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Vivir menos para vivir más

 

El hombre que siente miedo sin peligro, inventa el peligro para justificar su miedo
Johann Wolfgang Goethe.

Karl Jaspers considera como núcleo último del ser humano a la existencia (Existenz), que constituye una dimensión específicamente humana que sólo puede ser tratada desde la filosofía. La existencia es siempre una existencia situada, donde las “situaciones-límite” (Grenzsituationen) configuran su estructura. El ser humano, que existe en las “situaciones-límite”, deberá intentar trascenderlas a través del ejercicio de su libertad, realizando así la “posible existencia” que hay en él.

Estas situaciones-límite masivas no son genuinas, son fuertemente influenciadas por los medios de comunicación y los sectores de poder

Hoy el mundo se “unificó” y atraviesa múltiples situaciones-límite a raíz de una pandemia (CoVid-19). Pero estas situaciones-límite masivas no son genuinas, son fuertemente influenciadas por los medios de comunicación y los sectores de poder.

Cómo puede ser que, viviendo al lado de una fábrica de agrotóxicos y de una central nuclear, que aumentan el riesgo de cáncer (en Argentina, más de 125.000 casos nuevos de cáncer en ambos sexos por año, con porcentajes similares tanto en hombres como en mujeres, datos de 2018, Argentina.gob.ar, tener en cuenta que sólo entran en la estadística los registrados, puede haber muchos más), entre otras enfermedades que causan las emisiones tanto de gases como de radiación, rara vez alguien sienta miedo a morir por consecuencia de vivir en tal lugar.

En Latinoamérica, en 2019 fueron reportados 3.139.335 casos de dengue y causó 1.538 muertes, (Organización Panamericana de Salud), sin embargo, hoy, sólo se le teme fuertemente (sin minimizar la gravedad del CoVid, opino que también exageradamente) a la muerte por coronavirus.

En Argentina y casi todo el mundo, se ha optado por medidas que podrían considerarse totalitarias, para “evitar” la propagación de este virus (no se niega su efectividad, pero no hay que pensar ciegamente en que son la salvación). Confinamiento obligatorio, prohibiciones, sanciones, distanciamiento, números de teléfonos para denunciar casos, etc.

Jorge Enkis en “La rebelión en cuarentena” escribe: “es probable que veamos algunas reformas sociales destinadas a pacificar a la población, al menos temporalmente para mitigar el impacto de la pandemia, pero que vendrán junto con la creciente violencia de un Estado sin el que nadie puede imaginar vivir, porque todavía se está confundiendo con algo que protege nuestra salud”.

El mismo Estado (tener en cuenta que el Estado difiere del Gobierno de turno) que permite las centrales nucleares, las fábricas de agrotóxicos y el uso de los mismos (en Córdoba se duplicaron las muertes de cáncer en donde se produce soja), la megaminería (que utiliza sustancias que afectan al medio ambiente y la salud. El Cianuro de sodio, afecta el proceso de fotosíntesis de las plantas y en los animales, peces y aves, puede ser absorbido por la piel y sus efectos son letales. Además del cianuro, para recuperar el oro se aplican grandes cantidades de Zinc y Plomo, cuyos desechos contaminan el suelo, las aguas subterráneas y superficiales. En los humanos afecta el sistema respiratorio, produce pérdida del apetito, náuseas, vértigo, vómitos, afecta el desarrollo de los niños, la presión arterial, el sistema nervioso, el sistema digestivo y los riñones. En las mujeres embarazadas alteran el desarrollo del feto, ocasionan nacimientos prematuros, reducen el peso de los niños y su coeficiente de inteligencia, producen trastornos reproductivos y abortos espontáneos. Las enfermedades citadas fueron demostradas en 28 trabajos epidemiológicos, realizados en Europa, Nueva Zelanda y Australia. La agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer ha indicado que el plomo en los seres humanos tiene efectos cancerígenos. El ácido sulfúrico por su parte, provoca daños pulmonares de por vida, agrava el asma, la ceguera, provoca irritación y quemaduras que dejan cicatrices permanentes; causa dermatitis, erosión dental, cáncer de laringe, en fin, la exposición permanente al ácido sulfúrico puede causar la muerte), el Fracking (los gases que se inyectan en el subsuelo actúan como disruptores endocrinos, los ecologistas alertan del peligro de contaminación en acuíferos, hay temor por el aumento del riesgo de cáncer en poblaciones cercanas). Y, por cierto, no hay que olvidar la “inmunidad” al coronavirus que deben tener los trabajadores de esos sectores, siendo que fueron unos de los pocos excluidos de la “cuarentena obligatoria”.

Se ha logrado que los vecinos se denuncien unos a otros, inclusive por dar una vuelta manzana, esto es represión social, no hay que normalizarlo.

Las redes sociales, que hoy son formadoras (o deformadoras) de pensamiento como lo es la televisión, (más que la escuela o un libro), se han convertido en un campo de batalla dogmático

Con la ficción de que el coronavirus es resultado de que los chinos (no nos olvidemos de que ya todos los prejuzgamos de sucios, entre otras cosas, y los unificamos sin importar si son chinos, coreanos o japoneses) comieran murciélagos crudos, la xenofobia se convirtió en otro síntoma que se puede sumar a la detección del virus.

Las redes sociales, que hoy son formadoras (o deformadoras) de pensamiento como lo es la televisión, (más que la escuela o un libro), se han convertido en un campo de batalla dogmático, donde no alcanza para un intercambio real, sino para la vanagloria de los “sabios virtuales”. Y así se ha logrado meterle hasta por los poros el miedo a morir por coronavirus a toda la sociedad. Todo esto, con la gran ayuda de los medios masivos de comunicación que 24/7 tienen noticias que, inicialmente giraban en torno a los murciélagos y hoy todos los canales tienen anclada en la pantalla la palabra CORONAVIRUS, en rojo, para fomentar la gravedad del asunto.

Los presidentes, los medios, los vecinos, muestran su cara más monstruosa con la excusa de la solidaridad y la salud, ¿realmente les importa la salud de la gente? ¿les importa su propia salud?, entonces ¿por qué no se preocupan (por ejemplo) por hacer algo contra los factores que aumentan el cáncer?, ¿por qué no se preocupan por hacer algo para evitar y visibilizar la cantidad de casos de dengue?

Estos días es habitual salir a comprar (excusándose para poder sentir algún rayo solar en el rostro), a alguien con “tapa-boca” (hay que evitar morirse de coronavirus, no nos olvidemos) que está comprando un paquete de cigarrillos (en 2017, el tabaco mató a 3,3 millones de consumidores y de personas expuestas al humo ajeno debido a afecciones pulmonares. Así: 1,5 millones murieron de enfermedades respiratorias crónicas; 1,2 millones por cáncer (traqueal, bronquial y pulmonar), y 600.000 por infecciones respiratorias y tuberculosis. Más de 60.000 menores de 5 años mueren de infecciones de las vías respiratorias inferiores causadas por el humo ajeno. Los que sobreviven hasta la edad adulta tienen mayores probabilidades de padecer más adelante enfermedad pulmonar obstructiva crónica, EPOC. Datos de la OMS). ¿Por qué los medios no visibilizan estos datos si tanto les importa la salud?

Se habló de permitir salidas deportivas o recreativas (primero confirmando y después negando, creando falsas expectativas que pueden incrementar la ansiedad), y por doquier hubo comentarios negativos acerca de la irresponsabilidad que es permitir eso, ¿acaso la salud mental no es salud? (según el “Estudio Argentino de Epidemiología en Salud Mental”, publicado en la revista científica Social Psychiatry and Psychiatric Epidemiology, uno de cada tres argentinos mayores de 18 años presentó un trastorno de salud mental en algún momento de su vida) no todos salen a trotar o a caminar por el cuerpo ideal, muchos lo hacen por contrarrestar la misma ansiedad que todo esto genera, por ejemplo.

Todos le tienen miedo al coronavirus, “porque atenta contra la salud”. Gente que día a día atenta contra su propia salud, ¿le tiene miedo a ese virus? No hay mejor ejemplo de que hoy, los miedos (como los pensamientos), son el resultado de lo impuesto.

Hoy el Estado, volvió a recobrar su fuerza dando órdenes que el pueblo acata sin chistar, gracias a “el enemigo invisible”.

Hoy, estamos todos mucho más controlados, en proceso a ser seres totalmente virtualizados

Hoy, estamos todos mucho más controlados, en proceso a ser seres totalmente virtualizados. Pedimos comida on-line evitando que otro vea que dudo para elegir mi cena debido a su amplio menú. Trabajamos desde nuestras computadoras o celulares auto-explotándonos más tiempo del que corresponde a nuestras horas laborales. La educación es a través de plataformas virtuales donde se puede poner en duda si los resultados son los mismos (principalmente en jardín, primaria y secundaria). Los medios recomiendan “sexo virtual” ya que hacer el amor no tiene cabida en este mundo. Hacemos video-llamadas con nuestros amigos escuchándolos tarde si nuestro internet es lento, y bueno, no importa lo que dijo, le sigo contando lo que pasa en la última serie que vi. Nos comunicamos con nuestros seres queridos mediante redes sociales, donde no hay espacio para el abrazo. Nos entretenemos con series que nos ayudan a escapar, los más chicos escapando también con juegos electrónicos. Todo dejando que nuestros días pasen sin vivirlos estando dentro de un dispositivo electrónico, la única realidad es la virtual. Y tampoco lo vemos como una forma control, porque este mundo metafísico que logró crear la tecnología moderna es un mundo seguro.

Joan-Carles Mèllich escribe “toda metafísica opera siempre de la misma manera: construye otros mundos, libres de espacio y tiempo, unos mundos absolutos y eternos. Estos son portadores de seguridad, la seguridad que los seres humanos necesitan en sus vidas y que no hallan en su entorno cotidiano. He aquí lo propio de toda metafísica sea en su versión ontológica, epistemológica, teológica o incluso TECNOLÓGICA. En todas ellas siempre se postula un “punto de referencia” absoluto, inmóvil, que otorga certeza y confianza a la vida…” (Mèllich, 2009:3).

Hoy, el ser humano, atrapado en este mundo metafísico, sin percatarse, se pierde, aletargado, deja de ser libre, no trata de vencer la situación-límite, es sometido por ella y se oculta (y olvida) en el nuevo mundo virtual que lo protege de todo.

Ahora bien, ¿está todo perdido?

No, hay que optar por la “revuelta” (en definiciones de Julia Kristeva), teniendo en cuenta que la revuelta es contagiosa y reproducible.

Revuelta que hoy está en nimiedades como mirar al otro a los ojos, ser hospitalarios (Derrida), ser genuinos, animarnos a sentir amor, animarnos a vivir, no cuidar la naturaleza sino ser parte de ella cuidándonos a la par, ver el mundo, apagar la tele, ignorar un poco las redes sociales, sentir la tierra, hacer arte, disfrutar el arte, problematizar(nos) y cuestionar(nos), volver a poseernos, poseer un Yo.

San Agustín plantea que el yo es lo que deviene cuestión de sí mismo. Questio mihi factus sum, he devenido cuestión para mí mismo.

Devenir.

 

Rocío Vélez,
Profesora de lengua y literatura.
rociuuu [at] gmail.com

 

Bibliografía

 

Enkis J., La rebelión en cuarentena.

Larrosa Jorge, Skliar Carlos, Experiencia y alteridad en la educación.

 

Articulo publicado en
Mayo / 2020

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