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La Polémica sobre las perversiones sexuales

 

¿Sigue vigente el concepto freudiano de las perversiones sexuales?

La denominación de perversión sexual, sin connotaciones moralistas o peyorativas, es la que sigue utilizándose en psicoanálisis, ya que "perversión" es un término largamente utilizado en medicina para designar situaciones donde una función se aparta de su fin natural. En esa perspectiva, las perversiones sexuales se definen, en lo sintomático y descriptivo, por la aparición y permanencia de ciertos componentes parciales de la sexualidad pregenital que se autonomizan y adquieren predominio sobre la genitalidad adulta.

Kernberg (1992) menciona tres grupos de formulaciones teóricas sobre las perversiones sexuales que nosotros hemos extendido a cinco. Veamos:

1°) La primera concepción, la freudiana, es resumida por Kernberg así: según esta teoría una pulsión sexual parcial infantil (oral u anal) sirve como defensa contra un conflicto neurótico subyacente, es decir, el conflicto de Edipo irresuelto. Para este modo de ver, que subraya la posición central de la angustia de castración y el complejo de Edipo en su etiología, la perversión es una defensa. Este autor se apresura a destacar que esta concepción tradicional sigue siendo válida en pacientes que presentan una organización neurótica de la personalidad y narcisismo infantil normal, pero no cuando hay una organización límite de la personalidad y narcisismo patológico.

2°) La perspectiva lacaniana, por lo menos tal cual la expone Joël Dor (1987), cierra aún mas esta primera concepción al establecer a las perversiones sexuales como una estructura. Claro, entendida la estructura desde una perspectiva lacaniana, es decir, como la circulación intersubjetiva de los deseos que establecen en cada sujeto formas estratégicas particulares que son las que permiten definir su específica psicopatología. Esta definición lacaniana de la estructura resulta distinta a la freudiana que siempre remite, así sea tácitamente, a la metapsicología. Y es distinta también a la concepción estructural de autores modernos -como Kernberg en EE.UU. o Bergeret en Francia- que suelen utilizar una perspectiva multidimensional que, en Bergeret (1974), incluye el nivel sintomático, las defensas, las angustias predominantes, así como el tipo de relaciones de objeto (preedípicas o edípicas).

3°) Una tercera concepción es la desarrollada por los teóricos británicos de las relaciones de objeto (Fairbain, Klein, Winnicott) quienes, de acuerdo a la síntesis de Kernberg difieren del pensamiento freudiano "en tanto subrayan la contribución crucial de los conflictos preedípicos, en particular la agresión preedípica en la etiología de las perversiones, pero continúan enfatizando la importancia de la angustia de castración en el bloqueo del pleno desarrollo de la sexualidad genital. La teoría explica la angustia de castración intensa, la incapacidad para una identificación normal con el progenitor edípico del mismo sexo y la inhibición del acercamiento sexual a un objeto del sexo opuesto como derivadas de la agresivización de la relación edípica positiva y negativa y de la acentuación fantástica del miedo a la castración, mientras la sexualidad genital se vuelve receptora de la agresividad preedípica desplazada."

4°) Otra concepción de la psicodinámica de la perversión es la expuesta por diversos psicoanalistas franceses de orientación neo-freudiana, entre ellos Chasseguet-Smirgel, Braunschweig y Fain, Grunberger, McDougall y Lussier.
En este enfoque es de fundamental importancia el concepto de “analización regresiva” ya que, destaca Chasseguet-Smirgel (1975), "el universo anal puede considerarse un bosquejo preliminar del universo genital" y, de esta manera, permite la renegación de las diferencias entre los sexos ("igualdad" anal de los sexos en contraste a la diferencia genital) y de las diferencias entre las generaciones (el falo fecal borra las diferencias entre el pene del niño pequeño y el pene del padre, lo cual permite mantener la ilusión del emparejamiento con la madre). Para enmascarar todo esto se produce un proceso de idealización de la analidad, así como la idealización de la perversión específica del sujeto. Para mantener esta perspectiva, reconociendo al mismo tiempo la realidad, se echan a andar complicados mecanismos defensivos que implican la escisión superpuesta a la represión.
La opinión de Kernberg es que "la concepción francesa de la perversión reafirma el énfasis freudiano en la centralidad del complejo de Edipo y la angustia de castración como determinantes de la regresión defensiva a una pulsión sexual parcial, pero también subraya el complejo de Edipo arcaico vinculado a la relación primaria con la madre. Se podría pensar que ésta es una versión modificada del modo de ver inglés, con particular énfasis en la renegación defensiva de las diferencias entre los sexos y las generaciones y la idealización de la analidad."
Opina que los casos de perversión estable y organización límite de la personalidad presentan, típicamente, la dinámica descrita por las escuelas inglesa y francesa, con énfasis en diferentes aspectos de estas constelaciones dinámicas que varían de individuo a individuo. En general, en ellas se encuentra la misma condensación de conflictos edípicos y preedípicos, con predominio de la agresión preedípica.
En cuanto a la psicodinamia planteada por Chasseguet-Smirgel la encuentra correlacionada con la estructura narcisista de la personalidad, particularmente con los casos de narcisismo maligno que suelen acompañarse del despliegue pleno de un "universo anal" regresivo.

5°) Y así llegamos a la quinta conceptualización representada por dos autores norteamericanos, Kernberg y Socárides, cuya originalidad es considerar a las perversiones como un síntoma o síndrome que variará ampliamente en función de la estructura de personalidad del sujeto en que se aloja, y que puede corresponder a alguno de los tres grandes niveles: edípico (neurosis), preedípico de nivel 1 (narcisistas y fronterizos "objetales"), o preedípico de nivel 2 (fronterizos y narcisistas "simbióticos", narcisismo maligno).

 

Perversión sexual: ¿Sindrome o estructura?
Esta quinta perspectiva se convierte en integradora de varias de las concepciones mencionadas, permitiendo un manejo clínico más específico y promisorio de cada caso singular. Por supuesto su posición es completamente opuesta a la lacaniana, que propone la existencia de una estructura perversa única. En el enfoque norteamericano se establece la existencia de múltiples tipos de perversos, ya que para su diagnóstico y tratamiento se consideran tanto el tipo específico de perversión como la estructura de personalidad del sujeto. Socárides enfatiza:
"Podemos concluir que el cuadro clínico de la actividad perversa, por sí solo, no describe cabalmente y de forma certera el origen del mecanismo concreto que la produce. Esto requiere un estudio de las etapas del desarrollo por las que el individuo ha pasado, así como del nivel de fijación, el estado de las relaciones objetales y el de las funciones yoicas."
Este autor establece tres principales formas de actividad perversa: (a) la perversión edípica, (b) la perversión preedípica, y (c) la esquizoperversión (la coexistencia de la perversión con la esquizofrenia).
Para este autor el conflicto preedípico es el básico, y de no existir no se formaría ninguna perversión bien estructurada. Por ello,... "los síntomas edípicos perversos constituyen una forma diferente de la perversión, que puede ser tratada en forma similar a las neurosis y puede ser llamada conducta perversa. La conducta perversa ocurre como consecuencia de una regresión temporal y no representa una fijación primaria y un fracaso en el desarrollo..."
Con este enfoque multidimensional los diagnósticos se formulan de la siguiente manera: homosexual edípico; homosexual preedípico tipo I, con trastorno narcisista de la personalidad; homosexual preedípico tipo II, con trastorno fronterizo de la personalidad; e igual para otro tipo de perversiones.
Kernberg, por su parte, destaca la importancia que para el pronóstico tienen el nivel evolutivo y la integración de las funciones del superyo.
En cuanto a la homosexualidad considera la misma amplitud de espectro:
"Parece estar llegándose al consenso de que no existe sólo una homosexualidad, sino todo un espectro de patología homosexual, paralelo al de otras perversiones. En el extremo más sano de ese espectro la homosexualidad se presenta con capacidad para la integración de los impulsos genitales y tiernos en la misma relación objetal, y tiene las características de exclusividad y rigidez típicas de otras perversiones. Asimismo, en teoría, los impulsos homosexuales también deben formar parte de la pauta disponible de fantasías y conductas perversas de la sexualidad normal."

 

¿La cura es el cambio de objeto sexual?
Socárides parece homologar la cura con el cambio de objeto sexual y la resolución de los tempranos conflictos preedípicos.
En cambio Kernberg establece una postura de neutralidad técnica en la cura de los perversos.
Para la teoría psicoanalítica y la práctica psicoterapéutica son de suma importancia las polémicas reseñadas que se condensan en dos preguntas:
1°) ¿Hay una estructura perversa de una forma similar a como hay una estructura neurótica?, y,
2°) ¿A qué se orienta la cura: al cambio de objeto sexual o a la modificación de la estructura caracterológica de base y los conflictos psíquicos del sujeto?
Nuestra opinión es que las perversiones sexuales son síndromes, que como tales tienen una particular organización psicodinámica, pero que es un exceso llamar a esto una "estructura" comparable a reales estructuras de carácter como la neurótica. Es decir, se está cayendo en una comparación inadecuada ya que la organización sindromática de las perversiones sexuales no corresponde al mismo tipo lógico, al mismo nivel jerárquico, que las estructuras neuróticas o psicóticas, por ejemplo. Hasta el momento actual las únicas nuevas estructuras de personalidad descubiertas por la investigación psicoanalítica e incorporadas a la psicopatología dinámica son, además de las clásicas estructuras neuróticas y psicóticas, las estructuras fronterizas (o limítrofes, o border-line), en cualquiera de las cuales se alojan los distintos tipos de perversiones sexuales. Algo parecido sucede en el caso del alcoholismo y las adicciones donde el empeño de algunos investigadores por encontrar "la personalidad alcohólica" o "la personalidad adicta" ha conducido siempre al fracaso. Hugo Bleichmar recientemente ha desarrollado una reformulación semejante sobre el narcisismo (considerándolo como síndrome que puede alojarse en distintas estructuras).
Considerar las cosas de esta manera tiene grandes repercusiones en la práctica clínica, permitiendo realizar un abordaje psicoterapéutico más preciso y eficaz.
Si la psicopatología dinámica moderna contempla sólo tres estructuras de personalidad básicas (con sus subdivisiones) que a veces se presentan en estado "puro" y a veces acompañadas de síndromes diversos, como perversiones sexuales o adicciones, tenemos que establecer una mayor claridad en los fenómenos psicodinámicos que determinan una u otra secuencia de desarrollo. Por ejemplo, si la combinación de fuerte apego madre-hijo con ausencia o ineficacia paterna correlaciona con trastornos fronterizos y también con algunos tipos de perversiones sexuales ¿qué es lo que determina, psicodinámicamente, que en un caso sólo se produzca el trastorno fronterizo y en otro, además, una perversión sexual? En este caso la diferencia parece estar, para el caso de la perversión sexual, en el agregado de una carga de seducción y erotización por parte de la madre o su subrogada.
En cuanto a la pregunta sobre la cura, consideramos -como Kernberg- que hay que respetar la orientación sexual del analizando y trabajar esencialmente sobre los conflictos psíquicos que el paciente traiga y sobre la superación de los problemas de desarrollo evolutivo de su particular estructura caracterológica, a fin de que pueda alcanzar las metas que Freud planteara para la salud mental: amar y trabajar. De hecho los motivos de consulta de la mayor parte de los pacientes homosexuales son semejantes a los de los heterosexuales: crisis vitales, problemas de relación interpersonal, problemas de pareja, depresiones y angustias diversas, etc. y a ellos no hay por qué imponerles una meta, supuestamente terapéutica -la heterosexualidad- que no buscan ni solicitan. Sólo una ínfima parte tiene como motivo de consulta la inconformidad o rechazo a su homosexualidad -homosexualidad distónica-, y solamente en esos casos, y si el material emergente lo confirma, tendrían sentido esfuerzos tendientes al cambio de orientación sexual. Como resultado aleatorio de alcanzar la resolución de los conflictos psíquicos, con las consecuentes mejorías evolutivas, algunos pacientes (muy ocasionalmente) realizan cambios de objeto sexual, algunos accediendo a la bisexualidad y -muy raramente- a la heterosexualidad exclusiva.

 

Mario Campuzano Montoya
Psicoanalista
Médico, psiquiatra, psicoanalista. Miembro de la Asociación Mexicana de Psicoterapia Analítica de Grupo (AMPAG). Co-director de la revista Subjetividad y Cultura.

 

Bibliografía
Bergeret, J. (1974). La personalidad normal y patológica. Ed. Gedisa, Barcelona, 1980.
Chasseguet-Smirgel, J. (1975). El ideal del yo. Ensayo psicoanalítico sobre la “enfermedad de la idealidad”. Ed. Amorrortu, Bs. Aires, 1991.
Dor, J. (1987). Estructura y perversiones. Ed. Gedisa, Bs. Aires, 1988.
Freud, S. (1905). "Tres ensayos sobre teoría sexual", en Obras completas. Ed. Amorrortu, Bs. Aires.
Kernberg, O. F. (1992). La agresión en las perversiones y en los desórdenes de la personalidad. Ed. Paidós, Bs. As., 1994.
Socarides, C. W. (1988). Las perversiones sexuales. Origen preedípico y terapia psicoanalítica. Ed. Universidad de Guadalajara y Gamma Editorial, México, 1994.
 

 
Articulo publicado en
Enero / 2004

Boletín Topía