Nos prometen un país que funciona,
pero sobre identidades que no consideran parte.
Los márgenes arden mientras reparten “libertad”
a quienes nunca la perdieron.
Nos llaman ideología,
como si existir fuera un invento,
como si respirar en esta identidad
fuera una bandera que flamea un concepto ideológico.
Pero no es ideología:
es hecho.
es orgullo.
Es deseo que insiste, aunque lo quieran callar.
Quieren que el miedo achique los abrazos,
que el deseo se vuelva ceniza,
que volvamos al silencio del clóset,
que las identidades se borren para que todo “funcione”.
¿Y si salir bien significara que todes podamos ser?
¿Y si dejaran de ardernos los márgenes?
¿Y si el país no doliera?
No me digas que “puede salir bien”
si ese bien me exige esconderme,
si ese bien me pide silencio,
si ese bien pide que renuncie a existir.
Si ese bien reclama que apague lo que soy.