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El itinerario del aborto

 
Impacto emocional y psíquico del proceso de interrupción voluntaria del embarazo

A fines de 2021, el Jurado compuesto por Úrsula Hauser, Juan Carlos Volnovich, Vicente Zito Lema, Irene Meler y Enrique Carpintero ha otorgado el primer premio a El itinerario del aborto de Marcela Filgueira Williams. Este ensayo, que próximamente será publicado por nuestra editorial, es fruto de una investigación que aborda profundamente la cuestión del aborto.  

A continuación, transcribimos un fragmento de sus reflexiones finales.

El debate sobre el aborto abre la discusión sobre cuestiones cruciales de nuestra sociedad: implica un cuestionamiento radical sobre las relaciones de poder, visibiliza el matrimonio entre las iglesias y el estado; pone en jaque el sistema patriarcal denunciando la inequidad de género y los efectos de esta inequidad en el proceso salud-enfermedad-atención. Demuestra la necesaria separación entre sexualidad y reproducción. Deja en evidencia la desigualdad en el acceso a los derechos que ubica a las mujeres como ciudadanas de segunda. Vemos, entonces, que el acto de abortar no es inocuo para ninguna mujer, al contrario, es un acto con una importante carga y densidad emocional.

La situación de embarazo no deseado confronta a las personas gestantes con un dilema subjetivo que transforma su vida cotidiana y cuya resolución implica un trabajo psíquico

La hipótesis de trabajo que ha orientado esta investigación es que la situación de embarazo no deseado confronta a las personas gestantes con un dilema subjetivo que transforma su vida cotidiana y cuya resolución implica un trabajo psíquico. El aborto delimita un hito importante, un evento en la biografía de una persona que constituye un antes y un después de esa experiencia. En dicho proceso existen elementos que pueden generar o potenciar padecimiento o alivio subjetivo, entendiendo el sufrimiento psíquico no desde una perspectiva patologizante sino como parte constitutiva del proceso de humanización. Para poder explorar y describir el proceso de IVE fue necesario escuchar a las protagonistas y realizar entrevistas a mujeres que habían atravesado dicho proceso acompañadas por un equipo de salud en un efector estatal. (…)

Es posible visibilizar las notables diferencias históricas en los indicadores del proceso salud-enfermedad-atención entre un norte privilegiado y un sur empobrecido

Mencionamos a lo largo del ensayo que el escenario donde se realizó el trabajo de campo es un centro de salud ubicado territorialmente en una villa de emergencia de la zona Sur de CABA. Es posible visibilizar las notables diferencias históricas en los indicadores del proceso salud-enfermedad-atención entre un norte privilegiado y un sur empobrecido. La zona sur presenta indicadores de mayor vulnerabilidad que el resto de las areas de CABA tambien en relación a la situacion educativa, habitacional, laboral, etc, de sus habitantes. La desigualdad se reproduce tambien en el campo de la salud sexual y reproductiva. Estas diferencias impactan en las condiciones más desfavorables en que se desarrolla el proceso de aborto para las mujeres de los sectores marginales. Se retrató, además, el perfil de las entrevistadas (usuarias del centro de salud), todas ellas pertenecientes a un sector empobrecido de la sociedad, habitantes de barrios con características de pobreza estructural, que tienen como única opción el sistema estatal de salud, que no tienen las necesidades básicas cubiertas y que no tienen garantizados el acceso a derechos humanos imprescindibles como: vivienda, educación, trabajo, etc. En este sentido, nuestras entrevistadas son doblemente ciudadanas de segunda, tanto por la cuestión de clase como de género.

En esta investigación rastreamos aspectos que pueden aportarnos pistas respecto de la dimensión subjetiva de la interrupción voluntaria de un embarazo no esperado. Escuchando a nuestras entrevistadas se pudo reconstruir la trayectoria del aborto y recrear la secuencia temporal en que se desarrolla la experiencia. Dicho itinerario es recorrido por cada mujer de manera diferente. Sin embargo, fue posible pesquisar elementos que colaboran a recorrerlo con menor o mayor grado de sufrimiento psíquico.

El proceso de IVE está habitado por dos temporalidades diferentes: implica a la vez una temporalidad indicada por la ciencia médica y una temporalidad propia de cada sujeta. Para construir la decisión de interrupción, algunas mujeres precisan de mayor tiempo que otras, pero en líneas generales, se pudo comprobar que cuanto más rápido se atraviesa el proceso, mayor alivio se vivencia. En cambio, cuanto más se demora (por fallos de la medicación, por no encontrar un efector de salud amigable, etc.) se experimenta mayor sufrimiento psíquico. En ese tiempo de demora se debe sostener una decisión con un costo subjetivo que implica dudas y retrocesos. Podemos concluir que el factor tiempo es de relevancia en el proceso de IVE no solo por los tiempos de la biología, sino por los tiempos subjetivos; ambos entrelazados.

También se demostró que la experiencia del aborto no necesariamente es significada como un hecho traumático y que en muchas ocasiones puede constituir un alivio y reparar el daño psíquico causado por un embarazo no deseado. Sin embargo “…la des-dramatización de la tragedia que pinta la cultura tradicional occidental y cristiana, no autoriza a negarle al acto de abortar la densidad vivencial de un acontecimiento biográfico que tiene la potencialidad de reorganizar las subjetividades, los afectos y las relaciones intra e intersubjetivas que se ponen en juego.” (Rosenberg, 2017:14). Esta investigación ha intentado dar cuenta de esa densidad que viven las mujeres que abortan.

En esta línea, a lo largo del ensayo se mencionó que el sufrimiento psíquico es inherente a la vida humana, entonces la cuestión no es suprimir el malestar (cuestión que no es posible) sino: ¿qué hacer con ese sufrimiento? La posibilidad de conectar con los sentimientos y emociones vivenciadas y verbalizar lo experimentado, es un camino posible que puede hacer más liviana la densidad del proceso de IVE. Así, se comprobó incluso que la entrevista misma de la investigación y la posibilidad de conectarse con este tema proporcionaron una instancia de elaboración para algunas mujeres. La aventura del decir implica incomodidad, pero también liberación.

A contramano de los discursos construidos por los sectores anti-derechos que han instalado que la legalización del aborto implicaría que las mujeres acudan masiva e impulsivamente a abortar, se pudo demostrar a lo largo de la investigación la madurez emocional y sentido ético de las mujeres a la hora de tomar una decisión respecto de un embarazo no esperado. La responsabilidad recorre el proceso: responsabilidad por el cuidado de hijos/as en el caso de mujeres que eran madres al momento de consultar, responsabilidad por no poder ofrecer al producto del embarazo una vida posible y digna; y responsabilidad por el propio proyecto de vida que es diferente a la maternidad, al menos en el momento de acontecido ese embarazo no deseado. Abortar implicó, para nuestras entrevistadas, asumir una gran responsabilidad. Responsabilidad que posibilitó apropiarse de las decisiones sobre su cuerpo y su vida.

Sin embargo, el proceso de responder por los actos y asumir las consecuencias no es lineal, ni sencillo. Para muchas de nuestras entrevistadas abortar fue sumamente doloroso e implicó la vivencia de una pérdida El sentimiento de culpa nos ha funcionado como indicador de las diversas contradicciones y ambigüedades que habitan a las mujeres que deciden abortar. La frecuencia e insistencia de su mención en las mujeres que formaron parte de esta investigación nos muestra una vacilación entre una posición de sometimiento a los preceptos del patriarcado o la posibilidad de asumir una responsabilidad subjetiva por el acto realizado. (…)

El silencio respecto del aborto vivido por temor a ser juzgadas o sancionadas, que testimonian varias de las entrevistadas, corrobora también la vigencia del aborto como tema tabú en nuestra sociedad

La investigación demostró que el proceso de aborto modificó los vínculos de pareja en la mayoría de los casos, terminando en una ruptura del vínculo en el cincuenta por ciento de nuestras entrevistadas. Asimismo, se corrobora además la frecuente asociación entre aborto y violencia machista. Se demostró que el abandono, indiferencia y desinterés de la pareja, quizás no constituyan una situación de violencia explícita, pero generan padecimiento en las mujeres en situación de aborto. No contar con el apoyo y acompañamiento de las personas afectivamente importantes y transitar el proceso en soledad aporta mayor grado de sufrimiento psíquico. Concluimos además que muchas mujeres se han sentido acompañadas por otras mujeres. “Las otras”: las pares, las mayores, las referentes sociales e institucionales, etc. son de vital importancia para las mujeres que deciden interrumpir embarazos no planificados. El aborto desde hace siglos genera solidaridad entre mujeres. La sororidad en el aborto genera un efecto multiplicador: mujeres que abortan suelen acompañar y transmitir su experiencia a otras mujeres.

El silencio respecto del aborto vivido por temor a ser juzgadas o sancionadas, que testimonian varias de las entrevistadas, corrobora también la vigencia del aborto como tema tabú en nuestra sociedad. Es posible argumentar que el silencio y la soledad conllevan mayor padecimiento subjetivo a lo largo del proceso. En cambio, la posibilidad de dar testimonio y construir una narrativa propia proporciona alivio y mitiga el sufrimiento.

En el proceso de la investigación realizada surgieron hallazgos que enriquecieron el análisis. Analizando los relatos de las entrevistadas se visibilizó que la decisión del acto de abortar no es el único dilema con que se encuentran las mujeres en situación de aborto. Concluido el acto de abortar para muchas mujeres sobreviene otro dilema respecto de los pasos a seguir con el producto del aborto. De los testimonios se desprende que visualizar lo expulsado puede constituir un momento de sufrimiento subjetivo, pero quizás necesario para algunas personas gestantes. Y es necesario señalar que ha surgido en el proceso de la investigación la importancia de realizar ritos funerarios para algunas mujeres. Estos rituales permitieron elaborar y simbolizar la pérdida experimentada.

Otro elemento inesperado fue el pedido realizado por algunas mujeres de la ecografía realizada al momento de la consulta (en algunos casos había transcurrido más de uno o dos años). De acuerdo a lo expresado por las entrevistadas se interpretó este hecho como parte del proceso de inscripción y elaboración del acontecimiento vivido. Vemos, entonces, la importancia de la conservación de los registros materiales y estudios realizados en el proceso de aborto. Además, es un derecho de los/as pacientes poseer sus estudios en el caso de necesitarlos.

Esta investigación ha intentado dar cuenta de los efectos subjetivos y las significaciones que circulan y bordean el proceso de IVE en un contexto de legalidad restringida con posibilidad de acceso al sistema estatal de salud a través de los equipos IVE. El dispositivo de equipo IVE en un efector estatal garantiza que el proceso será legal, seguro y gratuito. El acompañamiento profesional de un equipo de salud capacitado y accesible para alojar las vivencias singulares de cada mujer es un elemento que genera condiciones de alivio subjetivo en todo el proceso. Se evidenció que la claridad en la manera de comunicar y el espacio de orientación y escucha propios del dispositivo disminuyen los grados de padecimiento psíquico. En cambio, el maltrato institucional, la desinformación y abandono de las usuarias en situación de aborto generan un gran sufrimiento.

El campo de los derechos humanos y la bioética indican que las mujeres en situación de embarazo no deseado deben recibir una atención digna, humanizada y de calidad. Sin embargo, sabemos que muchas mujeres a lo largo y ancho de nuestro país aún no acceden a estos servicios.

Los/as profesionales de la salud en sus diversas inserciones profesionales (asistencia, promoción, prevención, investigación, etc.) debemos abandonar la observación pasiva ante la problemática y ser parte de las soluciones y abordajes posibles del problema. El panorama es favorable ya que en los últimos años se han multiplicado en todo el país los equipos formados en esta temática. Es necesario destacar que aun en el contexto de pandemia a causa de covid-19 en 2020 se continuó atendiendo a mujeres en situación de aborto. A pesar de todas las dificultades y reorganización del sistema de salud a causa de la pandemia, las situaciones de IVE se continuaron considerando prioritarias para la atención en salud.

Reflexionar acerca de subjetividades implica hablar de diversidad. Los discursos anti derechos sostienen postulados que anulan lo diverso, con parámetros acerca de lo “normal”, lo “único” y “universal”

El rol de los/as profesionales de la salud mental en los equipos IVE es sumamente valioso. Es necesaria una escucha atenta, poder soportar y alojar los diversos sentimientos y vivencias que surjan a lo largo de todo el proceso. Desde el campo de la salud mental podemos intervenir abriendo un tiempo de pausa, de reflexión, que acompañe a elaborar lo vivido. Se pudo corroborar por el testimonio de nuestras entrevistadas que las consejerías o equipos IVE, además de garantizar el derecho al aborto constituyen un sostén afectivo relevante desde donde se puede resignificar lo vivido a través de la palabra y construir un relato de la experiencia.

Reflexionar acerca de subjetividades implica hablar de diversidad. Los discursos anti derechos sostienen postulados que anulan lo diverso, con parámetros acerca de lo “normal”, lo “único” y “universal”. Desde esta perspectiva mujer y madre, se configuran como un solo elemento coagulado. El pensamiento complejo que da lugar a la diversidad nos muestra la riqueza de las infinitas posibilidades de construcción de subjetividad donde tienen lugar los deseos y la libertad de elegir. La posibilidad del aborto sustrae a las mujeres del mandato social de la maternidad y convierte la maternidad en una opción entre otras posibles.

Será necesario un largo proceso de deconstrucción histórico-social de los patrones culturales que han justificado la desigualdad y subordinación de la mujer para poder construir otro tipo de relaciones más equitativas entre hombres y mujeres. La IVE es un paso más del proceso de deconstrucción del modo hegemónico de subjetividad femenina trazado en la modernidad y visibiliza otros modos posibles que fracturan la ecuación mujer=madre. La práctica voluntaria del aborto implica un ejercicio emancipatorio de las mujeres y personas gestantes.

El patriarcado ha construido una narrativa androcéntrica de la reproducción que invisibiliza el poder gestante de las mujeres (Nayla Vaccareza, 2012). El derecho al aborto pone en juego el poder de las mujeres en su asombrosa capacidad de dar vida gestando o no darla. Esto remite a nada menos que el control de la reproducción humana (Rosenberg, 2011). De acuerdo a las narraciones recogidas en la investigación y a la experiencia de trabajo de años en el tema, es posible concluir que nada detiene a una mujer decidida a abortar. Ni las creencias religiosas o morales, ni las dificultades económicas, ni la mirada juzgadora de otros/as, ni las consecuencias de una posible penalización, ni el temor a los riesgos para la salud y la vida. Nada detiene a una mujer decidida. Es necesario continuar el camino de registro de ese tremendo poder que se halla en el/la cuerpo(a) de las mujeres. Tener registro de ese poder que va a contrapartida del poder patriarcal, implica “poder” elegir un cambio de posición social y subjetiva para las mujeres: de víctimas a protagonistas.

La romantización de la maternidad como valor social genera un padecimiento en las mujeres que deciden abortar. Por lo cual se dijo previamente que transitar un aborto no es fácil y tiene costos subjetivos, pero es un camino posible para liberarse de una de las prisiones contemporáneas para las personas gestantes: la maternidad forzada. Los movimientos y transformaciones de esta época pueden poner en circulación nuevas significaciones sobre el aborto, la maternidad y el “ser mujer” no vinculadas con la muerte, la culpa, el miedo o el sometimiento, sino con la autonomía, la responsabilidad, la emancipación y la vida. En la decisión de interrumpir un embarazo inesperado nace un futuro deseado.

Así como se dijo previamente que nada detiene a una mujer decidida abortar. Nada detiene tampoco al movimiento de mujeres. El movimiento feminista indisciplinado, insumiso, rebelde, sigue creciendo, disputa la hegemonía de sentidos y batalla en las instituciones, en las calles y en las conciencias para avanzar en el campo de los derechos. La marea verde avanza y no retrocede ante los innumerables obstáculos. Al momento de escribir estas palabras se produce en nuestro país un hecho histórico sumamente anhelado por el colectivo de mujeres y por todos/as los actores/as sociales que han combatido tenaz y fervientemente por el avance en el campo de los derechos. A fin de diciembre de 2020, el Congreso Nacional Argentino sancionó la Ley N° 27610 de “Acceso a la interrupción voluntaria del embarazo” (IVE) y el 15 de enero fue promulgada por el presidente Alberto Fernández. Esta ley debe garantizar acceso gratuito y seguro a un aborto en todo el país, desterrando así la penalización y las practicas clandestinas. La legalización del aborto y su reconocimiento como derecho es de vital importancia para mejorar la calidad de vida de las personas gestantes y para el avance en la equidad de género. Hay mucho escrito ya sobre el sufrimiento psíquico que generan la ilegalidad y clandestinidad del aborto. Sin embargo, la lucha no termina en el campo jurídico y político. Queda mucho camino por recorrer para que las mujeres rompan las cadenas simbólicas del control patriarcal sobre sus cuerpo(a)s. Este ensayo intenta aportar en la construcción de ese camino.

Marcela Williams Filgueiras
Psicóloga. Psicoanalista. Magister en Salud Mental Comunitaria
wmarcela [at] hotmail.com

 

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Articulo publicado en
Abril / 2022

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