Dar en el blanco: Itinerarios de la psicología. Circulación de saberes y prácticas en la Argentina del Siglo XX | Topía

Top Menu

Dar en el blanco: Itinerarios de la psicología. Circulación de saberes y prácticas en la Argentina del Siglo XX

 
Editorial Miño y Dávila, 238 páginas

Este volumen reúne los primeros resultados de un trabajo colectivo orientado a indagar el devenir histórico de la psicología en la Argentina del siglo XX desde el punto de vista de la circulación de saberes, técnicas, personas y materiales. Lejos de proponerse como un marco homogéneo, la riqueza de este enfoque radica en habilitar una serie de perspectivas fructíferas para la indagación y reflexión histórica. Para presentar su especificidad y posibilidades es pertinente considerar el problema de la ausencia de unidad y límites regulares de los saberes “psi” -fórmula con la que aludimos de sucinto modo a las diferentes formas de estudio de lo psíquico: la psicología en sí, la psiquiatría, el psicoanálisis, la psicopedagogía, las neurociencias, entre otros. La constante ampliación, el solapamiento y la transformación de objetos, problemas y ámbitos de acción entre esas diversas especialidades suelen ser abordados por sus practicantes a partir de discusiones sobre criterios de demarcación, disputas por ámbitos de aplicación y búsqueda de ciertas filiaciones disciplinares-. Pero desde el punto de vista histórico de la circulación de saberes, ese creciente entramado de ideas y prácticas resulta de la movilidad inherente de su producción y de los intercambios entre comunidades de autores y profesionales de diversas geografías y tiempos. Por “circulación” no se comprenderá aquí la mera difusión o transmisión de saberes, sino un proceso de encuentros, negociaciones y tensiones dentro de un circuito en el que participan diversas figuras -científicos, intelectuales, editores, docentes, profesionales, etc. (Raj, 2013)-. Se trata de un flujo de recursos que abre la trama disciplinar, y que así permite desarrollos, cruces y resultados no previstos en múltiples direcciones. A partir de allí es posible iluminar cómo y dónde ciertos insumos y problemas fueron puestos a disponibilidad de una comunidad disciplinar particular, y qué tipos de relaciones se establecieron entre diversos productores y usuarios de saberes.

Dados los permanentes cruces entre los saberes “psi” y otras áreas de conocimiento, los procesos y problemas a indagar son complejos. Para dar cuenta de ello los estudios históricos han adoptado marcos crecientemente sofisticados. En la actualidad, la literatura crítica sobre historia de la psicología, de la psiquiatría y del psicoanálisis incluye las tramas sociales, culturales, políticas e institucionales para lograr amplitud y solidez en las indagaciones (ej. Plotkin 2003; Ohayon, 2006; Dagfal, 2009; Chapouis, Pétard&Plás, 2010; Valsiner, 2012; García, Macchioli y Talak, 2014; Vezzetti, 2016). De este modo es posible considerar la intersección de varias dimensiones de los procesos históricos: los espacios de legitimación académica (universidades, publicaciones, congresos, sociedades científicas, etc.); los procesos de lectura, discusión, apropiación y adaptación a situaciones locales de obras de autores y corrientes de pensamiento provenientes de otras geografías y/o períodos históricos; los cruces interdisciplinares motivados por las coyunturas y/o la producción de saberes; los cruces entre las prácticas de investigación y de uso profesional de dichos saberes; las biografías colectivas y las múltiples pertenencias socio-culturales de los actores; así como el impacto a nivel cultural de los discursos “psi”, entre otras. Esta mirada ampliada sobre los factores que intervienen en las fronteras y agendas disciplinares permite reconsiderar los aspectos específicamente epistémicos, típicamente importantes en la historia de la ciencias y la historia intelectual, a la luz de sus vínculos inmediatos y mediatos con una o varias coyunturas. Al mismo tiempo, ello permite sumar diversos temas de estudio que exceden los marcos disciplinares y requieren de herramientas historiográficas específicas. De conjunto, el campo de indagación se enriquece en sus tópicos, en sus categorías analíticas y en sus fuentes documentales, lo que permite desprenderse de visiones celebratorias de individuos o corpus teóricos circunscriptos, así como no subsumir procesos históricos a categorías que, aunque habituales, no siempre son precisas o fértiles, tales como “países”, “escuelas”, “discursos” o “paradigmas”, entre otras.

Es dentro de esa ampliación de tópicos y renovación metodológica en la que busca inscribirse este volumen a partir de incluir el problema de la circulación de saberes. En años recientes, varios han sido los marcos historiográficos que han abordado esta cuestión; entre ellos, la historia transnacional es quizás la que ha ofrecido un marco más específico. Este enfoque propone la reconstrucción de tres tipos de procesos interdependientes: la conformación de instituciones y programas académicos integrados en redes internacionales; la migración de intelectuales y científicos; y las políticas de intercambio de los productos académicos y científicos (Heilbron, Guilhot, Jeanpierre, 2008). En lugar de asumir que la producción de conocimiento depende necesariamente de un solo contexto o de estructuras estatales, el enfoque transnacional pone de relieve el espacio fluido de intercambio de saberes y la autonomía relativa de científicos e intelectuales respecto de las instituciones locales. Queda destacado, por tanto, que la difusión e implantación de saberes no pueden quedar supeditadas a “corrientes”, disciplinas ni fundamentalmente, a los Estados-Nación y sus gobiernos. Esto último constituye el principal aporte de la historia transnacional: el descentramiento de la idea de “nación” como presupuesto organizador del estudio de los saberes. La historia transnacional propone “el estudio de movimientos y fuerzas que trascienden los límites nacionales” (Iriye, 2004, p. 213), esto es, ideas, colectivos o instituciones que se organizan con cierta independencia de las fronteras políticas y de los aparatos de gobierno de los Estados-Nación, en pos de intercambios y transacciones entre comunidades. La transnacionalidad de la ciencia en el siglo XX tuvo diversos soportes: las relaciones de instituciones científicas y académicas; la movilidad de científicos e intelectuales, que permitió la circulación de ideas, modos de trabajo y pautas de sociabilidad; la distribución de productos científicos, como literatura, tecnología, tests, procedimientos metodológicos, técnicas administrativas, entre otros; y las políticas de intercambio científico promovidas por instituciones no científicas ni académicas, lo que incluye a los Estados-Nación pero no se limita a ellos. Los enfoques transnacionales permiten reubicar el papel de lo nacional, tanto en las ideas de los actores a indagar, como en el marco de análisis del historiador.

Temas: 
 
Articulo publicado en
Noviembre / 2017

Boletín Topía

Ediciones recientes

Tapa del libro "Psicoanálisis en la revolución de octubre"
Enrique Carpintero (Compilador), Eduardo Grüner, Alejandro Vainer, Hernán Scorofitz, Juan Carlos Volnovich, Juan Duarte, Lev Vygotski, Alexander Luria