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El superyó de Melanie Klein y su realidad clínica

 

La ambigüedad de este título es por lo menos inquietante. Nos vamos a referir al superyo mismo de Melanie Klein? Nos vamos a internar en los vericuetos secretos de su mente para determinar la estructura secreta de la composición de su superyo? La tarea no se presenta como poco fascinante dada la posición que esta instancia ocupa en su obra. Pero no es esta la ocasión de emprender ese ensayo intrusivo.. Nuestro objetivo es rescatar los aportes, que la perspectiva del superyo de Melanie Klein trajo a la clínica de niños . Rescatar es una palabra adecuada que justifica este escrito ya que Melanie Klein ha quedado sepultada bajo los aportes innovadores para el psicoanálisis que provinieron mayoritariamente de la escuela francesa. Removiendo ese sepulcro se encuentran elementos valiosos por el toque de genio que aportan , y que usados en su justa medida, constituyen un elemento importante en el proceso de la cura.
Es sorprendente , si uno va a la obra de Melanie Klein que no hay artículo suyo en el cual no se menciona algo sobre el superyo . Es una de las conceptualizaciones freudianas que se hace central en sus propias postulaciones clínicas. Podríamos decir que ella tiene una relación “personal” con el superyo. Y esta relación se hace personal porque justamente es a través del proceso de personificación que ella propone tomar contacto con esta formación sólo indirectamente inasible. Al hacerlo personaje se establece una relación con él como “persona” Recordemos que para Freud la presencia del superyo se le había revelado en las voces incriminatorias de la paranoia. Cómo se revela en la clínica de niños el superyo para Melanie Klein? Se revela a través de experiencias aterradores como el pavor nocturno por ejemplo en el plano sintomático y de una manera personificada en el mundo de la producción lúdica en el espacio del juego. M. de 8 años se prepara en su juego para salir con su familia de vacaciones pero rápidamente se instala una barrera de obstáculos con un ejército que impide su salida, esta barrera personifica a la instancia superyoica que impide toda fuga del terreno de la responsabilidad y las tareas de cada uno. M sorteara la barrera haciendo volar el auto por encima de ella, lo que ejemplifica el modo evasivo con el cual se comporta cuando debe enfrentar una pelea. Su resultado será precario. Ahora bien, si la instancia es personificada en el mundo del juego su aparición es benigna y placentera, pero en el terreno del dormir ,cuando la realización del deseo intenta su consumación en el sueño, la instancia atraviesa la débil tela del disfraz simulador y persigue al yo deseante bajo la tenebrosa forma del monstruo de la pesadilla o se agazapa en los pliegues del inconciente para restablecer la tiranía paterna. L un adolescente decide decirle a su padre que no quiere que lo acompañe más a las sesiones vinculares donde el padre toma demasiado protagonismo, en las semanas siguientes tiene dos accidentes, cae de espaldas de un escenario y se golpea la cabeza y lo roza un coche en la calle. La instancia reclama su lugar.
No hay, para Melanie Klein, tanta diferencia entre esas voces y miradas incriminatorias que dominan el mundo paranoico y que expresan la instancia persecutoria instalada en la conciencia y los personajes monstruosos que persiguen al niño indefenso cuya inocencia parece impoluta .
Para nosotros es una diferencia que no se puede dejar pasar el que la instancia superyoica se imponga como voces incriminatorias que provengan del mundo exterior al hecho de que provengan del mundo onírico u oniroide . Aceptamos que allí hay una diferencia estructural que cliva la neurosis de la psicosis. Pero , al mismo tiempo podemos decir que muchas veces la instancia está en el borde bajo la forma de la voz y de la escena y que el niño permanece expectante a la espera que la sombra del padre justiciero o la madre bruja aparezcan suspendidos en el espacio exterior. Y allí hay un puente entre las dos estructuras
Que el superyo está cargado con la fuerza de las pulsiones es una afirmación freudiana que Melanie Klein hace suya en una clínica que más que otra se puede rotular como la clínica de las pulsiones y del superyo. Cuando se atemperan por la propia acción del continente psicoanalítico las arremetidas pulsionales ilimitadas se atempera asimismo la fuerza aplastante del superyo que en los juegos suele aparecer como un elefante que lo aplasta todo.
Si se tuviera que elegir un artículo kleiniano para que un no lector de su obra conociese su conceptualización me parece que sería bueno recomendar : “ Primeros Estadios del Conflicto de Edipo y la formación del Superyo” Edípico” del libro “El Psicoanálisis de niños”. Se trata de un artículo muy kleiniano, en el sentido de que es horripilante, es decir, basado en el horror y horripilante también en el sentido de cómo presenta la vida emocional del lactante. No es el niño de Winnicott en armonía como una madre suficientemente buena, es un sujeto puro placer, pura pulsión que quiere apoderarse del botin del barco materno vorazmente y desalojar al capitan legal de ese barco y a sus hermanos para luego liquidarlos en el momento en el cual hay que repartir el oro. Su lujuria es extrema ,vampírica, sadiana, canibalsitica, castratoria. Sus pulsiones pregenitales son cuanto más arcaicas más arrasadoras y por eso la vida mental del lactante estaría para Melanie Klein en la base del universo de los cuadros demenciales y criminales del hombre. Y es así ,de ese modo tan directo , con ese mismo material , que se teje la materia del Superyo infantil temprano. Un señor de temer que vive en el interior de la mente de un ser desamparado. Su fuerza, su terrorismo de estado es tan poco contemplativo que puede detener todo deseo, todo pensamiento, todo atisbo de placer prohibido. Así como el superyo Freudiano , heredero del complejo de Edipo estructura el aparato creando las prohibiciones actuales fundamentales y los accesos futuros bajo la amenaza latente de la castración aterradora, el superyo temprano de Melanie Klein introduce una represión arrasadora que puede acabar con los deseos edípicos antes de que estos brotes se desarrollen fuertemente y puedan soportar la helada de la latencia. Puede interrumpir asimismo el proceso de formación de símbolos, es decir, la escritura de las ideas en la mente, dejando un blanco en el pensamiento por el terror a este censor absoluto.
Cuando observo en la clínica a un niño sumamente paralizado en su desarrollo o a un adolescente inhibido de un forma poderosa me es útil pensar que en esa mente escondido, que en ese sujeto dividido , se aloja un señor poderoso que imposibilita todo discurso, todo placer, toda alegría. Por eso la dirección de la cura en esa clínica es mitigar la severidad del superyo, dejar que se vuelva a llenar esa mente de símbolos , palabras , pensamientos, dejar que el deseo se manifieste en acciones más espontaneas sin intervenir precozmente, lo cual para el sujeto puede ser un signo paranoide de que somos correos secretos de ese zar que reina en su interior. Aunque es también necesario limitar el goce pulsional ilimitado , introducir un orden en una mente tomada por un tornado devastador.
Hay que diferenciar estas creaciones imaginarias de las a veces también devastadoras y muy frecuentes acciones de los objetos reales cuya violencia secundaria ha puesto de manifiesto Piera Aulagnier. Esta diferenciación que hace también a sus interrelaciones debe ser cuidadosamente encarada en una época donde se privilegia de un modo intenso la estructura dónde el niño está ubicado la cual se remonta a sus vidas pasadas ,es decir su dimensión transgeneracional. No pocas veces comprobamos que la acción analítica que puede tener lugar en los pliegues del niño capturado por su inconciente atempera e incluso puede llegar a sortear la acción del objeto real, puede incluso enfrentarlo, cuestionarlo, reducirlo. Al mismo tiempo , no pocas veces observamos que el niño acusa a sus padres de acciones vejatorias, violatorias, culpabilizadoras que son sólo atribuibles a esa figura interna que lo atormenta. Estos juegos de espejo son materia constante del trabajo analítico sobre el superyo que lo van atemperando, humanizando, llevandolo a una dimensión menos terrorífica la cual a su vez es proyectada sobre los objetos externos portadores de esa instancia como padres y maestros.
En una viñeta clínica de supervisión, cedida gentilmente por la Lic. Martha Videla, se pueden observar estos movimientos. L, una niña de nueve años es traída a la consulta por sus padres porque observan el sufrimiento que le produce las demandas excesivas que se hace y las descalificaciones que se dirige a si misma. Se reprocha el nivel de sus notas, a pesar de que eran muy buenas, y de sus tareas aunque sus maestras no manifestaban ninguna queja. Insistía en que sus tareas no estaban bien hechas a pesar de que sus padres y maestras se esforzaban en aprobarla y estimularla por su buen rendimiento. Otro motivo de la consulta era que no tenía amigas ni dentro ni fuera del colegio. Este aislamiento era generado por su intensa agresión y descalificación hacia sus compañeras que por tal motivo la rechazaban y no la invitaban lo que aumentaba su odio hacia ellas. De un modo paradójico no era agresiva hacia adentro de la casa ni con sus padres ni hermanos pero no dejaba de hacerlos sufrir intensamente por las quejas que manifestaba hacia si misma y sus calificaciones. Su superyo se hacia así insoportable más allá de ella misma.
Estos síntomas se modifican por efecto del análisis y se organizan bajo la forma de una gran responsabilidad hacia sus tareas y pruebas pero ya sin autoreproches y sí con un sentimiento de orgullo. Es decir, que su superyo se había modificado en el sentido de aplaudir su esfuerzo y su rendimiento en lugar de mostrarlo como insuficiente. Esto hizo que mejorara su relación con el colegio al cual odiaba por los sufrimientos que ella creía que le traía. En realidad sus sufrimientos tenían otro origen , un superyo tiránico que la mortificaba. Al disminuir la exigencia hacia si misma se alivió su agresión hacia sus semejantes , semejantes que a las que antes continuamente acusaba de no satisfacerla así como ella no satisfacía a su superyo. Por otra parte era evidente que el trato que daba a sus semejantes era el que después recaía sobre su propia persona, a excepción de su propia familia a quienes creía víctima de la hostilidad del mundo. Todo el resto paranoide se ubico en la figura de la analista que terminó representando el superyo que nunca se satisfacía y quería continuar el tratamiento, ahora se sentía exigida por la analista de una forma desmesurada y por eso abandona el tratamiento en colusión con la madre que se unió a ella en la queja a la nueva figura superyoica. En fin, los recorridos del superyo en la clínica de niños!

Mario Waserman
Psicoanalista
 

 
Articulo publicado en
Octubre / 2003

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