Estado - Proceso - Representación | Topía

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Estado - Proceso - Representación

 
Primera mención del Quinto concurso Internacional de Ensayo Breve 2014-2015, 25 años de la Revista Topía. Área: “Los procesos de subjetivación en la sociedad actual”

Resumen

Estado, proceso y representación son los títulos de las tres partes que componen este texto, podría ser de carácter político, pero no es así.

Estado en su acepción de estabilidad, proceso como conjunto de cambios y representación como delegación, no de un poder que confieren unos hombres a otros, sino de los objetos - [en el más amplio sentido del término]- a los signos y símbolos de los distintos lenguajes para cumplir con su función esencial de comunicar y conocer.

Estas tres palabras intentan elaborar algunos bosquejos en torno a la pregunta:-¿Cuáles son los procesos  de subjetivación en la sociedad actual?-

Palabras previas:

 

La palabra subjetivación no está en el diccionario español y esto ya da cuenta de la novedad que reporta tal asunto.

-¿Quién lleva a cabo este proceso?- La acción de subjetivar es. -¿Hacer un sujeto o hacerse sujeto? Hay innumerables teorías: el sujeto ab-suelto de la Modernidad, el sujetado, el dividido. Nuestro esfuerzo de auto comprensión que reserva un lugar interior para la subjetividad, no es una localización universal.

 

“Sospecho –dice Charles Taylor - que no se puede encontrar una forma general satisfactoria que caracterice la naturaleza fundamental ubicua en un animal auto interpretador”

 

Prólogo

 

Este trabajo procura ser un Ensayo, aunque tiene tanto de vivencia, que por momentos se transforma en una narración, en aquélla clase de narrativa que da sentido a nuestras vidas; tiene que ver con nuestra identidad, con nuestra orientación moral y nuestra concepción del bien, y puede parecer inaudita en una presentación convencional.

Porque de nada vale una experiencia que nos condene al silencio y el criterio de bondad de la propia experiencia es que se deje decir (Manuel Cruz: “El filosofar hoy”; 2.003)

Creemos que el fundamento filosófico es indispensable, pensamos en lo que llamamos -o mejor llamábamos- el castellano[1] y más aún en lo que llamábamos el castellano en la Argentina.

A pesar de eso elegimos apoyarnos en una base: “Las fuentes del yo”, obra escrita por Charles Taylor –filósofo canadiense-, porque su autor vive en esta época, se rebela contra los mismos antagonismos que nos han afectado y decididamente sitúa la reflexión de lo que significa ser un yo, un agente, una persona hoy, al comenzar el siglo XXI.

Investiga la construcción de la identidad moderna, apartándose de la línea predominante en las ciencias sociales, porque el yo no se describe sino con referencia a quienes lo rodean; sólo existe en un cierto lenguaje y en parte es constituido por él. No puede nunca, convertirse en un objeto de estudio.

Por último es la Literatura, con sus escritores, que nos provee de imágenes, que valen más que mil palabras, para acercarnos a la verdad del sujeto.

 

Consideraciones epistemológicas

 

La ciencia occidental, desde su origen en Grecia (siglo V antes de Cristo), procuró generar teorías, esto es, visión de las cosas (res, en latín), entes u objetos

Tuvieron que pasar 20 siglos para que se dudara de las cosas y se afirmara sólo la idea que teníamos de ellas.

Cientos de años más para que sacáramos las evidencias por considerarlas ideológicas y cayendo en una ideología contraria, la ciencia se convirtiera en un trabajo de producción de conceptos.

Pero todavía faltaba algo más, los conceptos, como abstracciones de las cualidades esenciales de las cosas u objetos, solo existen en el lenguaje. Pensamos porque hablamos -dicen los filósofos-.

Es así que la Lógica (teoría de la Razón), cede un primer lugar a la Gramática y ésta a los actos del habla. La comunicación es acción.

Entonces la investigación científica en muchos casos se identifica con el análisis del discurso: es decir, la comunicación humana, acotada a un contexto.

Hasta ese momento la ciencia se las tenía que ver con cosas; por más dudas que tuviera acerca de ellas, en muchos casos eran tangibles, o por lo menos se las consideraba reales; estaban allí aunque su ser dependiera de una idea o un nombre puesto por nosotros, pero el patrón de esta percepción cambió a partir de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación: la aparición de la imagen virtual representa una inversión de todo lo aprendido hasta ahora.

En ese proceso que llega hasta hoy, a 14 años de comenzar el siglo XXI, retomar la idea de Pedagogía como ciencia de la educación, puede resultar anticuado, aunque creemos que reflotarla puede ser un acierto.

Es cierto que esta ciencia que, como tal, tiene un objeto, aquello que estudia, nació por razones históricas. Fue a comienzos del siglo XIX, entre otras causas, por el descubrimiento de la infancia. Y la dirección de la Pedagogía Social, un tiempo más tarde también, porque obedece a la necesidad de pensar las Instituciones que tienen que ver con ella. La familia, la Escuela, el Estado, etc.

 

Primera parte: el principio

Estado

 

Nos hemos ocupado en los últimos años de averiguar cómo se construye ciudadanía en nuestro país, -la República Argentina-, particularmente en el Ciclo Secundario, de nuestra educación.

Una corta historia la de nuestro Estado – Nación que abarca los siglos XIX y XX, que nace en un momento en que se refuerza el sistema interestatal moderno y toma sus fundamentos de la ilustración.

Emparentado con la historia de Occidente de 2500 años por vía de España[2] y por el aporte europeo de la gran inmigración, conforma su cultura política y educativa, en la que, el Colegio Nacional emerge como una de las principales instituciones; clave para la formación del ciudadano

Como un signo de los tiempos en el siglo XXI, se confirma su total desaparición.

Es así como actualizamos el interés que pusimos en averiguar cómo se forma hoy la ciudadanía y nos preguntamos si esto tiene que ver con los procesos de subjetivación. Además, por qué esta palabra no se cuenta entre los vocablos en castellano de los diccionarios en uso y sí su tratamiento es materia exclusiva de los psicólogos.

Apostar a la educación como proceso de desarrollo individual para llegar a la formación de la personalidad, supone encontrar un anclaje en medio de la incertidumbre que provoca la gran transformación cultural

No es la primera en la historia de occidente, en que cada doscientos o trescientos años vuelve a conmocionarse con los cambios, En esta oportunidad, medio siglo de una sociedad transformándose a sí misma, esta vez a escala global, pone a prueba a quienes pueden elaborar un esquema para interpretarlo. Es que la educación puede proporcionar a cada individuo la posibilidad de participar en la vida social, siendo cada vez más él mismo[3].

 

Esta mirada sobre la educación, propia de la Pedagogía Social, plantea una problemática específica, elabora un modelo que, al poner el acento sobre lo social, paradójicamente reconoce en cada sujeto un orden propio, una realidad única, un residuo misterioso, un punto opaco, que es precisamente el límite que se le presenta al educador: el límite subjetivo de la educación.

La Pedagogía Social surge como una corriente de la Pedagogía General, formulada por Herbart en 1819. Casi cien años más tarde, en 1898, un tratado con este nombre enuncia la problemática, pertenece a Natorp y se inscribe en el idealismo neo –kantiano.

 

La encrucijada que describe la educación argentina a fines del siglo XIX, ofrece el predominio del pensamiento liberal, aunque hay también una corriente nacionalista, los comienzos del socialismo y las muestras iniciales del protagonismo de la mujer.

Ese momento contó con un tratado de Pedagogía Social.[4] Un tiempo más tarde el Profesor Lorenzo Luzuriaga[5] lo sistematiza entre nosotros y se irradia desde la Universidad de Tucumán.

Las vinculaciones entre el individuo y la sociedad y sus implicancias educativas pusieron el acento en: la familia, las clases sociales, las generaciones, la masa, etc.

Con esta misma intención Violeta Núñez, elabora un cuaderno de bitácora para describir metafóricamente un viaje; utiliza y propone cartas de navegación para transitar en el siglo XXI.[6]

La especificidad de la mirada pedagógica difiere en parte de la Sociología de la Educación que analiza los mismos temas y, realiza también un importante aporte, pero el enfoque pedagógico no admite el exceso de ninguna ciencia que en su auxilio venga a desvirtuar su objeto que es la educación del hombre.

 

El sujeto de la educación que, en vez de llamarlo “educando” -una verdadera abstracción- o denominarlo “usuario” o “consumidor”, preferimos reconocerlo como un actor social, que interviene en el proceso de transmisión y recreación cultural entre las generaciones.

Ligada originariamente a la sociología desde los comienzos de esta ciencia a fines del siglo XIX, la educación servía a la sociedad, a su funcionamiento y conservación.

La sociología crítica cuestiona esta concepción llamándola burguesa, e inaugura una interpretación más ajustada al momento histórico que reconoce el conflicto, la división en clases sociales y la diferencia entre países ricos y pobres. En principio se denominaron desarrollados (industrializados) y subdesarrollados o de economía primaria, respectivamente. Entre estos últimos, también llamados dependientes, estuvo y está la Argentina.

Estas divisiones no impiden que la sociedad funcione como un todo y las relaciones que se establecen en su interior se fundan en la producción y reproducción de la vida social, en que algunos grupos se imponen alternadamente a otros.

 

Nuestro intento de vincular la sociedad y la educación a través de problemáticas muy generales, pudo quedar encerrado en el concepto de ciudadanía, un concepto más político que social.

Enumerar toda la serie de realizaciones teóricas y prácticas que contribuyeron a gestar nuestra ciudadanía nacional en el siglo XIX, parece un imposible; solo algunos hitos y a partir del primero de ellos: la Revolución de Mayo, se desata una historia que siempre es actual porque la estamos refiriendo ahora.

El imperativo que nos trazamos es, dar cuenta de las imágenes fugaces que acompañan recuerdos y datos; de la inevitable subjetividad de la mirada y del propósito firme de no caer en la prepotencia de situarlo tan fuertemente en nuestro “aquí y ahora”, porque eso dura muy poco.

Si algo caracteriza nuestra posición es que comprendemos la precariedad de un molde para contener el flujo de los cambios. En unos escasos minutos los hechos ya son historia y “el tiempo real” en el que se interconecta el planeta amenaza con sobrepasarnos; además el ritmo vertiginoso que significaría una buena interpretación no encuentra una conjugación verbal, por lo menos en el idioma castellano.

 

En nuestro país coinciden la organización nacional que produjo el Estado y el establecimiento del Sistema Público de Educación. Un proceso que se desarrolló desde 1853 a 1900 y que se consolidó en los siguientes 50 años.

Las Instituciones Educativas juegan un papel importante en la construcción social e histórica de las identidades; particularmente el Colegio Nacional, ya citado, creado por Mitre en Buenos Aires en 1863, que se replicó casi de inmediato en casi una docena de capitales de Provincia.

El primero de todos el Colegio fundado por Urquiza en Concepción del Uruguay en 1849, nacionalizado posteriormente en la etapa de la Confederación (1853- 1860).Y muy poco después la Escuela Normal de Paraná, fundada por Sarmiento en 1871, que concreta el proyecto de la enseñanza primaria, aseguran la base educacional que encuentra su régimen definitivo en la Ley 1420 de 1884.[7]

 

Entre nosotros también ocurrió que ante todo estaba la fidelidad al Estado y la pertenencia a los grupos como algo secundario, (Hassoun, Jacques: 1996)

Esto se tramitó desde la Constitución Nacional, a partir de 1853, y con la creciente construcción del Sistema Educativo, a través de la identidad del ciudadano.

Un camino incuestionable que trazó la elite dirigente sobre la base del lema “orden y progreso”, trazó una línea destinada a reducir muchos otros aspectos diversos que generaban caos. Se ve claramente dibujada en páginas de nuestra historia.

Porteños y provincianos retratados por Miguel Cané de sus años de estudiante en “Juvenilia” de 1884, veinte años después de haber cursado el Nacional.

Unitarios y Federales. La descripción sociológica que hace Sarmiento en “Facundo”. La dolorosa decepción de un José Hernández ante el triunfo hegemónico de Buenos Aires, frustración en medio de la que gesta su inmensa obra literaria.

Creemos que el sujeto se forma en los márgenes de estos recuadros. Los recuadros los hacen los historiadores, los sociólogos, mientras que la vida se hace en el espacio de la vida corriente.

 

De ahí la importancia de considerar el tema de las generaciones, en la formación del sujeto. Y el gran interrogante que se plantea es: ¿cómo se están comportando ahora?

La apropiación o la determinación, asimismo otros fenómenos señalados para expresar la tarea del traspaso cultural de una fuerza dominante, que se opera en la educación de un individuo, quedan desestimados por los cambios tecnológicos.

Cuando se invierte la influencia y el que enseña es el más joven, queda en cuestión el fenómeno de la “apropiación”, concepto que se atribuye a Agnes Heller, (discípula de Lukacs).

Los adultos mayores, eufemismo con el que se designa a los viejos, apenas pueden seguir insertados, no sólo quedan desprovistos de los recursos para “enseñar el mundo a los niños” (Hanna Arendt), sino de la autoridad necesaria para hacerlo.

 

El hecho de pensar la subjetividad desde la Pedagogía social, inclina a pensar una educación en valores, a efectivizarse en los vínculos, y a privilegiar la formación de la personalidad.

Por eso centraríamos este enfoque en los ciclos primario y secundario de la educación formal, pues allí quedaría completado el proceso de desarrollo.

Aunque mucho se hable de la prolongación de la adolescencia o de la inmadurez del adulto y aunque es cierto que esto sucede; el sujeto del aprendizaje -(sea el descrito por Piaget o por el Psicoanálisis)- quedaría construido en estos años.

En la Nación Argentina se impusieron desde las Políticas Educativas, distintos Modelos Pedagógicos.

A fines del siglo XX se había alcanzado en nuestro país el nivel de un Modelo crítico, ampliamente compartido que, como tal, habilita para saber lo que se piensa, se hace y se dice; y aunque no del todo, también lo que se calla. Pero fundamentalmente por qué pensamos, hacemos o decimos algo en Pedagogía.

Sin embargo, el cambio de época nos ha sumido en la apatía y en un silencio cómplice de una fuerza de destrucción devastadora que, a la manera de un tsunami, arrolló todo lo que teníamos. Sin poner en su lugar, no sólo algo estable en materia de Instituciones: ciudadanía, familia, escuela, generaciones, sino una realidad lábil y cambiante, que no deja en pie ninguno de los roles sociales tradicionales.[8]

Por su parte, la penetración del mundo electrónico en la vida social; la interactividad, -que no es interacción entre pares o seres humanos-, sino un diálogo entre el hombre y la máquina, han llevado a cuestionar la noción de masificación advirtiendo, en cambio, un proceso contrario y a presumir para el sujeto una mayor libertad.

 

Segunda parte: el medio

Proceso

 

¿Tal vez por eso lo que hasta hace unos pocos años denominábamos la constitución del sujeto, se llamaría hoy subjetivación?

Puede ser así. En un momento en que el conocimiento deja de ser estable para convertirse en un proceso; la acción le gana al nombre y la intuición a la razón.

No obstante, entendemos que constituirse sujeto (estado) no es incompatible con la subjetivización (proceso) que puede prolongarse toda la vida; de hecho la educación siempre se caracterizó como un proceso tan largo como la vida misma.

 

El sujeto está en los esfuerzos educativos tanto escolares como extraescolares y, a la vez, no está, presencia y ausencia que convoca a las transformaciones.

De hecho la escuela basada en su forma tradicional en la escritura, ya no puede ignorar los cambios que condicionan la educación; técnicas alternativas propias del desarrollo de la tecnología, y nuevos lenguajes que condicionan las posibilidades del conocimiento y de la comunicación.

 

Hemos sido ciudadanos de un Estado joven que se declaró Nación y que procuró incorporar a todos en la forma de gobierno, representativa, republicana y federal; sin embargo, los distintos modos de nombrarnos hablan a las claras de una desintegración.[9]

Mientras que “ciudadano” es un término inclusivo, una ficción legal, un bien jurídico que nos iguala, hay otras palabras que van tomando cuerpo no solo legal sino sustantivo entre nosotros. Por ejemplo, “usuario”. También “vecino” o “consumidor”.

Por eso quisimos descubrir el significado que la ciudadanía tiene en los protagonistas del ciclo secundario de la educación: profesores y alumnos.

Con datos tomados de la vida cotidiana y expresados por el lenguaje común; tal vez no como categoría crítica -que procura desocultar la naturalización de las experiencias compartidas-, sino como un instrumento básico para la comprensión de nuestras realidades sociales.[10]

Para Charles Taylor la afirmación de la vida corriente es un eje potente en la explicación de las identidades modernas, aplicado tanto por la política burguesa como por las revoluciones de orden marxista.

No significa la diferencia entre la vida común y otra vida superior (guerrera, política, contemplativa), sino la diferencia entre la vida sin más y cierta forma deseable de vivirla: conciente en vez de alienada, libre en vez de esclava, superior y admirable en vez de irracional e indolente (Taylor: 1996).

Herederos de la escuela moderna y a la vez con la necesidad de “ser capaces de nombrar los nuevos actores y los nuevos conflictos, las representaciones del yo y de las colectividades” (Touraine 2006), reconocemos que el contrato que nace en términos mercantiles, que está en la base de la organización moderna, se usa para cuestiones sociales y sólo se hace entre iguales, esto es entre personas, entre individuos responsables.

La libertad y el respeto por el otro, sólo se consiguen en el reconocimiento recíproco. Entonces la madurez, ¿cómo se alcanza?, ¿cómo se llega a ser adulto?

 

En el último curso del Bachillerato, del último año que fue Colegio Nacional [aunque ya había sido transferido a las Provincias], las expresiones de los alumnos y profesores -que datan de 2004- son más que reveladoras de una crisis profunda en la concepción de ciudadanía, como proveedora de identidad social.[11]

Son el testimonio del final de un proyecto político. La agonía de un tipo de Estado y con él también de una forma de sociedad y de una nueva subjetividad en ciernes.

Aunque la noción de ciudadanía tiene que ver con el ejercicio de derechos individuales, civiles y políticos, también económico-sociales, culturales (raza, género), la connotación política apareció como dominante y sobre todo el prejuicio ideológico que encierra.

- Ciudadanía me suena a Blumberg-[12] dice disgustado el Profesor de Instrucción Cívica en el curso de 5º año frente a sus alumnos, mientras enseña los artículos de la Constitución.

Lo que queda claro, pero no del todo conciente es que la identidad social que se les ofrece a las personas en nombre de un Estado tecno-burocrático va cediendo su preeminencia al mercado, y que todos los discursos son reveladores de este hecho.

Más que otra cosa somos “clientes” y la revolución tecnológica lo va confirmando.

Más que un documento cívico, la tarjeta plástica electrónica que revela nuestra identidad y que registra todos nuestros actos, es la que archiva los ingresos y egresos de nuestra cuenta bancaria.

Quienes no la poseen, Ellos son los verdaderos excluidos de este sistema. Los verdaderos parias de la sociedad actual.

 

En el marco de la Pedagogía Social se trata de retomar el verdadero sentido de la educación, emanado de su significado etimológico es tanto criar, alimentar, adquirir y, por lo tanto, transmitir, como desarrollar promover o sacar a luz capacidades latentes del sujeto.

Se trata de recuperar las funciones educadoras de la escuela, de la familia, del Estado y acotarlas al período en que esto es posible y necesario. No va más allá de los l8 años.

Habíamos dicho que en la República Argentina transitamos distintos modelos pedagógicos, cada uno de los cuales proporcionó una función social a la Escuela.

El Modelo Tradicional claramente se organizó para formar la ciudadanía, la Escuela Espiritualista (como una reacción al positivismo imperante) se propuso promover valores (las “formas de vida” de Spranger), la Escuela Nueva, en sus distintas versiones metodológicas se forjó -utópicamente- para vincular la Escuela con la experiencia, la actividad, la libertad y la vida. La Tecnología educativa le dio a la Escuela la responsabilidad de insertarse en el mundo del trabajo y apoyándose en una psicología conductista, la convirtió en poco más que un centro de reflejos condicionados.

Hay pruebas de todo esto. Los documentos oficiales que gestaron cada uno de estos espacios, las publicaciones, los Planes Institucionales y los Planes de Asignatura y no sucede sólo en nuestro país.

Lo mismo que las leyes de Educación que son contemporáneas en el siglo XIX, en el siglo pasado -100 años después- se produjeron las Reformas (que incluían un diseño completo del sistema Educativo) y cuya procedencia efectiva, eran los fundamentos y recomendaciones técnicas emanados de los Organismos Internacionales.

Es innecesario decir que en el enfoque técnico que rediseñaba la educación sistemática de los países inscriptos en ese intercambio había una necesidad económica explícitamente manifiesta y a la vez un fundamento político menos claro.

El modelo crítico que a fines del siglo se había consensuado entre los miembros de la comunidad educativa está insidiosamente perturbado, en los casi quince años que tiene el nuevo milenio, por un espíritu dogmático, al menos entre nosotros los argentinos.[13]

Por eso el concepto de transmisión, que bien podría considerarse uno de los procesos de subjetivación, ya sea por su presencia o su ausencia en la vida contemporánea, requiere una especial atención.

El modo como una generación les cuenta las cosas a la otra o una familia a sus hijos, es incluirlos en la historia y darles la posibilidad de que se constituyan sujetos, que tengan recursos para ser “ellos mismos”.

Justamente para la Pedagogía Social la educación ha de proporcionar maneras sociales de hacer con lo que cada sujeto elige. Es trabajar responsablemente para que pueda adquirir los saberes de la cultura. Generar espacios educativos para que pueda encontrar su forma de filiación.

El concepto de transmisión también implica qué transmitir.[14]

El concepto de cultura es muy amplio y la transmisión del saber hasta convertirlo en saberes desafía la Escuela, sin embargo, hay movimientos contraculturales que, para resumirlo en términos muy sintéticos, se oponen al desarrollo civilizatorio.

O bien con el pretexto de que este no es lineal (que es cierto; no lo es), que tiene altas y bajas, avances y retrocesos, (lo sabemos muy bien); esto alcanza al ámbito pedagógico.

En un Ensayo del año 1987 Jorge Eduardo Bosch considera que, además de los desmanes violentos, hay un peligro que la contracultura y su culminación la contrapedagogía “…se infiltren en los trabajos y los días de los más angélicos demócratas.” luego de descartar el peligro mayor que representan las obras nefastas de los gobiernos totalitarios.

Repasa cuanto tenía que saber de Física un estudiante a fines del siglo XIX y todos los progresos que enumera, se producen después dentro del mismo marco conceptual, lo que no obliga al alumno a producir cambios cualitativos (esto es un cambio en la naturaleza de su respuesta, una nueva estructura cognitiva en el sujeto).

Aunque no podemos ejemplificar con la física, sí podemos hacerlo con otras ciencias humanas, que también han avanzado cuantitativa y cualitativamente y ningún capítulo se puede omitir porque corremos el riesgo de crear baches insalvables.

Creemos que hay que preparar a los estudiantes secundarios para no ignorar la historia de cada ciencia o tecnología que en el futuro inmediato podrían ser su elección profesional.

Con cualquier contenido científico el segmento que se transmite tiene que encontrar sustento y sentido: en el espacio mayor de su evolución histórica; en lo que el sujeto puede realmente comprender; y por consiguiente aplicarlo al trabajo que elija hacer.

Lo que queda claro es que si tiene ambiciones para su vida laboral tendrá que estudiar y capacitarse mucho más que antes. Y esto no condice con muchas recomendaciones, lineamientos, medidas gubernamentales y aún costumbres sociales que, entre nosotros, “banalizan” la acción pedagógica de la transmisión.

 

Tercera parte: el final

Representación

 

De modo que, de lo que se trata, es de enfrentar una crisis. La de aquella entidad política que generó nuestra vida en la Argentina: el Estado, como la forma institucional político jurídica de organización nacional.

Pero también del estado como estabilidad. Otra acepción de la palabra, para luego aceptar que el ritmo dinámico de los procesos del cambio se ha acelerado hasta el límite de la ruptura.

El complejo fenómeno de transformación cultural puede visualizarse en el gran salto cualitativo que significó la creación del ordenador electrónico, primero y nuestra computadora personal, después.

Aunque esto se comienza a desarrollar desde la década del sesenta, la aceleración y la complejidad de los diferentes dispositivos electrónicos, con distintos tamaños y manejo táctil ha tomado en este tiempo presente un lugar preponderante, llenando la vida de pantallas y sumiendo a las personas en un permanente diálogo con ellos.

 

Supone -según los expertos- en su origen, el paso del soporte analógico al digital para todos los medios de comunicación. De ahí a la convergencia en red y la red de redes que es Internet y que ha cambiado nuestra vida, nuestra percepción del tiempo y del espacio.

En este panorama, aquéllas instituciones con la que vinculábamos la educación han modificado sus pautas y aún el modo como se comunican las personas, las funciones de representación de los distintos lenguajes originan nuevos modos de acceso al saber. La enorme pantalla de los livings de familias acomodadas y la pantallita brillante del teléfono celular en cada mano, contrasta con la Escuela que no incorpora estos elementos.

A veces en Escuelas Privadas de alto costo, en el momento de una fiesta, aparece el video de fondo del salón de clases, pero de ningún modo la interacción con la tecnología ocupa un lugar educativo.

Los niños van a la Escuela provistos de competencias y lenguajes que allí no utilizan.

 

Asimismo el conocimiento científico que tal vez sea el factor que, en la modernidad, significó una forma de abordar el mundo. No la mejor forma, sino la que triunfó sobre todas las demás y que de este modo también puso en evidencia la incidencia de las prácticas sociales en la creación de nuevos dominios de conocimiento.

Nuevos objetos, pero también nuevos sujetos son producidos a partir de los innumerables poderes que se pusieron en juego y que con sus discursos constituyeron una nueva subjetividad.

A muy poco de este “progreso” moderno (cuyos saldos positivos y negativos no vamos a consignar acá) ya no podemos hablar de conocimiento como un fenómeno que se produce en la relación entre un sujeto y un objeto.

 

Particularmente en el aspecto que implica la representación. Hasta hace poco tiempo toda la epistemología (que es el estudio filosófico del conocimiento científico) se basaba en la representación de la conciencia.

Hoy la representación la tienen los distintos lenguajes, por eso la Semiótica es una Asignatura introductoria en las carreras de grado universitario.

El conocimiento se traslada a ese campo en que es muy importante diferenciar las prácticas sociales de las prácticas profesionales, entre las que están las educativas.

Las funciones de representación que ejercen los lenguajes tienen dos vertientes:

·                           reproducir los objetos de la “realidad”

·                           desarrollar el lenguaje dentro de su ámbito propio, lo que se ha llamado desde antiguo su función poética.

 

Considerar en el proceso de subjetivación la incidencia de los medios tecnológicos es reconocer que hay un nuevo lenguaje derivado de la tecnología. O mejor aún nuevos lenguajes.

 

Quisiéramos hablar del modo como el sujeto resiste estos cambios o los atraviesa; las dificultades que le provocan las faltas de marcos referenciales para su identificación buscando formas primitivas de hacerlo. Los adornos que presentan originalidades, el cuerpo como escenario y a veces como espectáculo para decir: este soy yo.

Está en juego el valor que otorga la sociedad a la vida de las personas y cómo algunas de ellas no pueden sustraerse a esa perspectiva que las convierte en cosas. Auténticas mercancías con mayor o menor valor de intercambio.[15]

Su problema no es personal sino social y a veces por medio de la alimentación, que es una función natural de la vida un individuo se opone a la vida misma. Manifiesta su imposibilidad de asimilar la realidad que se le impone con conductas suicidas.

La tramitación del desarrollo de la sexualidad, en cuyo abordaje se mueve una ciencia como es la Psicología, es un terreno en el que no podemos y no queremos entrar. Lo que sí podemos advertir es que el género se ha diversificado hasta alcanzar matices impensables hasta hace muy pocos años.

Masculino, femenino y singular, podrían ser las formas que refieren la condición sexual.

Ocurre que las singularidades han proliferado y algunas buscan imponerse para encontrar su lugar social.

El concepto de corpo subjetividad acuñado por el Prof. Enrique Carpintero puede dar cuenta de este proceso cuya especificidad escapa a nuestro modo de mirar las cosas.

Sólo vemos los SOS, los pedidos de auxilio. ¿Lo son? A veces esos cuerpos esculpidos, tallados, tuneados[16] se nos presentan como verdaderos mensajes. Se nos aparecen como las botellas que tiran los náufragos al mar conteniendo un llamado: ¿para quién? Para el que quiera encontrarlo.

Tal vez todo un capítulo de la semiótica tendría que estar dedicado a estudiar el significado de estos gestos. Tal vez ya constituyan un lenguaje y solo faltaría codificarlo. Tal vez ya exista el código y no lo podemos descifrar.

Como todos sabemos en virtud de las experiencias que transitamos, las interpretaciones dogmáticas desaparecen ante la presencia de la diversidad.

 

Conclusiones

 

Nuestra vida cotidiana se desenvuelve en medio de realidades tangibles que nos rodean, además de un conjunto de pantallas cuyo soporte electrónico digitalizado reproduce imágenes reales, virtuales y artificiales.

En este medio saturado de redes se verifican las operaciones que básicamente consisten en informar y archivar información. El nuevo ecosistema informático que ha prosperado vertiginosamente en los últimos quince años no permite todavía medir las consecuencias de la interconexión.

Más que una comunicación inter subjetiva es contacto con la máquina para no quedar afuera de la sociedad.

Situación que creemos le está pasando a la Escuela en general. Aunque tiene su salita de computación, como antes la de mecanografía, no puede protagonizar el cambio cultural, no parece que lo esté intentando siquiera.

También la pantalla prolonga más allá de nuestra mirada una nueva realidad llamada virtual, porque se crea a través de la computadora. A través del mismo instrumento digital se producen simulaciones, objetos nuevos.

La estancia más segura de la constitución del sujeto cedió el paso al comenzar este siglo a procesos inseguros y críticos que para cada individuo significan difíciles obstáculos en la búsqueda de una identidad.

Retomar la pedagogía como ciencia y la Pedagogía Social como dirección puede ser una oportunidad para oponer a las brechas [las hay de todo tipo y dimensión], la igualdad de oportunidades.

Después de todo, el cambio lo tramita cada grupo humano y el desafío es mantener su sello cultural; el que le es propio a cada sociedad.

 

Con encuentros y desencuentros con la violencia inicial [y no pocas veces retomada] hace doscientos años que somos argentinos y aunque el marco ético político es insoslayable para llevar adelante un proyecto, nos enfocamos aquí en la constitución del sujeto, la evidencia que ese estado dejó paso a un proceso de subjetivación, y la posibilidad de encontrar en la representación, como función esencial de los lenguajes, una mayor comprensión de lo que nos está pasando.

 

25 de septiembre de 2014

 

Bibliografía

 

Amis, Martín (2006) “Dinero” (Novela) Anagrama Barcelona

 

Baricco, Alejandro (2007) “City” (Novela) Anagrama Barcelona

 

Bertoni, Liliana (2001) “Patriotas, Cosmopolitas y Nacionalistas. La construcción de la nacionalidad argentina a fines del siglo XIX” F C E Bs. As.

 

Bosch, Eduardo (1987) Cultura y Contracultura Ensayo.- Edición La Nación Bs. As.

 

Cané, Miguel (1967) Juvenilia CEAL Bs. As.

 

Carpintero, Enrique “El costo de integrarnos. Los procesos actuales de subjetivación”, Revista Topía N° 66, Noviembre 2012

 

Corbiere, Emilio (1999) “Mamá me mima, Evita me ama” La educación argentina en la encrucijada” Editorial Sudamericana Bs. As.

 

Cruz, Manuel (2003) “Hay que salir de aquí. La filosofía ante una realidad diferente” en “El filosofar hoy” Editorial Biblos Buenos Aires

 

Dickens, Charles (1949) “Las aventuras de Nicolas Nickleby” en Obras Completas Vol. II RUC

 

Hassoun, Jaques (1994) “Los Contrabandistas de la memoria” Ediciones de la Flor- Buenos Aires

 

Herbart, J. F. (1945) “Tratado de Pedagogía General” s/d

Luzuriaga, Lorenzo (1966) “Pedagogía Social y Política” Editorial Losada Buenos Aires

 

Nuñez, Violeta (1999) “Pedagogía Social” Cartas para navegar en el nuevo milenio Santillana Bs. As.

 

Piaget, Jean (1962) “El desarrollo infantil según la psicología genética” en Arminda Aberastury Paidós Bs. As.

 

Taylor, Charles (1996) “Las Fuentes del yo. La construcción de la identidad moderna” Paidós Bs. As.

 

Touraine, Alain (2006) “Un nuevo paradigma para comprender el mundo de hoy”, Paidós , Colección Estado y Sociedad Nº 135 Buenos Aires.

 

Post scriptum

 

Todas estas frases nominales, como “nuestro tiempo”, “la filosofía actual” “la educación hoy” que solo adquieren sentido en un contexto, parecerían expresar la pretensión de capturar el tiempo.

Lo que es comprensible, humano.

 

Notas

 

[1] Hoy diríamos - “español”-, porque el uso de las lenguas en el contexto global así lo exige. Asimismo lo impulsa una construcción de poder geo-político-cultural, llevada a cabo desde 1977 en la península Ibérica, luego de la muerte de Franco.

[2] El cambio de su imagen de metrópoli dominadora y tiránica para pasar a ser madre patria en 1898 cuando pierde su Imperio Colonial, se debe a los esfuerzos de quienes como Lucio V López, -entre otros- buscaron volver al pasado para encontrar los rasgos originales (Bertoni, Liliana: “Patriotas, Cosmopolitas y Nacionalistas” FCE Bs. As. 2001)

[3] Las prácticas de sí –concepto acuñado por Michel Foucault-, son aquéllas que tienen a uno mismo como sujeto y como objeto. Auto construcción del sujeto, según el contexto y el momento histórico, “los individuos activamente se crean a sí mismos”

[4] Raquel Camaña “Pedagogía Social” (1916) en Corbiere, Emilio J. “Mamá me mima, Evita me ama” (1.999) Editorial Sudamericana Buenos Aires

[5] Luzuriaga Lorenzo: “Pedagogía Social y Política” (1965) Editorial Losada Buenos Aires

[6] Núñez, Violeta (1999) Pedagogía Social: “Cartas para navegar en el nuevo Milenio” Santillana Argentina

[7] Tendríamos que considerar la importancia del tiempo que le llevó a nuestro pueblo construir su sistema público de educación. No fue de un día para otro. Aunque la destrucción se hace más rápido. Lo mismo sucedió en otros países. En el siglo XIX las Escuelas elementales eran pocas y algunas muy malas. Se confundían con orfanatos y asilos. [no tendríamos que sorprendernos, hoy se confunden con guarderías].

El Señor Squeers -dibujado con la pluma de Charles Dickens- es un maestro cruel y avaro que maltrata a los niños. En su tercera novela: “Las aventuras de Nicolás Nickleby”, este escritor inglés satirizaba las Escuelas de Yorkshire de esa época y sugería que algunos individuos incompetentes para otros oficios, tenían como último recurso hacerse maestros.

[8] La ley Nº 346 de ciudadanía de fecha 1º de octubre de 1869, basada en un texto sustancialmente idéntico al redactado por el Congreso de la Confederación, ha sido varias veces modificada.

[9] Nuestra noción de ciudadanía se derrumba en la City (novela) de Alejandro Baricco. Se desmorona ante ella como si ese texto fuera un vendaval que baja barreras y entonces permite surgir “eso” que está reprimido. La ciudad de él es cualquiera de este mundo y este tiempo, sobre todo el tiempo interior, ese que reconocemos en nuestros interrogantes y en nuestra impotencia de razonar, aquélla capacidad que tenemos todos en común. Sus habitantes no forman parte de nada que constituya una sociedad. Son fragmentos sobrevivientes en medio de la soledad. La principal destrucción es el significado que tiene “el vivir juntos” y el saber “quien soy”. Ya no el profundo significado filosófico que apela a resolver las preguntas sobre la condición humana. Mucho más pedestre se trata de la identidad cultural: -¿Quién soy aquí y ahora?- Todos los esfuerzos mencionados antes, se parecen a los de su Profesor Mondrian Kilroy, -uno de sus personajes-, que escribe un interminable tratado sobre “La Honestidad Intelectual”

[10] La investigación educativa también tendría que adecuar - a sólo diez años de lo relatado más arriba-, las formas metodológicas y sus nociones básicas. Entender que los cambios han afectado esas realidades al extremo de tener otros nombres para mencionarlas. Por ejemplo, antes de hablar de clase social, tendríamos que hablar de circuitos económico- sociales, que vale para las Instituciones Educativas tanto públicas como privadas, para las familias, como también para los individuos, aún dentro de los mismos grupos familiares. En definitiva habría que revisar el diseño mismo de los proyectos de investigación educativa, en lo que respecta a sus fundamentos, metodología y campo de observación, ya que los problemas dependen de su contextualización social: de la macro y micro organización de la gestión institucional, tanto como del propio “usuario” protagonista, aunque nos cueste usar esa palabra, que advertimos se está difundiendo en todos los ámbitos.

[11] “Cómo se hace para que la percepción de ciudadanía sea compartida entre mi vecino y yo”, dice Julia, psicóloga, en el seno de un Taller Literario. “¿Cómo se hace para que sujetos provenientes de lugares diferentes logren identificarse en algunos puntos? ¿Cómo hacemos para que en algunos puntos estén en un mismo lugar? Como ciudadanos pagamos los impuestos y otros no respetan”, agrega. Quiere consignar casos concretos de ciudadanía en su localidad. Pensémoslo, una holandesa que aprendió castellano y se adaptó a vivir acá [no sabemos si se refiere a ella o a su mamá]. Julia también entiende el significado de ciudadano como antónimo de refugiado. Pero hoy –dice- el refugiado no lo es de este país o de aquélla cultura, va más lejos y lo consigna como un refugiado de la raza  humana. Que no se siente ser humano. Que ha sido expulsado de la condición humana. Que no sabe si pertenece al género humano. Si a un adolescente le preguntás -¿Qué eres?- -¿Varón o mujer?- Si se identifica como femenino o identifica género es una suerte. -Soy estudiante o soy ladrón son especificaciones impensables en los grupos que transitan por la peatonal un viernes a la noche, multitudinariamente. Si les preguntás nacionalidad, tal vez lo dicen, pero no conocen las reglas. No entienden la naturaleza de la convivencia. Falla la educación. Las madres y las docentes no son creíbles. Falta confianza y no surge la identificación. Hemos perdido el sentido de la pertenencia a la raza humana.

La solución: educar. Reglas claras.- dice Julia- para terminar. Fecha: 7 febrero de 2.009.

[12] Para quienes vivimos en la Argentina esta referencia es clara. Se trata de un señor que luego del secuestro y asesinato de su hijo Axel en manos de la delincuencia, cobró notoriedad política. Y cuyo discurso se asocia con una posición identificada como conservadora o de derecha.

[13] Dos Leyes Nacionales de Educación (una en 1993 y otra en 2006) no consiguen devolver el prestigio que estas políticas tuvieran en otros años. Las palabras se acotan en un significado que nadie discute y hay organismos oficiales con nombres muy significativos. Una lógica que constituye en unívocos a muchos términos y una pragmática (es decir, un uso del discurso) que implícitamente expresa: atenerse sólo a lo que “yo” digo.

[14] Hay una imposibilidad en transmitir el cambio de todo un sistema de creencias y valoraciones. Además la historia de cada Nación, produjo hechos que lastimaron a todos y de los cuales es muy difícil ofrecer “una” versión, justa y equilibrada. Otra imposibilidad es conciliar grupos que aún siguen en pugna, ofreciéndose mutuas muestras de desconsideración.

Esos silencios producen hiatos [“un síntoma actual” - diría Hassoun-] que dañan severamente al sujeto. Esa perplejidad que en otros lugares, lo vuelve hacia sus orígenes ancestrales en busca de respuestas identificatorias, en nuestro país, no encuentra el pasado necesario, ni el lugar social, para algunas personas. Un verdadero trauma, con la consecuencia de un proceso de desubjetivización. Sin embargo, tenemos aún el recurso de negarnos. De no “colaborar” desde nuestro lugar con la destrucción. ¿Por qué tendríamos que hacerlo?

[15] John Self  en primera persona describe y cuenta su vida llena de adicciones de las cuales la principal es el dinero. Así se llama la novela de Martín Amis en la que aquél podría ser un otro yo subterráneo, una especie de sótano que sale a la luz con la historia y que sirve para mostrar la falta de herramientas para comprender el mundo en el que vive, que termina golpeándolo. El encuentro entre ambos [autor y personaje], es una página antológica y el libro un testimonio de época. El fin del siglo en Nueva York y Londres.

[16] Tunear no es un término español; sino espanglish -dice alguien irónicamente en la red -. En autos se utiliza tunning, que no tiene una traducción exacta al español, sería algo así como ajustar. Creemos que es la metáfora que se usa comúnmente para simbolizar un cuerpo preparado, intervenido, como en la mecánica se refieren a las modificaciones originadas por los cambios personalizados de la carrocería de un auto.

 
Articulo publicado en
Abril / 2015

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