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Pequeñas anécdotas institucionales

 
EN CASA DE HERRERO CUCHILLO DE PALO

Se llega a ser discípulo y se permanece
siéndolo para evitarse el riesgo de pensar y
y hablar por propia cuenta, para ahorrarse
el peligro de la locura.
Francois Roustang.

 

Pero no es de locura que se trata necesaria-
mente aquí. Se trata de la incapacidad de
asumir la posición de analista …Se deviene
“alumno” o “maestro” para no ser analista,
y por que no se lo puede ser.
Cornelius Castoriadis. 

 

Hay en nuestro medio un gran número de analistas que han preferido no integrarse a las grandes instituciones psicoanalíticas, con la fantasía de que así estaban a salvo de las estructuras de poder que se dan en las mismas, habiendo alcanzado con este sistema muy buena formación y resultados profesionales. Permanecen dispersos pero prestos a concurrir a congresos y eventos, además de integrar reducidas agrupaciones de trabajo y estudio. Han podido así mantener la libertad de elegir con quién analizarse, estudiar y supervisar. Se habilitan como analistas cumpliendo con los tres pilares básicos de la formación –el propio análisis, lectura e interpretación de textos y la supervisión de pacientes-. Se sienten así a salvo del corset que implica pertenecer a las escuelas o iglesias (Fernando Ulloa) que existen en nuestro medio. Muchos han renunciado a ellas después de permanecer durante años.

Ahora bien, ¿es cierto que de esta forma se ha alcanzado una libertad de pensamiento, que no se da en las grandes instituciones?. Podemos afirmar que sí, pero con la paradoja de que muchos de estos psicoanalistas libres (antes llamados salvajes) se han convertido en maestros de muchos jóvenes que buscan formarse desde esa misma perspectiva, aglutinando en su entorno a colegas que van formando un grupo de pertenencia por camadas generacionales, donde se reproducen muchas de las características de las grandes instituciones. Esa reproducción está dada porque no se tiene en cuenta la relación transferencial entre maestro y discípulo. Aquello que es fundamental en la cura psicoanalítica, la disolución de la transferencia, no se produce en la relación maestro-discípulo. Se mantiene en forma ininterrumpida. Si bien es inevitable que la transferencia se dé en el proceso de aprendizaje, la no resolución de la misma transforma al aprendizaje en un síntoma. La transferencia es, entre otras cosas, lo que permite la puesta al día de lo analizable para su interpretación. No tomarla en cuenta es una maniobra para eludir la responsabilidad del desenlace del análisis. El inevitable desenlace del vínculo con el maestro debería llevar a que el discípulo ejerciera por cuenta propia su pensamiento crítico sobre los textos, desarticulando de este modo las cristalizaciones narcisisticas formalizadas durante el proceso de formación. Cuando esto no sucede el discípulo teoriza y analiza para alabar los oídos de su maestro o supervisor. En esa relación alienada y alienante se pierde la posibilidad de ganar una identidad.
El establecimiento y disolución de la transferencia tienen que ser la base de la fundación y disolución de cualquier proceso psicoanalítico. Se comienza para terminar, esa es la base de cualquier institucionalización psicoanalítica. La mayor amenaza sobre la transmisión del psicoanálisis es que el medio transmisor refuerce la transferencia en vez de disolverla.

Lamentablemente no se tienen en cuenta estos preceptos básicos psicoanalíticos ni en las instituciones formales ni en las no formales (Virtuales en términos de Ulloa), con lo cual asistimos al triste espectáculo de escuchar muchas veces discursos de repetidores loros parlanchines. Es de suponer que, que al quedar atrapados en las telarañas institucionales estos psicoanalistas resulten de hecho readaptadores a una sociedad allenada. Por el contrario, el psicoanalista que ha resuelto la transferencia con sus maestros y las teorías, se brinda la posibilidad de hablar en nombre propio, aunque corra el riesgo de cometer errores o de que nadie lo escuche.

 

Alfredo Caeiro
Psicoanalista
Analista Institucional.
alfredo.caeiro [at] topia.com.ar
 

 
Articulo publicado en
Noviembre / 2003

Boletín Topía