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El rol de la mujer argentina ama de casa, desde el imaginario social durante la primer presidencia de Hipólito Yrigoyen y durante la llamada "Etapa Peronista"

 

El objetivo del siguiente trabajo es investigar sobre uno de los roles que ocupó la mujer en la Argentina durante el siglo XX. El eje será comparar el "rol de la mujer ama de casa" en los períodos 1916-1930 y 1946-1955, desde el discurso político. A partir de ello se intentará demostrar si dicho rol ha sufrido modificaciones y, si en ese caso, esos cambios permitieron transformar al estereotipo hegemónico o si el mismo siguió vigente a pesar de ciertas variaciones (en caso de que las haya).
Para comenzar, haré referencia al concepto de arbitrariedad cultural de Bourdieu: selección y exclusión de determinadas significaciones, representaciones y prácticas que resultan legítimas para los individuos en una sociedad determinada. Sin embargo, dicha selección responde a los intereses de la clase hegemónica y se vuelve legitima, ya que, el resto de los grupos o clases sociales lo reproducen, aunque muchas veces de manera sutil, ya que esa es la manera en que los mensajes instaurados operan.
Me he servido de dicha definición para intentar determinar, cómo es que los discursos (en este caso, político) hacen uso de esa arbitrariedad cultural también en el caso del rol de la mujer ama de casa en la sociedad argentina, particularmente.
“Un examen de la historia permite comprobar que las diferentes formas utilizadas para representar a la mujer han respondido, de manera dominante, a una fuerte voluntad por contener la sexualidad femenina y regular su cuerpo. Ello está ineludiblemente ligado a factores de tipo social, económico, político y cultural que permiten la interpretación de estructuras más generales de valores y creencias vigentes en una determinada cultura en un período dado. “ 1
Como sostiene Bourdieu, la Mujer constituye su subjetividad como entidad negativa: la define la carencia de lo que el Hombre en tanto Sujeto es y tiene. Esta línea argumental es parte de lo que Bourdieu llama la visión androcéntrica, por la que la construcción del “Otro” femenino está basada en una diferenciación biológica y es el fundamento también para su subordinación al género dominante, el Hombre. Respecto de la visión androcéntrica dice Borudieu: “esta visión del mundo, al estar organizada de acuerdo con la división en géneros relacionales, masculino y femenino, puede instituir el falo, constituido en símbolo de virilidad, y la diferencia entre los cuerpos biológicos en fundamentos objetivos de la diferencia entre los sexos, en el sentido de géneros construidos como dos esencias sociales jerarquizadas […] más bien, es una construcción social arbitraria de lo biológico, y en especial del cuerpo, masculino y femenino, de sus costumbres y de sus funciones, en particular de la reproducción biológica, que proporciona un fundamento aparentemente natural a la visión androcéntrica de la división de la actividad sexual y de la división sexual del trabajo y, a partir de ahí, de todo el cosmos. La fuerza especial masculina procede de que acumula dos operaciones: legitima una relación de dominación inscribiéndola en una naturaleza biológica que es en sí misma una construcción social naturalizada.”2
Vamos a destacar, que lo que sucede entonces es que el orden social funciona como una gran máquina simbólica sustentada en la división sexual del trabajo con actividades determinadas para cada sexo, en un determinado tiempo y espacio. Podemos ver cómo la relación sexual se prolonga a lo social; lo femenino tiene que ver con lo pasivo y lo masculino con lo activo, junto con la dominación, posesión, organización y dirección del deseo etc. Aunque si la mujer nada reclama sobre esto y lo recibe, justamente y (valga la redundancia) “pasivamente”, el hombre también pasa a ser ‘victima’ de la representación dominante, no natural, pero construida por un largo trabajo de socialización.
Dicha introducción, como se ha podido apreciar, no se refiere particularmente al rol de la mujer ama de casa, sino al rol del a mujer social y simbolica, más allá del oficio, clase, social, etc.
Entre los años 1916 y 1930, fue un período de Democracia ampliada con un discurso en el cual el humanismo, el vitalismo y raciovitalismo, quedan reflejados en la valoración del sujeto a quien se considerará responsable de sus actos, una idea de sujeto activo. El discurso está altamente influenciado por la posguerra (de la primera guerra civil de 1914) y es por eso que las mujeres en las publicidades aparecen positivamente y con algunas curvas; para ‘motivar’ a la gente, luego de la depresión ocasionada por la guerra.
Como hemos mencionado previamente, en función de sus características biológicas, la Mujer tenía –y tiene aún- el “deber natural y moral” de ser madre para realizarse como ser, además de educar a sus hijos, como transmisora de la educación y la moral.
En las creencias de la época, estaba, en gran medida, presente una expectativa que era a veces una ilusión: la mujer en la casa y no en el trabajo. Desde luego los hombres preferían esa alternativa para ellos más “segura” y que además correspondía al rol que creían que tenía que desempeñar la mujer. Es evidente que en esa sociedad de principios de siglo domina la idea de la mujer en la casa y el hombre fuera de ella. Esa idea que convierte a la mujer ama de casa) en un estereotipo de madre y esposa, era compartida por casi todos independientemente de sus convicciones ideológicas, desde los socialistas hasta los católicos y anarquistas. La sociedad atribuía roles y funciones.
En este sentido, el mercado laboral, en tanto espacio público y extra-doméstico, era un espacio propiamente masculino. La división sexual del trabajo instituida al interior de la estructura familiar –propia de la sociedad patriarcal- definía al hombre como el productor (el proveedor del sustento material del hogar), mientras que la mujer estaba a cargo del trabajo doméstico, esto es, las tareas de reproducción del hogar (cuidado y atención de marido e hijos, tareas propias del hogar, y educación de sus hijos). “Según Lobato: “El modelo familiar reposaba sobre el trabajo del varón y sólo en caso de necesidad del trabajo asalariado de las mujeres al que se consideraba complementario. Pero esa complementariedad no se daba entre sujetos considerados como iguales sino que se basaba en la subordinación de uno (la mujer) al otro (el varón).””3
“Los medios transmiten imágenes estereotipadas pero esas imágenes encuentran resonancia en las experiencias y prácticas de los sujetos. Mitos, estereotipos y creencias que no sólo transmiten los medios, arbitrariamente, sino que ya existen en la sociedad. Es la sociedad la que asigna a las mujeres la responsabilidad de la tarea doméstica, la crianza de los hijos y la maternidad casi obligatoria”.4 (Piola, 2004: 71).
A lo largo de su historia, la Sociedad fue instituyendo otros premios: “a la madre que haya sufrido más” (1910), “al amor maternal” (1920), “a la mujer que más abnegada y noblemente honre la maternidad” (1924), “a una familia numerosa, compuesta de madre con varios hijos” (1923), “a una madre abnegada que haya sabido formar una familia numerosa”, “a las amas externas de la Casa de Expósitos que hayan cuidado mayor número de niños de salud deficiente o defectuosos.
Las influencias higiénicas impulsaban a las mujeres (de clases altas, por ende, amas de casa) a garantizar la procreación y el cuidado de la casa. Todas las mujeres eran madres en potencia y en el ámbito de la beneficencia las mujeres se constituían también en madres de los pobres, aunque con ciertos enfrentamientos con la asistencia médica y los defensores de la salud pública. Se planteaba la índole moral, “propios de su sexo” de los problemas que la beneficencia pretendía resolver, y que hacía particularmente apta a la mujer. Para ejercer la beneficencia, entonces, bastaba ser mujer, y poseer cualidades morales y de conducta socialmente reconocidas como válidas. Si bien en la tarea benéfica las mujeres reprodujeron sus roles tradicionales vinculados a la maternidad, también ejercitaron formas de poder y prácticas de tipo político. En este sentido, desarrollaron nuevas funciones que las pusieron en contacto con los sectores de poder (aparato político, grandes comerciantes y hacendados, la Iglesia) y con los pobres. En su relación con estos últimos, decidían a quién, cómo y hasta cuántos socorrer; generalmente, estos eran los más pobres, enfermos y enfermas mentales, ancianos, niños y mujeres embarazadas.
La familia y la escuela, eran instituciones muy ligadas a la elite, en las que la mujer tenía la función ya mencionada de la reproducción: la familia es la base de la mujer y es quien tiene más influencia en sus hijos. Debido a esto, son las familias mejores posicionadas las que podían asegurar ese lugar para las mujeres.
Así fue como la feminidad quedó atada a la maternidad y a los trabajos domésticos y la masculinidad al trabajo asalariado.
Hacia 1920 solo algunas mujeres lograron votar en San Juan, Mendoza y Santa Fe, ya que muchas veces era un asunto de interés para ciertos sectores debido a que la mujer era considerada como apartada del ámbito político y, por ende, con poco conocimiento del mismo.
A finales del 20, se provocó la primera remoción de la inferioridad consagrada el ordenamiento civil y además, las batallas por la educación habían dado lugar a un grupo de mujeres docentes, intelectuales, escritoras y profesionales, quienes tenían en común las problemáticas de la educación y el trabajo.
De todas maneras, llegando al golpe de Estado de 1930, las mujeres no habían adquirido aun sus derechos políticos.
Ya para 1946, el escenario era otro; nuevamente nos encontrábamos con un periodo de democracia ampliada, más que nunca, ya que es cuando las masas proletarias son escuchadas. En cuanto a la medicina, volvió a prevalecer el Vitalismo, Humanismo, la Reflexología y ahora aparecen también, la Gestalt y el Psicoanálisis.
La característica de dicho periodo, para mi trabajo de investigación, es la aparición de la figura Eva Perón, mujer de Juan Domingo Perón, y todos las modificaciones que ella ha logrado (tanto en el plano social, como educativo, sanitario, político, conyugal, etc) en torno a la mujer y sus capacidades y oportunidades.
Desde una perspectiva reduccionista, podemos decir que el momento visagra de la mujer en la Argentina, es a partir de la obtención del voto femenino, mediante de la sanción de la ley 13010, en septiembre de 1947, la cual había sido alentada por el peronismo desde su campaña electoral previa a las elecciones de 1946.

Cuando en 1916, la mujer comienza a ser considerada como un sujeto de derechos humanos con aporte discursivo y conceptual y, cuando las mujeres trabajadoras, logran reivindicaciones a principios del siglo (XX), dieron lugar a que otras generaciones, más adelante, pudieran seguir cuestionando el imaginario social y político de la mujer. Así la mujer comienza a ponerse en tela de juicio como un sujeto autónomo, considerándose dentro del proceso de construcción de la ciudadanía (en el que, previamente, no tenía lugar).

Así fue como en 1949 se acordó una nueva constitución. La Ley 13.010 establecía la igualdad de derechos políticos entre hombres y mujeres. Es importante destacar el artículo 37, especialmente el apartado 2 en el que el Estado dice hacerse cargo de la protección del matrimonio, la igualdad jurídica de los cónyuges y de la patria. Por otro lado, el Estado privilegiara la atención y asistencia de la madre y el niño.

Se puede ver cómo el papel de la mujer adquiere cada más importancia, emergiendo como una figura con iguales capacidades y derechos que los hombres, a diferencia de épocas anteriores, para, más adelante, llegar a plena capacidad civil (en 1968). 

Como mencionamos previamente, en esta época las madres daban de mamar a sus hijos ellas mismas (a diferencia de años atrás, en los que otra mujer cumplía esta función).  Eva resaltaba la lealtad al líder y el abandono de las tareas domésticas. Aquí se ve cierta paradoja por parte de Eva ya que ‘exigía’ la salida del hogar para el seguimiento del líder pero, a la vez recordaba las sagradas funciones maternales, refiriéndose al estereotipo femenino conservador. Esto dio como resultado dos tipos de mujer: las domesticas y las empleadas industriales, en caso de que de que lo necesitaran, únicamente. Ya que todas las mujeres debían “reinar”, por lo que una ayuda al ingreso económico del marido era el único argumento para que una mujer se volviese obrera, ya que se creía que, de esa manera, las obligaciones familiares pasarían a un lugar secundario, atentando así contra la salud de la raza y la nación, ya que la capacidad de reproducción de la mujer, era de un valor fundamental. Cualquier mujer que no tenía capacidad de reproducir, quedaba imposibilitada para formar pareja, contraer matrimonio y no poder ejercer la maternidad, lo cual era lo peor para ese entonces.
El feminismo se oponía a esto ya que consideraba que el tema de la maternidad se había politizado para mantener el ‘statu os’ quo, dejando que las mujeres se encargaran de criar a los hijos.
Así podemos ver que, de todas maneras, a pesar de todos los avances logrados con el Peronismo –desde diferentes aspectos-, la noción de la mujer ama de casa seguía siendo la misma; aquella que debía quedarse en su casa, ocupándose de las tareas del hogar y de los hijos. Sin embargo, las imágenes de mujer se mostraban modernas, trabajadoras, sofisticadas, pero realizando labores de servicio.

En esa época aparece la “Guía de la buena esposa y las 11 reglas para mantener a tu marido feliz. Se la esposa que él siempre soñó (1950):

1.- Ten lista la cena, planea con tiempo una deliciosa cena para su llegada. Esta es una forma de dejarle saber que has estado pensando en él y que te preocupan sus necesidades. La mayoría de los hombres están hambrientos cuando llegan a casa.

2.- Luce hermosa, descansa 5 minutos antes de su llegada para que te encuentre fresca y reluciente. Retoca tu maquillaje, ponte un listón en el cabello y luce lo mejor posible para él. Recuerda que ha tenido un día duro y solo ha tratado con sus compañeros de trabajo.

3.- Se dulce e interesante, su aburrido día de trabajo quizá necesite mejorar. Tú debes hacer todo lo posible por hacerlo. Una de tus obligaciones es distraerlo.

4.- Arregla tu casa, debe lucir impecable. Has una última ronda por las principales áreas de la casa, justo antes de que tu marido llegue. Levanta libros de escuela, juguetes, etc. Y limpia con un plumero las mesas.

5.- Hazlo sentir en el paraíso, durante los meses más fríos del año debes preparar la chimenea antes de su llegada. Tu marido sentirá que ha llegado a un paraíso de descanso y orden, esto te levantará el ánimo a ti también. Después de todo, cuidar de su comodidad te brindará una enorme satisfacción personal.

6.- Prepara a los niños, cepillales el cabello, lava sus manos y cámbiales la ropa en caso de ser necesario. Son tus pequeños tesoros y él los querrá ver relucientes. Tomate unos minutos para arreglar a los niños.

7.- Minimiza el ruido, a la hora de su llegada apaga lavadora, secadora y aspiradora e intenta que los niños estén callados. Piensa en todo el ruido que él ha tenido que soportar durante su pesado día de oficina.

8.- Procura verte feliz, regálale una gran sonrisa y muestra sinceridad en tu deseo de complacerlo. Tu felicidad es la recompensa por su esfuerzo diario.

9.- Escúchalo, puede que tengas una docena de cosas importantes que decirle, pero a su llegada no es el mejor momento para hablarlas. Déjalo hablar antes, recuerda que sus temas son más importantes que los tuyos.

10.- Ponte en sus zapatos, no te quejes si el llega tarde, si va a divertirse sin ti o si no llega en toda la noche. Trata de entender su mundo de compromisos. Trata de comprender su mundo de presión y compromisos, y su verdadera necesidad de estar relajado en casa.

11.- ¡No te quejes! No lo satures con problemas insignificantes. Cualquier problema tuyo es un pequeño detalle comparado con lo que él tuvo que pasar.

Una buena esposa siempre sabe cual es su lugar.

Extra..Hazlo sentir a sus anchas. Deja que se acomode en un sillón o se recueste en la habitación. Ten una bebida caliente lista para él. Arregla su almohada y ofrece quitarle sus zapatos. Habla con voz suave y placentera”.
Dicha guía se publicó en 1953. Fue escrita, paradójicamente, por una mujer española, Pilar Primo de Rivera (1907-1991). Pilar era hermana de José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange Española, partido político de extrema derecha e hija de Miguel Primo de Rivera, dictador español de la década de 1920. Además fue líder de la Sección Femenina de la Falange.
Esta misma mujer adoctrinaba:
“Todos los días deberíamos de dar gracias a Dios por habernos privado a la mayoría de las mujeres del don de la palabra, porque si lo tuviéramos, quien sabe si caeríamos en la vanidad de exhibirlo en las plazas. Las mujeres nunca descubren nada; les falta el talento creador reservado por Dios para inteligencias varoniles. La vida de toda mujer, a pesar de cuanto ella quiera simular – o disimular- no es más que un eterno deseo de encontrar a quien someterse”.
Llegando a la actualidad, por suerte, hay una gran participación femenina en el parlamento, con mujeres con buenos puestos y, además, también hay varia movilización fuera del parlamento, en cuanto a reclamos, ya sea por temas que aún están en debate, como por ejemplo, la ley del aborto o la movilización “ni una menos” proclamando y reclamando la violencia de género y los femicidios.
Hoy, se puede decir, que se yuxtaponen las dos tareas que la mujer ha tenido en las diferentes épocas: somos trabajadoras y también somos madres y amas de casa. Es una doble tarea en la sociedad y en el interior de nuestros hogares. Ya la mujer aparece entonces como alguien autosuficiente, independiente, que puede mantenerse sola y consumir por placer, sin tener la obligación de ocuparse de la casa y sin apuro por tener hijos, de hecho es algo cada vez más postergable, ya que se priorizan otros objetivos como alcanzar una profesión, un trabajo de la misma, viajar, obtener una casa, un auto, etc.
Es así como vemos que los distintos discursos de cada época, producen diferentes representaciones y subjetividades, en torno a una construcción, propia de cada momento.
Phippe Aries (1914-1984), es un autor que se basa en la estructura. Para él, la historia se trata de cambios y saltos cualitativos, de una comparación de estructuras que son distintas en tiempo y espacio. Estas estructuras agrupan acontecimientos. El historiador es activo y debe psicoanalizar cada etapa, comprender e interpretar las mentalidades para  armar la escena, el contexto. Aries tiene una mentalidad gestáltica. De esta manera es como lleve a cabo mi trabajo, comparando las mentalidades de cada una de las épocas analizadas, es decir ‘psicoanalizando’, para poder así observar los saltos cualitativos de cada una de las estructuras.
Observando cada una de las épocas, vemos como en la primera, la noción principal de la mujer era vista como la encargada de las tareas domésticas y del hogar, únicamente. En el mejor de los casos, solo algunas mujeres pudieron llegar a votar. En cuanto a la segunda época, vemos como, con Eva Perón, la mujer logra participación política y es casi igualada al hombre en cuanto a capacidades, pero, lamentablemente y de todas formas, el estereotipo de la mujer que prevalece, es el de la mujer a cargo de la casa y de la familia, ya que, durante lo del peronismo, se fomentaba muchísimo la noción de familia, la nación como familia, etc. Se da lugar a la mujer trabajadora que, no era vista como prostituta, como ha ocurrido en otros periodos, pero no era lo ‘preferible’, solo y únicamente en casos de familias obreras que necesitaran de un sueldo complementario, es decir el de la mujer.
El estereotipo de la mujer ama de casa apunta a su capacidad reproductiva y al cuidado del hombre como fuerza productiva y de sus hijos, también, como futura fuerza productiva. Una forma de orden y control desde la institución “familia”. Esto podemos verlo en la prohibición directa y total civil, en el ámbito público y/o político, desde el siglo pasado y durante periodos de democracia restringida y también, aunque de manera menos fuerte y más sutil, en periodos de democracia ampliada (aunque con mayor participación en la democracia ampliada caracterizada por Perón).
Así, me atrevo a decir que el discurso político (y otros tantos) determinan el rol de la mujer en los dos periodos, aunque el estereotipo dominante permanezca siendo el mismo, hay ciertas modificaciones que tienen que ver con los cambios sufridos y logros alcanzados a nivel político.

Por Velazquez, Lara. Alumna de la Carrera de Psicología de la UBA // lara_velazquez [at] hotmail.com

Bibliografía:

  • Ministerio de Defensa, Presidencia de la Nacion “Las mujeres y sus luchas sociales en la argentina”. Editorial Sopena, Argentina, 2006.

  • Bourdieu, Pierre. Capital cultural, escuela y espacio social. Editorial: Siglo XXI, Argentina, 2005

  • Bourdieu, Pierre. La dominación masculina, Editorial Anagrama, Francia, 2000.

  • Guía de la buena esposa. Publicada durante el gobierno de J.D.Peròn. (1953). De:http://elpolvorin.over-blog.es/article-espa-a-la-mujer-ideal-en-1953-60293010.html

  • Barrancos, D. Mujeres en la sociedad Argentina. Editorial Sudamericana Argentina, 2015 (reedicion)

  • Gil Lozano, F: Pita,V e Ini, M.G . Historia de las mujeres en la Argentina. Editorial Taurus , Argentina, 2000.

 

 

1 Mujeres y publicidad: del consumo de objetos a objetos del consumo Mujeres y publicidad: del consumo de objetos a objetos del consumo

2 BOURDIEU, Pierre. “La dominación masculina”, Editorial Anagrama, París, 2000.

3 Mujeres y publicidad: del consumo de objetos a objetos del consumo Mujeres y publicidad: del consumo de objetos a objetos del consumo

4 PIOLA, Renata (2004). El tratamiento de la cuestión de la diferencia sexual en el discurso periodístico. Una lectura del suplemento Las/ 12, Tesina de licenciatura. Mendoza, UNCuyo. Mimeo.

 

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Articulo publicado en
Mayo / 2016

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