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Reflexiones sobre la construcción y destrucción subjetiva en la urgencia de un hospital

La urgencia de un hospital es una frontera entre la vida y la muerte, entre la internación y el alta, entre la desesperación del síntoma y su alivio, entre la salud y la enfermedad. La palabra urgencia viene del latín urgentia y hace referencia a la cualidad de urgente, o sea, aquello que urge de atención. Según la Organización Mundial de la Salud (O.M.S.) (1) la definición de urgencia es:

"la aparición fortuita (imprevisto o inesperado) en cualquier lugar o actividad de un problema de causa diversa y gravedad variable que genera la conciencia de una necesidad inminente de atención por parte del sujeto que lo sufre o de su familia".

Tiempo de zombis

El tiempo en la clínica psicoanalítica

En Cien años de soledad de Gabriel García Márquez se puede leer la siguiente frase: “el tiempo ya no viene como antes”. Se la puede entender de distintos modos. Uno es el remanido “todo tiempo pasado fue mejor”. Otro modo de leerse es que todo tiempo pasado fue distinto. El tiempo victoriano de Freud en Viena con el ritmo de carretas, trenes, valses, no es el nuestro. Freud nació apenas 67 años después de la Revolución Francesa. La vida era más corta, la vejez llegaba antes, la madurez también. Recordemos que Freud no recomendaba tratamientos a gente de más de cincuenta años. Los consideraba ya muy mayores. El tiempo subjetivo en la época de Freud era más lento y menos simultáneo. Un ejemplo es la comunicación por carta. Un género hoy en desuso que se nutría de la demora y de la ausencia. Cuando uno escribía, el que leía no estaba. Cuando uno leía, el que escribió ya no estaba. Escritura y lectura se dan en dos momentos separados de tiempo. Cada una se ejerce sin interrupción. Sin las dos rayitas azules del chat, que apuradas le avisan al que escribe que el que lee está leyendo, mientras el que escribe no terminó de escribir. El tiempo simultáneo del chat mató el tiempo sucesivo de la carta. Se inventó una nueva temporalidad. O mejor: nuevas temporalidades. Como dice el Premio Nobel de Química Ilya Prigogine: “cinco minutos de rotación terrestre no equivalen a cinco minutos de Beethoven”.

El tiempo en la clínica actual

El tiempo en la clínica psicoanalítica

Sofía acude a una primera entrevista. Luego de unos minutos aclara que ya hizo terapia algún tiempo atrás, pero que no notó cambios. A la pregunta por la duración del anterior tratamiento responde sin titubear: cuatro sesiones.

¿Qué decimos cuando decimos tiempo? ¿Cómo definimos los términos rápido o lento? ¿De qué manera se entrecruzan en cada uno de nosotros el tiempo objetivo, el de los relojes, con el tiempo subjetivo, esa otra medición que nos habita?

Seguramente todos hemos tenido fuertes discordancias al respecto. Un film que nos aburre se nos hace muy largo, en tanto otro que nos interesa o conmueve finaliza antes de lo que quisiéramos…

En la vida de Omar.

De la norma y del fantasma

Horacio Amigorena es un psicoanalista argentino. Fue profesor en la Universidad de Buenos Aires, de Córdoba, de Rosario y co-fundador de la carrera de Psicología en la Universidad de Tandil. Radicado en París desde 1972, ha dictado cursos y conferencias en la Universidad de París, en el Colegio Internacional de Filosofía y ha dirigido el coloquio “Lo masculino, ficciones, identidad y diseminación” en el Centro cultural internacional de Ceris. Publicó el libro L’amour du fantasme (2009), y artículos en las revistas Critique, Revue Française de Psychanalyse, Chimères, Les Cahiers du Grif, Le Coc-Héron, Che-Voi, Lettres Modernes. El autor nos envió este impactante trabajo clínico especialmente para la publicación en nuestra revista.

El tiempo en las parejas

Nosotros los de entonces...

Liliana pinta. Pinta que te pinta. Pinta cuadros, acuarelas, cada vez más lindas, cada mes más reconocidas en el medio.

Liliana no siempre ha pintado, aunque siempre lo ha deseado. Durante estos treinta años de casada se ha dedicado a su profesión de médica, a la clínica que tienen con su marido, también médico, y fundamentalmente, a sus hijos. Ellos están grandes, ya no la requieren tanto, así que Liliana pinta. Acuarelas con transparencias, cuerpos sexuados, algunas mujeres, muchos hombres, mucha sexualidad implícita en sus transparencias.

Cuando el sadismo entra al consultorio de niños

¿Qué impacto nos produce ver al sadismo entrar al consultorio de la mano de una probable psicopatía? ¿Cómo intervenir con una niña que sufre, pero no tiene angustia y, por lo tanto, no pide ayuda, pero le hace insoportable la vida a quienes conviven con ella? ¿Cómo trabajar con el sadismo que se pone en juego en la transferencia? ¿Cómo usar la contratransferencia?

El giro del psicoanálisis V: Actuaciones simbolizables y no-simbolizables

Cuando Freud escribe su trabajo Recuerdo, Repetición y elaboración (1914) aparece un nuevo concepto que denomina “agieren” (actuación). En inglés fue traducido como “acting out”. Define “agieren” como una “repetición” en oposición con la capacidad de recordar; es “un empuje a repetir el pasado infantil en acto sin recordarlo”. Es decir, en el análisis el sujeto revive “experiencias emocionales reprimidas de la infancia” en la figura del analista o con aspectos del encuadre.

Actuaciones en la clínica

El concepto de actuación en psicoanálisis supone un curso de acción impulsivo, con características de descarga, claramente identificable, que repite situaciones infantiles de modo inconsciente y expresa el deseo de forma simbólica y distorsionada.

Surge en la transferencia -eventualmente a efectos de desconocerla-, puede manifestarse fuera o dentro de la terapia e incluso intentar destruirla, funcionando como defensa ante el deseo inconsciente.

Sobre los niños actuadores

Ya hace muchos años, exactamente hace 34 años, publicamos junto a David Liberman, Ruth Podetti e Irene Miravent un manual de Psicopatología infantil, que se diferenciaba agudamente de los manuales clásicos, porque tomaba como base el desarrollo de la conducta del niño en la sesión Psicoanalítica, a semejanza del maravilloso libro de David que apareció bajo el título de La Comunicación en Terapéutica Psicoanalítica (1962). El nuestro tomó el título Semiótica y análisis de niños (1983) porque habíamos aplicado al juego la famosa tripartición de Pierce que divide la semiótica en tres áreas. A saber: las áreas sintáctica, semántica y pragmática. De la preeminencia de la distorsión en alguna de esas tres áreas se derivaba una construcción psicopatológica. A raíz de la gentil invitación de Topía, publicación a la que me une un lazo de profundo respeto, de presentar un escrito clínico sobre la actuación, me decidí a releer con temor “aquello” que habíamos escrito ya hace tanto tiempo sobre el tema. Y fue para mí una gran sorpresa que “eso” no estaba nada mal, más bien todo lo contrario. Muchísimas observaciones clínicas ya daban cuenta de la gran cantidad de experiencia que habíamos acumulado en el psicoanálisis de niños, un análisis, por decirlo así pre lacaniano. Quiero trasladar a este escrito las observaciones generales que hicimos sobre los niños actuadores en su modo de manifestarse en la sesión de “juego”. Es decir, su estilo. Comentábamos que encontrábamos un nexo entre algunos niños que veíamos en la clínica y los pacientes adultos que habían sido estudiados y descriptos en la clínica psicoanalítica sobre neurosis impulsivas y perversas -como por ejemplo- lo hecho por O. Fenichel (1945), B. Joseph (1960), P. Greencare (1945), H. Rosenfeld (1965) y por los trabajos dedicados a neurosis impulsivas y perversiones de Liberman y Maldavsky en 1962 y en 1964. Como observarán, ya había un gran trabajo previo a la impronta que luego dejó Lacan y que tememos puede haberse perdido ante su enorme influencia. Este pequeño escrito clínico es en parte un homenaje a esa época.

El club de la pelea

Intervenciones en un grupo terapéutico de niños de 4 y 5 años

Armando un dispositivo: de potencia y resistencia

Este escrito cuenta una experiencia. Busca organizar algo de todo lo vivido, lo experimentado, dando cuenta de las intervenciones construidas, de los aciertos y de las dificultades encontradas. Crear un dispositivo exige un esfuerzo imaginativo y es también un pequeño salto hacia lo desconocido.

¿Por qué hacer un grupo? Emerge del interés en ver qué pasa con estos niños cuando “se los pone” con otros, partiendo de la sospecha de que algo nos iba a sorprender. ¿Cómo será su estar-ser con otros? ¿Cómo funcionaremos nosotros en un actuar terapéutico distinto al clásico dispositivo “individual”? ¿En qué devendremos?

Adolescentes entre lógicas institucionales que colisionan: Educación y Salud

Introducción

“Son revoltosos”, “no les interesa nada”, “no puedo dar la clase”, “son apáticos”. Éstas son las frases más comunes que escuchamos cuando nos acercamos a una escuela para trabajar con la comunidad educativa (directivos - docentes).

Nuestras acciones están motivadas fundamentalmente por dos vectores que confluyen, pero que no necesariamente obedecen al mismo objetivo: 1) la demanda de las escuelas y 2) la escasa concurrencia de lxs adolescentes al hospital y al centro de salud.1 Por las características de la población citada, sólo consultan por cuestiones puntuales, por ejemplo: alguna dolencia física y algunas chicas, en el mejor de los casos, para informarse sobre métodos anticonceptivos, cuando no, ante un embarazo.

Lo que sabemos sobre el insomnio

Se cree que el sueño es un proceso fisiológico vital a través del cual el organismo logra su restauración, homeostasis y conservación de la energía. La importancia del sueño y el descanso así como la forma en que dormimos (horarios, cantidad de horas, dónde y con quién dormimos) fue variando a lo largo del tiempo a la par de los cambios en la sociedad y en la cultura. En el contexto de cierta desvalorización respecto de esta necesidad, se presenta a la vez la dificultad para dormir, de la que nos ocuparemos en esta nota.

El psicodrama en la construcción de la memoria histórica

Las huellas de la dictadura uruguaya en la tercera generación

A 40 años del inicio de la última cívico-militar en Argentina es necesario también recordar que esta política se aplicó de distintos modos en Latinoamérica. Es por ello que publicamos un trabajo sobre las formas de elaboración que se vienen dando en Uruguay. 

El giro del psicoanálisis IV La contratransferencia-transferencia*

El análisis es una experiencia. Esta experiencia se llama transferencia, donde no solo está el cuerpo del paciente, sino también el del terapeuta que lo implica en la contratransferencia. De esta manera se constituye la situación analítica ya que se instaura un espacio virtual de la cura que permite soportar la emergencia de lo pulsional. Esto que llamo espacio-soporte tiene un orden de realidad peculiar que debe ser entendido, desde una doble inscripción, como metafórica y al mismo tiempo libidinal y se configura a partir del establecimiento de un marco de referencia (encuadre). Este permite el funcionamiento del dispositivo analítico en el cual la relación terapéutica se define como relación cuerpo a cuerpo. Allí se deja hablar al cuerpo donde éste no habla de sí mismo, y el terapeuta habla también desde un cuerpo atravesado por la red de significaciones que se juegan en la contratransferencia-transferencia.

La transferencia se manifiesta tardíamente en la obra de Freud y lo hace en el desarrollo de una teoría y una técnica ya constituidas. Pero no sólo en la historia del psicoanálisis la transferencia está en segundo lugar, sino también en el tratamiento analítico.

Interrupción por Contratransferencia

Muchas veces cuando me invitan a escribir un caso, me piden que se trate de la “Contratransferencia”.

Este término es complicado, porque está compuesto de dos movimientos psíquicos:

1) Es una transferencia. O sea el individuo transporta experiencias, emociones, expectativas, de una relación anterior a otra relación más actual, más presente. Los ejemplos más conocidos son, por ejemplo, el psicoanalista es percibido por el paciente como el padre o la madre. Suelo contarle a mis alumnos una situación divertida como ejemplo de Transferencia:

De lo que hay que abstenerse de abstenerse

Quisiera comenzar este trabajo compartiendo algunas preguntas:

¿Qué es para el analista registrar sus afectos y su cuerpo? ¿Hay cuestiones de nuestras herramientas teórico-técnicas devenidas en ideales que dificulten este registro?

Coordinación de grupos ¿oficio de tejedores?

Tejer es una tarea que puede desarrollarse tanto en el centro del hogar, entre manos y agujas conocidas, esperando -por ejemplo- una nueva vida; como una tarea industrial, que produce valor de uso y de intercambio, tanto como abrigo.
En ambos casos, entrelazada entre un extremo y otro de su hebra, a los tejedores.
Quizás por ello nos nació como metáfora, para poder trasmitir en estas breves líneas, nuestro aprendizaje emergido de la práctica, de las charlas luego y antes de cada encuentro, de cada clase, taller o intervención que realizamos desde este oficio que nos ha convocado hace ya más de veinte años.

Pacientes etiquetados

Columna

Llegan a la consulta, lo que llamo pacientes etiquetados, con un diagnóstico que lucen como una camiseta o una suerte de identidad adquirida.

“Soy un TOC”, lo mío es “Trastorno de Ansiedad”, sufro de “Ataques de pánico”, “Soy Anoréxica”, “Soy Bipolar” y con mayúscula. Me recuerda cuando en las salas de hospital, se nombraba a los pacientes “la de la cama n°” o “el del ACV”, con desconocimiento de la persona sufriente.

¿Por qué esta presentación en vez de hablar de su malestar, dolor o sufrimiento?

El giro del psicoanálisis III

El exceso de realidad produce monstruos

La filosofía y la psicología clásica han planteado el problema de la realidad en términos de conocimiento. Freud rompe con este criterio y presenta la relación del aparato psíquico con la realidad en términos de placer-displacer. En este sentido el principio de realidad no constituye un principio en sí mismo, sino un regulador del principio placer-displacer. Es decir, el principio de realidad transforma por renuncia de lo pulsional el principio de placer. Al imponerse el principio de realidad ya no se busca la satisfacción por caminos más rápidos, sino a través de rodeos, respetando las condiciones de la realidad externa e interna. Varias preguntas se imponen: ¿Cómo escapa el ser humano del apremio de la realidad, de la renuncia al placer inmediato? ¿Qué ocurre cuando “el mundo circundante objetivo” no facilita la satisfacción? La respuesta que podemos dar es que el ser humano se refugia en su mundo fantasmático.

El sujeto y la clínica en la era digital

La odisea del siglo XXI cierne sobre nosotros y se ha hecho presente de una manera contundente y brutal. La era digital ha llegado, se ha instalado, ha desplegado sus efectos y no estamos exentos de interrogantes.

Satisfechos y a la vez abrumados con tanta tecnología, no dejamos de vislumbrar qué será de nosotros si éste crecimiento desmesurado del mundo cibernético no tiene un límite.

Freud avizoraba allá por 1930 lo que plasmó en “El malestar de la cultura”:

“El hombre ha llegado a ser, por así decirlo un Dios con prótesis: bastante magnífico cuando se coloca todos sus artefactos. Pero éstos no crecen de su cuerpo y a veces aún le procuran sinsabores.”

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