Hablar de tecnocapitalismo y subjetividad requiere que precisemos dos términos complejos que aparecen relacionados y condensados en un concepto pobremente definido: la así llamada inteligencia artificial (IA). Esa relación cautiva en gran medida porque nos habla del futuro de la humanidad libre de crisis y donde la experiencia como un todo, con sus complejidades y contradicciones, se convierta en una experiencia mental; para luego reducir lo mental a lo neuronal y desde allí convertir lo neuronal en algorítmico. De un presente de múltiples y contradictorias crisis históricas a la solución de todo problema vía modelados matemáticos que vuelvan obsoleta a la historia.
La clase trabajadora no desapareció, está cada vez más extendida pero precarizada.
Nuestra hipótesis es que hay una singularidad de lo vivo y que una de las principales diferencias con el funcionamiento digital y algorítmico, es que la singularidad de lo vivo no está dada por el nivel de información que puede manejar una conciencia o una inteligencia, sino por el principio orgánico de autoafectación.
La aparición masiva del ChatGPT se encuentra en un despertar, en realidad en una pesadilla que no consiste en darse cuenta de que la máquina es como nosotros, sino en un sentir que nosotros somos como la máquina.
En un famoso pasaje de las Confesiones, San Agustín afirma que si nadie le pregunta qué cosa es el tiempo, él lo sabe perfectamente, pero que basta esa pregunta para que deje de saberlo. Salvando las distancias, algo parecido nos ocurre con muchas de las palabras que organizan nuestro pensamiento cotidiano. En este caso quisiera referirme a “tecnocapitalismo”. Se trata de un término que circula de un modo cada vez más generalizado en los análisis de nuestro presente. Su evocación parece exorcizar la sensación de incomprensión radical que, desde un tiempo a esta parte, se presenta como la única certeza compartida: todo aquello que no podíamos esperar, ocurre; solo sabemos con seguridad que lo que creíamos seguro ya no lo es tanto. En ese contexto la palabra “tecnocapitalismo” funciona como un bálsamo; al evocarla sentimos que la perplejidad retrocede y volvemos a comprender. Pero si nos detenemos en cuáles son sus especificidades, qué trae de nuevo y qué retiene de lo viejo, debemos confesar, como Agustín, que las cosas no son tan claras como parecían.
La acumulación de capital es quien gana las batallas en el campo del sentido común, pero solo a condición de no mostrarse como tal, de que sus movimientos los haga públicamente la tecnología.
Entre las grandes complicaciones que nos tienen sobre ascuas está el calentamiento global. Lluvias que se convierten en inundaciones, sequías prolongadas, tsunamis inesperados, incendios forestales, talas indiscriminadas de bosques, la incontrolable emisión de carbono, las gravísimas consecuencias de la obsolescencia programada de los objetos que se fabrican para que al poco tiempo se conviertan en enormes montañas de basura imposible de reciclar, etc. consecuencias del modo en que el capitalismo trata al planeta y a sus habitantes. Resultados de un modelo que promovió que el progreso era interminable y sin consecuencias graves. Ese progreso interminable está atado al modelo consumista propuesto como única y exclusiva manera de estar en el mundo.
El marketing no sólo promueve objetos, sino que detrás de los mismos están los modelos identificatorios necesarios para que la cultura consumista e individualista se sostenga.
Hace unos días, en la góndola del supermercado, escuché a una mujer diciéndole a otra “se le saltó la cadena, esta vez se pasó de la raya”. Contaba que alguien había descerrajado una tanda de insultos violentos -ñoqui de mierda, zurda, vaga, hija de puta- a la médica de guardia que venía demorada. Faltó poco, agregó, para que le pegara una paliza. La frase de la mujer fue elocuente. En efecto, en medio de un clima social que se va deteriorando cada vez más, los intercambios violentos y las exteriorizaciones de odio son frecuentes. El lazo social se resquebraja y el otro no es un semejante, un conciudadano (palabra perimida hoy). El otro es un enemigo.
El lazo social se resquebraja y el otro no es un semejante, un conciudadano (palabra perimida hoy). El otro es un enemigo.
Kai-Fu Lee en su libro Superpotencias de la inteligencia artificia. China, Silicon Valley y el nuevo orden mundial, (Editorial Planeta, 2018) pone sobre el tapete las cuestiones que avizora por la competencia entre EE.UU. y China. Señala cómo esta disputa por la hegemonía se puede transformar en un enfrentamiento bélico de proporciones mundiales entre las dos superpotencias. No debemos olvidar que la ciberguerra ya hace mucho que está entre nosotros y ha ampliado el mundo de las sospechas dándonos fake news al ritmo del nanosegundo de los grupos conspiradores de ultraderecha, que han tomado a internet como un arma que dispara a repetición todo el tiempo. En este caso la guerra comercial no es más que otro avance a involucrar a todo el mundo en el conflicto entre EE.UU. y China. Es su protagonista central EE.UU. con la aplicación de aranceles aduaneros que rompen los acuerdos comerciales y no distingue amigos de enemigos, claro que el objetivo central y principal es China. Quien fuera subsecretario de Defensa de EE.UU. Joseps S. Nye en un reportaje (diario Clarín, 11 de febrero de 2025) habla directamente de una amenaza a China por parte de Trump y agrega que los políticos populistas estadounidenses abogan por una desvinculación total de China.
La ciberguerra sigue su curso sin que los usuarios cyborg del mundo sepan mucho cómo sucede.
Parafraseando a Lenin en su discurso del 17/10/1921 es la pregunta del momento que debemos resolver todos los que nos ocupamos de la lucha contra el gobierno de la ultraderecha, de la lucha real activa y práctica.
Los comunistas abordaron el fascismo desde una perspectiva materialista, basando su análisis en las dinámicas económicas y de clase. Después de un periodo de denuncias precipitadas de “fascismo social”, para 1935 la Internacional Comunista definió el fascismo no como un fenómeno psicológico o exclusivamente cultural, sino como una forma represiva de dictadura al servicio de los intereses de una fracción de las élites económicas reaccionarias e imperialistas. Este enfoque vinculó el fascismo directamente a las fuerzas de explotación económica y poder de clase.
Erich Fromm en La psicología del nazismo (1941) señalará: “El nazismo constituye un problema psicológico, pero los factores psicológicos mismos deben ser comprendidos como moldeados por causas socioeconómicas.
Resulta difícil, incluso peligroso, extrapolar un análisis de psicopatología individual a toda una sociedad. Sin embargo, ayer como hoy, no cabe duda que surgen sociedades locas, y desencadenan el caos. En el mejor de los casos, desaparecen; otras veces sobreviven bajo una mutua complicidad, tácita o explícita, entre los pueblos y sus dirigentes.
Cuál puede ser la génesis de una sociedad loca? La respuesta no puede quedar reducida a la personalidad del líder.
Cierre en los equipos interdisciplinarios de hospitales públicos, sin fechas para cirugías de adecuación corporal, falta y recorte en los tratamientos hormonales. La realidad de la salud pública y el ataque a la educación sexual integral.
Desde su discurso negador del patriarcado, el proyecto de presupuesto 2025 golpea a las políticas de género, dejando sin partidas a áreas sensibles, hay despidos en lugares fundamentales con un discurso antiobrero y negacionista.
Interrogarnos sobre la potencia de lo colectivo es indudablemente preguntar también por esa constelación que tiene su vértice en la palabra poder. Pero “poder” no solo se dice en muchos sentidos, sino que señala además los polos de una contradicción. En primer lugar, el poder nos lleva a algo que podríamos definir como “ser capaces de”; entonces, aquello que podemos es idéntico a nuestra potencia. Y lo que un individuo puede, aquello de lo que es capaz, no es algo aislado. Su capacidad de hacer no se circunscribe a los límites de su cuerpo, sino que debemos inscribir ese poder en el incesante intercambio con los demás cuerpos, tanto sus contemporáneos como las generaciones muertas.
Lo que un individuo puede, aquello de lo que es capaz, no es algo aislado. Su capacidad de hacer no se circunscribe a los límites de su cuerpo, sino que debemos inscribir ese poder en el incesante intercambio con los demás cuerpos, tanto sus contemporáneos como las generaciones muertas
La palabra libertad en esta época está asociada al neoliberalismo (y permítanme agregar) medieval. Retomar el legado setentista frente a tanto negacionismo que nos quiere quitar la alegría, me resulta fundamental para este número. Así como titular recordando a Julius Fucik.
Lo más precioso de las elaboraciones marxistas sobre la sexualidad es que conciben que ésta se inscribe en el ámbito de las relaciones sociales y, por lo tanto, también está determinada históricamente, de acuerdo a las relaciones de producción dominantes en una época determinada
No hace mucho tiempo atrás existía un dicho popular que llenaba de ilusión a los futuros padres: cada niño nacía con un pan debajo del brazo. Lamentablemente quedó muy lejos de cumplir esa ilusión un adolescente salteño que se suicidó luego de perder el sueldo de su madre haciendo apuestas en un casino online. Trataba de acertar resultados en espectáculos deportivos de todo el mundo, partidos y más partidos de los que en tiempo real conocía los resultados. Abrumado por las deudas entendió que le era imposible resolver la situación y terminó con su vida. El ejemplo vale para mostrar que las apuestas online han generado un problema difícil de enfrentar, uno más, para las crianzas y el desarrollo de las nuevas generaciones.
En la cultura cyborg en que vivimos la prótesis incorporada al cuerpo, -el celular- abre las puertas del casino global. No hay restricción de entrada, todo está facilitado para que nada, ni nadie puede obstaculizar el ingreso de un menor en las ligas de las apuestas
Otra vez Milei. Otra vez es necesario alertar sobre las propuestas neofascistas del gobierno. Es que como psicoanalista y ciudadano de esta región del planeta no puedo quedar en silencio ante un gobierno cuyas políticas generan la ruptura del lazo social. Generan el aumento de los efectos de la pulsión de muerte: la violencia destructiva y autodestructiva, la sensación de vacío, la nada. El sujeto se constituye en la relación con el otro en la alteridad, sino no hay sujeto. De allí la necesidad de defender al sujeto como un desafío ético. Esto es lo que venimos haciendo desde nuestra página de la revista.
Como psicoanalista no puedo quedar en silencio ante un gobierno cuyas políticas generan la ruptura del lazo social. Generan el aumento de los efectos de la pulsión de muerte: la violencia destructiva y autodestructiva, la sensación de vacío, la nada
Esta entrevista fue realizada para la investigación del libro Las huellas de la memoria. Psicoanálisis y Salud Mental en la Argentina de los´60 y´70 (Editorial Topía, segunda edición, 2018). La versión completa había permanecido inédita y formará parte de un libro de próxima aparición que incluirá las entrevistas allí realizadas. Aquí Rozitchner (1924-2011) rememora algunos de los momentos de su vida, entre los pioneros del psicoanálisis. Su relación con la tumultuosa vida política de esa época en la que fue construyendo una consistente teoría contra el poder desde la filosofía y el psicoanálisis; tanto, que Juan Carlos Volnovich suele definirlo como el mayor filósofo que ha dado nuestro país, si no el único. Por ello en los innumerables cruces entre Marx y Freud, que allá por los años ’60 se proyectaron mucho más allá de la mera teoría, Rozitchner supo ser la referencia obligada. Y su obra lo sigue siendo.
“Cuando volvés a encontrar todo tu pasado, toda la historia, es cuando volvés a encontrarte con la muerte”
Dada la aceleración de los cambios que hemos experimentado recientemente, y considerando la posibilidad de estar ante el final de una época y al comienzo de algo nuevo, desconocido e indefinido, el contexto nos invita a sintetizar algunas de las ideas de quienes han reflexionado sobre la constitución del fascismo. Y sea cual sea el destino de nuestra sociedad, probablemente dinámico, con avances y retrocesos, es crucial interpretar el contexto e intervenir en su devenir histórico. Esto nos lleva a formular algunas preguntas y a desarrollar herramientas clínico-políticas para enfrentar la destructividad humana.
Como plantea Wilhelm Reich, el aparato propagandístico nazi supo conjugar el miedo y la frustración de gran parte de la clase trabajadora, canalizando su descontento hacia una perspectiva que prometía soluciones de defensa de lo nacional, de manera rotunda y autoritaria
Ante el incremento de la violencia y la crueldad contra las mujeres y disidencias sexo-genéricas, en el marco del patriarcado neofascista, me interrogo si desde el Psicoanálisis tenemos algo que decir y hacer. Freud se preguntó sobre la violencia de su época, el porqué de la guerra y teorizó sobre ello. Al inaugurar su concepto de pulsión de muerte, consideró inevitable la violencia y la guerra, y parece que el tiempo le ha dado la razón. Pero no dejó de lado considerar posibles formas de amortiguarla y para ello propone apelar a Eros, a las ligazones afectivas, a las identificaciones.
La crueldad es la marca de este patriarcado neofascista, crueldad como shock para amedrentarnos, para debilitarnos, para aislarnos, para eliminarnos
Freud en El malestar en la cultura señala que las prótesis tecnológicas, pese a las dificultades de su incorporación, convertían a los hombres en semidioses. Esta observación, entiendo, ha cobrado relevancia en este proceso tecnocapitalista en que vivimos. Desde este punto arrancamos, hace ya muchos años, a pensar cómo los procesos tecnológicos van modificando a los seres humanos, insistiendo en que la hibridación entre humanos y máquinas nos ha constituido en cyborgs.
Nos encontramos ante un nuevo desafío en las crianzas de niños y adolescentes: cómo lograr desenmascarar las trampas que el consumismo capitalista ha disfrazado de juego
Significantes de esta tragedia griega nos remiten a discusiones y contraposiciones presentes durante la pandemia, en tanto “Antígona, desobediente con el Estado y fiel a los dioses y su linaje, se contrapone al punto tal de entregar su propia vida para honrar la de su hermano Polinices y darle su merecida sepultura, contrariando la orden del rey que le prohibía enterrarlo”.
Los rituales de despedida habituales se vieron trastocados gracias al virus de la soledad que implicó para muchas personas morir sin compañía en sus hogares o en algún hospital
Podemos afirmar que hoy vivimos un mundo desconfigurado, un mundo que lo sentimos atravesado por la tragedia y que ha llevado a la sensación de vulnerabilidad y de vacío. Este mundo es una capa que se ha adherido a nuestro cuerpo sin permiso y que produce efectos cuyos síntomas se expresan en el triunfo de la violencia destructiva y autodestructiva, la sensación de vacío, la nada sobre las pulsiones de vida, el Eros.
La historia de la humanidad es la historia de la relación del sujeto con la comunidad y no la del Yo individual
“Hubo un siglo en el cual se desplegaron todas las esperanzas: desde la propuesta de acabar con la miseria hasta la de expulsar los demonios psíquicos que favorecen la destrucción humana, desde la ilusión de generar una infancia libre de temores, hasta la de constituir una vejez sin deterioro, casi inmortal. Hubo también un siglo en el cual se agotaron las esperanzas: desde la confianza a ultranza en la bondad humana como límite de toda destrucción, hasta el ideal que proponía la alianza entre progreso científico y racionalidad al servicio del bienestar. Hubo un siglo cuyo legado aún no hemos recogido totalmente porque su balance no ha concluido.”
Marie Langer intentó responder a un interrogante fundamental: ¿cómo repercute en la construcción de la subjetividad femenina el trabajo invisible que realizan en el seno del hogar?
Carla Delladonna (compiladora), Rocío Uceda (compiladora), Paulina Bais, María Sol Berti, Susana Di Pato, Marta Fernández Boccardo, Romina Gangemi, Maiara García Dalurzo, Bárbara Mariscotti, Agustín Micheletti, María Laura Peretti, Malena Robledo, Georgina Ruso Sierra