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El Dinero y el poder

 
Algunas breves reflexiones desde Marx, Freud y Weber

Y como el ciervo por agua fresca,
su alma brama ahora por dinero, la única riqueza

Marx (1972, p. 95)

Introducción

Los efectos psicológicos, digamos el manejo libidinal adecuado o inadecuado del dinero, se reducen aquí a una indagación dentro de la era capitalista. Evidentemente, la historia humana no se inicia con la era capitalista, ni con el dinero. Desde luego, en la era pre-capitalista había intercambio de bienes, aunque generalmente se trataba de intercambiar prestaciones de servicios. Nada escapa al hecho antropológico basal de dar y recibir como instaurador del vínculo primario con la madre. Incluso, ese hecho llevó a Freud a especular sobre lo excrementicio, lo anal inscrito tempranamente en el lactante dentro de la dinámica de que el lactante entrega hacia afuera algo de su posesión. Desde luego, el manejo del dinero se inscribe paralela e intrínsecamente con el asunto de la propiedad privada y, como ya señalé arriba, con el dar y recibir en general. Freud investiga leyes y formas de desarrollo de la energía libidinal. No en balde habla expresamente en su Metapsicología del punto de vista económico. Investiga la economía libidinal dentro de los modelos físicos que da del aparato psíquico aportada por las excitaciones que surgen de las necesidades básicas.

El capitalismo no es meramente un sistema económico, sino que ha sido un elemento clave en la configuración psicosocial del mismo hombre

Como es muy conocido, el dinero no llega a ser objeto de deseo para un niño, sino hasta cerca de los nueve años, es decir, cuando la socialización ya le incorporó a su mundo el dinero en cuanto presunto igualador de valores, según lo conceptualizó Marx. El dinero particularmente fusionado con el poder es peligrosamente útil. El lactante, antes de conocer el dinero, estuvo bajo las múltiples y complejas situaciones de las relaciones objetales, en donde se da también el intercambio y lo que Freud llamó economía libidinal. La libido, el sexo, el amor en el sentido más amplio, motor por excelencia de la vida humana y es, excepto en la relación temprana madre-hijo, el opuesto del ejercicio de poder en general.

Antes del nacimiento del dinero como valor de intercambio estandarizado existían sociedades, modelos económicos y sociales pre-capitalistas en donde el sentido comunitario prevalecía sobre los intereses individuales. Lo que hoy cumple el dinero como función de intercambio estandarizable tiene como precursores muy diversos objetos. Por poner un ejemplo, los granos de cacao cumplían la función que hoy en día cumple el dinero. Antes de la era monetaria, incluso en las sociedades primitivas, la mujer o los esclavos cumplían esta función de intercambio.

Las monedas, como las conocemos actualmente, surgieron con una doble intencionalidad, es decir, en la medida en que utilizaban metales convencionalmente valiosos que se prestaban para ser acuñados. La otra función, perseguida por el mismo cuño, pretendía marcar un sello de propiedad en donde incluía la efigie de su proveniencia: estado, nación, principado, feudo, reino o cualquier otra figura que hiciese referencia simbólica al “dueño” y al poder que podía ejercer.

El capitalista fácilmente deviene en avaro. Su meta es vender lo más posible y desprenderse del dinero lo menos posible, es decir, acumular. Una de sus consignas es obtener la maximalización de la ganancia que convierte al dinero en la mercancía por excelencia (cfr. Freeman 2001). La transformación de la naturaleza para la sobrevivencia humana ha adoptado distintas modalidades en la historia y las que ahora predominan son las del capitalismo, que no es meramente un sistema económico, sino que ha sido un elemento clave en la configuración psicosocial del mismo hombre. Según sostiene Gómez Villar (2016), “el capital se ha convertido en una fábrica social, ha extendido los procesos de valorización al conjunto de la sociedad. (...) los trabajadores se han convertido en parte de la maquina (...) toda la sociedad es subordinada al movimiento expansivo e ilimitado del capital.” El nuevo evangelio del rendimiento y la optimización sin límites, es tarea redituable de managers y entrenadores motivacionales que producen un nuevo tipo de conductas humanas que aceitan el funcionamiento del modo de producción capitalista que instala las categorías de explotadores y explotados.

¿Ser o tener? Una alienación primaria

En el sentido estricto, el tal valor del dinero o de cualquier otro tipo de riqueza es algo ajeno al valor y a las características individuales que me constituyen como ser humano. La simiente alienante de la era capitalista está fundamentalmente en confundir el valor de un instrumento simbólico y abstracto con su supuesto valor sustancial. En formulación sumaria, y según Erich Fromm, consiste en confundir el tener con el ser (cfr. Harsch 1985; Haubl 1996; Páramo 1996 y 2008; Vinnai 2013). Semejante a confundir un brazo humano con una prótesis que, obviamente, me es ajena. Un instrumento, el dinero, se convierte en un fin en sí mismo con características propias de cualquier adicción y, desde luego, como insaciable intento de restaurar déficits de seguridad personal cuyo origen son carencias afectivas, particularmente, en la primera infancia.

Aquí utilizo el término enajenación en el sentido tan amplio como para poder afirmar que el ser humano encierra ya en sí mismo una escisión, una alienación entre materia y espíritu, cuerpo y alma, consciente e inconsciente. Éstas serían, digamos, escisiones en ciernes que pueden profundizarse o atenuarse. Las escisiones profundas cobran forma en las psicosis de diverso grado que desconectan la realidad real de lo imaginario, sin siquiera notarlo. Sin embargo, un hombre rico en extremo, si no localiza que la riqueza es ajena respecto a él mismo, a su mismidad, padece, pues, un estado de alienación que, como toda alienación, pasa desapercibida si es compartida por todo el entorno: los congéneres, las instituciones, las leyes.

Un instrumento, el dinero, se convierte en un fin en sí mismo con características propias de cualquier adicción 

Una organización social, un sistema económico que convierte el dinero, la riqueza externa, en poder supremo, dislocando así radicalmente la realidad. El rey cree ser su corona y cree que los súbditos son de su propiedad. No es otra cosa ésta, que esclavitud. Aunque, desde luego, hay formas y grados diversos de la esclavitud que convierte lo inalienable en alienable.

En la teoría marxista, el sistema capitalista convierte todo en mercancía. Cualquier objeto o cualquier persona ingresan al mundo del mercado, es decir, es comprable o vendible. Es bueno recordar aquí lo que Marx escribió en el Capital (tomo I, p.38) sobre las mercancías: “la relación [fantasmagórica] de una relación entre objetos materiales, no es más que una relación social concreta establecida entre los mismos hombres”. Dentro del espíritu capitalista el otro aparece como rival, como competidor. Todo está inundado por la competitividad. La burguesía, incluso la burguesía liberal, ha sido descrita por Engels de la siguiente manera: “Vive única y exclusivamente para amasar dinero, para la que solamente es importante aquello que conduce al rápido lucro y que no siente más dolor que el del dinero que deja de ganar. (...) En última instancia, lo importante para ellos, lo decisivo, es su propio interés y, muy especialmente, su afán por el dinero. (…) La libre competencia en todos los órdenes de la vida, no admite la menor traba ni limitación alguna. (…) Cada cual pudiese explotar al otro a medida de sus deseos. (…) La burguesía no puede prescindir del estado aunque solo sea para tener a raya al proletariado” (Engels 1981, p.512-513). Así pues, toda la catexis libidinal está depositada en el dios Dinero, en el dios Mammon.

En la cultura capitalista, un varón podrá saber realmente si es amado cuando esté en bancarrota. Y una mujer sabrá que es realmente amada cuando pierda toda juventud y toda atracción corporal

Recordemos con Benjamin Franklin (1706-1790) que “de aquel que opina que el dinero puede hacerlo todo, cabe sospechar con fundamento que será capaz de hacer cualquier cosa por dinero”. Con esto desaparece cualquier normatividad ética, cualquier solidaridad o espíritu comunitario. El único destino común que nos une es la muerte. Los beneficios de la riqueza van ligados paradójicamente a una peligrosa siembra de discordia y si no, veamos las disputas a propósito de territorios y de herencias.

El sociólogo Sheldon Solomon, que se basa en las ideas del antropólogo cultural Ernest Becker, con agudeza especial ha postulado que la exaltación demencial del poder del dinero en la era capitalista convierte a quien lo posee en un dios todopoderoso (cfr. Richter 1979) y, por consiguiente, en un ser que supuestamente vence a la muerte. Para Becker (1973), como reacción al temor universal a la muerte, el ser humano ha construido la cultura para controlar dicha angustia con base en sistemas de creencias, fantasías de omnipotencia y refugio en un Dios providente. En el polo opuesto y, según postulaba Freud, el sabernos mortales podría ser precisamente el mejor incentivo para dedicarse a vivir.

El dinero, que en el sistema capitalista se funde con el poder político y militar, pasa a cumplir la misma función que las religiones de allendidad. Tanto la religión pagana como la sacra prometen la seguridad total y el triunfo sobre la muerte. Esta última, a través de promesas incumplibles. La religión pagana, basada en la fusión del dinero y del poder, puede otorgarnos -otra vez con base en una alienación radical- un remedio aparente de la impotencia ante la muerte que nos derrota implacablemente. La impotencia real frente a la muerte se trastoca en fantasías narcisistas de omnipotencia. En dos palabras irracionalidad compensatoria (Ziegler).

La cultura occidental en creciente decadencia, que venimos padeciendo y que está estructurada lo más rigurosamente posible teniendo como secreta tarea primaria, mantener estrictamente a raya la consciencia de que el ser humano desde que nace, nace condenado a muerte y a sus derivados que la anticipan: fragilidad, vulnerabilidad, enfermedad. Busca así, como contrapartida “perfecta” el poder que le otorga el dinero y sus aledaños. Al eliminar de su consciencia la sentencia de muerte, nuestra civilización de hecho promueve y anticipa la muerte al eliminar el Eros como fuente y origen de toda vida. Eros ha sido arrojado al deplorable campo de la pornografía y de la criminalidad. En todo esto, Eros es derrotado por Tánatos. Sabemos que la muerte nos derrotará, pero Eros podrá, con todo, algunas batallas en nuestro beneficio lograr. Nuestra libido la vida alimentará y la muerte retardará.

Por otro lado, el ascenso del dinero como poder universal, que ha sido minuciosamente estudiado por el historiador Neil Ferguson, contrasta con las indagaciones de Byung-Chul Han (2012), quien pone ante nuestros ojos “La agonía del eros”.

En ese punto y como efecto no intencional del protestantismo -como dicen los que lo defienden- a fin de cuentas acaba impulsando y legitimando el ascenso del capitalismo salvaje con argumentos teológicos. Véase si no la descripción detallada en la obra de Max Weber “La ética protestante y el espíritu del capitalismo” (2012). El capitalismo, a pesar de empezar a mostrar algunas de sus grietas, ha desembocado de hecho en lo que el historiador suizo Jean Ziegler ha llamado “orden mundial canibalístico” en el que la globalización, es decir, la expansión imperial y las trasnacionales se encargan de orquestar la explotación de lo que eufemísticamente se llama “países en desarrollo”. El primer y tercer mundo con su polaridad de extrema riqueza y extrema pobreza configuran el mundo moderno. Esto lo ha documentado con gran amplitud Jean Ziegler a lo largo de toda su obra.1

Dinero y Propiedad

La propiedad en forma de dinero surgió de la propiedad concreta para convertirse en una abstracción convencional supuestamente igualadora de todos los valores, también supuestamente por ello intercambiables. La condición de intercambiabilidad introduce en el humano una especie de alienación primaria. Evidentemente, el dinero representa un caso particular de la problemática general de la propiedad comunitaria convertida en privada.

La posesión de la tierra fue desde luego antes del nacimiento del dinero y, a su vez, surge en ocasión del paso de la condición humana de nómada a la condición de arraigado en un lugar delimitado. Surge, pues, conjuntamente con la agricultura. Ésta requería o justificaba la delimitación territorial en donde el productor podía gozar de los frutos y semillas por él cultivados.

Dinero y amor

No se puede negar que la vida tiende a más vida y que el intento desmedido y demencial de acrecentar la riqueza perdió su rumbo al querer adquirir lo inadquirible por medios económicos o por medios paralelos conectados con el poder, como por ejemplo, el prestigio, la posición social o supuestos linajes nobles.

Obtener la maximalización de la ganancia convierte al dinero en la mercancía por excelencia

En el mundo del dinero, el sistema capitalista requiere, ante todo, el cálculo hacia la maximalización de la ganancia y en esa tarea, cualquier sentimiento positivo hacia el otro estorba. El sistema capitalista ha penetrado las esferas de las relaciones más personales y más íntimas según lo ha puesto bajo la lupa la psicoanalista israelí Eva Illouz (2006). Sus ideas permiten formular con filo el siguiente postulado: En la cultura capitalista, un varón podrá saber realmente si es amado cuando esté en bancarrota. Y una mujer sabrá que es realmente amada cuando pierda toda juventud y toda atracción digamos corporal. Se puede incluso decir que el extremo más opuesto al dinero es el amor.

No es de extrañar que en otras épocas o en otras culturas sea mucho más difícil o absolutamente imposible encontrar fenómenos típicamente occidentales, capitalistas y cristianos,2 como la codicia, la avaricia y la adicción al dinero (cfr. Páramo 1996) en sus diversas facetas que van desde compras compulsivas en lo microsocial hasta guerras entre las naciones.

La posesión de dinero no garantiza en forma alguna nada que tenga que ver estrictamente con la felicidad. Ésta es un derivado de una gran cantidad de realidades como el amor, la lealtad, la generosidad, la solidaridad, el disfrute estético, el disfrute intelectual. Todos estos elementos no deben ser en forma alguna objeto de mercado.

Sumariamente, en la era capitalista, tendencialmente el único poder reconocido es el proveniente del dinero, capaz de comprar hasta lo invaluable, por ejemplo, las dimensiones de la libertad, del honor, del amor o el conocimiento. El poder del dinero y su afán de acrecentamiento pueden tomar caminos violentos y no violentos. Abre las puertas y promueve la pandemia que nos aqueja: corrupción.

Bibliografía

Becker, Ernest (1973): The Denial of Death. Collier-Mac.

Byung-Chul Han (2012): Agonie des Eros. Kindle Verlag

Engels, Friedrich (1981): Comportamiento de la burguesía hacia el proletariado en: Escritos de Juventud - Obras fundamentales 2. p.512, 513.

Freeman, Alan (2001): “Geld” en: Historisch - Kritisches Wörterbuch des Marxismus, Band 5, Argument-Verlag.

Gómez Villar, A. (2016): “Genealogía de la noción actual de trabajo” Consultado en: http://17edu.org/genealogia-de-la-nocion-actual-de-trabajo

Harsch, W. (1985): “Das Geld bei Marx und Freud” en Psyche 39. Jahrgang, Heft 5, pp 429-455.

Haubl, Rolf (1996): “Geldpathologien und Überschuldung: am Beispiel Kaufsucht”, Psyche - Z Psychoanal 50 (09/10) Klett-Cotta Verlag.

Illouz Eva, (2006 [2004]): Gefühle in Zeiten des Kapitalismus. Suhrkamp, Frankfurt.

Marx, Karl (1971) Elementos fundamentales para la crítica de la economía política, Tomo I, Siglo XXI, México, p.156

Páramo Ortega, Raúl (1996): “Dinero y adicción”, Subjetividad y Cultura N° 7, pp. 35-54.

Páramo Ortega, Raúl (2008): ¿Enajenaciones primarias (de origen) - enajenaciones secundarias (supletorias)? - con especial acento marxista y freudiano. En: Ethos educativo 43, Morelia, pp.198-224.

Richter, Horst-Eberhard (1979): Der Gotteskomplex. Psychosozial-Verlag.

Vinnai, Gerhard (2013): Geldsubjekt und Psychoanalyse – Psychosozial II.  Giessen

Weber, Max (2012): La Ética Protestante Y El Espíritu el Capitalismo. Alianza Editorial.

Ziegler, Jean (2012): Destrucción Masiva. Geopolítica del hambre. Editorial: Península.

Notas

1. Por motivos de espacio, desgraciadamente no es aquí pertinente bibliografiar su inmensa producción sobre el tema.

2. Recordemos aquí la Conquista del que ahora es el continente americano.

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Articulo publicado en
Abril / 2017

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