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La "otra" contratransferencia y las neurociencias

 

Lo que “se le piantó” al Viejo

Freud se refirió por primera vez a la contratransferencia en el año 1910, como algo que le ocurre al psicoanalista. Dice: “Hemos llegado ha ser conscientes de la contratransferencia que surge en él como resultado de la influencia del paciente sobre sus sentimientos inconscientes y estamos casi inclinados a insistir en que él debe reconocer esta contratransferencia en sí mismo y superarla”.
Además agrega que “… ningún psicoanalista va más allá de lo que le permiten sus propios complejos y resistencias internas…”

Ese mismo año, en una carta a Ferenczi, a quien había psicoanalizado, Freud le pide disculpas porque no había podido superar sentimientos contratransferenciales que habían surgido en el transcurso de ése tratamiento y que habían interferido en el mismo.
Quiero señalar dos cosas: 1) Freud habla de la influencia del paciente sobre los sentimientos del psicoanalista. Esto me parece importante para lo que después voy a desarrollar. 2), al igual que como sucediera en un comienzo con el concepto de transferencia, consideró a la contratransferencia como un fenómeno negativo, como algo que interfería en la labor del psicoanalista. La consideró como una “resistencia” del psicoanalista hacia su paciente, como consecuencia de conflictos inconscientes despertados en el psicoanalista por lo que decía, hacía o representaba el paciente para él. Pero, a diferencia de lo que ocurrió con la transferencia, no la revalorizó luego como un fenómeno que podía utilizarse de manera positiva en el desarrollo de un tratamiento. Esta tarea fue llevada a cabo posteriormente en distintas épocas y por distintos psicoanalistas. Sin embargo, quizá por este comportamiento de Freud, le ha quedado para siempre a la contratransferencia un cierto tufillo de inconveniencia o falla del que no ha podido desprenderse.
Fliess decía que “…la contratransferencia es siempre una resistencia y debe ser analizada siempre”1. Tan es así, que hasta el muy lúcido de Winnicott, en 1960, todavía se refería a la contratransferencia como “…los rasgos neuróticos del psicoanalista que echan a perder su actitud profesional y perturban el curso del proceso analítico determinado por el paciente”2. (¡Vade retro, contratransferencia!)
El primero de los autores que declara explícitamente el valor positivo de la contratransferencia es Heimann, en 1950. Y vemos que hace el trabajo que Freud no pudo hacer: de obstáculo, pasa a considerarla como ayuda al tratamiento.
Para Heimann, en un principio la contratransferencia eran todos los sentimientos que el psicoanalista experimenta hacia su paciente. (¡Vemos que los sentimientos siguen firmes!)
Ella dice que el psicoanalista debe ser capaz de “sostener los sentimientos que son agitados en él en vez de descargarlos, como hace el paciente, para así poder subordinarlos a la tarea analítica en la cual el analista funciona como el reflejo especular del paciente”. Más adelante completa con “que el inconsciente del psicoanalista comprende el de su paciente. Esta relación en un nivel profundo llega a la superficie en forma de sentimientos que el psicoanalista nota en su respuesta al paciente, en su contratransferencia”3.
En síntesis: Usar la respuesta emocional como clave para la comprensión del paciente.
Para que ello sea posible es necesaria la “atención flotante”, “libre”, “neutral”, el tomar conciencia de los sentimientos que el paciente provoca en el psicoanalista.
El concepto fundamental es que a través de la contratransferencia, el psicoanalista dispone de una forma de comprensión de lo que le ocurre al paciente que no le es inmediatamente consciente. Es una respuesta emocional específica que surge en el psicoanalista como consecuencia de cualidades específicas del paciente.

 

Lo que no “se le piantó” al Viejo

Cuando Freud describió el funcionamiento del Inconsciente no sabía que estaba describiendo, sólo desde la observación clínica, sin más elementos que su rigor y honestidad intelectual, la forma de funcionamiento del hemisferio cerebral derecho. Recién más de cien años después, el avance en el conocimiento de las neurociencias nos permitiría conocer las bases neurofisiológicas de su gran descubrimiento.
Recuerdo que el cerebro funciona como una totalidad y sus hemisferios actúan complementariamente, pero procesan distintas cosas y de distinta manera. Hago una sinopsis mínima:

 

                                     Hemisferio Cerebral                 Hemisferio Cerebral

                                            Izquierdo:                                 Derrecho:

Percepción               Témporo-secuencial, lineal          Videoespacial, holística, total
Sistema                            Lógico-analítico                        Intuitivo-sintético
Código                                  Digital                                        Analógico
Lingüística                      “qué” se dice                                “cómo” se dice
Actividad                        Ciencia. Razón                               Arte. Emoción
Conciencia                        Consciente                                   Inconsciente
Música                        Canto con letra, ritmo               Melodía sin letra, expresión
                                    Coordinación motriz                           Tonalidad
                                          Ejecución                                   Interpretación

 

Recuerdo, también, que a la comunicación humana la integran tanto lo corporal-gestual concreto como lo intelectual-simbólico abstracto. La razón y la emoción, van juntas e inseparables en los mensajes. Los pacientes no se comunican sólo con la palabra. La palabra representa apenas el 25 % del mensaje. Me parece que no es ocioso señalar que a Freud tampoco “se le piantó” eso, ya que por algo habló de transferencia y contratransferencia, es decir de cómo los sentimientos forman parte del intercambio comunicacional en la situación de tratamiento psicoanalítico.

 

El arte y la “otra” contratransferencia

En los pacientes que tienen perturbaciones más o menos graves de la comunicación y aún en los neuróticos graves, muchas veces podemos comunicarnos mejor a través del arte. En los trastornos más profundos a veces exclusivamente con arte.
El arte es una manera de simbolizar y expresar sensaciones, impresiones, emociones, sentimientos y conceptos, pero utilizando un código icónico o analógico, es decir que el símbolo guarda cierta relación de forma (analogía) con el objeto que representa.
El arte es una manera socialmente aceptada en cada cultura, de expresar cosas que de otro modo serían inhibidas, sancionadas o prohibidas. Cumple en el plano social la misma función que los sueños en el plano individual: es una realización de deseos sublimada.
Da la posibilidad de ejercer la omnipotencia y negar las restricciones socioculturales por un rato, sin cambiar casi nada de la realidad externa.
El arte permite sobrevivir con una realidad adversa cuando ésta no puede ser cambiada. Es una manera de “irnos” aún teniendo que quedarnos.
Permite ejercer la creatividad, combinar de manera original elementos ya existentes, dando origen a algo nuevo. Cuando alguien se entrena en la posibilidad de crear en el campo imaginario, puede luego aplicarlo a ámbitos más reales. Se enriquece, de esta forma, el desarrollo de la imaginación.
“Hacer arte es crear belleza, es crear armonía donde no la hay. En la concreción de una forma, en la combinación de unos colores, en el armado de una frase, en la combinación de unos sonidos, en la postura y el desplazamiento del cuerpo, en la iluminación o la composición de una imagen, en la síntesis de un nuevo vocablo, o el planteo y transmisión de ideas a través de la dramatización en escena, se “ordena” un poco el mundo”.
Lo que yo más conozco y uso en mi práctica profesional es la música, pero no sólo ni en forma exclusiva.
La pregunta que surge es: ¿Cómo se manifiesta y se implementa la contratrasferencia cuando utilizamos el arte en el proceso terapéutico?
Para desarrollar una mínima aproximación al problema, diría que la primera parte es igual que en el psicoanálisis clásico; uno debe estar atento a las emociones o sentimientos que percibe en sí mismo dentro del contexto terapéutico y en vínculo con un paciente. La segunda parte difiere, porque la respuesta a eso no será una interpretación o señalamiento o construcción comunicada a través de palabras, sino a través de un mensaje artístico, sea éste un poema, un dibujo, música, etc.
¿Cómo se construye ése mensaje? Igual que cuando se hace cualquier obra artística. Uno conoce la técnica y está entrenado en ella, (en este caso entrenado tanto en psicoanálisis como en algún arte) pero en el momento de la creación no usa la razón, sino la intuición.
La mano “escribe sola” o “dibuja sola” o uno escoge determinada música porque así “lo siente”. Uno debe confiar y “dejarse llevar”.
¿Y qué es la intuición? La intuición es la certeza de que algo es de determinada manera, aunque no se puedan explicar las causas y no se pueda demostrar porqué es así. El que intuye extrae un concepto de un campo u objeto determinado y lo aplica a otro. Usa su experiencia previa. Abstrae y generaliza. Todo de manera inconsciente.
El resultado es el mismo que una buena interpretación, pero sin hablar. Recordemos que hay pacientes que tienen mucha dificultad en poder hablar de ciertas cosas.
No es magia. No es esoterismo. No es “New Age”. Es la “Old Age”. Es incluir el uso de nuestro viejo y querido hemisferio cerebral derecho en el proceso terapéutico.
Ya afirmé que: “Los artistas, en todos los campos de las artes, constantemente usan esta forma de captar y representar la realidad. Los que aprecian y se deleitan con las obras de arte también…Por eso se considera al arte una comunicación de inconsciente a inconsciente” ¡Si,…leyeron bien,…de inconsciente a inconsciente, como decía Heimann al describir la contratransferencia, no al hablar de arte!
¡No temas hermano psicoanalista…Ama a tu contratransferencia como a ti mismo!

Carlos Caruso
Psiquiatra y Psicoanalista
carlos [at] tangosbycaruso.com

 

Notas
1.  Fliess, R. (1953) "Countertransference and counteridentification" Journal of the American Psychoanalytic Association, 1
2.  Winnicott, D (1960) "Countertransference". British Journal of Medical Psychology, 33
3.  Heimann, P. (1950) " On Counter-transference". International journal of Psyco-Analysis, 31

4.  Carlos Caruso: El arte de la promoción de la salud y l aprevención de enfermedades. Del libro “Prevención en salud mental. Escenarios actuales”. Elsa Wolfberg comp. Lugar Editorial. Bs. As. , 2002.
5.  Caruso Carlos: “Silbando en la oscuridad. Música y psicosomática”. Carlos Caruso. Topía Editorial. Buenos Aires, 1997.
 

 
Articulo publicado en
Noviembre / 2003

Boletín Topía