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Dar en el blanco: Repensar la política. Tarea interminable

 
Edición CIVITATIS, 2019. 131 páginas. Este texto esta constituido por charlas, reportajes y artículos del psicoanalista mexicano Raúl Páramo Ortega. Reproducimos dos apartados a modo de epílogo.

AFORISMOS SOBRE LIBROS

“El mejor libro”

No hay “el mejor libro” en abstracto. Cada libro es recreado (deformado, enriquecido, descifrado) por quien lo lee.

El mejor libro es el que te lleva a otros libros.

El mejor libro es el que tú sabes que no existe y por eso tienes que escribirlo tú mismo.

El mejor libro es el que merece ser leído con la más baja velocidad de lectura imaginable.

El mejor libro es el que se puede leer a plazos.

El mejor libro es el que contiene (sintetiza) muchos otros.

El libro es tanto mejor cuanto más amplíe mi consciencia, más esclarezca mi entendimiento, más me abra a vivencias diferentes, más me haga reflexionar.

El mejor libro es aquel que debe ser acompañado de otros más.

El mejor libro es el que fortifica/afecta mi raciocinio, me recuerda lo sabido, pone a prueba lo gastado, lo ya fácilmente establecido.

El mejor libro es el que da mantenimiento y servicio a mi cerebro.

El mejor libro es el que me cobra una sola vez su precio (o dos al re-encuadernarlo).

El mejor libro es el que me permite usarlo cuando me venga la gana.

El peor de los libros es el libro no leído.

El mejor libro es el que me ayuda a cambiar el rumbo o amplía la mirada.

El mejor libro es el que tolera estar pasta con pasta con su contrario.

El mejor libro es el que me permite rayarlo, subrayarlo, contradecirle en anotaciones al margen.

El mejor libro es el que tolera que lo deje de lado, que lo cambie por otro, que me deje la decisión de terminarlo o no, leerlo sólo en su índice, sólo un capítulo, sólo… lo que me dé la gana.

El mejor libro es el que me permite volver a él sin reprocharme haberlo abandonado.

El mejor libro es el que tiene una rara humildad: saber que no es obligación honrarlo hasta el final.

El mejor libro es el que me plazca.

El mejor libro es el que me sirve de peldaño.

El mejor libro es el que acrecienta mi curiosidad.

El mejor libro es el que acrecienta la consciencia de mi ignorancia.

Fragmento de la presentación en la inauguración de la Biblioteca que lleva el nombre Dr. Raúl Páramo Ortega en Wiesbaden (Alemania)

…Una Biblioteca es un punto de despliegue de la capacidad de reflexión para los que la usan y -por otro lado- un cementerio para los autores ahí concentrados que esperan ser resucitados por un lector a quien ponen a su disposición el producto de su trabajo intelectu al. Los autores pueden ser resucitados múltiples veces e incluso guardado digitalmente digamos para el tiempo que dure el planeta.

Las Bibliotecas son lugar de resurrección gracias al procedimiento mágico de la lectura. Son verdaderos templos del espíritu y del silencio propicio para dialogar con el pensamiento de quién escribió sin necesidad de su presencia física. Es un lugar de fuegos artificiales, de verdadera, luminosa y callada fiesta iniciada en el momento en que el usuario así lo decide… claro, con la venia y gracias al trabajo de innumerables personas e instituciones que hacen posible la creación y el mantenimiento de ese complejo milagro humano, llamado Biblioteca.

Sin la Biblioteca del Museo Británico, Norbert Elias no hubiese escrito “el Proceso civilizatorio” a partir de las notas tomadas ahí por él. Ahí mismo -un siglo antes- ocurrió lo mismo con Carlos Marx y su obra central ahí iniciada: El Capital.

Jorge Luis Borges y Mao Tse Tung no fueron solo lectores obsesivos sino también bibliotecarios enterados del inmenso flujo de las publicaciones de su tiempo, en castellano, inglés y francés.

Las bibliotecas en sus orígenes se dieron gracias al arduo trabajo de monjes medievales encargados de transcribir textos. Su trabajo era considerado literalmente como Gottesdienst, pero también Menschendienst, es decir, servicio a la humanidad entera. Con ello impidieron su irremediable pérdida, como por desgracia ahora ha ocurrido con los idiomas desaparecidos y los jeroglíficos destruidos por colonizadores e invasores de todo tipo. Los poderosos siempre han temido a las Bibliotecas. La Historia de quema de libros es muy larga. A pesar de eso, todo el espíritu humano se ha aferrado al cultivo del ejercicio tenaz de la Razón mediante la lectura y la escritura. Permítanme recordar un curioso hecho altamente simbólico: De reducidísimas bibliotecas de cárceles han surgido obras de un Antonio Gramsci, y de un Trotsky, del teólogo Dietrich Bonhöffer, de los rusos Dostoyewsky y Solyenitsky entre los más conocidos. En nuestra Patria, los hermanos Flores Magón son un ejemplo de escritura a partir de situaciones adversas. Sus obras -de todos ellos- siguen vivas.

Leer es una forma particularmente intensa de pensar. Leer es una gran oportunidad de ampliar el propio pensamiento. En el encuentro con los autores leídos configuro mi propia identidad intelectual, construyo mi propia “Biblioteca interior”, además portátil. El libro es la frontera entre el espíritu y el cerebro, o en palabras de Novalis “el lector verdadero debe ser una prolongación del Autor mismo”. Leer propicia la capacidad de entender lo diferente y con ello da pie al ejercicio de la tolerancia. El verdadero lector esta abierto a los nuevos contenidos de lo que lee, sin apresurarse a reducirlos a lo ya conocido. Para esto se requiere baja o -en el ideal de los casos- nula presencia de angustia ante lo que el autor cuestiona de mis propios caminos, de mis propias convicciones.

Los libros son frases apresadas en dos tapas y maravillosamente tejidas produciendo permanentes significados aunque también persistentes equívocos. Los libros, a su vez agrupados, constituyen las Bibliotecas. Ahí se pueden tejer libros con libros que pueden impulsar a los Hombres a mejores acciones. Estas -las bibliotecas- son maestras calladas de la Tolerancia. Ahí autores e ideas peleadas a muerte conviven como buenos vecinos tapa con tapa. Hay guerras provocadas por sustentar los protagonistas opiniones diferentes. En cambio, en el iluminado espacio de las bibliotecas no se da “la guerra de los libros” como la fantaseó sarcásticamente el escritor irlandés Jonathan Swift (1704).

Leer es una forma exquisita de ampliar el propio pensamiento en el encuentro con otras formas de pensar. Contribuye a la construcción de la propia biblioteca interior, de la propia visión del mundo. Según Heinrich Heine, al quemar libros, se quema a fin de cuentas el espíritu de los Hombres.

Los libros están constituidos por frases, por ideas entrelazadas armónicamente entre sí y en permanente asamblea abierta a los lectores. Los libros y las bibliotecas son ideas condensadas, entretejidas y dispuestas a reactivar el cerebro del ser humano. Con todo resaltemos que en sí, sin el concurso de un buen lector, no hay buen libro. No hay libros ni bibliotecas neutrales. Su potencial y su influjo sigue en manos de los lectores…

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Articulo publicado en
Abril / 2019

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