Para el discurso de la biología, la sexualidad se entiende en términos de corte (sexo) y funcionalidad. El sexo se constituye a partir de una diferencia anatómica, mientras que la respuesta sexual es la función susceptible de alterarse. Desde un enfoque crítico, podemos objetar que no es necesario que se altere una función corporal para que exista un malestar. A su vez, la concepción organicista de la sexualidad no queda excluida de otras formas de producción de sentido que impactan en nuestros cuerpos. Hoy las prácticas sexuales se encuentran atravesadas y mediadas por la lógica del rendimiento o la performance sexual y los imperativos de goce de discursos contemporáneos que entretejen y funcionan por medio de las llamadas redes "sociales".
Cuando falla la respuesta sexual, es el paciente el que debe buscar tratamiento. Lo que no suele debatirse es que la sexualidad no puede reducirse al individualismo porque siempre se desarrolla en un contexto relacional y mediado por prácticas culturales.
El presente trabajo se propone analizar la producción artística de Yayoi Kusama no solo como un fenómeno estético contemporáneo, sino como una respuesta subjetiva radical frente a la falla de la trama simbólica y la irrupción de lo real. A través de un recorrido que integra su biografía traumática, la estructura clínica de la psicosis y su impacto en la cultura de masas, se explorará cómo la repetición obsesiva del punto (polka dot) funciona como un "punto de basta" o sinthome.
La hipótesis central sostiene que la obra de Kusama opera como una ortopedia existencial: una escritura en el espacio que le permite bordear el vacío de la fragmentación psíquica, transformando una alucinación invasiva en un lazo social posible.
Escribir en esta oportunidad es arrancarle un resto a una época meramente autoconservativa, es inventarse un tiempo que no responde a la productividad, es denunciar cada vez más, su imposibilidad para encontrarlo sin reducirse a la inmediatez. Existieron épocas en las cuales las renuncias se enlazaban a la posibilidad de acceder a un futuro deseable, hoy nos encontramos en una coyuntura signada por el desconcierto en la cual ciertos consensos que hemos construido como sociedad a lo largo de los años, se encuentran en constante revisión.
La adolescencia como tal, referida a un período de pasaje de la infancia a la adultez no existe desde siempre ni ha estado presente en todas las culturas.
Vivimos una época en la que los vínculos parecieran estar mediados por una lógica del mercado: lo que se da y lo que se recibe, más que por lo que se siente entre las personas. En ese encuadre, se instaló una expresión que circula con fuerza: "me sirve". Este criterio funciona como brújula afectiva y justificación ética: me vinculo si me sirve, continúo si me sirve, sostengo si me sirve. Ya no preguntamos tanto qué siento, sino cuánto rendimiento afectivo, social extraigo de una relación, como si en la superficie de los vínculos se encontrara una ganancia permanente, pero ¿cuál es la ganancia real?
La pregunta por el "me sirve" remite a un problema más amplio: ¿desde qué marcos imaginarios construimos al otro?, ¿cómo se produce la figura del semejante?
Desde el celular o en la computadora, en la televisión o en un diario, sentado en mi habitación o en un bar, en la casa de un amigo o en la universidad, en una plaza o después de un partido, en fin, en una multiplicidad de espacios es posible hacer ver y se hace ver que hay territorios y poblaciones, ciudades, escuelas, hogares, plazas, días, noches, incendiadas o bombardeadas y destrozadas. El celular o cada pantalla personal muestra esas constantes y repetidas imágenes.
Tres imágenes y/o tres escenas que hacen ver y decir desde la técnica virtual de una cierta bélica realidad.
La música es una experiencia total. No son sólo sonidos que percibimos con nuestros oídos. Escuchamos con todo nuestro cuerpo y con todos nuestros sentidos. Lo sonoro es la punta del iceberg de aquello que nos hace vibrar hasta los huesos.
Los efectos de la muerte del Indio Solari muestran la dimensión de dicha experiencia total. Los mensajes, las distintas expresiones y las largas filas de hasta 18 horas para despedirse son una muestra de quién tocó la fibra más honda de varias generaciones a través del ritual ricotero.
Dice el autor: “Que los relatos de estas páginas hayan sido pergeñados por un psicoanalista indica que algunos fueron promovidos por el espacio entre diván y sillón, pero no solo eso. Entendido como método que desata encerronas neuróticas, el psicoanálisis es una no liberal disciplina libertaria. Entonces narraciones, relatos sospechosos de anarquismo.”
A continuación, un fragmento del relato “Sadismo Divino”.
Acaba de publicarse un libro que detalla el recorrido y la experiencia de Juan Carlos Volnovich, miembro de nuestro Consejo de Asesores desde los inicios de Topía. Una figura imprescindible del psicoanálisis y la Salud Mental en la Argentina. Transcribimos el prólogo de este libro.
"Hay algo en el ejercicio de la transmisión que supone dar/donar/compartir/poner a disposición aquello que no nos pertenece porque pertenece a la cultura. Sin embargo, se trata de algo que no siempre está disponible para todos. Creemos necesario entonces este acto de escritura, de inscripción, para darle cuerpo, hacerlo accesible, ponerlo al alcance."
Recién migrado me percaté de lo primero, acá significo algo para el otro. Y no tiene que ver conmigo, tiene que ver con el otro. No es por mí. La decisión de buscar otro lugar para habitar, era porque el anterior se había vuelto inhabitable. No había lugar para el otro. El Otro no está, no importa, es despreciado, se pisotea, se odia. Jubilados que son pegados y no pagados, enfermos terminales abandonados, docentes embrutecidos adrede. Los que enseñan, los que curan, los jóvenes, los viejos; los enfermos y los sanos, están siendo denigrados. Era muy difícil seguir ahí. No huimos despavoridos, planificamos nuestra partida durante más de un año. No fue un exilio forzado, fue un exilio delator. Elegimos denunciar, dejando de asistir a una locura, a la tergiversación de nuestra cultura, que nos estaba haciendo mal desde hacía muchos años. Teníamos una coartada: un proyecto familiar y social. Desde luego que lo era, aunque promovido por el malestar social.
En Argentina, el neoliberalismo no se limitó a reordenar la economía: logró destruir la narrativa de la otredad, produciendo una subjetividad que ya no se piensa en términos de lazo social sino de síntomas individuales, fracasos privados y méritos personales.
Estamos acostumbrados. Asociamos automáticamente saberes con academia, con libros e intelectuales. Pero el saber se escabulle. No pertenece solamente ahí. Es mentira. Hay saber en los márgenes, en las periferias, en lo que se vive abajo. El problema es que ese saber, muchas veces, ha sido deslegitimado e invisibilizado.
En este texto se busca entrar en el terreno de los saberes populares, cuestionando las narrativas hegemónicas
Nuestra contemporaneidad nos demanda hablar de cuerpos híbridos o, en palabras de Donna Haraway (2020), cuerpos cyborgs, en los cuales lo natural y lo artificial conviven en una fusión irreductible. Somos seres dependientes de la tecnología ya sea en forma física o psíquica. Vivimos en la era en la cual lo humano parece ya un recuerdo. Existe una lucha entre lo natural y lo artificial. Esa dicotomía representa también una forma de producir sexualidad. Nuevas subjetividades que de a poco fueron llegando a la consulta. Una de las funciones del analista es no conformarse con respuestas. A su vez, el analista tampoco busca que el analizante se conforme con respuestas. Es justamente todo lo contrario: que surjan nuevos interrogantes o cambios de posición en el sujeto que emerge en cada enunciado. No porque una respuesta no pueda ser útil sino porque una respuesta corre el riesgo de detener el proceso de metonimia de la cadena significante.
En la carrera contra las redes de la mercantilización del cuerpo queremos recuperar algo que nunca tuvimos: la unidad. Lo implícito en la lógica de las redes sociales es la ilusión de integridad que proporciona la imagen retocada
El artículo aborda la traición como categoría compleja que excede su tradicional lectura moral. Plantea que, aunque implica ruptura y dolor, también puede operar como acto de resistencia, discontinuidad e innovación. Desde un enfoque filosófico y psicoanalítico, se analizan sus múltiples dimensiones: efecto vincular, cuestionamiento de pactos instituidos y apertura a lo inédito. Se subraya cómo la traición desestabiliza certezas colectivas y habilita la emergencia de nuevas formas de subjetivación. Así, lejos de constituirse únicamente como falta o engaño, se propone pensarla como potencia creadora y transformadora en contextos sociales.
Las rupturas y discontinuidades son inevitables en todas las lógicas y todos los tiempos. Nuestra hipótesis se nutre del pensar y vivir que acaso la traición, se configura como un modo de resistencia y de no-repetición
Nos prometen un país que funciona,
pero sobre identidades que no consideran parte.
Los márgenes arden mientras reparten “libertad”
a quienes nunca la perdieron.
Nos llaman ideología,
como si existir fuera un invento,
como si respirar en esta identidad
fuera una bandera que flamea un concepto ideológico.
Pero no es ideología:
es hecho.
es orgullo.
Es deseo que insiste, aunque lo quieran callar.
En estos días se distribuye una importante novedad de Editorial Topía, La raza en el diván. Lo psíquico es político de Thamy Ayouch. En el libro el autor analiza la construcción de subjetividades en relación a la raza. Una raza que no “existe”, pero que tiene múltiples efectos de marcas traumáticas, muchas de ellas transgeneracionales. El libro nos invita a pensar psicoanalítica y políticamente la cuestión de la raza, pero a partir de allí, propone pensar las marcas que las hegemonías y las desigualaciones producen. A continuación, publicamos el prólogo que escribió para la versión en castellano Mara Viveros Vigoya, que es profesora titular de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia, cofundadora y tres veces directora de la Escuela de Estudios de Género de esta misma facultad.
La editorial y la revista Topía auspician este conmovedor texto que es un libro álbum ilustrado. Es una historia desde la memoria. Tal vez el momento donde el ser que es esa pibita empieza a ser. Un día de quiebres, rupturas y desapariciones. De apariciones también, de nuevas manos y nuevos sonidos. Un día donde se puso negra la tarde aun con el sol a pleno. Y la noche se iluminó de manera intermitente pero se iluminó, como las ventanas de un tren en movimiento. Una jornada caliente, que ardió en la piel por los golpes, que quemó en los pies por el calor en la vereda y las baldosas ardiendo. Una tarde de tele en penumbras y una mesa, ni muy cálida ni muy fría, pero de espera. Sobre todas las cosas una tarde-noche donde las que estuvieron de testigos: fueron las chicharras. Las escenas y recuerdos de las niñeces traen y completan lo que se rasgó. El libro cuenta y “aparece” lo que fue silenciado. Relata un retazo de historia que adultos y niñes queremos recuperar.
Este libro es fruto de una rigurosa investigación sobre la más notable figura de extracción obrera y feminista del Partido Socialista. Una luchadora por los derechos laborales de las mujeres, pero también por otras conquistas como la ley de divorcio vincular, los derechos de la niñez y muchos otros. La autora subraya las condiciones de las mujeres proletarias de la época cuyos puntos salientes eran salarios escasos y menores en comparación con sus compañeros y acoso sexual por parte de capataces y empleadores.
Un libro importante para tejer la historia de las luchas feministas y socialistas que prosiguen hoy. Aquí publicamos su prólogo.
A partir de la construcción de la Iglesia como Institución en Occidente, primeramente en el marco del Imperio Romano, en los siglos III, IV y V de la Era Cristiana, se va generando un pensamiento Doctrinal de la Institución Apostholica que tendrá su auge en la denominada Edad Media, cuando Santo Tomasso de Aquino, Sant’Agostino y otros Filósofos Teocéntricos, elaboran y difunden sus puntos de vista, que tienen como objetivo principal la educación moral de los creyentes y a la vez una conformación de una concepción del Mundo y de la vida del hombre en el, con relación a la Divinidad.
Erasmus fue un Precursor de la Humanistica es decir de la Corriente de Análisis que estudia lo Psicológico y lo Social, combinado con lo Espiritual, las complicaciones de la Vida Civilizada del Homo Sapiens
La teoría de la percepción de Mikel Dufrenne se despliega en torno a tres momentos fundamentales: presencia, representación y reflexión, cuyos elementos reconstruiremos a partir de una lectura de la obra “Figura en el lavabo” (1976) de Francis Bacon.
Toda percepción contiene en sí una significación, lo cual nos habilita el camino de la reflexión o la acción.
Según Dufrenne, percibir es descifrar un sentido más allá de las apariencias y obtener de ese conocimiento las consecuencias que nos convienen. La cuestión crucial sería, entonces ¿cómo acceder a esta significación y lograr avanzar desde el signo hacia el significado?
En este punto, la percepción comienza en lo sensible y transiciona hacia la intelección consciente que luego germinará en el plano de la representación.
Superficies de placer, cuerpos que anudan poderes y deseos en los pliegues del tiempo, siempre en mutación. Una práctica que transgrede el guión de género en la intersubjetividad tradicional, un cuerpo que se exhibe disidente, una estética sexual que provoca a contra pelo del modelo hegemónico, un argumento que cuestiona el modo aceptable e instituido del placer.
Un interrogante que nos guía en esta reflexión es ¿Cómo colocarnos a resguardo, ante el riesgo de moralizar el erotismo en sus fuentes primordiales?
Pensar en una revista como artefacto cultural nos permite, a priori, establecer un análisis integral teniendo en cuenta sus connotaciones políticas, ideológicas, sociales y culturales. Expreso Imaginario fue una revista de música, publicada desde agosto de 1976 a enero de 1983, es decir, nació y murió con la última Dictadura Militar. Esta revista abarcó diferentes áreas artísticas y culturales que interpelaron la cosmovisión de una determinada juventud de los años setenta, dejando una impronta por su particular diseño y su innovadora composición visual.
Expreso Imaginario no eran considerados peligrosos por los militares, pero el clima de autocensura y miedo que se vivía repercutía en la revista, a tal punto de dialogar sobre si convenía o no que se publiquen algunas notas
EDITORIAL:Recuperar la vergüenza ética como fuerza de lo colectivo. Enrique Carpintero
DOSSIER: AFIANZAR LA ÉTICA DE LA ALTERIDAD Ramiro Gentile / Daniel Waisbrot / Eugenia Aptecar
Primera mención del Octavo Concurso Topía Ensayo Breve 2024/2025
2023. Marcelo Rodríguez
SEPARATA: POR QUÉ LA IZQUIERDA HOY. Entre la colonización algorítmica y una hibridación que respete la vida. Entrevista a Miguel Benasayag Alejandro Vainer
Columna: Lo puto no quita lo facho: cuando el otro deja de importar. Tom Máscolo
ÁREA CORPORAL: Todo dolor es sufrimiento. David Le Breton
Reflexiones sobre la propuesta de modificación de la Ley de Salud Mental ¿Reforma o gatopardismo? María Laura Lopez Rolandi
TOPÍA EN LA CLÍNICA: EL TRABAJO A DISTANCIA HOY Ricardo Carlino / Luciano Rodríguez Costa
DAR EN EL BLANCO: Hoy estoy que ni me entiendo. Relatos de un psicoanalista. Carlos D. Pérez
NOTA DE LOS EDITORES: La contrarreforma psiquiátrica avanza
Y también:Lucas Méndez / Alejandro Vainer / Tom Máscolo
Carla Delladonna (compiladora), Rocío Uceda (compiladora), Paulina Bais, María Sol Berti, Susana Di Pato, Marta Fernández Boccardo, Romina Gangemi, Maiara García Dalurzo, Bárbara Mariscotti, Agustín Micheletti, María Laura Peretti, Malena Robledo, Georgina Ruso Sierra