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Tortolians Island

 

En la isla del Tigre está todo bien, baste decir que sus dueños —un matrimonio con una onda espectacular—  me ofrecieron ser el padrino de la misma y ponerle el nombre que lleva: Tortolians Island. Me costó trabajo hallarlo y no me parece oportuno dar a la luz el significado del mismo; digamos que pertenece a los pactos internos del lugar y sus visitantes. Lo cierto es que estuve pensándolo durante meses, pero cuando me decidí llevé un hermoso cartel en viraró, tallado por un muy reconocido artesano. En una pequeña y secreta ceremonia lo pusimos en el muelle frente al arroyo. Acompañamos el ritual bebiendo un champagne de gran calidad que, nobleza obliga, me encargué de conseguir en cantidad.
    Los amigos anfitriones fueron mejorando las propuestas de la Tortolians año tras año. Hace un lustro que fue inaugurado y puesto en marcha el proyecto. Se han cuidado todos los detalles del elaborado plan: la isla está alejada de cualquier lugar poblado, lo que ahuyenta a fisgones y visitas no esperadas. La vegetación es espesa, variada y muy perfumada en varias épocas del año. Fue elegida y mejorada sin apuro acorde con la idea general de generar este particular Edén.
     La casa es sencilla, pero cómoda y espaciosa para estar dentro de ella. Los espacios comunes fueron diseñados entre una excelente arquitecta y una reconocida especialista en expresión corporal, por razones que vienen al caso, debo ser recatado con los nombres dado que todas son personas muy reconocidas en los ámbitos en que se desenvuelven.
     La manera en que se organiza es muy especial. Para dar una idea general: uno llega —siempre hay que hacerlo temprano, es una estricta condición de la casa— y hay esperando unos excelentes desayunos de frutas de estación y secas, más hierbas, semillas, granos, jugos frescos  e infusiones variadas en cantidad y calidad. Todos ellos pensados por la anfitriona — una chef de alto vuelo, pese a su baja estatura— para lograr una conexión erótica  en la mañana que recién comienza. Es que el cuerpo se purifica y como consecuencia hay una enorme liberación de feromonas que producen los cuerpos metidos ya de lleno en situación. Eso estimula, da energía y, sobre todo, quita el estrés del trabajo semanal. Se comprende que así se empieza el día con una onda sensual y una potencia energética espectacular.
    Hay una manera secreta que los dueños de casa tienen para invitar o seleccionar a los amigos —a cuántos y a quiénes les puede venir bien estar juntos—  que todavía no descubrimos. El método no es siempre exacto pero es acertado en general. El resto corre por cuenta de la gente que pone lo suyo, ayuda con onda para  que todo salga bien. Es decir vamos con la idea y el entusiasmo para que el día sea inolvidable.
    A veces toca un millonario un poquito fanfarrón, que por suerte no puede llegar con su enorme crucero hasta la isla debido a la baja profundidad del arroyo; otras algún personaje medio gritón y, rara vez, pero igual pasa, alguna mujer un poco exigente y remilgada. A veces un sociólogo intenta hacer estadística de todo lo que ocurre en ese día, que cede en su intento por nuestro convencimiento de lo innecesario del asunto. También se puede filtrar una feminista recalcitrante o un hombre de la política algo obsesivo e insistente. Pero a la hora de estar juntos la potencia del grupo hace gozosa la estadía, así se logra que esas personas se adecuen en la forma esperada.
    En invierno no hay mucha actividad, es la época de planificación, diría,  de la temporada que se avecina. Se cambian colchones, se reparan maderas del piso del espacio amplio del estar. Se cubre y refacciona el deck con hidromasaje del jardín, se poda, se transplanta, etc. El grupo base y originario, la familia como dicen los pibes del rock de los primeros seguidores de una banda, laburamos sin cansarnos y con mucho entusiasmo.
     Cuando empieza la temporada, fines del mes de agosto un poco antes del inicio de la primavera, se comienza de a poco, dado que hay que llegar con lo mejor a la fiesta del treinta y uno de diciembre. Las primeras orgías e intercambios de pareja se dan entre la gente más allegada —debo aclarar que durante el invierno la experiencia demostró que lo mejor es interdictar la práctica del sexo tántrico grupal. Esos primeros ensayos son algo torpes, pero en ellos reina un clima tierno y emotivo que hace a la festividad de estar juntos, sanos y vivos. Es la época en que se conocen, en la desnudez de cada uno, los cambios producidos: el del paso del tiempo sin duda, alguien que se hizo una lipoaspiración, otra una cirugía plástica, alguna antipática varice nueva, un poco de celulitis, el efecto de alguna enfermedad insistente, unos kilos demás, etc. En fin, volvemos como aves migratorias al lugar del deseo y la reproducción. Se trata de celebrar la vida.
     Hay que aclarar que el nudismo se reglamentó por las nuevas condiciones que el calentamiento de la tierra impone, en consecuencia —como recomendación de una famosa dermatóloga que participa del grupo y de la que tampoco debo dar su nombre, sepan comprender mi recato—  hasta mediados de enero es sólo de mañana, entre el madrugador desayuno y bastante antes que comience el almuerzo, aproximadamente a las catorce horas. Después lectura hedónica grupal, música estimulante y sensual. Caminatas abrazados o rozándonos, cantos paganos grupales que producen una notable excitación, son coros que convocan a la orgía y que vienen desde la antigüedad —traídos ellos por un profesor de historia que no sólo es reconocido por su sabiduría sino por el porte de su masculinidad—  con todo ello tratamos de quitarnos todo resabio de la semana laboral transcurrida, alejarnos así de los oficios y afanes.
     Es el momento en que algunos amigos toman el primer viagra del día, tratando de no se indiscreto comento que las muestras gratis las trae el más famoso sexólogo que se pueda consultar en Argentina. Siendo prudente en mi comentario digo que: todo esto se realiza entre masajes, roces y juegos de prendas sobre con qué parte del cuerpo inicia la entrada en calor  cada uno. Mejor cierro el pico, dado que puedo ser tomado como un chismoso irresponsable.
     Como se observa es una organización preparada y estudiada para que los participantes se sientan bien. Ya entrada la temporada y depurado el ambiente de algún o alguna desubicada con relación a la propuesta no existen ni condicionamientos de horarios, ni de tipo de encuentros. Por pequeños desajustes e imprevistos, a veces, te toca una ajetreada mañana de sexo grupal con dos amigos y sin el apoyo, necesario en mi caso debo reconocerlo, de por lo menos una de las mujeres del grupo. Pero no es cuestión de cortar la onda erótica que se vive. Esta todo bien, no puede haber ningún tipo de reclamo, seguro que a la tarde o al domingo siguiente cambia la cosa y dos o tres mujeres te hacen la vida altamente feliz. Una especie de perinola que pasa del pon uno al toma todo, o al todos ponen sabiendo se integra una comunidad armónica y placentera que es sabia en su manera de resolver sus malos momentos.
     También está bien que nuestros hijos y familiares directos no participen de nuestras cultas reuniones, ellos van los viernes a la noche y el sábado de mañana desaparecen como por arte de magia. Pala y su mujer —quien sorprendentemente se llama Afrodita, temo que esta infidencia pueda dar rastros del lugar, su gente y su ubicación pero así se llama la mujer qué puedo hacer— son los que hacen desaparecer los restos de las reuniones juveniles, si es que existen dado que el encargado es un hombre muy reservado. Como se ve un buen soporte administrativo y de maestranza es fundamental en este especial caso y, no está demás remarcarlo, ellos están bien orientados por los dueños para que todo resulte de maravillas. No es de extrañar, dado que los anfitriones pasaron seis meses en una  isla de Tailandia en un curso intensivo para este tipo de emprendimientos.
     Parece obsecuencia pero no es así,  esta todo tan bien organizado que, por ejemplo, los sábados es día de damas solamente y nada sabemos, el resto, de lo que allí ocurre. Alguna que otra vez quedó un folleto con indicaciones de cómo hacer una excelente felatio, otra un manual de caricias y deseos entre mujeres. También ciertos frutos que hacen las veces de consoladores naturales, todos lo sabemos dado que lo explicó nuestra profesora de expresión corporal. También algún aceite de almendra que, se sabe, es para lubricar vaginas un poquito secas por el cruel paso del tiempo. Pero, nobleza obliga, lo atribuimos a un desliz de Afrodita en la limpieza que a dedicarnos a pensar en “qué hacen las chicas”, como solemos decirles con ternura, en su día de reunión altamente secreta. Demás está decir que Pala ese día no circula por los lugares de esparcimiento y deja todo en manos de Afrodita. 
     En la larga tarde, momento en que el desenfreno  está en su cenit en el muelle con tortas y infusiones desconocidas. Allí predomina lo oral,  la glotonería en todas su formas: chocolate, crema pastelera, dulce de leche y mermeladas diversas corren en calidad y cantidad, hay gente que es mas glotona que otra, eso se sabe. Algunos comen sirviéndose en originales cuencos o tomando directamente de los cuerpos embadurnados de los que no quieren engordar. Por lo demás, sabrán comprender, debo callar para no  caer en una descripción exhaustiva en la que puedan ser tomados a la ligera nuestros sagrados rituales eróticos.
     La hora de retirarse del muelle y de esa festividad glotona lo marca, como suele ser habitual, la naturaleza: son los mosquitos que inician sus molestos ataques cayendo en picada y en multitud sobre nosotros, por eso huimos del hermoso río hacia la casa y sus alrededores.
    Ahí se arma el lío, mejor dicho se me arma el lío,  después del baño en el hidromasaje, cuando cae la noche y nos internamos en el amplio living del hogar. Como el dueño de casa y quien esto escribe, somos los mayores del grupo ya no queremos saber más nada con el erotismo y sus avatares. Algunos, por ejemplo, se reencuentran con su pareja habitual y se retiran a las habitaciones para tener una relación íntima y, según dicen, muy placentera. En nuestro caso se presenta la necesidad de realizar algún tipo de juego de cartas o de ingenio. Mi querido amigo es fanático del scrabel y distintos integrantes del grupo hemos aceptado jugar con él para entretenernos y demostrarle también así nuestro agradecimiento por la capacidad e inteligencia de haber puesto a la Tortolians Island a nuestra disposición. Claro que es tan hábil, tan inteligente y la tiene tan clara que siempre, pero siempre, baja las siete letras de un saque. Esto hizo que otros participantes empezaran con entusiasmo las partidas o campeonatos y que luego de perder sistemáticamente, se retiraran silenciosamente hacia las sesiones de sexo grupal que quedan para esas horas. Van sin tener muchas ganas, sé que lo hacen para salir del scrabel, doy fe dado que es el único secreto que se le oculta al dueño de casa en el ámbito de nuestra comunidad y me lo han confesado.
En consecuencia hace ya dos años que sólo quedamos en el juego él y yo. Al principio, esto de perder siempre lo tomé como un aprendizaje para la vida. Solía disimular un poco también debo reconocerlo, tenía la palabra completa armada y pasaba cambiando alguna letra para que la cosa fuera pareja. Pero en este inicio de temporada está imparable, tal vez los negocios no le van tan bien, quizás está enojado un poco conmigo, no lo sé. Lo cierto que al tercer movimiento de bajada de letras de cada uno, créase o no el tanteador tiene una enorme diferencia entre ambos. Él (no daré su nombre porque es un muy importante hombre de empresa): ciento ochenta puntos, mientras que yo, apenas, cuarenta y cinco: La gente que se detiene a observar el juego –mientras se besan y acarician-  se sonríe del papelón que estoy pasando. Alguno comenta:
     —Parece que el escritor está para el cachetazo. Lo peor es cuando más me esfuerzo en pensar, menos logro enhebrar una palabra. Si él pone: BUSCOLE usando todas sus letras –lo que le da un bonus de cincuenta puntos- a mí se me parte el cráneo y sólo consigo poner LENTO usando la O de su excelente anotación, lo que sólo me reporta siete puntos que anoto ya algo desalentado.
    Dada ya esa situación la presión del grupo es tremenda y de nada vale lo demostrado sexualmente en las orgías —con humildad digo que soy un entusiasta de las prácticas del principio al fin y nunca se me ve cansado o disminuido, se demuestra esto porque, tanto hombres como mujeres, me reclaman en sus grupos o en forma individual (podría dar el nombre y teléfono de cinco personas, por lo menos, que atestiguarían en mi favor pero el recato me lo impide). Pero todo ese bienestar y confianza se desvanece cuando mi amigo, desnudo y acariciándose la pancita, baja APATRIDAS en el triplica puntos palabra usando la S final de mi humilde PASAS.
     Con una actitud deportiva encomiable trato de sobrellevar el mal trago, me hiperventilo para sobreponerme, en un acto amoroso alguna amiga se sienta en mis rodillas y trata de estimularme de la mejor manera que puede, pero mi desempeño en el juego va barranca abajo. Así sólo puedo bajar cuatro letras con las que compongo EMIGRO, usando una letra de su palabra anterior.  Atisbando lo que se avecina mi querida amiga se retira luego de un estentóreo beso, que no puedo responderle mucho dado que veo por el rabillo del ojo que mi rival, una vez más,  me atiza con la extraordinaria bajada de todas sus letras: ZAMBOMBO, es la palabra que despliega sobre la O de mi última participación. Así suma el triplica puntos letra de la Z —que vale por sí sola diez puntos— más el triplica puntos palabra dado que el conjunto cayó sobre uno de los casilleros rosa y el consabido,  desmoralizante para mí, bonus de cincuenta puntos por el uso de todas sus letras de una sola vez.
     Perdido por perdido, aplico una actitud ruin y antideportiva: cuestiono la extraña palabra, dudo socarronamente de su existencia, apelo a mi condición de reconocido escritor, etc.  y es allí cuando todo termina por irse al demonio. Mi, hasta hace poco querido amigo, saca el diccionario de la Real Academia Española ­tomo dos— y lee sin dejar de acariciarse circularmente los alrededores de su ombligo: “ZAMBOMBO: hombre tosco, grosero y rudo de ingenio”. Cierra el tomo del diccionario con cierta indulgencia y refuerza su infinita confianza en el domino del juego.
Lo peor es que me veo cada vez más tentado de hacerle trampa en el tanteador, dado que soy yo quien lleva los puntos. Estoy preocupado y no sé cómo hablar con mi querido amigo fundador de la Tortolians Island. Lugar donde está todo bien, excepto el scrabel que jugamos al final del día, desnudos y oliendo a perfumes orientales.

 

César Hazaki
Autor de Cuentos para despues del diván, editorial Topía, 2006
cesar.hazaki [at] topia.com.ar

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Articulo publicado en
Septiembre / 2009

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