Ucrania, etc. Para la familia Freud, el ambiente cambió bruscamente.

Esta huida hacia las ciudades no ocurría sólo por antisemitismo ni era sólo una acción de los judíos, sino que se trataba de un movimiento migratorio iniciado años atrás por toda la población rural europea.

Como vemos, desde la amplitud y la naturaleza de su aldea, desde la diseminación de casas linderas con la actividad agrícola, a los tres años Freud se encontró viviendo en la expresión arquitectónica urbana, con organizadores de la vida que no existían en su vida aldeana. Además, presenció la humillante pobreza reinante en las grandes metrópolis. Una pobreza distinta a la que él mismo no sólo había visto sino también experimentado.

Quizás no pudo ignorar, sino que percibió el fluir de los campesinos a las ciudades. Quizás, que la servidumbre que antes residía y servía sólo al poder soberano, se expandía y multiplicaba en las ciudades y en los hogares de niveles intermedios. Quizás también experimentó que el trabajo adquirió un sentido y un valor distinto al que imperaba en su medio rural y en su hogar. Todo ello fue incorporado (suponemos) en las exigencias de la vida no sólo de Freud, sino que se expandió en toda Europa occidental. ¿De qué trata esta supuesta incorporación?

 

4- DE FREIBERG A VIENA

Las ciudades

 

Dice Chueca que el término“ciudad”es multívoco y encierra categorías completamente diferentes que no pueden abrazarse en una definición común. Es así, porque la ciudad como realidad histórica, no es nunca independiente de las etapas por las que se propagó en el trayecto de su evolución: es actualización de ellas y es, al mismo tiempo, su proyección hacia el porvenir (Chueca, 1993:27).

Menciona a Spengler quien sostiene que a la ciudad, a diferencia de la aldea, la distingue un“alma ciudadana. La ciudad sin alma –dice- coincide justamente, con la ciudad que ha dado origen a la revolución industrial.

Munford, por su parte, afirma que en la ciudad industrial sólo dominaba la ley áspera de la producción y el beneficio económico. Precisamente, la cuadirculación de la ciudad remite a la facilitación de operaciones de cálculos de réditos, de compra-venta, etc. Y se construye alrededor de recursos naturales que faciliten la comunicación. (Así es como comenzó la contaminación; como ejemplo, la de los ríos).

Una novedad arquitectónica fue el slum. El slum, dice Munford, consiste en un tipo de construcciones en el suburbio industrial, donde el instrumento hombre se conserva durante la noche para volverlo a usar al día siguiente en la fábrica.

Es decir que, desde la arquitectura, vemos que el surgimiento de las ciudades se conformó con una parte central, y un sector adyacente y necesario pero al mismo tiempo, fuera de ella. Esta parte colindante tiene otra nominación, otra clasificación y otra jerarquía. El diseño arquitectónico asienta y revela la distribución del poder, puesto que los factores que caracterizan la repartición y ordenación de poderes son las grandes diferencias. En este caso, la diferencia en los espacios geográficos y las formas de las viviendas.

Así fue como la industrialización le dio otra figura a las ciudades y produjo nuevas, como nunca antes había ocurrido en la historia. Éstas se transformaron en el escenario de los acontecimientos del mundo, y los seres humanos en elementos necesarios para el trabajo y el abastecimiento en ellas. Llamativamente, la intelectualidad tenía un papel sostenedor de estas circunstancias. Sus ideas y valores fueron adoptados por estos pretendidos nuevos ciudadanos, desterrados de sus lugares y de sus culturas pero incitados a convivir con las atracciones que las ciudades ofrecían. Aspiraban a ser considerados –por acercarse a ellas– como habitantes naturales de las megalópolis y de sus clases.

¿Cómo llegaba la abundante mano de obra desde los suburbios? Fue menester construir grandes vías de comunicación.

Las máquinas de vapor no sólo sirvieron en las factorías. Su aplicación se realizó también en los medios de comunicación (locomotoras y barcos). Así fue como en las grandes ciudades las estaciones centrales ferroviarias adquirieron una función protagónica en la centralización de la ordenación de los horarios de trabajo y de las vidas.

Cuando Freud nació, ya se habían construido –y otros estaban en construcción– estos hermosos e inmensos monumentos de la modernidad: edificios formidables cuya dimensión y presencia tenía relación con la importancia de su función social; construcciones arquitectónicas en las que en su parte central y en la cúspide está insertado un colosal reloj. Aun se pueden ver en numerosas ciudades europeas altos relojes de pie en las veredas de las calles.

La premura, la diligencia y la exactitud en la puntualidad evitaban las angustias de la pérdida del trabajo en la relevancia del dispositivo disciplinario. ¿Podremos intuir que este orden social tenga que ver con la figura clínica de la neurosis obsesiva?

Ahora bien, las razones de la emigración rural que llegaba a las ciudades no residían sólo en la atracción que ejercía la industria y los servicios, sino también porque miles de sus habitantes fueron echados a sangre y fuego de sus lugares de origen[7].

 

5- LA SITUACIÓN SOCIAL EN LA QUE FREUD VIVIÓ

Un nuevo régimen se asienta: el capital y el Estado Nacional

 

En el siglo XIX se asistió al apogeo de los Estados Nacionales[8] y al asentamiento del capital como eje de las vidas en dichos estados. Si bien por diversos motivos Europa siempre fue un lugar de escasa serenidad, las revueltas en la época en la que Freud nació tenían una singularidad novedosa porque había surgido el proletariado. Debido a esto, las sublevaciones eran incesantes en Alemania, en Sajonia, en Viena, Hungría, Francia, etc. La progresiva industrialización sumada a las malas cosechas y a la depresión económica había generado grandes sufrimientos a los asalariados y a los proletarios. Al mismo tiempo y en razón de la implantación de máquinas, los artesanos se iban extinguiendo.

Las profusas conmociones de los muchos sectores de trabajadores, trataban de mostrar oposición por los grandes conflictos económicos y sociales tanto a raíz de las deudas de los menos pudientes (deudas que se contraían por no pagar impuestos asfixiantes), como por los trabajos abusivos de la población rural. Debemos añadir a todo ello la lucha por el derecho del uso de la tierra que había sido invadida y apropiada violentamente por los poderes del capital. Así, las revueltas no sólo fueron en el campo sino, sobre todo, en las ciudades. La más notable y duradera tuvo lugar en Inglaterra[9].

Aquel desorden era necesario ordenar. Estas manifestaciones explosivas era menester dominar. La escoria social de la sociedad se hacía visible en las ciudades con “los sin-trabajo” y “los sin-hogar”. Al amontonamiento y al pillaje en sectores que se acumulaban en rincones de la metrópolis, era preciso tornarlo imperceptible: había que purificar las indeseables presencias en el movimiento urbano.

Y ocurrió así porque en el siglo XVIII, según Foucault, se puso en marcha una nueva tecnología del poder[10], agregada a los mecanismos disciplinarios previos, cuyo objeto fue –y sigue siendo- la población. De modo que  los mecanismos del control de los cuerpos bajo las instituciones del encierro (familia, escuela, trabajo, hospital) se amplían hasta el intento de administrar el control de las poblaciones. A este hecho Foucault ha llamado la biotécnica.

En el régimen anterior, los mecanismos disciplinarios tenían que ver con la normatización de los cuerpos y de las almas a través de medios que tenían –y aun tienen- la condición de la “domesticación” y de la obediencia. Desde ahí se re-inculcaba la disciplina con otras tecnologías y en otros ámbitos. El acatamiento a las normas, la obediencia, debía expresarse en conductas visibles. A la aceptación o bien, a la sumisión a la norma se la llamó “normalidad” (ver Zelcer, 2002b). La familia y la escuela aparecieron como los ámbitos privilegiados, como los modelos, donde se debía –y aún se debe- conseguir que se lleven a cabo las obligaciones y las prohibiciones que garantice la convivencia social.

Este funcionamiento se vio alterado a medida que el régimen disciplinario fue suplementado con otro. Y en el agregado nuevo régimen asentado del Estado Nacional, el lugar de la familia cambió. Ya no fue –ni es- “modelo del gobierno”; sólo es un elemento más dentro lo que se llamó población. Su misión no es sencilla y es instrumental respecto del gobierno del Estado-Nación: junto a la institución escolar en el nivel público, la familia debe de ser el agente privilegiado para cubrir en la intimidad la misión de gobernar a la población. Concretamente, si el Estado quiere lograr cierto tipo de comportamientos en la población (por ejemplo contracción al trabajo o viceversa; incentivar o desalentar en qué consumir y en qué no; regular cantidad de hijos, etc.) la familia aparece como el socio principal.

Como vemos, al transformarse la población en el elemento central a ser controlado, la función de la familia también se alteró: no sólo normatiza, sino que pasa a ser un dispositivo de regulación y control que, a través de las instrucciones sociales concientes e inconscientes que reciben los adultos, se traspasan a los hijos como “saberes de la cultura”, rebasando esto a la población en general. La escuela por su lado, realiza la misma operación, creando una nueva ciencia como la pedagogía, y teniendo la misma función: controlar y entonces, gobernar las almas y las conductas.

De este modo, antes que la imposición de normas, se generan reglas que regulan las inteligencias, las almas y los comportamientos. En la sociedad de control, la regla garantiza la seguridad: diseña los límites posibles de las conductas. Y lo logra, como con/en el capital, dejando hacer[11]. El control y el funcionamiento de los cuerpos y de las almas paradójicamente se consiguen, necesariamente, con la libertad[12]. De este modo, en el nuevo dispositivo, aunque si bien se sigue ordenando, aquello que se procura es la modulación de las subjetividades.

Se pone así de relieve la importancia del gobierno de los hombres, de la población, a través del Estado. Este hecho implica la acción de disponer de los territorios, de los bienes y de las personas, de manera muy distinta a la que se hacía en la tecnología de poder anterior en la que el soberano, publicando leyes, sencillamente las tomaba. La vida, como durante el mecanismo anterior, no fue el elemento fundamental para lograr el dominio de las conductas. La sustituyó la culpa o bien, el sentimiento de una deuda eterna[13].

Dentro de este marco histórico, sumándose a los movimientos emancipatorios, y desde sus estudios sobre la histeria, podemos considerar al Psicoanálisis como una teoría y una práctica de la emancipación de la sexualidad reprimida, con ajuste a lo social.

Ahora bien, ¿cuáles fueron las tácticas, los medios para lograr esos fines?

 

6- EL TRABAJO[14]

El trabajo como capital humano - La coerción y la obligación.

 

Aun hoy, el trabajo dispone y determina en la mayoría de las personas de nuestra cultura el pensar, el obrar y el orden de las vidas. El hecho de que el trabajo está en retracción y se esté achicando la sociedad de trabajo, nos revela que la producción económica está en este momento muy desligada del uso de la fuerza de trabajo. Este fenómeno se va incrementando visiblemente.

El trabajo, tal como lo concebimos en la sociedad occidental, está íntimamente ligado al capital. ¿Por qué? Ambos han funcionado asociadamente, como un fin en sí mismo.

Principalmente durante los últimos casi doscientos años, todas las teorías sociales y corrientes políticas sostuvieron la idea del trabajo como su eje central. En las postrimerías del siglo XX, con la debilidad de las corrientes ideológicas, sólo permaneció el dogma según el cual el trabajo es la determinación natural del hombre ya que su naturaleza es la de ser un animal laborans.

Ocurrió que en la protomodernidad y en la modernidad – algo que se transformó en una obviedad- la actividad humana en sí, el puro «gasto de fuerza de trabajo», no implicó ningún contenido: se tornó independiente de las necesidades. Tampoco importaron los deseos ni las inclinaciones de los seres humanos que debían ofrecer su fuerza de trabajo[15].

De este modo, tal como el capital, el trabajo se volvió el principio abstracto alrededor del que giran las vidas en occidente; un fin en sí que domina las relaciones sociales[16]. Y es así debido a que el trabajo es la base del aumento del capital, aumento que tiene sentido en si mismo[17] .

La imposición del trabajo en la modernidad llevó siglos. Durante esos tiempos el uso de la violencia hacia los hombres, mujeres y niños y la devastación colonizadora en todos los continentes dejó como señal y marca la interiorización del trabajo abstracto, el terror y la sumisión. Había/hay que cumplir, ejecutar las acciones para ello, y además, ser efectivo. Mediante estas técnicas, la sociedad del trabajo se transformó en un sistema de dominación interior e inconsciente; en un sistema de auto-opresión. ¿Podremos vislumbrar que esta presión y dependencia social interiorizada tenga que ver con la figura clínica de la neurosis obsesiva?

Ahora bien, los estados nacionales no nacieron solos. Con ellos, aparecieron la economía científica, la policía, nuevas razones de estado, un nuevo lugar social para la ciencia y la nueva intelectualidad arriba mencionada que sostenía la racionalidad del estado y sus lógicas. Si bien este proceso llevó siglos, todo ello se asentó en la época en la que Freud nació.

 

7- LA RELIGIÓN

El gobierno pastoral

 

¿Por qué nos podría interesar -como psicoanalistas- comprender estos fenómenos en relación al juego que intentamos jugar? Para vislumbrar las subjetividades que las tecnologías de gobierno intentan producir y sostener, y agenciar en nuestro acervo aquello que Freud llama la pérdida de nitidez entre la psicología individual y la psicología social (Freud, S. 1979: 67).

Señalaremos entonces al poder pastoral como el núcleo de la gubernamentalidad, concepto que veremos en los puntos siguientes.

Lejos de ser una religión sin movimiento, el Cristianismo en el Medioevo se transformó en un poder, mediante el que administró técnicas peculiares a las que Foucault llamó el poder pastoral. Veamos qué dice este autor sobre él:

“…el poder pastoral, no puede asimilarse o confundirse con los procedimientos utilizados para someter a los hombres a una ley o un soberano. Tampoco puede asimilárselo a los métodos para formar a los niños, los adolescentes y los jóvenes, ni a las recetas utilizadas para convencer a los hombres, persuadirlos, arrastrarlos más o menos contra su voluntad. En resumen, el pastorado no coincide ni con una política, ni con una pedagogía, ni con una retórica. Es algo enteramente diferente. Es un arte de gobernar a los hombres (…) el punto embrionario de esa gubernamentalidad cuya aparición en la política marca (…), el umbral del Estado moderno. (…) [que] nace cuando la gubernamentalidad se convierte efectivamente en una práctica política calculada y meditada. La pastoral cristiana es (…) el trasfondo de este proceso. (itálica nuestra) (Foucault, 2011a:193).

Muestra Foucault que esta concepción se importa desde los pueblos de Oriente, sobre todo de los hebreos, aunque difiere de él, pues lo que distingue al poder pastoral cristiano, aquello que es su hallazgo más significativo, es la individualización en la injerencia de su poder.

El poder pastoral no se practica sobre los territorios sino sobre los hombres en general y como hemos dicho, sobre cada sujeto en singular; estuvo/está orientado a la dirección de las almas y de la conciencia. De esta manera Occidente fue concebido por este poder como un rebaño, y cada hombre como parte de él.

El poder pastoral es cuasi-simbólico pues la representación del elemento material no llega a ser del todo un vínculo puramente convencional con lo representado: se trata de la devoción hacia aquello definido como un pastor-guía que conduce a su rebaño para salvarlo. Él cuida a su rebaño y también vela por cada una de sus ovejas. Socialmente, aparece así un sujeto fijado a otro investido de un dominio y una facultad especiales, que ejerce un poder absoluto sobre él[18].

Aquello que resulta importante para pensar nuestra tarea es que estas concepciones se introdujeron en lo íntimo. No sólo se educó para sostenerlas y fijarlas sino que ya formaron parte de los saberes inconscientes.

Si bien el poder pastoral fue adquiriendo nuevos sentidos, finalmente se consolidó con el Cristianismo sosteniendo la importancia que fue y sigue siendo la relevancia que se le da a la obediencia como virtud esencial del rebaño y de cada uno de sus componentes. La obediencia no es un medio sino una finalidad: adquiere un valor por sí misma, es un bien fundamental y una virtud.

La dirección de conciencia ya no resultó voluntaria, sino que fue –y sigue siendo- obligatoria para todo el rebaño y para cada sujeto que la compone[19].

El vigor del poder pastoral consistió en que el cristianismo lo introdujo fuertemente organizando instituciones, iglesias, con el objeto de dirigir las vidas de los devotos del rebaño. Esta fue la gran novedad: la institución y la obligación se integraron a las vidas. Pero recién en el siglo XVII – no antes- comenzó a estar enmarcado dentro del poder político.
¿Cuál es la importancia de destacar la institucionalización? Siendo la institución la integración de relaciones de micropoderes, de diversas fuerzas, se transforma en el medio a través del cual el poder se reproduce y deviene fijo y estable. Las fuerzas virtuales decantan y se actualizan: se hacen materiales en una institución. De ese modo podemos decir que el ingreso del poder pastoral en el Estado implica el gobierno de las almas y de las conciencias desde el Estado.

Por lo que vemos, con el poder pastoral cristiano comienza la valoración individualizada en función de lo que se consideraban virtudes y lo que consideraban vicios, maldades, etc. La voluntad (los deseos) intenta ser amputada, sacrificada como oblación a la obediencia. Con la interiorización como técnica del poder pastoral, instalando estas representaciones, mediante esta producción de subjetividades, se orientan conductas que recursan y afirman las concepciones instituidas.

Entonces, de la modalidad pastoral y sus formas desde el siglo XVII, se apropiaron los Estados Nacionales: el Estado Nacional de bienestar, desde el poder político, importó dentro de su concepción y funcionamiento al poder pastoral, dirigido a los ciudadanos, gobernados pastoralmente. Precisamente, la racionalidad del estado moderno reside en el hecho que se presenta como tutor del conjunto y de cada individuo.

Lo importante a señalar, según Foucault, es que el poder pastoral religioso fue perdiendo peso social en su época (aunque intenta, en apariencia, no ser así en la actualidad). Pero desde el siglo XVII persiste integrado dentro del Estado Nacional, dirigiendo y regulando las vidas con el objeto de cuidar a todos y a cada uno para salvarlos de la falta de trabajo, de lo que se da en llamar inseguridad, de las enfermedades, etc. El poder político se transformó en el “pastor” de los hombres en las ciudades. Los pastores políticos (en épocas del liberalismo) se transformaron en la bisagra que regula las fuerzas del rebaño de la población y de cada uno de sus integrantes.

 

8- LA POLICÍA

El soporte interno del estado[20]

 

La creación de los Estados trajo consigo la instauración de la policía.

Si bien actualmente la nombramos de la misma manera, la función y las acciones de la policía fueron variando desde su creación hasta la actualidad. ¿De qué se ocupaba el Estado de policía? Su dominio era muy amplio: operaba no sólo en la vigilancia y en el mantenimiento del orden. Tanto en Alemania como en Francia constituyó el conjunto de los medios que aseguraban la tranquilidad, el “buen orden” y el bien público.

Su lugar político-administrativo privilegiado se daba en virtud de su función de afirmar y aumentar la potencia del Estado, orientar el empleo de sus fuerzas, y tratar de que los hombres sean lo más felices posible. Toda la circulación de mercancías y personas estaba a su cargo. Intervenían en todo lo concreto (cuerpos y materias) de la sociedad civil que estaba a su cargo. Regulaba el mercado, la demografía, la eliminación de la pobreza, la salud, la justicia pública, etc. Fue la institución que gestionaba las funciones internas del Estado.

El Estado de policía tuvo su mayor cercanía al Estado de derecho cuando este último se dividió en derecho público, civil y penal. Ocurrió así porque ya en el siglo XIX la preocupación estatal fue la seguridad social y no el derecho del hombre. Por este camino, con el Derecho convertido en norma, el hombre se transformó en “sujeto”: el Derecho Natural quedó divorciado del Derecho Civil. Tal como lo hemos señalado, esta disociación fue sostenida por la intelectualidad[21]. Ser ciudadano resultó/resulta un esfuerzo voluntarioso del sujeto humano que a su vez, está sostenido por el razonamiento individual.[22]

De este modo, profundizándose esta administración en el siglo XIX en el que Freud nació, el amparo del Estado a través de la gestión de la policía sobre los cuerpos humanos nos da la pista para entender la concepción del hombre como sujeto.

Sin embargo, con el acento puesto en la sexualidad y en su desenvolvimiento evolutivo y social, podemos decir que el Psicoanálisis abre el camino para el derecho a la apropiación del propio cuerpo y de la vuelta a la relación del hombre con la naturaleza.

Cuando el poder policial no alcanzó para ordenar y pacificar hacia el interior del Estado Nacional y la gendarmería tampoco fue suficiente para cubrir el volumen de las guerras crónicas de Europa, se sumó un elemento más, una institución que a su vez fue instituyente de rasgos básicos en la cultura de la sociedad occidental:

 

9- EL SERVICIO MILITAR OBLIGATORIO

Más disciplina, más obediencia, más control

 

La conscripción militar comenzó a fines del siglo XVIII. Su objetivo suplementó al de la policía y su razón fue la de robustecer a los ejércitos. Es decir que surgió con una doble función: una hacia el interior y la segunda hacia el exterior del Estado Nacional, enfrentándose a otros Estados.

Las características del modelo militar son tres: 1- valorar al orden como necesario y tener a su cargo el cuidado del mismo, 2- la disciplina y la obediencia y 3- una estructura jerárquica rígida que da cohesión al interior de la organización haciendo actuar implícita y obligadamente al mecanismo de la autoridad como distintivo de esa institución.

Por la instalación de la obligatoriedad en el régimen militar -investigada por J. Fidel Molina Luque[23]-, aparece la insatisfacción de la mayor parte de las sociedades en relación a este hecho. La forma de eludir legalmente tal obligatoriedad era dándole dinero al Estado en lugar del reclutamiento de los hijos varones o, por lo menos, para suavizar la inexorable y cruel prestación del servicio. Para aquellos que padecían estrechez económica había formas ilegales: la deserción, las mutilaciones, transformarse en prófugos, etc.

La resistencia en las comunidades rurales era también quebrada con suma violencia. Se cazaban –literalmente- los cuerpos de jóvenes varones para su reclutamiento y ya sea por coerción o porque finalmente se rendían, se fomentó el éxodo del campo a la ciudad.

Asimismo en este trabajo se señala que los efectos de la militarización obligatoria fueron enormes en las sociedades del siglo XIX y XX. Por ejemplo, la interacción entre el capital y el ejército tuvo una gran influencia formativa en las subjetividades europeas, y el militarismo en general imprimió su peso instructivo en la ideología de las empresas, de las familias y en la moral. La disciplina militar fue modelo ejemplar de los comportamientos familiares, escolares y laborales

El militarismo comenzó a tener una notabilidad creciente y fue relevante en la represión de los movimientos populares y también sobre los gobiernos del mismo Estado.

El discurso militarista, para penetrar en las almas, se transformó en patriótico y cívico a la vez: fue ésta su mayor ingerencia educativa en la ciudadanía. Con el fin de conseguir el gobierno de las almas, los enunciados verbales y escritos de la militarización fueron mucho más allá mediante sus acciones ejemplificadoras. El patriotismo y la obligatoriedad tienen -aun perdurando en la continuidad de nuestros tiempos- el peso subjetivo cívico que se quiso imprimir desde aquellos siglos.

 

 

10- LA GUBERNAMENTALIDAD

¿Cómo le arranca el Estado sus funciones a la policía y al poder pastoral? Con la gubernamentalidad.

 

Este concepto, anotado por Foucault, encierra una clave para el develamiento de las conductas estatales. Tiene la complejidad de tener que considerar todas las instituciones, todos los procedimientos, las logísticas y las estrategias, el conjunto de herramientas que lo facultan y autorizan a controlar la población y a cada elemento de ella. El gobierno de la gubernamentalidad no gobierna territorios sino las almas de la población para dirigir las conductas con el fin de fortificar al Estado mismo.

Foucault relaciona la sociedad de control con la economía política presentada como una ciencia que limita las atribuciones del Estado, y con la seguridad. La gubernamentalidad la entiende en el sentido amplio de técnicas y procedimientos para dirigir el comportamiento humano: gobierno de los niños, de las almas y de las ciencias, gobierno del estado o de uno mismo. Dice: “Entiendo el conjunto constituido por las instituciones, los procedimientos, análisis y reflexiones cálculos y tácticas que permiten ejercer esa forma bien específica aunque muy compleja de poder que tiene por blanco principal la población, por forma mayor de saber la economía política y por instrumento técnico esencial los dispositivos de seguridad” (Foucault, 2011:136). En los apartados anteriores hemos intentado mostrar las diversas prácticas en las que la gubernamentalidad se actualiza y toma consistencia.

Un alcance de la gubernamentalidad es que se convierte en el medio que intenta garantizar la continuidad de las organizaciones de gobierno que se encuentren en el poder. Para ello genera prácticas, administra las tensiones de los múltiples corrientes de pensamiento, se apropia de los preceptos y saberes (por ejemplo, de la estadística).[24]

En el Estado se enlazan una multiplicidad de diversos micropoderes, siendo el propio Estado el precipitado molar de todos ellos. Resulta así llamativo que el estado mismo resulte un elemento más de la gubernamentalidad.

Existe una racionalidad específica en el arte de gobernar gubernamentalmente, cuya base es la naturaleza. Pero ¿cómo entiende la gubernamentalidad aquello que se dice que es “naturaleza”?. Considera “natural” si la reverberación de lo que el Estado promueve se manifiesta en conductas de acatamiento a aquello que impulsa. Establece una lógica determinada para pensamientos y conductas que se consideran “normales” y habituales para toda la población y para cada uno de sus componentes.

Esta razón de Estado no es anodina: promueve creencias y deseos a ser imitados que se propagan en la sociedad.

La gubernamentalidad está asociada a los saberes. Los saberes son prácticas: representaciones y acciones que actúan en forma sincrética[25]-[26]. Es así porque sin la interiorización pastoral de estos saberes como “naturarles” y entonces razonables, sin el sostén de “las almas” de la población, la gubernamentalidad y los poderes se volatilizarían.

Podríamos vincular estos saberes a las representaciones concientes e inconcientes del Psicoanálisis.

Resumamos ahora la gubernamentalidad en una serie de puntos:

a- es la gestión de gobierno que asienta la hegemonía de una especie específica de poder

b- tiene como objeto a la población

c- la ciencia sobre la que descansa es la economía política

d- se sostiene en dispositivos que responden al gobierno

e- se sostiene con las herramientas y tecnologías de la seguridad

 

11- VOLVIENDO A FREUD

La borrosa frontera entre psicología individual y psicología social

 

*- Iniciada la pavorosa bacanal de la pulsión de muerte en la Europa de 1914, Freud expresa dolorosamente su desilusión sobre la sociedad en la que vive. En 1915 escribe:

De las grandes naciones de raza blanca, dominadoras del mundo y en las que ha recaído la conducción del género humano; de esas naciones a las que se sabía empeñadas en el cuidado de intereses que se extendían por el universo entero, creadoras de los progresos técnicos en el sojuzgamiento de la naturaleza así como de los valores de cultura, artísticos y científicos, de esos pueblos se había esperado que sabrían ingeniárselas para zanjar por otras vías las desinteligencias y los conflictos de intereses. Dentro de cada una de esas naciones se habían establecido elevadas normas éticas para el individuo, quien debía acomodarse a ellas si quería participar en la comunidad de cultura. (…)

(…) Pero podía suponerse que los grandes pueblos, como tales, habían alcanzado un entendimiento suficiente acerca de su patrimonio común y una tolerancia tal hacia sus diferencias que «extranjero» y «enemigo» ya no podrían confundirse en un solo concepto, como aún ocurría en la Antigüedad clásica.(…)

(…) Confiados en este avenimiento entre los pueblos cultos, innumerables hombres trocaron su morada en la patria por otra, en el extranjero, y dedicaron su existencia a las relaciones comerciales entre los pueblos amigados. Y además, aquel a quien el apremio, de la vida no confinaba de manera permanente en un mismo lugar podía crearse, con todas las ventajas y los atractivos de los países cultos, una nueva patria, una patria mayor, dentro de la cual se paseaba libre de inhibición y de sospecha. (…)

(…) El disfrute de la comunidad de cultura fue turbado en ocasiones por algunas voces; ellas advertían que, a causa de diferencias heredadas de antiguo, serían inevitables todavía las guerras entre las naciones que la integraban. No se les quiso dar crédito, pero, ¿cómo se imaginaba una guerra así, sí es que había de sobrevenir? Como una oportunidad para exhibir los progresos del sentimiento comunitario de los hombres desde aquel tiempo en que las anfictionías griegas tenían prohibido destruir a una ciudad perteneciente a la Liga, arrasar sus olivares y cortarle el agua

Trasgrede todas las restricciones a que nos obligamos en tiempos de paz y que habían recibido el nombre de derecho internacional; no reconoce las prerrogativas del herido ni las del médico, ignora el distingo entre la población combatiente y la pacífica, así como los reclamos de la propiedad privada. Arrasa todo cuanto se interpone a su paso, con furia ciega, como si tras ella no hubiera un porvenir ni paz alguna entre los hombres. Destroza los lazos comunitarios entre los pueblos empeñados en el combate y amenaza dejar como secuela un encono que por largo tiempo impedirá restablecerlos. (…)

(…) El Estado beligerante se entrega a todas las injusticias y violencias que infamarían a los individuos. No sólo se vale de la astucia permitida, sino de la mentira conciente y del fraude deliberado contra el enemigo, y por cierto en una medida que parece exceder de todo cuanto fue usual en guerras anteriores

Dos cosas en esta guerra han provocado nuestra desilusión: la ínfima eticidad demostrada hacia el exterior por los Estados que hacia el interior se habían presentado como los guardianes de las normas éticas, y la brutalidad en la conducta de individuos a quienes, por su condición de partícipes en la más elevada cultura humana, no se los había creído capaces de algo semejante. (la negrita es nuestra).

Observemos el trayecto y la secuencia de los escritos de Freud desde la Gran Guerra.

- El tratado de Versalles se firmó el 28 de junio de 1919

- En ese mismo año, Freud escribe un trabajo sobre los castigos punitivos que se presentan en los sueños, puniciones impulsadas por la instancia crítica[27]

- casi de inmediato, produce el postulado de la pulsión de muerte: lo afirma en 1920;

- y en 1922 el super-yo se esboza en un trabajo leído en el 7° congreso psicoanalítico internacional.[28]

Ahora bien, como hemos señalado, en Europa la destructividad de las vidas fue sufrida en su conjunto de manera real, social e históricamente prolongada en el tiempo.

Por supuesto, Freud no llegó a conocer el concepto de gubernamentalidad, ni su linaje con las técnicas del pastorado religioso con su meta de gobernar las almas a través de la educación. Sin embargo, la religión y la educación fueron rasgos de la cultura que Freud señaló en todos sus escritos.

Si como está dicho el super-yo está instalado por la cultura y contiene a su vez, la pulsión de muerte, y este super-yo está relacionado con el armado continuo de la gubernamentalidad, el miedo y el super-yo están al servicio de esta tecnología del poder.

¿Y en qué consiste el super-yo sino en la crítica y castigo social como instancia independiente y muda? Freud es claro en la conformación de esta instancia: la agresión proviene de algo percibido que penetra en el proceso psíquico transformado en representación y produce desmezcla pulsional: es causa de angustia y de patología.

 

*- Génesis- Capítulo III

1 Ahora bien, la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho, la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de ningún árbol del huerto?

2 Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer,

3 mas del fruto del árbol que está en medio del huerto, dijo Dios: No comeréis de él ni lo tocaréis, para que no muráis.

4 Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis;

5 sino que sabe Dios que el día en que comáis de él serán abiertos vuestros ojos y seréis como dioses, conociendo el bien y el mal.

6 Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos y deseable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.

7 Y fueron abiertos los ojos de ambos, y supieron que estaban desnudos. Entonces cosieron hojas de higuera y se hicieron delantales.

8 Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto al aire del día; y se escondieron el hombre y su mujer de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto.

9 Y llamó Jehová Dios al hombre y le dijo: ¿Dónde estás?

10 Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí.

11 Y le dijo: ¿Quién te ha dicho que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol del cual yo te mandé que no comieses?

12 Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.

13 Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí.

14 Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu vientre te arrastrarás y polvo comerás todos los días de tu vida.

15 Y pondré enemistad entre tú y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.

16 A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera tus dolores en tus embarazos; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti.

17 Y a Adán dijo: Por cuanto obedeciste la voz de tu mujer y comiste del árbol del cual te mandé, diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.

18 Espinos y cardos te producirá, y comerás hierba del campo;

19 con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres y al polvo volverás.

20 Y llamó Adán el nombre de su mujer Eva, por cuanto ella fue la madre de todos los vivientes.

21 Y Jehová Dios hizo a Adán y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió.

22 Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre ha llegado a ser como uno de nosotros, conociendo el bien y el mal. Ahora, pues, no sea que alargue su mano y tome también del árbol de la vida, y coma y viva para siempre,

23 por tanto, lo sacó Jehová Dios del huerto de Edén, para que labrase la tierra de la que fue tomado.

24 Echó, pues, fuera al hombre y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.

 

¿Qué interpretación le ha dado la religión al capítulo III del Génesis?

Se entiende que Dios ha castigado a Adán y a Eva por desobedecer la instrucción por él otorgada. De hecho no podemos concebir otra. Y a la serpiente le quita las extremidades. Ella, como instancia instigadora, es subrepticia.

Si seguimos en nuestro juego y arriesgamos una comprensión distinta, podríamos pensar que quizás, en este capítulo se revele la aparición del deseo mismo, precisamente a raíz de la prohibición.

Pero desde el vértice que estamos planteando, el eje de la interpretación ya no desfila por la des-obediencia ni por la inhibición del deseo, sino por la atribución del ser humano de arrogarse los juicios del bien y del mal sobre el mundo, sobre otros seres humanos y sobre sus modos de vivir. Algo que debería pertenecer sólo a la égida de lo divino. Tal sería nuestra condena y nuestra petulancia: una cultura que asiente sus caminos de dominio determinando aquello que es el “bien” y aquello que es el “mal” mediante estas atribuciones construidas según la conveniencia del poder, como uno de sus instrumentos. A esto, ciertas instituciones y aquellos que sostienen saberes inconmovibles, lo llaman “sabiduría” queriendo asemejarse en su univocidad a la sabiduría divina.

 

*- El super-yo encierra una paradoja: se constituye desde las instancias sociales con el objeto de frenar la destructividad, pero se instala agresivamente desde ella.

Si bien Freud a través de la teoría y de la práctica clínica impulsa la liberación de la sexualidad devolviendo el ser humano a la naturaleza, con el super-yo como instancia necesaria y “normal" de la estructura psíquica, vuelve al ser humano, nuevamente, sujeto.

Si, sin embargo, sostenemos esta noción, será para detectar enfermedad asociada a los factores destructivos de la cultura.

 

*- Interrumpamos el juego, y consideremos el anudamiento de las cuestiones aquí mencionadas como con cierta verosimilitud. Desde allí hacemos clarear nuestra tesis:

En El malestar en la cultura Freud sorprende en nota al pie (Freud, S. 1988c: 121) con una vacilación respecto a la construcción e instalación del super-yo como estructura afirmando que si bien el super-yo es un estadio suprior de la conciencia, se debería construir gradualmente porque de lo que trata la instalación del super-yo, es de su “intensidad relativa y de su esfera de influencia”. Se trataría entonces de una modalidad antes que de una estructura.

Si es ésta la configuración posible para poder proseguir en la continuidad de la vida debido al terror a la muerte del amor o del cuerpo y a los castigos sociales, y si este hecho acredita al super-yo que se erigió como defensa ante la interrupción de la vida pulsional y del deseo, la presencia de esta instancia es el mojón que indica enfermedad y está directamente vinculado a la experiencia social, conciente o inconciente, impartida por los adultos a cargo de la crianza y la educación o bien, a eventos sociales que dejan una impronta sufriente para sí y para las generaciones que queden encadenadas a ello.

La fuerza de la vida se ordena en torno a las repeticiones pero también en las diferencias. Esta operación es la que constituye, como efecto, la sensación de la existencia misma.

Bástenos entonces con la presencia de una conciencia moral en movimiento, más conectada a la experiencia vital de la lógica involuntaria y en apariencia irracional de la pulsión y del deseo que a la pura repetición; lógica de encuentros, de diferencias y de riesgos que atraviesan la existencia; lógica que –siguiendo la huella de nuestro iniciador- nos interpela y nos convoca a acompañar.

 

Buenos Aires, abril de 2017

 

 

 

FUENTES

  • Amparan, A. C. (2007) “El concepto de poder en Foucault”, en http://www.taciturno.be/spip.php?article25 [Consulta: 10/3/2017]
  • Barret-Kriegel, B. (2013) “Michel Foucault y el Estado de policía” en http://perrerac.org/francia/blandine-barret-kriegel-michel-foucault-y-el-estado-de-polica/905/ [Consulta: 10/3/2017]
  • Condoy Celi, C. (2014) “Poder pastoral y subjetividad sujetada en Michael Foucault”, disponible en www.grupoparaguay.org/L_Condoy_2014.pdf [Consulta: 10/3/2017]
  • Chueca Goitia, F. (1993) Breve historia del urbanismo, Buenos Aires /Madrid, Alianza Editorial
  • Deleuze, G. (1980) Mil mesetas- Capitalismo y esquizofrenia- Pre-textos- Valencia- 1980
  • ---------- (1991) en Christian Ferrer (Comp.) El lenguaje literario. Tomo 2, Editorial Nordan- Montevideo- 1991
  • ---------- (2014) El Poder. Curso sobre Foucault. Tomo II, Buenos Aires, Editorial Cactus.
  • Foucault, Michel (2011) Seguridad, territorio, población, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica.
  • ---------- (1975) “Más allá del principio del placer” en Obras Completas, tomo XVIII, Buenos Aires, Amorrortu Editores.
  • ---------- (1979)Psicología de las masas y análisis del yo” en Obras Completas, tomo XVIII, Buenos Aires, Amorrortu Editores.
  • Freud, S. (1986a) “Las neuropsicosis de defensa” en Obras completas. Tomo III, Amorrortu Editores, Buenos Aires.
  • Freud, S. (1986b) “El yo y el ello” en Obras completas. Tomo XIX, Amorrortu Editores, Buenos Aires.
  • ----------- (1986c) “Consideraciones sobre lo inconciente”. Trabajo de Sigmund Freud al que alude Strachey en su Introducción a “El yo y el ello”en Amorrortu editores- Bs. As.- 1986
  • ----------- (1988a) Obras Completas, tomo IX, Buenos Aires, Amorrortu Editores.
  • ----------- (1988b) “El malestar en la cultura” en Obras Completas, tomo XXI, Buenos Aires, Amorrortu editores
  • ----------- (1992a) “De guerra y de muerte” en Obras Completas, tomo XIV, Buenos Aires, Amorrortu Editores.
  • ---------- (1992b) “Complemento metapsicológico a la teoría de los sueños”, en Obras completas, tomo XIV, Buenos Aires, Amorrortu Editores.
  • ----------- (2008) “Cartas a Wilhelm Fliess (1887-1904)” en Nueva edición completa, Buenos Aires / Madrid, Amorrortu Editores.
  • Grupo Krisis (1999) “Manifiesto contra el trabajo”, disponible en http://www.krisis.org/1999/manifiesto-contra-el-trabajo/ [Consulta: 10/3/2017]
  • Molina Luque, J. F. (1999) “Quintas y servicio militar: aspectos sociológicos y antropológicos de la conscripción : (Lleida, 1878-1960)”, Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Disponible en http://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmcw37q8 [Consulta: 10/3/2017]
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  • Zelcer, M. (2002a) La representación del paciente y del terapeuta en la sesión psicoanalítica, Buenos Aires, Editorial Polemos.
  • ----------- (2002b) “Subjetividades y actualidad”. Publicado en revista Topía, Buenos Aires, edición de septiembre de 2009. Disponible también en https://www.topia.com.ar/articulos/subjetividades-y-actualidad [Consulta: 10/3/2017]
  • ----------- (2005) “Familia y subjetividad”, en revista Topia, Buenos Aires, edición de abril de 2005. Disponible también en https://www.topia.com.ar/articulos/familia-y-subjetividad [Consulta: 10/3/2017]

 

 

[1] Podríamos agregar el rasgo de procastinación que, sin negarlas, desatiende y retrasa en tiempo y forma las acciones obligadas y las sustituye por otras sin conexión con aquello en lo que se es demandado.

[2] En “Las neuropsicosis de defensa” Freud dice: “En teoría no se excluye que en algún caso ese afecto [penoso, disociado de la representación de la fuente de la que proviene] nazca en otro ámbito [que el sexual], yo me limito a comunicar que hasta ahora no se me ha revelado un origen diferente” (Freud, 1986a:53). Asimismo, en “De guerra y de muerte” añade: “Existen, por tanto, muchísimos más hipócritas de la cultura que hombres realmente cultos” (Freud, 1992:286).

[3] Tampoco resulta trivial que muestre a la perversión como el reverso de la neurosis obsesiva.

[4] Precisamente en “Los vasallajes del yo”, Freud asienta su invento-descubrimiento del super-yo en la reacción terapéutica negativa.

[5] “En todos los casos por mí analizados era la vida sexual la que había proporcionado un afecto penoso de la misma índole, exactamente, que el afecto endosado a la representación obsesiva. En teoría no se excluye que en algún caso es afecto nazca en otro ámbito” (Freud, 1986a:53).

[6] Estas breves reseñas (1- y 2-), tienen el objetivo de enmarcar hacia dónde apunta nuestro trabajo, y justificar el desarrollo que sigue.

[7] La destrucción de las condiciones de existencia tuvo el objetivo de transformar el trabajo en dinero. Para ello era necesario expulsar coercitivamente a los campesinos de sus lugares y usarlos para la crianza de animales cuyos productos (por ejemplo la lana) luego se manufacturaban en las ciudades. Al mismo tiempo, los expulsados era mano de obra en los procesos de manufacturación (ver Grupo Krisis, 1999).

[8] Después de la guerra de los treinta años, con el tratado de Westfalia, finaliza el antiguo orden feudal. En realidad, se trató de una transformación lenta de las monarquías feudales. Llamativamente, las revueltas del siglo XIX tenían también que ver con esta resistencia de los poderes soberanos y no sólo con las resistencias a la organización social que el capital demandaba..

[9] El ludismo fue un movimiento encabezado por artesanos ingleses que destruían telares industriales y máquinas de hilar ya que estos nuevos artefactos aniquilaban el empleo, dejándolos sin trabajo.

[10] Foucault intenta desapegar la hegemonía del poder de los poderes políticos, de clase y de los aparatos del Estado postulando "una trama de poder microscópico, capilar", que se asienta en una combinación de pequeños poderes y de organizaciones no tan visibles socialmente. Son sagaces y sus maniobras son esquivas. De tal modo que podríamos ver y decir que hay múltiples relaciones de poder y de autoridad localizadas en múltiples espacios, suplementando el poder de cada uno y de todos. Estos micropoderes se aúnan y funcionan en forma reticular. Una multiplicidad de poderes edifican y hacen funcionar al poder general. Así, están muy ligadas por sus efectos. Son condicionantes de las relaciones sociales sexuales, familiares y de producción de riquezas. Cada una de estas relaciones y de estos poderes tiene su historia y sus técnicas que pueden ser observables y detectables. Por eso, el poder no es de uno. Funciona en cadena. Sin embargo, finaliza reconociendo que los subpoderes se integran a uno general. E indica al Estado como el más significativo.

Las tecnologías del poder son específicas en cada época y en cada ámbito social. Pero se sostienen en dos modos de relación: desde el punto de vista jurídico legitimándolo y desde el punto de vista social. En el primero encontramos la figura del contrato (opresión) y en el segundo la figura de la dominación (represión). Todo ello aparece en el movimiento social como revueltas y rendiciones (síntesis de Amparan, 2007)

[11] La nueva tecnología de poder estuvo y aun está asociada al liberalismo como la idea que sustenta al “dejar hacer” del capital.

[12] Esta liberación rindió sus frutos en varios sentidos. Sólo dos ejemplos: los movimientos de liberación femenina y las ciencias

a- Desde la revolución francesa, fue sostenido al principio, por un fuerte grupo de mujeres teniendo logros que resultaron controvertidos para ese momento. por ejemplo, la constitución de 1791 juzgó la mayoría de edad como equivalente para ambos sexos. En septiembre de 1792 se dictaminaron leyes referidas al divorcio y al estado civil de la mujer. De este modo, y con el marco sociopolítico y económico de la época, el matrimonio fue acreditado por primera vez como un contrato entre individuos de idénticas facultades en lo que atañe a la ley.

Desde la segunda revolución industrial (1870) el movimiento feminista tuvo un auge relevante.

b- En las ciencias duras con Poincare, Lorentz y Maxwell se comienza a vislumbrar la liberación de la energía desatada de la teoría de la gravedad. Fueron los precursores de la teoría de la relatividad.

[13] En su clase del 1° de febrero de 1978, Foucault (2011) muestra que en la historia europea (y por lo tanto con efectos en la nuestra) desde el siglo XVI se produjo un punto de cruce de dos procesos: el que instala los Estados administrativos, territoriales y coloniales por un lado y otro proceso que “pone en cuestión la manera de ser espiritualmente dirigido en esta tierra hacia la salvación.” … el problema del “cómo ser gobernado, por quién, hasta qué punto, con qué fines, mediante qué métodos.” (Foucault, 2011:110). El Gobierno, a su vez, tiene una continuidad: quien gobierne el Estado deberá saber gobernar en muchos sentidos: a sí mismo, a su progenie, a su propiedades, etc. En otro movimiento sincrónico, la continuidad implica una pedagogía: “cuando un Estado está bien gobernado, los padres de familia saben gobernar bien a su familia, sus riquezas, sus bienes, su poder, y los individuos también se dirigen como corresponde. Esta (…) línea que se transmite hasta la conducta de los individuos o el manejo de las familias. el buen gobierno de Estado, es lo que en esa época empieza a llamarse policía” (Foucault, 2011:119). La policía es uno de los elementos que garantizan la continuidad de las formas de gobierno. También en el aspecto económico.

[14] Desde aquí, en su mayor parte, este punto será una breve reseña del Manifiesto contra el trabajo (Ver Grupo Krisis, 1999).

[15] Para el capital, carece de importancia la sustancia a la que hace accionar

[16] “En las antiguas sociedades agrarias existían las más diversas formas de dominio y de relaciones de dependencia personal, pero ninguna dictadura del abstractum trabajo. Las actividades en la transformación de la naturaleza y en la relación social no eran, de ninguna manera autodeterminadas, pero tampoco estaban subordinadas a un «gasto de fuerza de trabajo» abstracto; al contrario, estaban integradas en el conjunto de un complejo mecanismo de normas prescriptivas religiosas, tradiciones sociales y culturales con compromisos mutuos. Cada actividad tenía su tiempo particular y su lugar particular; no existía una forma de actividad abstracta y general” (ver Grupo Krisis, 1999).

[17] Quien necesitaba la monetarización de impuestos excesivos eran los Estados militarizados para proseguir con sus conquistas.

[18] Para la tesis que expondremos resulta importante recordar que a partir del siglo XI y el XII se introduce e instituye, tal como en el modelo judicial la confesión. Este acto se realiza en una especie de tribunal permanente en el que se aplica la sanción.

[19] Síntesis de Condoy Celi, 2014.

 

 

[20] La diplomacia y la gendarmería constituyeron el soporte en relación a otros estados.

[21] El postulado de la res extensa y la res cogitatis fue un soporte ideológico de esta materialidad

[22] Síntesis de Barret-Kriegel, B. (2013)

[23] Ver Molina Luque, 1999.

 

[24] Síntesis de Noguera, 2009

[25] Ver Zelcer, 2002a.

[26] Y afectaciones, agregaríamos desde Deleuze y Guattari.

[27] Freud, S. -Complemento metapsicológico a la teoría de los sueños- Tomo XIV- Amorrortu editores- Bs. As. 1992

[28] Freud, S.- Consideraciones sobre lo inconciente. Trabajo de Sigmund Freud al que alude Strachey en su Introducción a El yo y el ello. Amorrortu editores- Bs. As.- 1986

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Articulo publicado en
Julio / 2017

Boletín Topía