A nadie le importa mi papá | Topía

Top Menu

A nadie le importa mi papá

 

 

 

Un gallo sólo no teje una mañana:
siempre necesitará de otros gallos.
De uno que reciba ese grito
y lo lance a otro; de otro gallo
que reciba el grito anterior
y lo lance a otro; y de otros gallos
que con muchos otros crucen
los hilos de sol de sus gritos,
para que la mañana, desde una tela tenue,
se vaya tejiendo entre todos los gallos.
Joao Cabral de Melo Neto

 

Introducción 

 

No es fácil ocuparse de un tema que ataca los límites de la razón. Que hace tartamudear a las teorías. Nos deja mudos. Los significados tambalean…  No es fácil encontrar espacios abiertos a estos temas. Momentos, lugares, instituciones… Quizás estas últimas consideraciones,  me hacen sentir más fuertemente la necesidad de escribir. Me he preguntado infinitas veces, si valdrá la pena re-volver  determinadas vivencias en el fondo del alma. Si  es verdad, que habrá alguien con ganas de escuchar, de saber. De que algo sea abierto. Si llegará a otros. Hubo momentos en que creí que no, que mejor no contaba nada, que seguía así con aquello guardado,  y  mirando las estrellas como hasta ahora.

 El silencio había resultado un buen compañero, nos había protegido en muchas oportunidades. Y abandonarlo, aunque fuera por un momentito,  da miedo. ¿Y después?  Serían señalados, ¿por lo que vivieron? ¿Porque abrieron estas heridas? No sería igual.

La singularidad de este proceso

 A partir de algunos datos iniciales de la historia de Mateo, escribí un cuento, que con su autorización fue publicado en un semanario de la ciudad.

El saco[1]

Pasé mi vida tratando de adivinar cómo era mi papá. Cuando era chico jugaba al basketball y me lo imaginaba  ahí mirándome. Me rompía todo por meter pelotas en la canasta, para que él estuviera contento. Lo veía, alentándome.

Cuando fui creciendo, distintas personas me contaban... lo que yo hubiese querido vivir, un abrazo, una canción tocada en la guitarra, una lectura de algo que él hubiera escrito. Me contaban como lo querían... y así de a poquito yo también lo fui queriendo. Aunque a veces, también me enojaba con él y le decía: “Viejo que hiciste, ¿por qué no te cuidaste?” 

Ahora escucho todos los noticieros y los programas políticos que encuentro en la radio, leo todos los diarios. Es un modo de seguir lo de él.

¿Sabés una cosa? Mi pena se hace soportable porque la transformo en relato. Si hablo, si te cuento de mi papá, él vive, vive en mí,  luego en ti, y en todos los que me escuchan. Y yo quiero tener a mi papá, vivo.

Por eso quedé emocionadísimo cuando Pedro me buscó.

 Él estuvo preso con mi padre. Quería contarme que lo había conocido en esa circunstancia. El deseó con todo su corazón que él hoy estuviese con nosotros.

Cuando vio que había quedado un montoncito de ropa de él,  después de una sesión de tortura de la que mi padre no volvió, se quejó de que tenía mucho frío, para que la guardia lo autorizara a usar alguna de esas ropas que allí estaban. Finalmente, logró que le permitieran ponerse el saco de mi padre.

Buscaba salvar algo de esa ropa, algo de mi padre. Pedro lo usó un poco y después lo guardó. Lo guardó en la cárcel, en todos los cambios de celda y de lugar que le tocaron y  lo siguió guardando. Y hoy, treinta años después, me lo acaba de dar.

             Ese saco  cobijó a mi padre. Lo abrigó. Lo cubrió. Lo tuvo. Vivió con él vaya saber cuantas alegrías, cuantas diversiones y cuantas luchas. Sé que estuvo con él en esos momentos negros, pero seguramente también estuvo en otros, quizás de amor, de pasión, de esperanzas,  de regocijo, de luz.

De esa forma, Pedro guardó un trozo de la vida de mi papá. 

Cuando me lo pongo, siento a mi papá. Me lo puedo imaginar hoy, que ya soy un hombre, con su tamaño de adulto. Puedo fantasear todo lo que mi imaginación me permite. Podría dirigir una película en la que él es el protagonista. Trabaja, toma mate, jugamos a la pelota, vamos a los partidos de basket, charlamos mucho, le pregunto todo lo que quiero y él a veces me rezonga. Me dice que tengo que terminar mis estudios, que le gusta mi novia, qué está contento conmigo.  Por un ratito, con el saco lo tengo.

En la re-creación del que fue mi papá,  surge la vida, su vida, mi vida. Esa vida que  no nos dejaron vivir.

                    -------------------------

Un sábado

Un sábado a  mediodía  logramos un momento de magia raro:

Un montón de gente de diversas edades y orígenes nos juntamos y nos emocionamos juntos leyendo esas líneas que escribió Olga Rochkovski y que tan bien trasmiten algunas de las vergüenzas de este país durante la dictadura.

El pibe del relato se hizo presente y nos encaró: 

"yo soy el del saco, mi papá es un desaparecido....."

Yo puse una  foto central que me inspiró ese texto, y las fotitos de ellos (desaparecidos) que rodeaban la foto central. Las fotos de todos ellos  permanecerán en nuestra memoria.

Juan Ángel Urruzola fue el fotógrafo que armó esa actividad con las fotos. No nos conocíamos. Nuestro vínculo se produjo a partir del cuento.

Me costó mucho cruzarme con las miradas de los desaparecidos, tratar de entender hacia donde miraban…

Mis primeras imágenes sobre este tema trataban de sostener esas miradas para que pudieran seguir mirando, escrudriñándonos y a la vez esperando que los miráramos. De ese cruce de miradas nació  “Miradas Ausentes”,  (una serie de fotografías sobre los desaparecidos). Las imágenes crudas, muchas veces, terminan teniendo  el efecto contrario al buscado: anestesian, asustan o incluso producen rechazo.

Hace unos meses en la contratapa de Brecha leí “El saco” de Olga Rochkovski, me golpeó y me llamó mucho la atención, sobre todo la aclaración de que era una ficción. Lograba la fuerza del testimonio, pero estaba compuesto desde otro lugar, lograba entonces hablarnos de eso tan difícil de hablar, lo hacía desde la sensibilidad.

Al leerlo  supe que en algún momento intentaría hacer algo con esa pequeña historia que nos contaba Olga (a quién por otra parte no conocía).Que es lo que finalmente hice.”(J.A.Urruzola).

 

 “A  los detenidos se les "amputaba" la mirada.
Estaba prohibido "mirar", acaso "ver"…
A mi regreso a Uruguay, después de la dictadura, descubrí que había temas de los que no se podía hablar. Estaba la ausencia de quienes "no estaban", pero también la ausencia de palabras que trasmitieran lo que había pasado. O de quienes sintieran “que este no era el momento para ocuparse de esos temas”.
Ese silencio omnipotente de una sociedad que se negaba a ver, se acompañaba de acusaciones contra quienes buscaban respuestas respecto a las violaciones de los derechos humanos perpetradas por dictadura.
Eran culpables de tener "ojos en la nuca", inexcusable frase que hizo escuela entre los presurosos por dar vuelta la página. Las transiciones de dictadura a democracia muchas veces se hacen a costa de la memoria. Más tarde se descubre que no hay atajos, la memoria siempre vuelve, las miradas estaban y seguirán estando.” J.A. Urruzola

 

 “Hola Olga como estás, te quería contar que fue muy emocionante para mí: el sábado, era la fecha de la última vez que se oyó a mi padre y es el día  que según la Comisión para la Paz murió en una celda  del hospital militar.

 Juan Angel Urruzola hizo su trabajo pensando que era  una ficción,  y llego yo y le digo que el saco existe, y  que lo tengo yo en mi casa.

Te mando un beso”. Mateo 

 

Le habíamos hecho un homenaje a su papá.

Azar, magia, sensibilidad.

El  texto escrito abrió paso a este proceso.

Mateo  me ha dicho, "lo que vos escribiste me ayuda a contar mi historia".

De esta forma iniciamos el trabajo clínico con Mateo.

                              ………………………………

La función del psicoterapeuta tiene que ver con restituir la movilidad entre el amor y la hostilidad.

Operamos con lo segmentado, con lo efímero, con lo provisorio, con lo comprendido y la incomprensión, con la incertidumbre, y con la imprevisibilidad.

·        Hay que crear poesía o alguna forma de arte para lidiar con este vacío-lleno. 

Hace falta una red que sostenga, que acune a estos seres para que puedan construir sus vidas.

 

·        La Desaparición

El desaparecido es  retaceado.

El cuerpo es separado del nombre.

Se lo separa del trama familiar, de su humanidad.

Pierde el territorio.

Se lo desgaja de la historia.

Se crea un vacío imposible de llenar.

La ausencia se convierte en presencia.

Pasa a no ser.

Es  robado a la vida y la muerte.

Es un desolado.

Alguien radicalmente expulsado de lo humano.

Lo podemos definir, por lo que no sabemos.

Es pasado, y presente.

No aparecen sus restos, el hilo de su historia,

No se accede al conocimiento de cómo murió, dónde está, quiénes los mataron y por qué.

 

La  figura del detenido-desaparecido es, en efecto, una verdadero quiebre del sentido”. (Gatti, 2008).

 

“La naturaleza de este fenómeno es la propia de las catástrofes, es decir, de aquellos acontecimientos que rompen un orden.”. (Gatti, 2008) Habrá un antes y un después imprevisible. Único para cada caso.

            El genocida deja en su acto, misivas genealógicas psíquicamente destructivas, que van a operar sobre varias generaciones, con tanto más estragos si ha habido negación, silencio o borramiento de la destrucción y de sus responsables”. (Benslama 2000) Este es el caso de las desapariciones forzadas

 En el cotejo con lo ocurrido en otros países, lo que pasó en Uruguay, parece insignificante, pero el horror no es cuantificable.

La Dictadura y los gobiernos posteriores en el Uruguay, justamente, hicieron un trabajo de silenciamiento de todo lo vivido en esos años oscuros.  Aquí no había pasado nada, y sí había ocurrido no se debía hablar. Por eso, surgieron en Uruguay, como en otros países, donde ha habido situaciones semejantes, “los portadores obligados de la memoria”, que son en su mayoría las personas directamente afectadas por el terrorismo de estado” (Braun, 2006).  “Memoria forzada” en contraposición con “amnesia decidida de los represores”. “La represión tanática pretende que nunca más haya ‘algo para recordar’” (A.Grande, 2004)  La sociedad de este modo,  ‘se libera’ de su carga, facilitando la desmentida y el desconocimiento de lo ocurrido. Sin embargo, el devenir histórico impone en algún momento, asumir la historia colectivamente.  

  El efecto de demoler la trama social fue muy eficaz. Cada quien quedó encerrado en su casa, en su cabeza, en su corazón,  sin poder encontrar los puentes para quebrar el silencio.

Constituye una forma de tortura cuyo propósito es crear un dolor transgeneracional, que aniquile cualquier movimiento de protesta u oposición  por generaciones. Es parte del programa con el que se intentó la demolición de una subjetividad altruista y destinada a favorecer el bien común.

Donde hubo desaparecidos, se instala una zona gris (Primo Levi)  que envuelve en la noche y la niebla al conjunto social. En la sociedad uruguaya quedaron marcas del silencio colectivo, que con muchísimo esfuerzo y tesón la sociedad ha tenido que ir quebrando. No fue fácil y aún no se ha quebrado definitivamente. Una de las marcas, fue trasmitir la hipocresía y la mentira como recurso de vínculo social, de inscribir aspectos de impostura y de pérdida de veracidad. Y al mentirse en este punto tan grave, el resto de los vínculos se impregnaron de mentira e impostura. Así como se instaló la impunidad en los  lazos sociales.

Casi treinta años después de ocurridas las dictaduras en el Cono Sur, la legislación internacional ha establecido que: las desapariciones forzadas son delitos imprescriptibles, de lesa humanidad, continuados hasta que se establezca el destino o el paradero de las víctimas, (Convención Interamericana sobre Desaparición Forzada de Personas, adoptada en la asamblea general de la OEA celebrada en Brasil, el 9 de junio de 1994).

Hoy el tema está planteado de otra forma: es el propio gobierno, quien ordenó la entrada a los cuarteles en busca de los restos de los que fueron desaparecidos. Se han juntado con mucho éxito las firmas para realizar el plebiscito, que permita anular la ley de caducidad de la pretensión punitiva del Estado. Aún falta mucho por averiguar. Lo que no ha variado es el silencio de los torturadores. Y la deuda mayor está referida a la justicia.

 

¿Estos duelos son posibles?

Los duelos por los desaparecidos  no son posibles hasta que...

Cada quien, y desde su historia singular,  encuentre o no caminos, para que este dolor, que estará siempre presente, no tiña toda la vida. Como dijera J. Miranda, (hijo de un desaparecido),  “la desaparición es un proceso. Un día  supe que mi padre cayó preso... luego en un largo proceso, fui dándome cuenta que él había desaparecido. Hoy por hoy, por este hecho, recibo muchísimo afecto!!!”, aunque por lo que le pasó a su padre,  perdió a toda la familia (su hermano falleció pocos meses antes de que ubicaran los restos del padre y la madre ya había fallecido). El único que quedó vivo para enterrar a su padre fue Javier.

“El vacío está allí. Es irremediable la ausencia. Si alguien ha desaparecido, flota. Flota en una región transparente, en un espacio que no tiene ubicación en ninguna parte (no es un cementerio, no es una tumba, no es  el aire, no es el mar.”(Peri Rossi 1999)

 No es posible completar estos duelos hasta que no se haya producido una inscripción social y política. Y ese hecho que es imprescindible, a veces no es suficiente.

Tener un féretro con los restos es acuciosamente necesario. En los velatorios de Ubagesner Chavez Sosa y F..Miranda, muchos sintieron la necesidad de tocar el féretro... como si quisieran confirmar que allí estaban. Como si  quisieran decir, “ahora sí, estás con nosotros”. “Ahora sí descansarás en paz”.

En las entrevistas que en estos tiempos se han hecho a hijos de desaparecidos, siempre aparece en algún momento, la bronca porque no pensaron en ellos, como hijos.

Un hijo de  desaparecidos dice:

“He podido comprobar que una de las cosas que  acentúan el problema, es no poder “putear” tranquilo,  por lo  difícil que es enojarse con un desaparecido,  ¿cómo  liberarse de la rabia con alguien que le pasó lo que le pasó?”. “Te sentís que vos lo estás matando de nuevo.” 

De acuerdo a los recursos personales, y de las tramas a la que cada uno pertenece, a la capacidad singular de resiliencia, los seres humanos van construyendo sus vidas del mejor modo posible, rescatando el deseo de vivir y la vida misma.

 Los familiares y los vínculos más cercanos de los desaparecidos vivieron desde el momento de la desaparición en la incertidumbre. Se llenaron de preguntas que nadie les contestaba. Los ‘destructores de sociedades’, convertían a las víctimas y sus familiares en terroristas o sospechosos de querer destruir la sociedad. Pero a pesar del poder de la máquina destructiva, la Asociación de Familiares de Detenidos-Desaparecidos en Uruguay, en plena Dictadura, buscaban un modo de reclamar por ellos. Un modo de seguir torturándolos, ha sido comunicarles que su familiar, está aquí o allí, como ocurrió con Macarena Gelman, por ejemplo.

  La recuperación de la democracia, y lo que la sociedad ha ido construyendo en el camino de la verdad, ha generado otro contexto. Es un dolor compartido por la sociedad. Se han construido memoriales con sus nombres.  Y ha comenzado a actuar la justicia. 

 

 

II) La Historia de  Mateo  

Yo creía que a nadie le importaba lo de mi papá. .

Como nadie hablaba de él, yo creía eso. Me costó darme cuenta que los nombres que se han convertido en íconos de los desaparecidos en nuestro país: Simón, Mariana, lo son porque sus familias han hecho muchísimo para que así sea. Y por mi papá, nadie había hecho nada. O por lo menos, es lo que yo creía. Habían quedado todos tan mal que no podían. Trataban de sobrevivir y criarme.

Con mi abuela veníamos desde el interior a visitar a mi madre a la cárcel. No era fácil.   

A mi padre yo no lo conocí, porque era un bebé cuando lo detuvieron y lo mataron. Estuvo preso cinco días y a partir de ahí, fue un desaparecido. Hasta ahora no hemos podido enterrar sus restos. Hace pocos años, me enteré que cuando se estaba muriendo, gritó: “soy fulano de tal, y tengo un hijo”.

A mí me llevaron preso (con un mes) con mi madre dos días después que detuvieron a mi padre. Ella estuvo presa nueve años. Y yo estuve con ella unos meses.

 Sabés que los muchachos que estuvieron algún tiempito presos con sus madres, hoy se llevan mejor con ellas.

 A mí me contaron que cuando me recibió, dijo “Yo le voy a dar la teta” (a pesar de que hacía un mes que no estaba conmigo). Y sí, me la dio, me la había guardado.

Mi abuela (materna) se hizo cargo de mí y me crió. Fue como mi mamá. Y mi tío como mi papá. Esa fue mi familia.

 Mi madre y mi abuela quedaron las dos muy mal.

En mi casa no se hablaba de mi padre.

 Cuando en la escuela pedían que fueran los padres, yo le decía a mi abuela: “Yo no tengo padres” y mi abuela me decía que ella iba.

Para recibir el informe de la Comisión para la Paz, les pagaron el pasaje a mi tío y la esposa (porque son muy modestos). Yo ya estaba aquí. Fue la primera vez que escuché cómo murió mi papá. Como lo mataron en la tortura. Y cuando me entregaron el informe final, fui yo solo. Muchos iban acompañados, en grupo… Yo  tuve una crisis muy fuerte, como que recién ahí caí en mi historia… y en la de mi padre.

 

Él, como todos, es hijo de sus padres, e hijo de un tiempo, que quizás lo marcó más fuertemente aún.

Ese es el lugar desde el que Mateo fue produciendo su subjetividad. Una subjetividad, como la de todos, itinerante, fugaz, que está en permanente construcción-deconstrucción.

 

III) Transmisión transgeneracional: el legado familiar.

La vida de un ser humano no sólo va desde su nacimiento a su muerte, sino que hay un antes y un después.  Para configurar un sujeto hacen falta por lo menos, tres generaciones.

En la familia, hay diversos aspectos que hay que asimilar, engarzar, espacios que se interpenetran, es decir que un sujeto se constituye en una trama intersubjetiva.

La transmisión de significaciones se produce a través del discurso cultural y de padres a hijos. S.Gomel, nos mostrará que ésta siempre ocurrirá en una trama intersubjetiva que liga y desliga a antecesores y sucesores en una historia transgeneracional. 

 Los relatos de los padres y de su nacimiento, lo empiezan a constituir en la vida.

La transmisión deja marcas a través de las complejas operaciones de reinscripción y transformación.

 Mateo es recibido al nacer, por una familia que está viviendo una debacle, una circunstancia traumática, su padre que es apresado y asesinado al mes de  nacer M. y su madre que es apresada a los pocos días del nacimiento de Mateo.  Mateo es llevado preso con su madre, unos meses.

  En ambos padres está el deseo de ese hijo, de vida, lo que sin duda jugó a favor del deseo de vivir de Mateo. 

En este proceso circulan trazas imposibilitadas de reescrituras psíquicas que van trasladándose de una a otra generación como irrepresentadas y se arborizan de distintos modos en las distintas psiques.

Una familia rota, pero viva, lidiando cada quien, con eso que les tocó vivir.  Sus primeros días fueron en medio de un tornado.

Atravesar una vivencia traumática es diferente a ligar y así esta vivencia se transforma en una herencia difícil. Cada uno de nosotros es un fin en sí mismo y un eslabón en una cadena generacional, que no elegimos. Y para llegar a ser uno mismo, más que un eslabón en una cadena, nos esperan exigencias de trabajo psíquico, para poder darle una significación a nuestra historia y convertirla en potencialidad transformadora.  

Transmitir un pasado es construirlo ya que el pasado como tal, está perdido y solamente así podrá lograr algún tipo de encadenamiento. Es decir, que no quede como traza que no encuentra alguna inscripción.

 Sin duda, la historia de Mateo como la de todos aquellos que han vivido circunstancias de ese orden, debe vencer obstáculos difíciles para encontrar otras significaciones  que no lo anclen en el pasado.

Podríamos pensar que el nacimiento de Mateo, como el de cada ser humano, conmovió a su familia. Pero esta familia fue muy herida en el mismo momento de su nacimiento. Esta circunstancia en la vida de esa familia como otras circunstancias no pueden ser pensadas rígidamente en una determinación lineal, sino que fue un momento como muchos, complejos, creo que ese en especial, fue un acontecimiento, que tuvo un antes y un después, que nadie había previsto y que hizo que cada quien hiciera lo que pudiera. Seguramente podríamos pensar, que hubo un momento caótico, que obligó a una organización que no era la prevista, y frente a la cual, seguramente hubo diferentes perspectivas, sentimientos, deseos, anhelos actuales y pretéritos, diferentes actitudes contradicciones, etc. Tenían que articular lo acontecido al modo de esta trama vincular, en la que seguramente en esos momentos pudo haber habido caos, desorientación, dolor, rabia, miedo, pero hizo falta que la vida tuviera un espacio para criar al bebé. Así fue el advenimiento de Mateo. Y lo que el recibe, como legado, como deseos, bagaje inconsciente de las generaciones anteriores y que fueron surgiendo en la vida de este niño. Las dudas y el legado posibles e imposibles se traspasaban de los sus padres a él. Mateo no recibió su herencia pasivamente… poco a poco, a través de un trabajo muy largo de apropiación de lo recibido, le fue dando su propio sello. En esta materia de la transmisión, nada se pierde, no hay fuga posible. Pero desde esta transmisión, cada quien debe trabajar para producir lo propio.      

 

 

 

 

 

 

IV) El trabajo clínico con Mateo

Mateo luchó desde pequeño para vivir, para lidiar con su trauma y puso en juego sus recursos resilientes, ya que lo que le tocó vivir a él y a su familia durante la dictadura, le dejó marcas que no son sólo pasado. Es presente. Su padre es un detenido-desaparecido.

 No es lo mismo trabajar con la generación que ha sufrido la afectación directa de la tortura y la desaparición, a hacerlo con los descendientes de estas personas, como es el caso, de Mateo. Aunque el también ha sido un preso político, y ha sido por lo tanto, torturado. No es solamente que él recibió los efectos del sufrimiento de sus padres, sino que él también recibió maltratos.

En ese contexto, el buscó activamente ayuda psicoterapéutica, donde empezar a decir su peripecia y poder ser escuchado. "En el trabajo psicoterapéutico es necesario restablecer la disociación entre pasado y presente, resignificar, calmar la intrusión del traumatismo y restituir la experiencia a un nivel de recuerdo pensable.” (Hounkpatin, 2006)

 “El psiquismo necesita construir la distancia imprescindible de lo traumático y convertirlo en pasado, en historia para poder pensarla.” (a modo de ‘latencia’).

La variable macrocontextual, debe ser tenida  en cuenta en todos los casos, ya que no se trata de situaciones de psicopatología individual  sino que son  parte de una situación traumática social.  Se trata de los efectos de una catástrofe provocada por los humanos contra otros. Lira (1997) la llamó  “cultura del trauma”.

El sobreviviente en el curso de la elaboración, al recibir de aquel a quien destina su propia representación en forma invertida, va a comprender la desmesura de lo que sucedió y quizás pueda comenzar a elaborar lo vivido...!”(Benslama, 2000).

Una ética de la representación del horror que construye memoria colectiva  previene el olvido colectivo. Los sujetos en esa situación se ven afectados por un odio destructivo, masivo y permanente. “El testigo debe efectuar un trabajo doloroso e intenso, consistente en tratar de suplir una carencia de lo figurable y en conseguir que aquello que sucedió pueda ser pensado, como habiéndole ocurrido a él mismo y no a otro”. (Benslama, 2000).

La psicoterapia fue co-construida con Mateo. Necesité implicarme y tener  capacidad para la solidaridad. Le ofrecí un lugar donde el pudo hablar acerca de lo vivido y de cómo quiere vivir hoy, mañana. Fue necesario sostener la pulsión de vida, la resiliencia. Luchar junto a él  contra la pulsión de muerte.  

  Para pensar su situación es imprescindible la articulación de la situación individual y la historia colectiva, lo que implica generar instrumentos clínicos que den lugar a la interface entre lo intrapsíquico y lo macrocontextual.

   El compromiso fue ético. Se trataba de situar la operatoria terapéutica pertinente: posible para él. Yo sentí la necesidad  de resonar con lo que traía y ser sensible con lo que ocurría en el encuentro psicoterapéutico  para trabajar y co-construir un camino de elaboración.

        “Hay partes de esos duelos que son inelaborables, pero el dolor que  inunda todo, hay que lograr que solo esté en un rincón”. Los espacios colectivos dan el sostén y la solidaridad que estas  tragedias buscan destruir.

En el terreno de la salud mental, se espera como ideal de la cura poder destrabar un proceso, pasar a otra cosa. Olvidar para no seguir siendo portadores obligados de la memoria. En la trama social, quizás haya que pensar un modo en que siempre tengamos viva y llena la memoria de historia, para que estas tragedias no se repitan y para que algunas personas no deban sacrificarse como ‘recordadores obligados’.

 

La función del psicoanalista será restituir la movilidad entre el amor y la hostilidad.

Operamos con lo segmentado, con lo efímero, con lo provisorio, con lo comprendido y la incomprensión, con la incertidumbre, y con la imprevisibilidad.

Hay que crear poesía o alguna forma de arte para lidiar con este vacío-lleno. 

Hace falta una red que sostenga, que acune a estos seres para que puedan construir sus vidas.

 

Historizar lo vivido

Nuestra forma de mirar los acontecimientos, la vida misma, la construimos desde nuestro presente. Construimos la versión de la historia que contamos, que nos contamos. Generamos en nuestro modo de vivir las herramientas con las que tejemos la historia posible. Esto implica una historia incompleta, la mejor que pudimos construir. Cada versión puede evocar anteriores, otras historias, ya que las historias están siempre llamadas a ser re-escritas. El psicoterapeuta está en diálogo permanente con los recuerdos, con las reliquias, con los indicios, con los restos, los relatos orales, los documentos, etc.  Esto significa que historizar es un proceso activo en el que participan los sujetos que forman parte de tramas vinculares, interpersonales, macrocontextuales. Esta forma de encarar las historias, implica una actitud ética que no se inscribe en una objetividad neutra, sino que incluye al observador.

El ejercicio activo de la función historizante busca dar forma sin congelar. Al cultivarla, el psicoterapeuta,  se implica desde un rol activo y a la vez respetuoso, no avasallador, que da lugar a una producción de sentido rica, fértil, creativa.  No teme a las lagunas y discontinuidades, sabe que deja abiertos un conjunto de interrogantes, que su propio aporte puede ser enriquecido, interpretado, reorganizado, transformado,  ya que estos hechos y estos relatos nos  construyen como sociedad y como sujetos.

 

 

                              -----------------------------------------------

Bibliografía

Benslama, Fethi: (2006) “La representación  y lo imposible” en  “El psicoanálisis en tiempos de terror”. Bs. As. Apdeba,

 Caro Hollander, N.: (2000) “El amor en los tiempos del odio”.  Bs.As. Ed. Homosapiens

Castoriadis, C (1993) “La institución imaginaria de la sociedad”, Barcelona. Ed. Tusquets

Fried, Gabriela: (2000)   “On remembering and silencing the Past: Argentina and Uruguay’s Adult Children of the disappeared in comparative perspective, Los  Angeles, USA .   ”. UCLA

Freud, S.: (1979) “Duelo y Melancolía”.. Bs.As. Ed. Amorrortu

                 (1979) “La interpretación de los sueños”.. Bs.As. Ed. Amorrortu

Gatti, G. (2008). El detenido–desaparecido. Narrativas posibles para una  catástrofe de la identidad.  Montevideo, Uruguay: Ed.Trilce

Gomel,S.(1997). Transmisión generacional. Familia y Subjetividad. Buenos Aires,  Argentina: Ed. Lugar.

Kordon, D. y Edelman, L. (1998). Impacto psíquico y transmisión inter y transgeneracional en situaciones traumáticas de origen social. Buenos Aires, Argentina: en Internet.

Kertèsz, I.:(1999) “Kaddish por el hijo no nacido”., Barcelona,  Ed. Herder

Hounkpatin, L: (2006) “Sobrevivir el genocidio... y luego? en “El psicoanálisis en tiempos de terror. Bs. As. ”. Apdeba

Martinez Moreno, C.: (1984) “La represión en el Cono Sur”. Periódico La Jornada, México, Oct.

Najmanovich, D.,: Clases del Seminario de La Subjetividad de fin de Milenio por Internet.

Peri Rossi, C.:(1999) “El amor es una droga dura”., Barcelona, Ed. Seix Barral.

Puget, J.: (1991) “Violencia de Estado y psicoanálisis”., Bs.As. Centro Editor de América Latina

Tabak E. et al (2006) “Mesa Redonda: Pensando desde el psicoanálisis la violencia de estado. Bs.As. ”. Apdeba

Viñar, M. (2008). Reseña de libro de G.Gatti: Montevideo, Uruguay: en imprenta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[1] Este relato fue publicado por la Rev. Topía en la Sección  Postales Argentinas. www.topia.com.ar/contenido/el-saco

 

Mag. Olga Rochkovski

 

 
Articulo publicado en
Abril / 2011

Boletín Topía