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La ciudad extraña

 

 

A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires:
La juzgo tan eterna como el agua y como el aire.
J. L. Borges

 

La Reina del Plata:
Las fundaciones de las ciudades tienen ese halo de misterio y magia. Mitos y leyendas que prevalecen sobre las razones históricas que llevaron a la constitución de una urbe. De esta manera se provee belleza y épica a los auténticos intereses del nacimiento de una ciudad. Pero la historia es más descarnada y sus verdades se suelen encontrar buceando en las fisuras de la historia oficial. Se trata de develar sentidos guiándose por indicios del pasado que inciden hoy.

 

Los orígenes del puerto y la ciudad:
La primera fundación de Buenos Aires: Pedro de Mendoza en el año 1536. Su nombre: Nuestra Señora del Buen Ayre, el mismo indica que pueblo y puerto eran una unidad. Es notable que la imponente expedición de Mendoza, con 1.500 hombres, termine en el hambre y con casos de antropofagia. Nadie sabrá las razones por las que los españoles no pescaron habiendo acampado a la vera del río.
Juan de Garay, en 1580, con setenta hombres donde la mayoría eran mancebos (hijos de la poligámica relación entre españoles e indias) logra la segunda fundación de Bs. As. La ciudad será Santísima Trinidad y el puerto: Santa María de los Buenos Aires.
Es así como la Reina del Plata surge de las naves que iban en busca de otra cosa: una protección militar para la ruta marítima hacia el Cabo de Hornos, el oro y plata después del descubrimiento de México y Perú, etc. Lo cierto es que: “Hasta la llegada de los españoles en la costa sur del río, donde está ahora Buenos Aires, y en sus inmediaciones, no había nadie”.1

 

El río y sus habitantes:
“Hay dos fundaciones de la ciudad... Una es la de Sarmiento, Mármol de Amalia, y Echeverría de El matadero, que son como el momento de origen de la literatura argentina, que es: la ciudad de Buenos Aires ha sido ocupada por la barbarie y entonces la ciudad [verdadera] no es esa ciudad, presente, bárbara, sino es una ciudad futura, ausente, próxima, por construir, que en realidad es una ciudad extranjera”.2
Se insiste en decir que Buenos Aires ha vivido de espaldas al río. En realidad fueron cambios ecológicos y políticos los que produjeron ese divorcio. Sus causas: a) la contaminación del río, b) el cierre del ramal de tren que recorría la costa, c) la pérdida de los grandes balnearios populares: Costanera Sur, El Ancla en Vicente López, el puerto de Olivos, el Águila, etc., que desaparecieron por desidia de las autoridades que abandonaron los espacios públicos frente al río -por lo que se convirtieron en zonas peligrosas y marginales- y el interés concreto de los habitantes pudientes de la zona norte para que Olivos, Accassuso, Becar, San Isidro no se vieran invadidos por sectores populares todos los fines de semana, para ellos este aluvión3 afeaba y ponía en peligro sus residencias. Por si esto fuera poco las fuerzas de seguridad aprovecharon el golpe del año 1976 para apropiarse de grandes espacios de la costa de Vicente López y Olivos. Fue una política abandonar la costa para luego apropiarse de ella. También es cierto que siempre la ciudad le escapó a sus límites rellenando el río, es decir no le da la espalda sino que se lo devora transformándolo en edificios y calles.

 

De puerto abandonado al barrio exclusivo: Puerto Madero
La municipalidad de Buenos Aires y su puerto tienen distintas jurisprudencia, dado que el puerto no es un barrio de Bs. As., por eso convertir a P. M. en parte de la misma es una tarea no sólo administrativo - técnica, sino de producción de símbolos, mitos, usos, costumbres, etc. En especial para que los habitantes de la urbe lo hagan propio.
La radical transformación de P. M., abandonado por la inauguración de Puerto Nuevo (1920), se inicia con la constitución de la sociedad anónima Corporación Puerto Madero en el año 1989, donde el gobierno nacional y la municipalidad de Buenos Aires son socios por partes iguales. Son sus objetivos: “Recuperar el rol económico y las actividades del Área Central. Revertir los déficits urbanos equilibrando espacios públicos y privados. Promover un acercamiento de la ciudad al río”4.
En 1992 se conocen los resultados del concurso, cuya consecuencia es: una modernización exclusiva, futurística, hacia lo alto y con un estricto control social. Fue, entonces, el propio estado el que organizó la S. A. que comandará el monumental proyecto. Es así que, pese al desguace del estado, se gesta una sociedad anónima donde el propio estado se ponía al frente de un proyecto faraónico.
Hay que comprender que construir P. M. es un gran negocio y el intento de establecer un paradigma arquitectónico, cultural y social. Proyecto que completaría hacia el sur, lo realizado en Catalinas Norte desde el Sheraton Hotel hacia el sur.
El mismo será central para todos los gobiernos que advendrán en la Ciudad y la Nación. Como consecuencia puede ser tomado como un extraordinario laboratorio para analizar a la ciudad del futuro y qué requerimientos corporales y subjetivos solicitará de sus habitantes, tanto en los espacios públicos como en los privados. Veremos en él cómo avanza el control social por medio de cámaras filmadores en el espacio público, también la ausencia de contacto social entre vecinos y paseantes y, para finalizar, la absorción y resignificación de la historia de luchadoras argentinas por los poderosos.

 

El paradigma de la ciudad extraña:
Sus torres de costos elevadísimos son un sector exclusivo de la ciudad, quienes pueden residirlo son personas de un alto nivel adquisitivo. Muchos de los pisos se hallan deshabitados. Si los poderosos de distintas partes del mundo ven allí grandes negocios, los políticos lo utilizan para mostrar la imagen de un país rico, llevado adelante por ellos, en el cual la sociedad debe mirarse.
La presidenta Cristina F. de Kirchner, al lanzar el polémico proyecto del tren bala, dijo que éste sería como P. M.: “Los turistas de todo el mundo vienen a conocer P. M. El tren bala, en consecuencia, será lo mismo una extraordinaria modernización por la que el mundo nos mirará con respeto”.
Lo extraordinario de tomar a P. M. como el paradigma con el que la Argentina y su capital deben desarrollarse es postular una ciudad fantasma, extranjera, que realiza la ciudad de Sarmiento, Echeverría y Mármol que hace peligrosos y extranjeros a quienes la visitan, de allí que se controle por vía tecnológica todas sus calles.
El paseante puede deambular por sus grandes calles desiertas pero lo más seguro es que no contacte con nadie. Si el espacio organiza el movimiento y la actitud de los cuerpos, las amplias calles de Madero están signadas por la ausencia de los mismos. Así, desde el poder, se empieza a utilizar un mito: por P. M. nos van a aceptar en el mundo donde no está ni la vida, ni la historia de la gran mayoría de los ciudadanos de Buenos Aires. A diferencia de Catalinas Norte, una concentración de grandes empresas, y por eso poblado por miles de personas que van cotidianamente a trabajar y con contradicciones de clase con las empresas que los contratan. P. M., por el contrario, es el asentamiento de rascacielos costosísimos en los que no sabe quién vive, son propietarios o inquilinos que no quieren ser reconocidos de ninguna manera.
En el recorrido de los edificios de Catalinas Norte, que tienen la clara marca de las multinacionales, a los de P. M., que parecen circulaciones oscuras de dinero que requieren un lugar donde afincarse para clarearse al sol, se puede ver modificaciones en la manera en que el capitalismo modifica la ciudad.
Puerto Madero es un lugar dónde se radica el dinero y no la gente En datos oficiales recabados en el 2001 y publicados en el 2005 habitaban P. M. 526 personas (243 mujeres y 283 varones). Al decir de Piglia el sueño de la ciudad futura, europea, que crece hacia las alturas.
Los modelos que la presidente propone para la ilusión del tren bala, son los de la ciudad excluyente y extraña, no sólo para los habitantes de Buenos Aires dado que los turistas que contratan hoteles de P. M. desde sus países de origen, les resulta tan expulsiva esa ciudad fastuosa y vacía que rápidamente cambian de hotel, en busca de la Reina del Plata que se dan cuenta rápidamente no está en P. Madero (es un secreto a voces que el hotel Faena no es rentable como tal). Su valor es ser el icono del proyecto general.5

 

La Prefectura te mira:
Por si esto fuera poco la ciudad futura y extranjera propone un absoluto control de las personas por medio de un panóptico de veintitrés cámaras de filmación que controlan las calles durante las 24 horas. El edificio donde la Prefectura montó la sede visible del más grande control social de la Argentina ha sido integrado al paisaje de los bares de P. M., invitando de esta manera a naturalizar la vigilancia. Así el control social se hace espectáculo y, al mismo tiempo, prepara a los visitantes para aceptar ser cada vez más vigilados, controlados por medios electrónicos.
Si el transeúnte debe tomar “naturalmente” que se encuentra bajo vigilancia absoluta, el habitante de los pisos circulará por el edificio en soledad, tratando de no cruzarse con nadie (siempre la inseguridad) y puede, por lo mismo, estar incorporándose bajo su piel un chip antisecuestro por el cuál puede ser seguido lo lleven donde lo lleven.6

 

Mujeres con historia:
La Municipalidad nunca tuvo bajo su jurisdicción a P.M., era puerto y no ciudad (como se ve Juan de Garay se impuso). Por ello no tiene historia, ni vida en la memoria de los habitantes de Bs. As. Por eso se debió realizar una operación para “generar un barrio”, tratar de asimilar la ciudad extraña a Bs. As., unirla a un pasado común. Es ahí donde entra en acción el Puente de la Mujer y los nombres de sus calles: todas mujeres por una ordenanza del año 2002.
Se intenta así utilizar los planteos y desarrollos de género para tener genealogía, historia, prosapia. Las mujeres notables, de diversos sectores e ideologías, que son tomadas para denominar las calles son requeridas para darle consistencia a P. M., claro que muchas de ellas nada tienen que ver con lo que allí se levanta. Azucena Villaflor, Mimí Langer, Alicia Moreau de Justo, por ejemplo, son personas que vivieron en antagonismo con los poderosos que clarean sus dineros en P. M., para ellas no es reconocimiento que sus nombres queden adscriptos a tal operatoria.
Cabe preguntarse ¿cómo es que nombres de grandes luchadoras de todos los tiempos denominen calles de P. M.? Creemos que dichos nombres en la “ciudad extraña” es una inteligente operación de recuperación de sentidos e historias de mujeres rebeldes e indómitas. Se trata de hacerlos funcionales a los sectores económicos que invierten en P. M., contra los que esas mujeres lucharon, dedicando su vida para modificar las injustas condiciones de pobreza. Se trata, ni más ni menos, que de darle un baño de argentinidad rápido y efectivo a lo que no la tiene.
Que la Presidenta de la Nación tome a P. M. como un ejemplo para sostener la ilusión del tren bala, demuestra la gran envergadura política, cultural y social que la ciudad extraña tiene.

 

César Hazaki
Psicoanalista
cesar.hazaki [at] topia.com.ar

 

Notas

1 Saer, Juan José. El río sin orillas, Editorial Seix Barral, Argentina, 1993.
2 Ricardo Piglia conversación con Sergio Waisman. Subrayado mío
3 El tema del aluvión es recurrente: descender de los barcos, país aluvional, el aluvión zoológico, etc.
4 Subrayado mío, como se insiste en que la ciudad abandona la costa.
5 Queda pendiente hacer un análisis exhaustivo de la imagen de Alan Faena.
6 Ver el film Casino Royale, allí a James Bond se le coloca este aparatito que emite señales a una central por vía de un satélite.
 

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Articulo publicado en
Julio / 2009

Boletín Topía