Madres lesbianas, padres gays y sus hijos e hijas: una síntesis de resultados de investigación | Topía

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Madres lesbianas, padres gays y sus hijos e hijas: una síntesis de resultados de investigación

 

 

Este material fue publicado originalmente en Inglés como Patterson, C. J. (2005). Lesbian and Gay Parents and Their Children: Summary of Research Findings” In Lesbian and Gay Parenting: A Resource for Psychologists (2° Edition). Washington, D.C.: American Psychological Association. Copyright © 2005 American Psychological Association (APA). Traducido y adaptado con autorización de la editorial y el autor. La APA no es responsable de la exactitud de esta traducción. Esta traducción no puede ser reproducida ni distribuida sin el permiso previo por escrito de la APA y Revista Topía.

Introducción

Actualmente hablar de familia implica mucho más que padres heterosexuales y sus hij*s. Al haber entrado en crisis el modelo familiar patriarcal tipo -padre-madre-hijos/as- en el que dominaban el matrimonio heterosexual y el varón heterosexual como jefe de familia, la paternidad y la maternidad han dejado de ser consideradas como relaciones naturales y la evidencia misma del parentesco basado en la heterosexualidad ha sido puesta en tela de juicio. La concepción de familia se ha transformado y aun hoy continúa en proceso de mutación. Las formas de paternidad y maternidad se han multiplicado; dentro de la diversidad de las estructuras familiares, -ensambladas, monoparentales, ampliadas, etc.- las familias conformadas por personas no heterosexuales son cada vez más visibles y más comunes, sean éstas biparentales o monoparentales. Si bien esto se debe a una complejidad de factores, mencionaremos algunos de ellos: la sistemática lucha por sus derechos de las personas y organizaciones lgbti, una menor represión social de la sexualidad en general, que a su vez produjo mayor visibilidad de las personas gays, lesbianas, bisexuales, intersex y trans, leyes como las del matrimonio universal y de identidad de género, las técnicas de fertilidad asistida, etc. Esto hace que en la actualidad sea más factible que lesbianas, gays, intersex y trans lleguen a ser madres y padres. Durante el debate de la ley de universalización del matrimonio, muchos de sus detractores aceptaban -resignados- una ley de unión civil, pero se oponían fervientemente al acceso a la adopción por parte de los matrimonios de gays, lesbianas y trans aludiendo a los posibles perjuicios que ocasionarían a niños y niñas ser criados en estas familias.

Desde nuestra experiencia clínica podemos sostener que la conformación saludable del psiquismo de un infante no depende -de ningún modo- de la orientación sexual o la identidad de género de quienes lo crían, sino de la capacidad de cumplir con las funciones de soporte y de reconocimiento intersubjetivo y la creación de un vector que apunte a la exogamia y así lo hemos sostenido en el evento organizado por la FALGBT en julio de 2010 “La ciencia le dice sí a la igualdad” (ver Topía N° 59, Agosto 2010). Las situaciones complejas se presentan sobre todo con los adultos, por ejemplo, al momento de tener que revelar a los padres de l*s compañerit*s de ese niño o niña que tiene dos mamás o dos papás. Aquí es donde se hacen necesarias las políticas educativas de inclusión de la diversidad por parte del Estado para minimizar posibles situaciones de discriminación.

Además de la experiencia psicoanalítica, se han realizado mundialmente numerosos estudios en diversas universidades e instituciones de salud que muestran que l*s niños y niñas criados por padres gays o madres lesbianas tienen un desarrollo saludable en todas las áreas, tanto a nivel afectivo, como social, cognitivo, intelectual y se encuentran en condiciones similares y sin diferencias significativas a los criados por parejas de distinto sexo. El artículo de Charlotte Patterson es un resumen apretado de estas investigaciones. No incluye investigaciones sobre la maternidad y paternidad trans e intersex, ni de quienes se identifican como bisexuales, que aun son escasas.

Si bien pensamos que resulta necesario publicar estas investigaciones en nuestro idioma, ya que la mayoría de éstas están publicadas en inglés, lo hacemos desde una postura crítica. Ya que estos estudios también podrían ser objeto de cuestionamiento ¿por qué estudiar si las personas gays y lesbianas tienen la misma aptitud para ser padres o madres que las personas heterosexuales?, ¿no parten de un prejuicio de minusvalía de unas sobre otras? Debemos decir que esos prejuicios son previos a estas investigaciones y que han estado presentes en casos que han llevado a un padre o una madre a perder la custodia de sus hij*s, se le impongan restricciones en el régimen de visitas o incluso, la denegación explícita o implícita a adoptar. Las reacciones negativas frente a la paternidad y maternidad lgtbi son comunes tanto en cierto sector de la población en general como en cierto grupo de psicólogos/as y psicoanalistas, tal como lo denuncia, por ejemplo, Michel Tort respecto de todo un grupúsculo de psicoanalistas franceses en la separata del nro 68 de Topía (Agosto, 2013).

Otra observación nos merecen algunas investigaciones acerca de la orientación sexual y/o la identidad de género de los hijos e hijas de padres gays y madres lesbianas. Censurar la paternidad gay y la maternidad lésbica solo porque sus hij*s pudieran tener una tendencia homosexual no sólo parte de prejuicios, sino que encubre una idea eugenésica. Se podría continuar con el absurdo de vedar tener hij*s a quienes no cumplen con los parámetros sociales de belleza o censurar que los descendientes de los pueblos originarios tengan hij*s porque heredarán su genética racial y puedan por esto ser discriminados en la escuela. Esto es, obstaculizar tener descendencia a quienes cierta sociedad considera fuera de un modelo apto de subjetividad dominante para evitarles el sufrimiento que ésta misma sociedad produce. ¿Cuál sería el problema de que el hijo o la hija de cualquier pareja -sea ésta hetero u homosexual- cuando defina su orientación sexual ésta no sea heterosexual? O que en cuanto a los roles de género no “luzca” los esperados socialmente. Estas reflexiones ponen sobre el tapete nuevamente que los problemas centrales son el prejuicio sexual y la discriminación y que pueden filtrarse hasta en los estudios más progresistas y con la mayor de las buenas intenciones.

Los mitos que circulan socialmente sobre personas lesbianas, gays, bisexuales, intersex y trans no se fundan en experiencias concretas y reales, sino que son transmitidos social y culturalmente al igual que con otros grupos que son discriminados y/o segregados. El objetivo de esta síntesis de resultados de las investigaciones sobre padres gays, madres lesbianas y sus hijos e hijas, es el de comprobar la autenticidad o falsedad de las afirmaciones difundidas sobre estas familias con datos empíricos y contribuir de este modo a rebatir las argumentaciones falaces, para así morigerar los efectos negativos de los prejuicios existentes. En este sentido es un material valioso para publicar y difundir en nuestro idioma y que sirve a psicólogos/as, jueces/as, médicos/as, asociaciones de gays y lesbianas, etc.

 

Carlos Alberto Barzani

 

 

Al igual que las familias de padres y madres heterosexuales, las familias de madres lesbianas y de padres gays constituyen un grupo diverso (Arnup, 1995; Barrett & Tasker, 2001; Martin, 1998; Morris, Balsam, & Rothblum, 2002). Sin embargo, a diferencia de las familias heterosexuales, los padres gays, las madres lesbianas y sus hijos/as sufren las consecuencias de los prejuicios contra la homosexualidad, lo cual les vale a menudo el rechazo de jueces, legisladores, profesionales y de la opinión pública en general. Así, por ejemplo, llegan a perder la custodia de sus hijos/as, se les imponen restricciones en el régimen de visitas o incluso, la prohibición de adoptar (ACLU Lesbian & Gay Rights Project, 2002; Appell, 2003; Patterson, Fulcher, & Wainright, 2002). Las reacciones negativas frente a la paternidad gay y a la maternidad lésbica son comunes tanto en la población en general (King & Black, 1999; McLeod, Crawford, & Zechmeister, 1999) como en los/as psicólogos/as (Crawford, McLeod, Zamboni, & Jordan, 1999). Tal como sucede con otros grupos estigmatizados, los mitos sobre lesbianas y gays no se basan en las experiencias reales de las personas, sino que son transmitidos culturalmente (Herek, 1995; Gillis, 1998). El objetivo de esta síntesis de los resultados de las últimas investigaciones sobre padres gays, madres lesbianas y sus hijos/as, es entonces, el de contrastar los mitos difundidos con datos empíricos y contribuir de este modo a mejorar los efectos negativos de los prejuicios existentes.

Considerando que estos mitos pueden ser testeados empíricamente, analizarlos a la luz de la investigación psicológica permitirá evaluar su grado de veracidad. Los estudios sistemáticos que comparan a los adultos homosexuales con los heterosexuales comenzaron a realizarse a fines de la década de 1950, mientras que aquéllos que comparan a los/as hijos/as de lesbianas y gays con los/as hijos/as de parejas heterosexuales son mucho más recientes. Las investigaciones acerca de madres lesbianas y padres gays se inauguran con el estudio pionero de Evelyn Hooker (1957), que tuvo como efecto principal la desclasificación de la homosexualidad como desorden mental en 1973 (Gonsiorek, 1991), y se continúan realizando hasta la fecha (e.g., Cochran, 2001). Por su parte, los estudios de caso de hijos/as de padres gays y de madres lesbianas comenzaron a publicarse en revistas de psiquiatría a inicios de la década del ’70 (e.g., Osman, 1972; Weeks, Derdeyn, & Langman, 1975) y continuaron llevándose a cabo en las décadas subsiguientes (e.g., Agbayewa, 1984). Asimismo, desde la publicación del trabajo de Martin y Lyon (1972), siguen realizándose descripciones ficcionalizadas y en primera persona tanto de la vida de las familias de madres lesbianas (e.g., Alpert, 1988; Clausen, 1985; Howey & Samuels, 2000; Jullion, 1985; Mager, 1975; Perreault,1975; Pollock & Vaughn, 1987; Rafkin, 1990; Wells, 1997), como de aquéllas de padres gays (e.g., Galluccio, Galluccio, & Groff, 2002; Green, 1999; Morgen, 1995; Savage, 2000). Los estudios sistemáticos sobre los/as hijos/as de madres lesbianas y de padres gays se dieron a conocer en publicaciones prestigiosas a fines de los ‘70, y desde entonces han ido aumentando hasta conformar un corpus considerable (Allen & Demo, 1995; Patterson, 1992, 2000).

Como esta síntesis mostrará, los resultados de las investigaciones que comparan a los padres gays y a las madres lesbianas con los padres y las madres heterosexuales, así como a los hijos e hijas de padres gays y de madres lesbianas con los de padres y madres heterosexuales, son muy claros: los estereotipos más comunes no concuerdan con los datos empíricos. Sin embargo, sin que eso signifique desestimar los resultados obtenidos hasta la fecha, es importante que los psicólogos y otros profesionales tengan en cuenta que la investigación en este campo conlleva varios desafíos metodológicos. Como sucede en cualquier otro campo de investigación, se han cuestionado las técnicas de muestreo utilizadas, la capacidad de generalización de las estadísticas elaboradas, y asuntos técnicos en general (e.g., Belcastro, Gramlich, Nicholson, Price, & Wilson, 1993; Wardle, 1997). Además, se ha hecho hincapié en que algunas áreas de investigación, como ser el desarrollo de la identidad de género o algunos períodos de la vida, como la adolescencia, han sido poco estudiadas y que, por consiguiente, ameritan una mayor atención (Perrin and the Committee on Psychosocial Aspects of Child and Family Health, 2002; Stacey & Biblarz, 2001). En las páginas que siguen, se intentará demostrar hasta qué punto las investigaciones realizadas han podido responder a estas críticas.

Una de las críticas formuladas con frecuencia a las investigaciones desarrolladas en el pasado es que éstas no tenían validez externa, puesto que las muestras analizadas no podían considerarse representativas de toda la población de madres lesbianas y de padres gays (Belcastro et al., 1993). Por el contrario, las investigaciones recientes sobre lesbianas y gays se basan en muestras representativas de la población (e.g., Cochran, 2001). De igual modo, aquellas sobre los/as hijos/as de madres lesbianas y de padres gays han optado por utilizar el mismo método (e.g., Golombok, Perry, Burston, Murray, Mooney-Somers, Stevens, & Golding, 2003; Wainright, Russell, & Patterson, 2004). También, a partir de las críticas recibidas acerca de la utilización del muestreo asistemático, las investigaciones más recientes trabajan con muestras de poblaciones conocidas, para poder así calcular mejor las tasas de respuesta (e.g., Brewaeys, Ponjaert, van Hall, & Golombok, 1997; Chan, Brooks, Raboy, & Patterson, 1998; Chan, Raboy, & Patterson, 1998). Así, en comparación con los estudios anteriores, las investigaciones actuales sobre madres lesbianas y padres gays hacen uso de un abanico más amplio de técnicas de muestreo.

Las investigaciones sobre los hijos e hijas de madres lesbianas y de padres gays también han sido criticadas por utilizar grupos de control mal armados o por ni siquiera usarlos, en diseños que necesitaban precisamente de este tipo de control. En este punto, es de notar que los primeros estudios realizados tendían a comparar el desarrollo de los/as hijos/as de un grupo de madres lesbianas divorciadas, pero de las cuales muchas convivían con una pareja del mismo sexo, con el desarrollo de los/as hijos/as de un grupo de madres heterosexuales que ya no convivían con sus ex parejas heterosexuales. Ahora bien, la pertinencia de esta crítica ha ido disminuyendo considerablemente a medida que aumentaron y se diversificaron las investigaciones sobre la vida de las familias de madres lesbianas y de padres gays (muchas de las cuales no pasaron por la experiencia del divorcio de una pareja heterosexual), y también, a medida que nuevos estudios comenzaron a utilizar más grupos de control. En una palabra, respecto a los estudios precedentes, las investigaciones actuales recurren a una mayor variedad de diseños de investigación (y, en consecuencia, utilizan más grupos de control).

Otra de las críticas recibidas fue que a pesar de la diversidad que existe dentro de las comunidades de familias de madres lesbianas y de padres gays (Barrett & Tasker, 2001; Morris, Balsam, & Rothblum, 2002), las investigaciones se han basado por lo general en muestras que son poco representativas de esta diversidad. No obstante, si bien las primeras investigaciones se concentraron en familias educadas de clase media, las muestras se componen ahora de participantes que provienen de contextos étnicos y socioeconómicos diversos (e.g., Wainright et al., 2004). Recientemente, por ejemplo, se han llevado a cabo estudios no solo en EE. UU., sino también en el Reino Unido, en Bélgica y en Holanda (e.g., Bos, van Balen, & van den Boom, 2003, 2004; Brewaeys, Ponjaert, & Van Hall, 1997; Golombok et al., 1997, 2003; Tasker & Golombok, 1997; Vanfraussen, Ponjaert-Kristoffersen & Brewaeys, 2003). En conclusión, los estudios actuales sobre hijos/as de familias de madres lesbianas y de padres gays trabajan con muestras más heterogéneas que los estudios anteriores.

Por último, otras de las observaciones recibidas señalaban que la mayor parte de las investigaciones se basó en muestras relativamente pequeñas, que hubo problemas con los procedimientos de evaluación en algunos estudios, y que la clasificación de los padres y madres en tanto lesbianas, homosexuales y heterosexuales era cuestionable. Sin embargo, las investigaciones más recientes han sacado provecho de estas observaciones. En este sentido, es significativo que, incluso teniendo en cuenta todos los problemas y/o limitaciones que caracterizan a la investigación en este campo, ninguna de las investigaciones publicadas presenta conclusiones diferentes a las que aquí resumimos[1].

 

Esta síntesis está dividida en cuatro partes. En la primera se sintetizan los resultados de las investigaciones acerca de madres lesbianas y padres gays. En la segunda, se presentan los resultados de aquellas investigaciones que comparan a los/as hijos/as criados/as en familias de madres lesbianas y padres gays con aquellos/as de familias padres heterosexuales. La tercera ofrece un resumen de las investigaciones sobre la heterogeneidad de las familias de madres lesbianas y de padres gays; y la cuarta y última, presenta una breve conclusión.

 

Madres lesbianas y padres gays

 

Históricamente, las decisiones judiciales acerca de la custodia y de las políticas públicas que reglamentan tanto la adopción como la adopción temporaria de niños/as por parte de parejas homosexuales, se han debatido en torno a tres mitos: aquel que postula que las lesbianas y los gays están mentalmente enfermos; el que sostiene que las lesbianas son menos maternales que las mujeres heterosexuales; y aquel que afirma que las relaciones que las lesbianas y los gays establecen con sus parejas sexuales les dejan poco tiempo para dedicarse a la crianza de sus hijos/as (ACLU Lesbian and Gay Rights Project, 2002; Falk, 1989, 1994; Patterson et al., 2002; Patterson & Redding, 1996). Sin embargo, tal como lo demostrará el material presentado en esta sección, las investigaciones realizadas no han podido confirmar ninguno de estos lugares comunes (Allen & Burrell, 1996; Patterson, 1994b, 1994c, 1997, 2000; Perrin, 2002).

 

La salud mental de lesbianas y gays

 

Ni la psiquiatría, la psicología o el trabajo social consideran a la orientación sexual homosexual como un desorden mental. Hace ya muchos años, la Asociación Estadounidense de Psiquiatría sacó a la homosexualidad de su lista de desórdenes mentales, argumentando que “de por sí, la homosexualidad no implica ninguna deficiencia en el juicio, la estabilidad, u otras capacidades sociales o vocacionales” (American Psychiatric Association, 1974). En 1975, la Asociación Estadounidense de Psicología tomó la misma postura y solicitó a todos los profesionales de la salud mental que colaboraran en deshacer el mito que asocia la orientación sexual homosexual con la enfermedad mental (American Psychological Association, 1975). La Asociación Nacional de Trabajadores Sociales, por su parte, también puso en práctica una política similar (National Association of Social Workers, 1994).

 

La decisión de sacar a la orientación sexual homosexual de la lista de desórdenes mentales pudo justificarse en las muchas investigaciones que se llevaron a cabo en las últimas tres décadas y que demuestran que la homosexualidad no es un desequilibrio psicológico (Gonsiorek, 1991; Hart, Roback, Tittler, Weitz, Walston, & McKee, 1978; Reiss, 1980). En efecto, no existe evidencia comprobable de que la orientación sexual homosexual per se afecte el funcionamiento psicológico. Sin embargo, es de notar que las situaciones sociales por las que pasan muchas lesbianas y gays, como el estar expuestos a muchos prejuicios socialmente aceptados, así como ser objetos de discriminación, les causan con frecuencia angustias agudas (Cochran, 2001; Freedman, 1971; Gonsiorek, 1991; Hart et al., 1978; Hooker, 1957; Meyer, 2003; Reiss, 1980).

 

Lesbianas y gays como padres

 

El mito de que las lesbianas y los gays no pueden ser buenos padres tampoco tiene fundamentos empíricos (Anderssen, Amlie, & Ytteroy, 2002; Brewaeys & van Hall, 1997; Parks, 1998; Patterson, 2000; Patterson & Chan, 1996; Perrin, 2002; Stacey & Biblarz, 2001; Tasker, 1999; Victor & Fish, 1995). Las mujeres lesbianas y heterosexuales no difieren significativamente en su salud mental o en los modos en que emprenden la crianza de sus hijos/as (Bos et al., 2004; Kweskin & Cook, 1982; Lyons, 1983; Miller, Jacobsen, & Bigner, 1981; Mucklow & Phelan, 1979; Pagelow, 1980; Parks, 1998; Patterson, 2001; Rand, Graham, & Rawlings, 1982; Siegenthaler & Bigner, 2000; Thompson, McCandless, & Strickland, 1971). De igual forma, las relaciones románticas y sexuales lésbicas per se no tienen consecuencias negativas en el cuidado de los/as hijos/as (Bos et al., 2004; Chan et al., 1998b; Pagelow, 1980). Las parejas de lesbianas que crían juntas a sus hijos/as comparten por lo general las tareas domésticas y familiares de modo bastante igualitario, a la vez que se muestran satisfechas con su relación de pareja (Bos et al., 2004; Brewaeys et al., 1997; Chan, et al., 1998a; Ciano-Boyce & Shelley-Sireci, 2002; Hand, 1991; Johnson & O'Connor, 2002; Koepke, Hare, & Moran, 1992; Osterweil, 1991; Patterson, 1995a; Sullivan, 1996; Tasker & Golombok, 1998; Vanfraussen, Ponjaert- Kristoffersen, & Brewaeys, 2003). Asimismo, los estudios que se concentran en padres gays sugieren que éstos se reparten las tareas concernientes a la crianza de los hijos de forma equitativa y que se muestran felices con su pareja (Johnson & O'Connor, 2002; McPherson, 1993).

 

Los resultados de algunos estudios demuestran que las formas de crianza y de cuidado empleadas por las madres lesbianas y los padres gays llegan a ser mejores que aquellas utilizadas por las parejas heterosexuales. Por ejemplo, Flaks, Fischer, Masterpasqua, y Joseph (1995) informaron que las estrategias de crianza de las parejas de lesbianas eran mejores que aquellas de las parejas heterosexuales. La explicación que de este dato dan los investigadores, es que las madres no-biológicas están más conectadas con la crianza de los/as hijos/as que los padres heterosexuales. En este sentido, el estudio de Brewaeys (1997) señaló que los patrones de interacción madre-hijo en parejas de lesbianas eran mejores que aquellos de las parejas heterosexuales. Sin embargo, otro estudio encontró muchas similitudes entre ellas (Vanfraussen, Ponjaert-Kristoffersen, & Brewaeys, 2003). Los resultados de un estudio reciente de 256 familias de lesbianas y de gays demostró que, en contraste con los patrones característicos de la mayoría de los padres y madres estadounidenses, muy pocas madres lesbianas y padres gays manifestaron que utilizaban castigos físicos (nalgadas, por ejemplo) como técnica de disciplinamiento; en su lugar, ponían en práctica técnicas más positivas, como la reflexión (Johnson & O'Connor, 2002). Sin dudas, los resultados de los estudios llevados a cabo no han arrojado ninguna evidencia que permita aseverar que las madres lesbianas o los padres gays no son buenos padres y madres (Armesto, 2002; Barret & Robinson, 1990; Bigner & Bozett, 1990; Bigner & Jacobsen, 1989a, 1989b; Bos et al., 2003, 2004; Bozett, 1980, 1989; Patterson, 1997; Patterson & Chan, 1996; Sbordone, 1993; Tasker & Golombok, 1997; Victor & Fish, 1995; Weston, 1991). Muy por el contrario, los resultados demuestran que las madres lesbianas y los padres gays también pueden ofrecer a sus hijos/as un hogar de contención y cuidado.

 

Los hijos e hijas de madres lesbianas y de padres gays

 

Además de las inquietudes que emergen en el ámbito de la justicia acerca de los padres y madres homosexuales, varios tribunales manifestaron principalmente tres preocupaciones respecto a la influencia que los padres y madres homosexuales podrían tener sobre sus hijos/as. La primera es que el desarrollo de la identidad sexual de los/as hijos/as de estas parejas podría verse afectado. Por ejemplo, una inquietud es que los/as niños/as criados/as por madres lesbianas o padres gays desarrollen desequilibrios en su identidad de género y/o en el comportamiento asociado a su rol de género (Falk, 1989, 1994; Hitchens & Kirkpatrick, 1985; Kleber, Howell, & Tibbits-Kleber, 1986; Patterson et al., 2002; Patterson & Redding, 1996). Otro temor corriente es que los/as niños/as criados/as por madres lesbianas o padres gays se conviertan en lesbianas o en gays (Patterson & Redding, 1996; Patterson et al., 2002).

 

Una segunda categoría de inquietudes se vincula con ciertos aspectos del desarrollo de los/as niños/as que van más allá de la identidad sexual (Falk, 1989, 1994; Patterson & Redding, 1996; Patterson et al., 2002). Por ejemplo, los tribunales han expresado su temor a que los/as niños/as bajo custodia en familias de madres lesbianas o de padres gays sean más propensos/as a tener crisis nerviosas, a tener más dificultades de adaptación y problemas de conducta, y que psicológicamente sean menos saludables que otros/as niños/as.

 

Por su parte, la tercera categoría de preocupaciones expresadas en los tribunales es que los/as hijos/as de familias de madres lesbianas y de padres gays tengan dificultades para establecer vínculos sociales (Falk, 1989, 1994; Patterson & Redding, 1996; Patterson et al., 2002). Por ejemplo, los jueces reiteran su inquietud acerca de la estigmatización que pudieran sufrir los/as niños/as que viven en familias de madres lesbianas o de padres gays, o que éstos sean objeto de burlas o victimizados/as por sus pares. Otro temor muy común es que estos/as niños/as estén más expuestos al abuso sexual de padres o de amigos o parientes de los padres. En lo que sigue me detendré en cada uno de estos puntos.

 

Identidad sexual

 

Los tres aspectos de la identidad sexual que se toman en cuenta en las investigaciones consideradas son los siguientes: la identidad de género, que hace referencia a la auto-identificación de la persona como hombre o mujer; el comportamiento asociado al rol de género, que refiere al modo en que las actividades y ocupaciones de la persona son culturalmente percibidas como masculinas, femeninas o ambas; y la orientación sexual, que hace referencia a la elección de los compañeros sexuales, quienes pueden ser homosexuales, heterosexuales o bisexuales (Money & Ehrhardt, 1972; Stein, 1993). Las investigaciones más relevantes para cada uno de estos aspectos se resumen a continuación:

 

Identidad de género. En los estudios sobre niños/as de entre 5 y 14 años, los resultados de las pruebas proyectivas así como de las entrevistas, revelan que el desarrollo de la identidad de género en hijos/as de madres lesbianas sigue los patrones esperados (Green, 1978; Green, Mandel, Hotvedt, Gray, &Smith, 1986; Kirkpatrick, Smith & Roy, 1981). Por su parte, Golombok, Spencer, & Rutter (1983) usaron técnicas de testeo más directas para analizar la identidad de género y obtuvieron los mismos resultados: todos/as los/as niños/as del estudio expresaron estar contentos/as con su género y que no deseaban pertenecer al sexo opuesto. Ninguno de los estudios realizados para analizar la identidad de género dio evidencia alguna de que los/as hijos/as de madres lesbianas experimentaran algún tipo de dificultad. No existen datos de esta cuestión en el caso de los/as hijos/as de padres gays.

 

Comportamiento asociado al rol de género: Varios estudios informaron que los comportamientos asociados al rol de género de los/as hijos/as de madres lesbianas se encuadran dentro de los parámetros típicos de los roles sexuales convencionales (Brewaeys et al., 1997; Golombok et al., 1983; Gottman, 1990; Green, 1978; Green et al., 1986; Hoeffer, 1981; Kirkpatrick et al., 1981; Kweskin & Cook, 1982; Patterson, 1994a). Por ejemplo, en la investigación de Kirkpatrick (1981) no se encontró ninguna diferencia entre los/as hijos/as de madres lesbianas y aquellos/as de madres heterosexuales en lo que respecta a las preferencias de juguetes, de actividades, o a las elecciones profesionales.

 

Rees (1979) administró el Inventario de Roles Sexuales de Bem (BSRI, por sus siglas en inglés) a 24 adolescentes, de los cuales la mitad era hijo/a de madres lesbianas divorciadas y la otra mitad, de madres heterosexuales divorciadas. El BSRI mide la masculinidad y la feminidad en tanto factores independientes, mientras que la medición de la androginia se realiza según la proporción de masculinidad con respecto a la de feminidad. No se registraron diferencias de masculinidad o de androginia en los/as niños/as de madres lesbianas respecto a los/as hijos/as de madres heterosexuales, sin embargo, los/as hijos/as de madres lesbianas demostraron tener una feminidad psicológica más marcada que los/as hijos/as de madres heterosexuales. Así, estos resultados demuestran la invalidez de los estereotipos que representan a las lesbianas como mujeres poco femeninas, ya sea en su conducta como en el modo en que ésta influye en sus hijos.

 

Los comportamientos asociados a los roles de género también fueron investigados por Green (1986). En las entrevistas con niños/as, no se encontraron diferencias entre los/as 56 hijos/as de madres lesbianas y entre los 48 hijos/as de madres heterosexuales en lo concerniente a la preferencia de programas de televisión, personajes de televisión favoritos o juegos y juguetes predilectos. No obstante, en las entrevistas hubo indicios de que las actividades que preferían los/as hijos/as de madres lesbianas tanto en el ámbito de la escuela como en el barrio estaban menos marcadas por los estereotipos de género que en el caso de los/as hijos/as de madres heterosexuales. En consonancia con este resultado, las madres lesbianas señalaron más veces que las madres heterosexuales que sus hijas participaban con frecuencia en juegos bruscos o que jugaban con juguetes “masculinos”, como camiones o armas, pero no se detectaron diferencias en estas cuestiones en lo que respecta a sus hijos. Las madres lesbianas no manifestaron ni en menor ni en mayor medida que sus pares heterosexuales que sus hijos jugaran con juguetes “femeninos”, como por ejemplo, muñecas. En suma, en los dos tipos de familia el comportamiento de género cuadra dentro de los parámetros esperados.

 

En un estudio más reciente, Brewaeysy (1997) midió el comportamiento asociado al rol de género en 30 niños/as de entre 4 a 8 años que habían sido concebidos mediante inseminación artificial con donante, y lo compararon con el de 30 niños/as de la misma franja etárea que habían sido concebidos de forma natural por parejas heterosexuales. Para esto, utilizaron el Inventario de Actividades Preescolares (Golombok & Rust, 1993), un cuestionario basado en muestras aleatorias que fue diseñado para identificar conductas “masculinas” y “femeninas” entre niños y niñas en edad preescolar. Los investigadores no encontraron diferencias significativas entre los/as hijos/as de familias de madres lesbianas y aquellos de familias heterosexuales en lo que respecta a las preferencias de juguetes, juegos y actividades (Brewaeys et al., 1997).

 

En síntesis, el estudio demuestra que los/as hijos/as de madres lesbianas desarrollan patrones de comportamiento de género que no se diferencian significativamente de los desarrollados por los/as hijos/as criados/as en familias heterosexuales.

No existen datos que den cuenta de los comportamientos de género de los hijos e hijas de padres gays.

 

Orientación sexual. Varias investigaciones se dedicaron al estudio de un tercer aspecto de la identidad sexual: la orientación sexual (Bailey, Bobrow, Wolfe, & Mickach, 1995; Bozett, 1980, 1987, 1989; Gottman, 1990; Golombok & Tasker, 1996; Green, 1978; Huggins, 1989; Miller, 1979; Paul, 1986; Rees, 1979; Tasker & Golombok, 1997). En todos los estudios, la mayoría de los/as hijos/as de madres lesbianas así como de padres gays se describieron a sí mismos/as como heterosexuales. En síntesis, ninguno de los datos arrojados en todos estos estudios dan cuenta de tasas elevadas de homosexualidad entre los hijos e hijas de madres lesbianas o de padres gays. Por ejemplo, Huggins (1989) entrevistó a 36 adolescentes, de los cuales la mitad tenía madre lesbiana, y la otra mitad, madre heterosexual. Ninguno de los hijos de madre lesbiana se identificó como gay o lesbiana, aunque este sí fue el caso de un hijo de madre heterosexual. Esta diferencia, sin embargo, no fue estadísticamente significativa. En otro estudio, Bailey (1995) estudió a los hijos varones adultos de padres gays y obtuvo como resultado que más del 90% de estos hijos era heterosexual.

 

Otros aspectos del desarrollo personal

 

Las investigaciones sobre los/as hijos/as de madres lesbianas y padres gays también se han concentrado en otros aspectos del desarrollo personal de los/as niños/as. Pueden mencionarse, por ejemplo, la separación-individuación (Steckel, 1985, 1987), los análisis psiquiátricos (Golombok et al., 1983; Kirkpatrick et al., 1981), los problemas de conducta (Brewaeys et al., 1997; Chan, Raboy et al., 1998; Flaks, et al., 1995; Gartrell, Deck, Rodas, Peyser, & Banks, 2005; Golombok et al., 1983, 1997; Patterson, 1994a; Tasker & Golombok, 1995, 1997; Wainright et al., 2004), la personalidad (Gottman, 1990; Tasker & Golombok, 1995, 1997), el modo en que los/as niños/as se perciben a sí mismos/as (Golombok, Tasker, & Murray, 1997; Gottman, 1990, Huggins, 1989; Patterson, 1994a; Puryear, 1983; Wainright et al., 2004), el locus de control (Puryear, 1983; Rees, 1979), juicio moral (Rees, 1979), la adaptación escolar (Wainright et al., 2004), y la inteligencia (Green et al., 1986). Estas investigaciones señalan que las preocupaciones corrientes acerca de las dificultades que podrían experimentar los hijos e hijas de madres lesbianas en estos aspectos son injustificadas (Patterson, 1997, 2000; Parks, 1998; Perrin, 1998, 2002; Stacey & Biblarz, 2001; Tasker, 1999). Tal como sucede con las investigaciones sobre la identidad sexual, el estudio de estos aspectos del desarrollo personal no arrojó diferencias significativas entre los/as hijos/as de madres lesbianas con respecto a los de madres heterosexuales. Una diferencia estadística significativa respecto al modo en que estos hijos e hijas se percibían a sí mismos surgió en el estudio de Patterson (1994a): los/as hijos/as de madres lesbianas mostraron más síntomas de estrés pero también un sentimiento de bienestar general más marcado que los/as niños/as del otro grupo (Patterson, 1994a). No obstante, este resultado debe ser testeado nuevamente. En síntesis, el mito de que los/as hijos/as de madres lesbianas y de padres gay sufren déficits en su desarrollo personal no tiene ninguna evidencia empírica.

 

Relaciones sociales

 

Muchos de los estudios que se focalizan en las diferencias entre hijos de familias de madres lesbianas y de padres gays respecto a los de familias heterosexuales incluyen también un análisis de las relaciones sociales que mantienen estos/as niños/as. El centro de atención está puesto, por lo general, en las relaciones entre pares, pero también existen datos acerca de las relaciones de estos/as niños/as con personas adultas. Los resultados de investigación que arrojan datos sobre abuso sexual también se tratarán en esta sección.

 

El estudio de cómo los/as hijos/as de madres lesbianas se relacionan con sus pares ha sido realizado por Golombok (1983, 1997), por Green (1978, 1986), y también por Patterson (1994a). Los informes sobre las madres y sus hijos/as demuestran que éstos siguen los modos típicos de relacionarse con sus pares. Por ejemplo, como es de esperar, la mayoría de los/as niños/as en edad escolar expresan que sus mejores amigos son de su mismo sexo, al igual que su grupo de pares (Golombok et al., 1983; Green, 1978; Patterson, 1994a). La calidad de las relaciones que estos/as niños/as mantienen con sus pares se describe, en general, como positiva (Golombok et al., 1983), así como también la que mantienen las madres con ellos (Green et al., 1986; Golombok et al., 1997). Sin embargo, si bien algunos/as niños/as mencionaron que alguna vez sus compañeros/as les hicieron comentarios anti-gay (Gartrell et al., 2005), los/as hijos/as jóvenes adultos/as de lesbianas divorciadas, al igual que los/as hijos/as de madres heterosexuales divorciadas, no manifestaron haber sido objeto de burlas ni de agresiones (Tasker & Golombok, 1995, 1997). También se demostró que la cantidad y calidad de relaciones románticas de los adolescentes y adultos jóvenes tampoco guarda relación con la orientación sexual de la madre (Tasker & Golombok, 1997; Wainright et al., 2004). No se registraron datos de estos aspectos en el caso de los hijos e hijas de padres gays.

 

Respecto a las relaciones que mantienen los/as hijos/as de familias de madres lesbianas y de padres gays con los adultos, las investigaciones las describen de forma positiva (Brewaeys et al., 1997; Golombok et al., 1983; Harris & Turner, 1985/86; Kirkpatrick et al., 1981; Wainright et al., 2004). En efecto, las relaciones de los adolescentes con sus padres y madres se caracterizan por el afecto y el cuidado, más allá de la orientación sexual de las madres y de los padres (Wainright et al., 2004). Golombok (1983) demostró que los hijos e hijas de madres lesbianas divorciadas tenían más contacto con sus padres que los de madres heterosexuales divorciadas. Otro estudio, sin embargo, indicó que no existen diferencias en este punto (Kirkpatrick et al., 1981). Harris y Turner (1985/86) realizaron un estudio de los/as hijos/as de padres gays y de madres lesbianas, y señalaron que las relaciones padre/madre-hijo eran caracterizadas en términos positivos. Una diferencia significativa fue que los padres y madres heterosexuales divorciados expresaron en más oportunidades que las visitas de sus hijos/as a sus ex parejas eran problemáticas para ellos (Harris & Turner, 1985/86). Otra diferencia señalada fue que los/as hijos/as adultos jóvenes de madres lesbianas divorciadas expresaron que se comunicaban con sus madres y las parejas actuales de sus madres de modo más abierto que los/as hijos/as adultos/as jóvenes de parejas heterosexuales divorciadas (Tasker & Golombok, 1997).

 

Algunos estudios también se focalizaron en el contacto de los niños y niñas con otros miembros de la familia, en especial con los abuelos. Los padres son muchas veces quienes habilitan y mantienen el contacto generacional dentro de la familia. Puesto que generalmente los abuelos tienen una relación cercana con sus nietos, cualquier tipo de tensión en la relación de los padres con los abuelos puede tener efectos adversos en la frecuencia de visitas de los nietos y, por consiguiente, afectar negativamente el desarrollo del niño o la niña. Patterson evaluó estos aspectos en dos estudios diferentes (Fulcher, Chan, Raboy, & Patterson, 2002; Patterson et al., 1998). Los resultados mostraron que la mayoría de los/as hijos/as de madres lesbianas tenían un contacto frecuente con sus abuelos (Patterson et al., 1998). En un estudio reciente, basado en un muestreo sistemático que aseguró la obtención de una muestra demográficamente homogénea de familias homosexuales y heterosexuales, no se revelaron diferencias significativas en la frecuencia de contacto que mantenían abuelos y nietos (Fulcher et al., 2002). Gartrelly (2000), por su parte, también señaló que los padres que tenían hijas lesbianas reconocían a los hijos de éstas como sus nietos. Por consiguiente, los datos existentes demuestran que, contrariamente a lo que comúnmente se cree, las relaciones intergeneracionales en las familias de madres lesbianas son satisfactorias.

 

Asimismo, también se evaluó el contacto de los/as niños/as de madres lesbianas con amigos/as adultos/as de la familia (Fulcher et al., 2002; Golombok et al., 1983; Patterson et al., 1998). Todos/as los/as niños/as tenían contacto con los/as amigos/as de sus madres, y la mayoría de las madres lesbianas expresó que sus amigos/as adultos/as eran tanto heterosexuales como homosexuales. En conclusión, los/as hijos/as de madres lesbianas mantienen contacto con los/as amigos/as de sus madres del mismo modo en que lo hacen los/as hijos/as de madres heterosexuales (Fulcher et al., 2002).

 

El mito de que los/as hijos/as de familias de madres lesbianas y de padres gays están más expuestos que los/as hijos/as de familias heterosexuales a ser abusados sexualmente también ha sido objeto de varios estudios. Los resultados obtenidos demuestran que la mayor parte de los adultos que cometen abusos sexuales son hombres y que el abuso sexual infantil por parte de mujeres adultas es muy poco frecuente (Finkelhor & Russell, 1984; Jones & McFarlane, 1980; Sarafino, 1979). Además, la gran mayoría de los abusos sexuales infantiles se da por parte de hombres que abusan de niñas (Jenny, Roesler, & Poyer, 1994; Jones & McFarlane, 1980). Los datos revelan que los hombres gay no son más propensos que los hombres heterosexuales a cometer abusos sexuales infantiles (Groth & Birnbaum, 1978; Jenny et al., 1994; Sarafino, 1979). Hay pocos informes publicados acerca del abuso sexual infantil en el caso de niños/as que viven bajo la custodia de madres lesbianas o de padres gays. Sin embargo, una investigación reciente señaló que ninguna de las madres lesbianas que participaron en el estudio longitudinal había abusado de sus hijos/as (Gartrell et al., 2005). Por ende, el temor a que los/as niños/as que viven bajo custodia en familias de madres lesbianas y de padres gays corran más riesgos de ser abusados/as sexualmente, carece de toda evidencia empírica en los estudios relevados.

 

Resumen

 

Los resultados de las investigaciones realizadas indican que los/as hijos/as de familias de madres lesbianas y de padres gays mantienen buenas relaciones con sus pares y que las relaciones que mantienen con los adultos de ambos sexos también son satisfactorias. La imagen que emerge es que los/as hijos/as de madres lesbianas tienen una buena interacción con sus pares, con sus abuelos y con los amigos adultos de sus madres, tanto hombres como mujeres, heterosexuales y homosexuales. En una palabra, según las investigaciones realizadas, el mito de que los hijos e hijas de familias de madres lesbianas o de padres gays corren más riesgos de ser abusados sexualmente, rechazados por sus pares o de vivir aislados solo en comunidades lésbicas o gays, carece de todo fundamento.

 

Diversidad al interior de los grupos de madres lesbianas, padres gays y sus hijos e hijas

 

A pesar de la gran y evidente diversidad que existe entre las comunidades gay y lésbica, las investigaciones respecto a las diferencias entre familias gays y familias lésbicas son muy pocas. Un tipo importante de heterogeneidad comprende las circunstancias de nacimiento o adopción de los/as hijos/as. Algunos hombres y mujeres tuvieron hijos/as en el marco de una relación de pareja heterosexual que se disolvió luego de que uno o los dos de los padres se asumiera como gay o lesbiana. Muchas de las investigaciones sobre madres lesbianas, padres gays y sus hijos e hijas, emergen de la necesidad de abordar los problemas que afrontan estas familias cuando se dirime la custodia de los/as hijos/as. Por ende, fueron aparentemente diseñadas, al menos en parte, para examinar la veracidad de los estereotipos más comunes que se evocaban en los procedimientos legales. Un número cada vez más alto de hombres y de mujeres tienen hijos luego de haber asumido su identidad gay o lésbica. Recientemente han comenzado a realizarse estudios sobre cuestiones relevantes para las familias de este tipo (Brewaeys et al., 1997; Chan et al., 1998a, 1998b; Flaks et al., 1995; Gartrell et al., 1996, 1999, 2000; Golombok et al., 1997; Johnson & O'Connor, 2002; McCandlish, 1987; Parks, 1998; Patterson, 1992, 1994a, 1995a, 1995b, 1998, 2001; Patterson et al., 1998; Steckel, 1987; Tasker, 1999). Los padres e hijos/as de estos dos tipos de familia viven experiencias divergentes en muchos aspectos (Wright, 1998).

 

En esta sección, los resultados de las investigaciones hacen referencia al impacto del estado psicológico y de la relación de los padres entre sí, así como a la influencia de otros factores de estrés y de apoyo. Un área donde se presentan divergencias entre familias gays o lesbianas se vincula al hecho de que el padre o madre tutor esté en pareja, y si es así, en cómo esa relación afecta a los/as hijos/as. Pagelow (1980), Kirkpatrick et al. (1981), y Golombok et al. (1983) informaron que había más madres lesbianas divorciadas viviendo en pareja que madres heterosexuales divorciadas. No obstante, ninguno de los investigadores analizó la correspondencia entre esta variable y la adaptación social o desarrollo de los/as niños/as. Por su parte, los estudios que comparan la adaptación de madres e hijos/as en familias lésbicas monoparentales o con dos madres (por ejemplo, Brewaeys et al., 1997; Chan et al., 1998b) no señalan diferencias significativas.

 

Huggins (1989) informó que las hijas de madres lesbianas que conviven con su pareja mujer tienen la autoestima más alta que las hijas de madres lesbianas que no viven con su pareja. Debido a que la muestra fue pequeña y a que no se cuenta con estudios estadísticos, este resultado debe interpretarse más como un indicio que como un dato comprobado. Kirkpatrick también señaló que “contrariamente a los temores que se expresan en los tribunales, los/as niños/as que conviven con su madre lesbiana y con su pareja, tienen una vida familiar más plena y estable” que aquellos que conviven solo con la madre lesbiana (Kirkpatrick, 1987, p. 204). Por otra parte, la percepción que los/as niños/as tienen de sí mismos no varía de acuerdo al tipo de familia, tal como lo demostró Patterson (1994a), aunque es de notar que esto puede deberse a la falta de información estadística, pues eran pocas las familias monoparentales que componían la muestra.

 

Las cuestiones relacionadas con la división de las tareas domésticas y familiares también han sido estudiadas. En el caso de familias de parejas lesbianas, Patterson (1995a) informó que tanto las madres biológicas como las no-biológicas no tenían roles diferentes en el trabajo doméstico ni en la toma de decisiones familiares; sin embargo, las madres biológicas manifestaron que pasaban más tiempo al cuidado de los/as hijos/as, mientras que las madres no-biológicas indicaron que pasaban más tiempo en el trabajo fuera de casa. En aquellas familias en que las madres informaron que compartían el cuidado de sus hijos/as de forma igualitaria, los padres estaban más contentos y los/as hijos/as tenían menos problemas de adaptación. En suma, el hecho de compartir el cuidado de los/as hijos/as de forma igualitaria ha demostrado tener consecuencias más favorables tanto para los padres como para los/as hijos/as. No obstante, en estudios más recientes no se han relevado diferencias significativas entre las madres biológicas y las no-biológicas, así como tampoco se han verificado nuevamente las correlaciones entre la división parental del trabajo y la adaptación de los/as hijos/as (ver, por ejemplo, Chan et al., 1998a; Johnson & O'Connor, 2002).

 

Otro aspecto de las diferencias entre familias de madres lesbianas y las de padres gays reside en el estado psicológico y el bienestar de las madres y padres. Los análisis de las relaciones padre-hijo en familias de parejas heterosexuales revelan que la adaptación de los/as hijos/as está relacionada por lo general con el estado de la salud mental de la madre. Así, es de esperar que aquellos factores que son favorables para la salud mental de las madres lesbianas o de los padres gay también resulten beneficiosos para sus hijos e hijas. Lott-Whitehead y Tully (1993) informaron una variación considerable en el nivel de estrés de madres lesbianas, pero no describieron las fuentes de estrés ni su correlación con la adaptación de los/as hijos/as. Rand, Graham, y Rawlings(1982) indicaron que la sensación de bienestar psicológico de las madres lesbianas estaba asociado con el nivel de apertura que éstas tenían respecto a su identidad lesbiana tanto con sus empleadores, como con sus ex maridos y con sus hijos/as. Las madres que sentían que podían expresar su identidad sexual manifestaban asimismo una sensación de bienestar. Desafortunadamente, no se cuenta con información acerca de la correlación de estos resultados con la adaptación social de los/as hijos/as.

 

Más recientemente, Patterson (2001) informó que la salud mental de la madre está profundamente vinculada a la adaptación social de los/as hijos/as biológicos/as o adoptados/as desde muy pequeños/as por madres lesbianas. De forma general, las madres que presentaban menos síntomas psicológicos describían a sus hijos/as como mejor adaptados socialmente. Las madres de la muestra expresaron que asumían abiertamente su identidad sexual y la mayor parte gozaba de una buena salud mental. La muestra se segó entonces hacia la parte más saludable de la distribución. Considerando el tamaño moderado de la muestra (66 madres), así como el rango pequeño de valores, es particularmente importante señalar el hecho de que las correlaciones entre la salud mental de la madre y la adaptación social de sus hijos/as emergieran tan claramente.

 

Al igual que otros/as niños/as y jóvenes que son criados en relaciones familiares de cuidado y cariño, los/as hijos/as de madres lesbianas que crecen en contextos similares también resuelven mejor su vida. Chan (1998b) señaló que los/as niños/as tienen menos problemas de conducta cuando los padres están menos estresados, tienen menos conflictos entre ellos, y sienten más amor el uno por el otro. En la muestra, esto pudo comprobarse tanto en los/as hijos/as de madres lesbianas como en los/as de parejas heterosexuales. De modo similar, Wainright (2004) señaló que cuando los padres califican la relación con sus hijos/as adolescentes como buena, los/as jóvenes presentan menos síntomas de depresión y tienen menos problemas en la escuela; de nuevo, esto pudo corroborarse tanto en el caso de adolescentes con padres del mismo sexo como en aquellos de padres heterosexuales.

 

Otra área de gran diversidad entre las familias de madres lesbianas y de padres gays es el grado en que la identidad lésbica o gay es aceptada por otras personas significativas en la vida del niño o la niña. En el caso de los padres que rechazan la identidad lesbiana de la madre, Huggins (1989) detectó que el nivel de autoestima de los/as hijos/as era más bajo que en el caso de padres que tenían una actitud neutral o positiva respecto a la identidad sexual de la madre. Debido al tamaño pequeño de la muestra y de que no se dispone de testeos significativos, estos resultados son más indicativos que definitivos. Sin embargo, el estudio de Huggins (1989) permite reflexionar acerca del grado de influencia que tienen las reacciones de las personas significativas del entorno del niño en el descubrimiento de la identidad gay o lesbiana de los padres.

 

Gershon, Tschann, y Jemerin (1999) estudiaron las relaciones entre la percepción que los/as hijos/as adolescentes de mujeres lesbianas tenían de sí mismos/as, de si se sentían estigmatizados/as o no, y de sus habilidades para afrontar diversos problemas. Realizaron entrevistas a 76 adolescentes de entre 11 y 19 años y examinaron el impacto de variables sociales en la autoestima. Los participantes eran hijos/as de mujeres que se identificaron como lesbianas (n = 25), o bien, adolescentes que nacieron durante el matrimonio heterosexual de la madre (n = 51). Gershon indicó que los/as adolescentes que se sentían más estigmatizados/as por tener una madre lesbiana tenían menos autoestima en varias dimensiones que incluían la aceptación social, la autovaloración, la conducta, la apariencia física y las amistades cercanas. Su hipótesis era que si los/as adolescentes presentaban una gama amplia de recursos para afrontar problemas, la relación entre la estigmatización percibida y su autoestima se vería moderada. Sin embargo, los resultados demostraron que solo la capacidad para tomar decisiones tenía un efecto moderador: frente a una percepción de estigmatización fuerte, los/as adolescentes que tenían más capacidad de tomar decisiones demostraron también tener la autoestima más alta.

 

En un estudio sobre hijos/as biológicos/as de madres lesbianas, Gartrell (2005) informó que los/as niños/as de 10 años que sufrieron reacciones lesbofóbicas por parte de sus pares manifestaron haberse sentido enojados/as, molestos/as o tristes. Además, las madres de los/as niños/as que hablaron de estas experiencias también manifestaron que sus hijos/as tenían problemas de conducta (Gartrell et al., 2005). Este último dato estaría indicando que los/as hijos/as de madres lesbianas o de padres gays crecen mejor en ambientes más contenedores. Considerando que la muestra fue pequeña y que no se cuenta con datos de fuentes externas a la familia, este resultado es más indicativo que definitivo.

 

La influencia que puede tener en los/as hijos/as la edad en la cual supieron que sus padres eran homosexuales ha sido también estudiada. Como señaló Paul (1986), los/as hijos/as a quienes sus padres gays, madres lesbianas o bisexuales hablaron acerca de su identidad sexual en la infancia o a fines de la adolescencia pudieron asimilarlo de mejor manera que aquellos a quienes se les habló al respecto cuando estaban entrando en la adolescencia o a mediados de este período. Huggins (1989) también indicó que los/as hijos/as que supieron que sus madres eran lesbianas en la infancia tenían una autoestima más alta que aquellos que lo supieron en la adolescencia. Debido a que los/as adolescentes jóvenes suelen estar preocupados/as por su propia sexualidad, se considera que el inicio de la adolescencia es un momento particularmente complejo para informarles que su madre es lesbiana o que su padre es gay (Bozett, 1980; Pennington, 1987; Schulenberg, 1985).

 

Algunos investigadores también analizaron el peso de la contención de los pares en el proceso de ayudar a los/as niños/as a enfrentar cuestiones relacionadas con el tener una madre lesbiana o un padre gay. Lewis (1980) fue el primero en señalar que el hecho de que los/as chicos/as no hablaran de la orientación sexual de los padres con sus amigos/as y hermanos/as los/as hacía sentir más aislados/as de sus pares. Los 11 adolescentes analizados por O'Connell (1993) expresaron haber elegido el momento en el que hablaron de la identidad lésbica de sus madres. Paul (1986) descubrió que el 29% de los jóvenes adultos que estudió no conocían otras personas con padres gays, madres lesbianas o bisexuales, lo cual indica que algunos de estos jóvenes se sentían verdaderamente aislados. Barrett y Tasker (2001) informaron que la mayor parte de los adolescentes con padres gays analizados en su investigación no hablaban de la orientación sexual de sus padres con sus amigos heterosexuales. Por otra parte, Gartrell (2005) señaló que la mayor parte de los/as niños/as de 10 años que tenían madres lesbianas y que entrevistó hablaban abiertamente con sus pares acerca de su familia. Es entonces probable que, según pasan los años y en ciertos contextos, se ha vuelto más fácil para los niños el decir que tienen padres o madres homosexuales. Lewis (1980) indicó que los hijos de familias de madres lesbianas y de padres gays se beneficiarían del apoyo de otros grupos de hijos de padres o madres homosexuales, y los jóvenes entrevistados por O'Connell (1993) también compartieron esta opinión. Si bien estos grupos existen, hasta el momento no se han realizado estudios sistemáticos sobre ellos.

 

En síntesis, los estudios sobre la diversidad de familias de madres lesbianas y de padres gays, así como de las influencias de esta diversidad en los/as hijos/as, son todavía escasos (Martin, 1993, 1998; Patterson, 1995b, 2000, 2001, 2004; Perrin, 2002; Stacey & Biblarz, 2001; Tasker, 1999). Todavía no hay datos sobre los/as hijos/as de padres que se identifican como bisexuales, así como también es difícil encontrar información acerca de hijos/as de madres lesbianas o padres gays no-blancos (para una muestra racial diversa, ver Wainright et al., 2004). La información disponible acerca de los/as hijos/as de madres lesbianas, sin embargo, indica que éstos se desenvuelven mejor en la vida cuando las madres se encuentran en buenas condiciones psicológicas y cuando éstas viven felices con una pareja lesbiana con la que comparten el cuidado de los/as hijos/as. Para los/as hijos/as puede ser más fácil sobrellevar los problemas que surgen del hecho de tener madres lesbianas o padres gays si se enteran de la orientación sexual de sus padres en la infancia o bien en los primeros años de la adolescencia. Los datos disponibles indican que es muy importante que los/as chicos/as de familias de madres lesbianas y de padres gays vivan en un contexto contenedor, en el que la orientación sexual de sus madres o padres sea aceptada por otros adultos y en el que puedan también tener contacto con pares que vivan circunstancias similares. Sin embargo, la información con la que se cuenta es todavía limitada y todas las conclusiones que de ella se obtenga son indicativas. Es claro, sin embargo, que las investigaciones realizadas hasta la fecha no proveen bases para afirmar que a los/as niños/as los beneficie de modo alguno el conflicto familiar o el silencio respecto a la identidad sexual de sus padres, así como tampoco el hecho de que la madre lesbiana o el padre gay vivan en un hogar distinto al de su pareja.

 

Conclusión

 

En suma, no hay datos que indiquen que las lesbianas o los gays no sean capaces de ser padres o que el desarrollo psicológico de sus hijos/as se vea afectado por tener padres homosexuales. No existe un solo estudio que señale que los/as hijos/as de madres lesbianas y de padres gays estén en inferioridad de condiciones en ningún aspecto significativo respecto a hijos/as de padres heterosexuales. En efecto, los datos recabados hasta la fecha indican que el contexto familiar de las familias de madres lesbianas y padres gays es tan contenedor como el de las familias heterosexuales para asegurar un buen desarrollo psicosocial de los/as hijos/as.

 

Es de notar que las investigaciones acerca de madres lesbianas o de padres gays y sus hijos e hijas, a pesar de que tienen una larga historia, son todavía escasas. Si bien se han realizado estudios sobre padres gays y sus hijos/as (Patterson, 2004), se sabe menos acerca de los/as hijos/as de padres gays que acerca de los/as hijos/as de madres lesbianas. Asimismo, si bien pueden consultarse estudios sobre hijos/as adolescentes y jóvenes de madres lesbianas o de padres gays (por ejemplo, Gershon et al., 1999; Tasker & Golombok, 1997; Wainright et al., 2004), pocos estudios se han concentrado en los/as hijos/as de madres lesbianas y de padres gays durante la adolescencia o la adultez. Por último, aunque se han incluido muestras más diversificadas en estudios recientes (por ejemplo, Golombok et al., 2003; Wainright et al., 2004), todavía quedan por investigar sistemáticamente otras fuentes de heterogeneidad. Además, si bien existen dos estudios longitudinales (Gartrell et al., 1996, 1999, 2000; Tasker & Golombok, 1997), todavía se necesitan más investigaciones que estudien a las familias de madres lesbianas y de padres gays a lo largo del tiempo. En síntesis, aun considerando que existe bastante información al respecto, más investigaciones nos ayudarían a comprender mejor a las familias de madres lesbianas, de padres gays y sus hijos e hijas.

 

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Sobre la autora:

Charlotte J. Patterson es doctora en psicología. Es profesora en el departamento de Psicología y en el “Centro para Niños, Familias y la Ley”, y es directora del “Programa interdisciplinario de Mujeres, Género y Sexualidad” (WGS, por sus siglas en inglés) en la Universidad de Virginia. Sus investigaciones se centran en la orientación sexual, el desarrollo humano y la vida familiar. En el marco de las mismas, Patterson ha trabajado con niños/as, adolescentes, parejas y familias y es mundialmente reconocida por sus estudios sobre el desarrollo infantil en el contexto de familias con padres gays y madres lesbianas.

Notas

 

[1] Se ha hecho referencia a un estudio australiano (Sarantakos, 1996) para sostener la idea de que los/as niños/as criados/as por parejas homosexuales desarrollan más problemas que aquellos/as criados/as por parejas heterosexuales. Los resultados anómalos de este informe –que contradicen el corpus de investigaciones acumulado en este campo– pueden ser atribuidos a la idiosincrasia de la muestra así como a la metodología utilizada, por lo que no constituyen datos fiables. En efecto, un análisis profundo del artículo de Sarantakos demuestra que algunas características de la metodología y de la muestra sesgaron los resultados, de ahí que sean indicadores inválidos para medir el desarrollo de los/as niños/as criados por madres lesbianas y por padres gays. Esto se percibe claramente en tres puntos: (1) El hecho de que este estudio indicara que los niños/as criados/as por madres lesbianas y padres gays sufrieron niveles extremadamente altos de ostracismo y de hostilidad por parte de sus pares y otros padres, puede explicarse por los bajos niveles de interacción y de integración social de estos padres con sus pares (ver pp. 25-26); (2) Casi todos los indicadores del comportamiento de los/as niños/as se basaron en informes subjetivos de docentes, quienes, como señala en repetidas ocasiones el autor, pueden haber sido tendenciosos (ver pp. 24, 26, & 30); y (3) A diferencia de los/as hijos/as de parejas heterosexuales de la muestra, casi todos los/as niños/as criados/as por madres lesbianas y padres gays de la muestra pasaron por la experiencia del divorcio de sus padres, lo cual, como es sabido, tiene una gran influencia tanto en la adaptación social de los/as niños/as como en su desempeño escolar. En efecto, a pesar de que las diferencias que Sarantakos observó entre los/as niños/as son anómalas en el contexto del estudio de la orientación sexual de los padres, sí se condicen con los resultados de otros estudios que analizan los efectos del divorcio en los/as hijos/as (ver, Amato, 2001, y Amato & Keith, 1991). Por otra parte, la revista en donde se publicó este estudio, Children Australia, es una publicación regional que no es conocida fuera de Australia. Como tal, no puede ser considerada una fuente confiable para entender el estado del conocimiento científico en este campo, en particular cuando los resultados se contradicen con los que se han obtenido repetidamente en estudios publicados en revistas más prestigiosas. En suma, el estudio de Sarantakos no afecta los patrones consistentes que han sido informados en otros estudios empíricos sobre el tema. Algunas organizaciones no-científicas han citado estudios de Paul Cameron en instancias judiciales para convencer al tribunal de que efectivamente existe una disputa científica en este campo y que los/as hijos/as de madres lesbianas y de padres gays tienen más problemas de desarrollo que aquellos criados por padres heterosexuales. Sin embargo, no existe evidencia empírica que sostenga estas afirmaciones. El estudio de Cameron es poco fiable metodológicamente. Sus principales descubrimientos en este campo no han sido puestos a prueba y se contradicen con las demás investigaciones publicadas. En este sentido, a diferencia de las investigaciones que hacen aportes científicos, sus principales descubrimientos y conclusiones no han sido prácticamente citadas por estudios publicados en revistas con referato. Para una crítica detallada del proyecto de investigación en el que Cameron basó muchos de sus artículos publicados, ver Herek (1998).

 

 
Articulo publicado en
Noviembre / 2014

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