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Nota de los editores: La era de la depresión

El cierre de esta edición coincide con la declaración de pandemia ante el coronavirus. Esta situación llevó a tomar medidas de gran dramatismo: gente aislada en sus casas, ciudades vacías, cierres de fronteras, cancelación de vuelos. El coronavirus aparece interrumpiendo la vida cotidiana. Leer nota de editores completa...

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El sexo tecnológico y los célibes de Internet

 

El lobo entró, se abalanzó sobre la abuelita y se la comió de un bocado. Se puso su camisón y se metió en la cama a esperar a que llegara Caperucita.
Charles Perrault

No entiendo cómo es posible que no os resulte atractivo. Os voy a castigar a todas por esto
Elliot Rodge

Tecnosexo

El desarrollo tecnológico incrementa y diversifica las posibilidades de realización de lo que se denomina sexo virtual. En la avanzada de la realidad virtual el cuerpo puede emitir y recibir sensaciones eróticas de otro cuerpo que está muy lejos. Esto requiere visores 3D y sensores adosados a la piel de cada uno de los participantes. Es una actividad regida por algoritmos que produce intercambios sexuales de manera nunca vista antes.

En el maridaje de humanos y máquinas el tecnosexo promueve este erotismo solitario y al mismo tiempo en compañía virtual. Así el sexo en solitario ya no es lo que conocimos antes de las máquinas de comunicar, ha devenido en tecnosexo. Donde la extimidad1 y la hiperconectividad mandan.

El tecnosexo entusiasma por la supuesta practicidad que trae la virtualidad. Es el canto de sirenas llamando al erotismo instantáneo. Todo parece estar al alcance de un like

Ergo: cada vez más sexualidad virtual, más prótesis incorporadas al cuerpo, más cuerpos mutando al compás de la tecnología. Más usuarios cyborg enamorados del poder del fetiche2 Smartphone y sus futuros sucedáneos. De esta manera el juego amoroso queda en manos de sistemas elaborados para administrar casi toda la vida del cyborg, como muestra Eric Sadin en La Humanidad aumentada, cada vez más se va de las manos la responsabilidad humana y la misma se delega en la inteligencia artificial.

El tecnosexo entusiasma por la supuesta practicidad que trae la virtualidad. Es el canto de sirenas llamando al erotismo instantáneo. Todo parece estar al alcance de un like. Sin embargo, en este “mundo feliz” no todo es lo que parece.
 

Soledad y decepción

En la placenta mediática se lanzan millones de SOS contra la soledad en las redes de encuentros sexuales. Se buscan matches -así se denominan en Tinder y demás redes de ligue a los contactos eróticos del tipo “encuentro ya”- que no dejan de decepcionar. Hay un gran desencanto donde la oferta parece interminable y sobre todo sencilla.

La supuesta abundancia sexual invita hacia una permanente sobreexcitación donde algunos cazadores de Caperucitas terminan siendo solitarios “patitos feos”. Este tipo de lobo feroz culmina su recorrido sin sexo, ni amor. Encerrado en su guarida, la frustración aparece una y otra vez. Aflora el desconsuelo y la dificultad para mitigarlo. Conclusión: la parafernalia tecnológica no resuelve las incertidumbres del amor, y aumentan las tribus de los solitarios atribulados que se violentan por su fracaso sexual y amoroso. Se unen clamando venganza.

Pese a estos indicadores, los usuarios cyborg no cuestionan este cómodo modelo que promete múltiples contactos de sexo virtual. Recordemos que la claustrofilia domina al usuario-cyborg: la misma hace creer que encierro y encuentro amoroso pueden ir de la mano. La ilusión de la eficacia del tecnosexo es un soporte importante en esta cultura que logró transformar el encierro en comodidad.

“En este proceso evolutivo, el desarrollo tecnológico de los medios de comunicación social ha radicalizado definitivamente la escisión entre ámbito público y ámbito privado, creando una fuerte dialéctica entre ocio claustrofílico y ocio agorafílico, entre trabajo domiciliario y trabajo en comunidad, entre la soledad del búnker electrónico y la masificación tribal.”3
 

Gato por liebre

En la comodidad claustrofílica para el usuario cyborg todo adquiere la forma de un delivery feliz que tocará a su puerta. La comunicación continua ha convertido a la soledad en una desgracia que se debe evitar apostando permanentemente a tener infinidad de contactos. De esta manera, la capacidad para estar a solas como parte del proceso en el que la autonomía se iba construyendo, en la transformación de desprenderse de responsabilidades y confiar en los algoritmos, ésta ha decaído y el proceso convirtió a millones de usuarios-cyborgs en frágiles personas que no encuentran su lugar en el mundo. La soledad ya no es un logro personal vinculado a la autonomía, ha devenido en una amenaza. Ante lo cual urge buscar tribus de semejantes o confiar la vida sexual a la inteligencia artificial.

En la película Her de Spike Jonze una escena muestra el estado de desconcierto del protagonista luego de un intercambio telefónico que culmina en un supuesto orgasmo de la mujer con la que habla. Al finalizar la conversación, para el protagonista el llamado excitante devino en banal, en consecuencia, ha conseguido un insomnio pertinaz y, sobretodo, angustiante.

La supuesta abundancia sexual invita hacia una permanente sobreexcitación donde algunos cazadores de Caperucitas terminan siendo solitarios “patitos feos”

Como consecuencia de una larga soledad llena de frustraciones, el protagonista comienza su aventura amorosa con un programa de inteligencia artificial con voz de mujer, Paula Sibila lo describe así: “El hecho que no haya nadie del otro lado de la pantalla, solo una mujer simulada por algoritmos informáticos, puede ser solamente un paso más -importante, claro está, aunque sutil y quizás plausible- en la tendencia hacia la ‘virtualización’ del yo y esa ‘descorporificación’ del otro que son tan típicos de los contactos vía internet (…) Por eso, tal vez sea solamente una cuestión de grado lo que propone esta película: una exageración cuantitativa y no cualitativa, puesto que no hace más que radicalizar la inexistencia del otro -o, con mayor precisión, la irrelevancia de su existencia- y subraya las dimensiones asumidas por la soledad como un problema generalizado que se desea revolver técnicamente.”4

Es el individualismo el que establece el mandamiento de la felicidad instantánea, y se apoya en el tecnoerotismo como una de sus salvaguardas permanentes. Esta expectativa donde la libertad personal y profusas experiencias amorosas que la promoción de la web trae consigo no se cumplen, deviene por el contrario en inquietudes y zozobras donde campea la soledad como flagelo.

Al repetir y repetir lo mismo una y otra vez, los cyborgs no han aprendido de Ulises, van directo hacia el canto de sirenas y allí hunden su barca, zozobran. Cada solitario corrobora que no existen multitudes esperándolo y clamando su amor apenas mira su Tinder.

En el extremo de estas frustraciones están los incels, nombre en inglés que describe a los involuntariamente célibes. Los incels son quienes esperando amor se encontraron con la indiferencia y se agruparon para estar unidos y alimentados por el odio. Desde su rabia señalaron chivos expiatorios a quienes adjudicar sus frustraciones, los incels son la presencia viva de lo siniestro. Trataremos de seguir las consecuencias de su imposibilidad de encontrar con quién tener relaciones sexuales. Mostrar a quienes esperando amor encontraron indiferencia.
 

De la diversidad al odio

Una mujer de Toronto, en el año 1997, trató de construir una red para que aquellos célibes que no tuviesen interés en seguir siéndolo. El objetivo de la convocatoria era que tuviesen diversas estrategias para resolver sus dificultades amorosas. En principio este grupo estaba abierto a todas las personas que estuvieran interesadas en resolver la represión sexual que, de una u otra forma, les impedía dejar atrás su virginidad. El grupo albergaba a todas las diversidades sexuales. La mujer que lo convocaba había llegado a los 37 años, virgen. No está de más recordar que entonces no había Tinder, ni Instagram y demás redes de contacto que hoy conocemos.

La parafernalia tecnológica no resuelve las incertidumbres del amor, y aumentan las tribus de los solitarios atribulados que se violentan por su fracaso sexual y amoroso. Se unen clamando venganza

Lo llamó: “Proyecto para célibes involuntarios”. El objetivo era que en ese foro se ayudaran unos a otros para encontrar las maneras de romper con el celibato. Era una idea inclusiva dado que promovía la diversidad sexual. El grupo creció rápidamente. Participaban con mucho entusiasmo tanto mujeres como hombres de diferentes orientaciones sexuales, a todos los unía la expectativa de encontrar con quién iniciar sus experiencias sexuales.

Este proyecto lleno de buenas intenciones fue mutando acorde con el aumento de la intolerancia que muestran las redes sociales. Devino en lo que conocemos como grupos Incels, en los que participan hombres heterosexuales célibes involuntarios, que culpan a las mujeres de ser las responsables de no tener relaciones sexuales. Las acusan de prohibirles su derecho a la sexualidad, al mismo tiempo declararon sus enemigos a los hombres por tener facilitadas sus relaciones con mujeres.

Es decir, el grupo diverso y democrático derivó en otros foros de varones heterosexuales misóginos, patriarcales, supremacistas blancos que se convencieron de ser víctimas de un ataque sistemático de las mujeres. Estos hombres que no soportaron la indiferencia pasaron de la frustración al despecho y de allí a la furia asesina.
 

Una tropa unida por odios machistas

Se agruparon en internet, única manera en que se comunican, sedientos de venganza. En primer lugar, apuntaron a las mujeres y en segundo contra los varones que tienen facilidad de encuentro con las mismas.

El proyecto para célibes involuntarios perdió su carácter de grupo amplio y democrático y se transformó en una serie de comunidades propagadoras del odio en internet, son varones heterosexuales que no acceden a mujeres con las cuales iniciar y mantener encuentros eróticos. Inventaron apodos específicos a quienes odian: las mujeres son “stacys” y los hombres son “chads”. Dentro de ese esquema que reboza paranoia insisten en que las stacys los rechazan y los chads, para ellos, son como los romanos que se robaron a las Sabinas en la fundación de Roma dejándolos sin oportunidades de apareamiento. Mientras ellos no tienen mujeres para experiencias eróticas, los chads se ocupan de acapararlas todas y lo realizan, creen los incels, muy fácilmente. Están convencidos que stacys y chads viven como dentro de una película pornográfica teniendo sexo todo el tiempo. Por eso stacys y chads son enemigos declarados de los incels, los señalan como los causantes de su infelicidad.

Esta subcultura ha tenido predominio en América del Norte, más precisamente en los Estados Unidos y Canadá. Sus frustraciones están absolutamente proyectadas: son las stacys y los chads los culpables absolutos de sus frustraciones. Su odio visceral es la independencia amorosa de las mujeres dado que no los eligen.

En este caso, a la inversa de otros momentos históricos, les atribuyen la culpa a las mujeres de que ellos sean vírgenes, desde allí reclaman como un derecho civil su derecho a la sexualidad. Si la culpa bíblica de la pérdida del Paraíso estaba adjudicada a Eva, los incels están convencidos que ellos no llegan a la tierra prometida del erotismo por culpa de las mujeres. No quieren mujeres recatadas y vírgenes, desean que las mujeres sean dóciles y complacientes. Si antaño el repudio era: “Deuterónimio 22:13 exige que la mujer debe ser virgen para casarse; si no lo es debe ser apedreada hasta morir… en 22:28 se establece que la virgen que ha sido violada debe casarse con su violador sin interesar cuáles son sus sentimientos”5. Los incels, por el contrario, centran su repudio en que las mujeres no los elijen como parte de sus experiencias eróticas. Enloquecen con la autonomía femenina de la que se declaran víctimas, expresan sin duda que ellas los condenan a la infelicidad absoluta.

En los foros incels se exige, como un derecho que creen que les viene del machismo patriarcal y del supremacismo blanco, a que las mujeres se avengan a tener sexo con ellos. Quizás uno de los sueños de estos incels esté claramente expresado en el libro de Margaret Atwood que luego fue transformado en la serie El cuento de la Criada: hombres dominantes, sometimiento de las mujeres, estado terrorista y totalitario que impone un orden social de tipo nazi dominado por los varones.
 

El asesinato

Después de pregonar el odio contra las mujeres y a los varones que acceden a las relaciones con ellas, una vez cargado el fusil del odio, la venganza asesina no tardó en salir a las calles. Elliot Rogers distribuyó un manifiesto de más de cien páginas donde declaraba: “Mañana será el día de la venganza. El día de mi venganza contra la humanidad, contra todos vosotros. Durante los últimos ocho años de mi vida, desde mi pubertad, he tenido que soportar una existencia de soledad, rechazo y deseos insatisfechos. Y todo porque nunca he resultado atractivo a las chicas y me he tenido que pudrir en soledad. No entiendo cómo es posible que no os resulte atractivo. Os voy a castigar a todas por esto”. Era virgen.

Los incels enloquecen con la autonomía femenina de la que se declaran víctimas, expresan sin duda que ellas los condenan a la infelicidad absoluta

Después de estas declaraciones comenzó su raid de asesinatos en la ciudad de isla Vista, California. El día 23 de mayo de 2014 mató seis personas, hirió a trece y luego se suicidó. Esto lo convirtió en un héroe para los incels que lo declararon “Caballero Supremo”. Otros siguieron el mismo camino.

En la misma ciudad donde se había fundado el Proyecto para célibes, Alek Minassian se lanzó a la acción asesina a bordo de una gran camioneta alquilada también un día 23, pero de abril de 2018. Arrolló a todos los que pudo y su accionar dejó diez muertos y dieciséis heridos. El caso de Minassaian tiene rasgos distintos a otros asesinos que matan y luego se suicidan: se entregó sin ofrecer resistencia. Claro que previamente había dejado en su Facebook la siguiente declaración: “La rebelión incel ya ha comenzado”. Seguidamente declaraba a Elliot Rogers como “El Caballero Supremo”. Con Minassian y Rogers los incels preparan y ejecutan la venganza asesina como un espectáculo para que toda la sociedad los vea en su último acto como héroes que invitan a los varones a perseguir y matar mujeres, se trata de montar un hecho espectacular acorde a la lógica de la sociedad del espectáculo.

El supuesto inicio de un caos que convocara a una nueva sociedad de “Criadas” donde los “Caballeros Supremos” tuviesen el poder al invocar el viejo y reactivado cuento de la pureza cambiado de signo. O ellas son doncellas generosas a su servicio o levantan la bandera de eliminar a las/los culpables de sus desdichas. Debemos hacer notar que estos dos asesinos seriales buscaron consolidar un grupo, cohesionar un sistema de creencias para todos los incels que participan en los grupos de internet que comulgan y acumulan odio hacia las stacys y los chads.

La libertad de las mujeres y los feminicidios

Como se observa en diversos países (México y Argentina, por ejemplo), el asesinato de mujeres está a la orden del día y no parece tener fin. Como en las violaciones, sus autores siempre son hombres de distintas clases sociales, tanto viejos y jóvenes. La mayoría de estos casos están ejecutados por familiares de la mujer asesinada: parejas o exparejas. No es el caso de los incels que pregonan universalizar y legalizar la muerte o el sometimiento absoluto de las mujeres.

No hay duda que una causa general los unifica: las diversas formas que adquieren la organización y participación de las mujeres por ampliar sus derechos. Colectivos de mujeres que aumentan accionando por sus reivindicaciones, plantando cara el poder patriarcal.

Los grupos de incels son parte activa para detener las autonomías femeninas, su actividad se centra en dinamitar la libertad sexual de las mujeres, atacan furiosamente su libre elección de cómo y con quién tener relaciones sexuales. Estos asesinatos intentan retrotraer a las mujeres a estados de sometimiento y obediencia al varón. No debemos adentrarnos en sus lógicas pensándolos como una extravagancia o un movimiento de poca trascendencia. En un momento histórico en que los nuevos modos del fascismo avanzan, es importante dar cuenta de la existencia de estos grupos que en internet convocan, en este caso, a la persecución y asesinato de mujeres. La libertad de las mujeres para los incels es causa de su desdicha, una convocatoria paranoica por la que justifican sus deseos y acciones asesinas. Han sido, para los incels, las causantes de sus males y desde allí accionan para matarlas. Una nueva caza de brujas: la libertad, la autonomía de la mujer es el mal de la sociedad que debe ser dominado. Estos grupos incels son parte de las diversas manifestaciones que va tomando el huevo de la serpiente.

Notas

1. Extimidad es el proceso por el cual todo lo íntimo devino en público, en lo perentorio de hacerlo público.

2. Hazaki, César, Modo cyborg. Niños, adolescentes y familias en un mundo virtual, Topía, Buenos Aires, 2019.

3. Gubern, Román, El eros electrónico, Taurus, Barcelona, 1990.

4. Sibila, Paula, “Mal de amores, afectos y vínculos eróticos en tiempos hiperconectados” en Revista de la Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo “Del amor y sus figuras contemporáneas”, Buenos Aires, 2015.

5. Pellicer, James O., La mujer y el sexo en la cultura occidental, Topía, Buenos Aires, 2011.

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Articulo publicado en
Abril / 2020

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