Que el ser humano cambia históricamente, que la representación de sí mismo y de su realidad no se mantiene estrictamente en los términos con los que fuera pensado por el psicoanálisis de los comienzos, no hay duda. Insisto, no tan en broma, que si a las histéricas del siglo XIX se les quedaba la pierna dura por el deseo inconfesable de caminar hacia el cuñado, nuestras histéricas de hoy padecen colapsos narcisistas cuando sus cuñados no les otorgan crédito sexual.
Hace años que vengo sosteniendo que los psicoanalistas no pueden dejar de lado la dimensión política cuando hacen una práctica social. Dar cuenta de esta cuestión resuelve tanto problemas éticos como técnicos cuando un psicoanalista se involucra a operar en el campo de lo colectivo. Facilitar o asesorar en la transformación de un grupo o institución es comprometerse en la dirección de esa transformación. Eso es un compromiso político. Dar cuenta de ello es un compromiso ético. La tan mentada neutralidad del analista funcionaría como resistencia a esa transformación.
“Es también lo que se llama la subjetividad, que se nos echa en cara bajo ese nombre. Pero ¿qué queremos decir con esto sino que el hombre tiene una dignidad mayor que la piedra o la mesa? Pues queremos decir que el hombre empieza por existir, es decir, que empieza por ser algo que se lanza hacia un porvenir, y que es consciente de proyectarse hacia el porvenir.
En un trabajo anterior observamos que la poesía se leía muy poco pero su poder simbólico es tan alto que esa condición no mellaba su importancia esencial. Habiamos argumentado que igual que la enfermedad mental da sentido a la cordura, la poesía sostiene los ideales utópicos de una sociedad. Ambas se mantienen en el borde y en el centro porque fieles a aquella primer alarma de Platon en “La República” , cultura y sensatez se miran siempre en el espejo de poesía y enfermedad.
En la novela Cosmópolisis de Don DeLillo un joven y arrogante millonario norteamericano viaja a través de New York recorriendo desde una punta de la ciudad a la otra para cortarse el pelo.
Como tantos otros términos de uso muy frecuente, el de subjetividad tiene tal amplitud como escasa precisión, tal como lo demuestra una somera revisión a diccionarios en general y especializados de distintas disciplinas en particular.
Las señales que podemos encontrar en la calle del padecimiento subjetivo son numerosas. Lo que denominamos el exceso de realidad produce monstruos en una subjetividad, construida en la fragmentación y vulnerabilidad de las relaciones sociales. Este se manifiesta en diferentes indicadores sociales: violencia urbana, violencia familiar, aumento de la cantidad de suicidios, soledad, indiferencia hacia el prójimo, etc.
El presente tiene que devenir pasado si es que han
de obtenerse de él unos puntos de apoyo para formular
juicios sobre las cosas venideras. Sigmund Freud
Lamento no poder ahorrarle al lector habituado a textos de mayor fluidez la aridez de un conjunto de enunciados cuya única virtud –si la tiene – consiste en ofrecer una guía para un debate posible.
*(Al pie): Este artículo es la versión ampliada y corregida de la intervención en la mesa redonda que, con la coordinación de Mirta Segoviano, se realizó en la Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo. Fue publicado en Topía revista N° 28/ mayo de 2000.
En el final del siglo, lo corporal irrumpe en la ciencia, en el arte, en las disciplinas humanísticas a partir de un acercamiento, de una búsqueda y quizás de un retorno a las ideas de subjetividad, no como obstáculo para la necesidades de objetividad del pensamiento científico, sino como potencial para su desarrollo. Esta subjetividad que emerge empuja la aparición de algunas orientaciones que se están desarrollando en diversas disciplinas y que hacen trepidar marcos teóricos organizados alrededor de pensamientos tradicionales.
Hace ya años el pensamiento de Marcuse definió como "represión sobrante"( o "sobre-represión) los modos con los cuales la cultura coartaba las posibilidades de libertad no sólo como condición del ingreso de un sujeto a la cultura sino como cuota extra, innecesaria y efecto de modos injustos de dominación.
La globalización de la economía y los avances tecnológicos, especialmente los mass-media electrónicos, aproximan universos de toda clase, situados en cualquier punto del planeta, en una variabilidad y en una densificación cada vez mayores. Las subjetividades -independientemente de su morada- tienden a ser pobladas por afectos de esta profusión cambiante de universos; un mestizaje constante de fuerzas delinea cartografías mutables y pone en jaque a sus habituales contornos.
EDITORIAL:Recuperar la vergüenza ética como fuerza de lo colectivo. Enrique Carpintero
DOSSIER: AFIANZAR LA ÉTICA DE LA ALTERIDAD Ramiro Gentile / Daniel Waisbrot / Eugenia Aptecar
Primera mención del Octavo Concurso Topía Ensayo Breve 2024/2025
2023. Marcelo Rodríguez
SEPARATA: POR QUÉ LA IZQUIERDA HOY. Entre la colonización algorítmica y una hibridación que respete la vida. Entrevista a Miguel Benasayag Alejandro Vainer
Columna: Lo puto no quita lo facho: cuando el otro deja de importar. Tom Máscolo
ÁREA CORPORAL: Todo dolor es sufrimiento. David Le Breton
Reflexiones sobre la propuesta de modificación de la Ley de Salud Mental ¿Reforma o gatopardismo? María Laura Lopez Rolandi
TOPÍA EN LA CLÍNICA: EL TRABAJO A DISTANCIA HOY Ricardo Carlino / Luciano Rodríguez Costa
DAR EN EL BLANCO: Hoy estoy que ni me entiendo. Relatos de un psicoanalista. Carlos D. Pérez
NOTA DE LOS EDITORES: La contrarreforma psiquiátrica avanza
Y también:Lucas Méndez / Alejandro Vainer / Tom Máscolo
Carla Delladonna (compiladora), Rocío Uceda (compiladora), Paulina Bais, María Sol Berti, Susana Di Pato, Marta Fernández Boccardo, Romina Gangemi, Maiara García Dalurzo, Bárbara Mariscotti, Agustín Micheletti, María Laura Peretti, Malena Robledo, Georgina Ruso Sierra