1. Es necesario, en el origen de la vida, que se produzca sobre el psiquismo la violenta imposición de un mundo (social) de sentido, para que este abandone su estado originario, que es cerrado sobre sí mismo, y así incorpore y se incorpore a la cultura. Piera Aulagnier denomina violencia primaria a ese acto, del cual se hacen cargo las figuras parentales, y que ubica al sujeto en lo que conocemos como malestar en la cultura.
Casi en la misma época en que Freud suscribe “Por momentos me encuentro en la interesante posición de no saber si lo que voy a decir, debe ser considerado como algo familiar y evidente”, llega a su consulta en la ciudad de Viena una mujer que padece de alucinaciones visuales, ya que advierte que en ciertos espacios exteriores pueden aparecer frases o signos que la comprometen oscuramente en su sentido.
Este texto fue publicado en Topía revista N° 26/ agosto de 1999. El mismo es una reelaboración de un trabajo presentado en el Colleque du Collège de Psychanaystes de France, “Violences et Subjetivation” en Octubre de 1992.
A los argentinos “civilización y barbarie” nos evoca el “Facundo”, ese decisivo libro de Domingo Faustino Sarmiento, que tanto nos influyó en nuestra adolescencia y juventud. Más aun a los de mi generación que vivimos, con escasos interregnos de racionalidad, inmersos en regímenes políticos e institucionales cambiantes, la mayoría autoritarios, arbitrarios y algunos hasta sanguinarios.
La historia del psicoanálisis está tan llena de controversias, que para un extraño a la misma parecerá que nada puede ser sostenido como algo que ha sido firmemente establecido. Mi propia creencia, sin embargo, es que esas disputas son un signo de vitalidad. Lo que ha sostenido mi interés en este tema durante las últimas cuatro décadas ha sido precisamente el significado de las contiendas entre puntos de vista rivales.
El hombre, se afirma, es el animal racional. A más racionalidad más civilización, a menor racionalidad mayor barbarie. En esta sencilla ecuación, la razón pasa a ser el motor que mueve la historia del desarrollo humano y el único reaseguro contra la barbarie.
Este trabajo es un relato vivencial de un juicio en el que yo, siendo psicoterapeuta de una adolescente de 16 años abusada sexualmente por su padre biológico durante 9 años, miembro éste último de las Fuerzas de Seguridad, participé como testigo en un Juicio Oral.1
Edgar Allan Poe convivió cotidianamente con ciertas desdichas, pero también alcanzó la felicidad del hallazgo. Ese instante que aparece en muchos de sus relatos y también en algunos de sus ensayos, cuando afirma por ejemplo, que la ficción como tal debe apuntar a la verdad.
En octubre del año pasado el torturador y asesino ex comisario Etchecolatz tuvo un incidente con un paciente del psicoanalista Rubén Efrom. Luego de este hecho, Efrom recibe una citación judicial por amenazas al torturador. Esto motiva una reunión, en la que participan diferentes profesionales y asociaciones, donde se decide difundir y repudiar esta justicia que castiga a la víctima y no al victimario. Topía revista participó de la misma y colaboró en su difusión. En especial, a través del Foro de discusión en nuestra página de Internet.
Versión ampliada del texto del mismo nombre publicado en Topía No XXV. Forma parte de "Argentina, tango y exilio", de próxima publicación por la Editorial Topía.
"Civilización y Barbarie": par que puede pensarse como una derivación del universal que hace al conjunto humano y al psiquismo en particular, descripto por Castoriadis como la "aparente incapacidad de constituirse en sí sin excluir al otro - y ... de excluir al otro sin desvalorizarlo y, finalmente, odiarlo".
Matías pidió verme porque creía que los psicoanalistas “nos ocupamos” de las cuestiones del sexo y él sentía necesidad de hablar de “esta cosa” con alguien que entendiera. También quería hablar, ya que aun cuando lo preocupaba menos que el sexo no podía desentenderse (dado que estaba vinculado a sus ideas sobre el mismo), de las cuestiones del amor y la pareja. Muy rápidamente me ubicó en su vida sexual, pidiéndome que no lo tildara prejuiciosamente de bisexual, cosa que ya había hecho otro psicoanalista.
Homero reportaba que los niños griegos construían castillos de arena, jugaban a las escondidas, saltaban cuerdas, montaban caballitos y remontaban barriletes. Qué diferencias habrá con nuestros niños hoy, que además crían mascotas virtuales, matan, mueren, acumulan y pierden vidas a través de las pantallas y hasta juegan a mejorar récords en atropellar peatones?
Cuáles serán los efectos de los cambios culturales que imprimen los nuevos modos lúdicos y de estimulación a los niños, en la estructuración psíquica? Serán estos cambios observables inmediatamente?
Parte de las líneas que siguen fueron escritas con ciertas variaciones hace ya algunos años. Las recuperé en ocasión reciente, en una sesión del análisis de una niña de siete años que insistentemente me pedía que le dijera qué dibujar. Entre mi negativa a responderle y su queja, surgió en mi mente la reflexión que en tono más o menos confidencial le hice en los siguientes términos: “Te das cuenta que éste es el único lugar en el mundo en el cual nunca, nunca, nadie te dirá qué hacer? En el cual podés elegir, decidir libremente?
La histeria y la neurosis obsesiva fueron los paradigmas clínicos de la indagación freudiana, enraizados en el tipo antropológico de la sociedad occidental de su época, fruto de la interiorización de las significaciones imaginarias sociales predominantes en ese entonces. De ningún modo es dable pensar ni sostener que hayan perdido vigencia como entidades clínicas; de lo que se trata es de su “adaptación” a la época, y del surgimiento de nuevos fenómenos clínicos, de la mano de una subjetividad que difiere de la de principios de siglo.
Nos ignoran o nos colonizan, pero no nos reconocen. A los psicoanalistas metropolitanos no les interesa nuestra producción. Lo mismo da : sean de la I.P.A. o de la A.M.P. ; vivan en Londres, New York o París; los psicoanalistas del centro a nosotros, los periféricos de Latinoamérica, nos tienen en cuenta solo a la hora de ampliar sus dominios o ejercer su poder. Para ellos la universalidad de la ciencia se limita a "su" universo y el nuestro no puede ser otra cosa que -en el mejor de los casos- un eco diferido y deficiente de "su" psicoanálisis.
Estos "Tiempos (pos)modernos", que nos convencen de la fascinación por los últimos gritos de la moda (ya sean nuevas tecnologías o el último fármaco milagroso), trabajar sobre Erich Fromm pareciera un anacronismo. Para muchos todo lo que no es "nuevo" se debiera desechar. Pero quizá no todo lo que nos antecede sea para descartar, y ni siquiera viejo. Resistir a esa tendencia hegemónica actual, marcando la vigencia de cierto pasado es el objetivo de estas líneas.
El pensamiento de Jean Joseph Gaux, siempre me ha motivado a repensar aspectos de la institución psicoanalítica. Desde su trabajo “El inconsciente Freudiano y la revolución iconoclasta”, pudimos pensar la dimensión que la Ley Mosaica tenía en el pensamiento psicoanalítico.1 La publicación de “Freud y la estructura religiosa del nazismo”2, me conecta nuevamente con lo que he venido pensando hace unos cuantos años, la estructura religiosa de la Institución Psicoanalítica3.
¡Quiero ! ¡Debo contar esta historia! ¡Semejantes sucesos deben ser comunicados, dichos y denunciados! El gran esfuerzo, el desafío ante el que me encuentro es el de contar este tratamiento como un caso clínico.
No obstante, espero que se perciba, a través del relato, lo que ha significado para mi trabajar con Mabel.
Carla Delladonna (compiladora), Rocío Uceda (compiladora), Paulina Bais, María Sol Berti, Susana Di Pato, Marta Fernández Boccardo, Romina Gangemi, Maiara García Dalurzo, Bárbara Mariscotti, Agustín Micheletti, María Laura Peretti, Malena Robledo, Georgina Ruso Sierra