Es célebre la frase freudiana que nos ha dicho en relación a ese momento clave del análisis que es la repetición en transferencia, que “nadie puede ser ajusticiado in absentia o in effigie”2. Hermosa definición que remite a locuciones latinas referidas a la justicia: la primera tiene que ver con llevar adelante un proceso sin la presencia física de la persona acusada, y la segunda remite a las condenas donde lo que se usaba para ajusticiar era una efigie, es decir, un muñeco u otro tipo de representación de la persona ausente. Lo cual nos habla de los límites de la representabilidad y de la necesidad de que la neurosis alcance una profundidad o intensidad donde la identidad de pensamiento no es suficiente, sino que requiere la identidad perceptiva para poder conmover algo de las mociones inconcientes en juego. Le da a estos actos que se repiten una entidad de presencia que no puede simplemente ser sustituida por la efigie de las asociaciones libres.
La transferencia, cuando reactualiza aquello que pide elaboración, pone en vilo el encuadre mismo, caminando por sus cornisas.