En el servicio de psicopatología de un hospital suburbano, un chico triste le dice a su joven analista: “a mí nadie me tiene autoestima”. Se trata de una revelación extraordinaria, para el analista, claro. El chico le muestra la fragilidad del término “auto”. Que lo llamado “auto” proviene muchas veces desde afuera. El chico, que no leyó a George Berkeley, ya sabe que ser es ser percibido. Y que no ser percibido lastima al ser.
La realidad exterior, la del paciente, pero también del analista, sacude el consultorio y los libros de su biblioteca.
En la guardia de salud mental es habitual el ingreso de personas que son traídas por la policía contra su voluntad. A veces llegan con un familiar y otras veces en soledad. Vienen con un pedido de evaluación de “riesgo cierto e inminente para sí o para terceros”, en los términos de la Ley Nacional de Salud Mental. El hospital es el último recurso, el final del recorrido luego de un derrotero de fracasos e impotencia que ha dejado a su paso la ruptura de los lazos, la incredulidad de que algo pueda mejorar, el agotamiento del paciente y de su entorno. “Internado, preso o muerto”, repetía el familiar de un paciente, vislumbrando un futuro por demás desalentador. Las escenas de violencia, los gritos y movimientos descontrolados de la crisis de excitación psicomotriz, son el resultado de procesos que en ocasiones llevan mucho tiempo, incluso años.
¿Qué se esconde detrás de esos gritos y otras formas hostiles? ¿Cómo acceder a lo íntimo de una persona que se resiste al tratamiento? ¿Cómo localizar el punto de dolor que soporta un cuerpo tan desarmado que es difícil de apresar mediante la palabra?
En el presente trabajo abordamos un caso clínico que testimonia el dolor de existir presente en la melancolía, ante la pérdida de un objeto significativo para el sujeto. Este análisis se apoya en un cuadro melancólico, comparándolo con el proceso de duelo normal, que describe Sigmund Freud en 1915, y que mantiene su vigencia.
Desde el punto de vista histórico, la psiquiatría clásica conceptualizó la melancolía y Freud trabajó con lo que la disciplina de su tiempo le presentó, asumiendo esta herencia. En primera instancia abordaremos un caso clínico de melancolía y mencionaremos el posicionamiento de algunos autores de la psiquiatría clásica.
Desde los inicios de su tratamiento el equipo pensó diferentes diagnósticos posibles, partiendo de un trastorno de la personalidad histriónica con una depresión moderada hasta una melancolía
A veces nos olvidamos que todos y todas portamos saberes. Algunos disciplinares y disciplinados; otros, no tanto. Unos cuantos construidos colectivamente. Todos valiosos si se sustentan en principios éticos.
Por momentos, la interdisciplina deviene un ideal, un imperativo superyoico que termina por apelmazar la singularidad de los saberes y por homogeneizar las diferencias. Las cancela, las borra, las barre, en vez de tomarlas y hacerles lugar.
La interdisciplina ni es la receta para todos los males, ni es la meta de todas nuestras intervenciones
El año 2020, inicio de la pandemia de Covid-19, se convirtió en un marcador en la historia de la humanidad. Durante dos años, vivimos la mayor parte del tiempo entre la angustia, el miedo y el aburrimiento, confinados en nuestras casas y organizando nuestras vidas a través de la tecnología, considerando, por supuesto, a aquellos que pudieron disfrutar de este privilegio. Al final de este periodo, nos sorprendimos al recibir en nuestra clínica a pacientes que permanecieron y aún permanecen sumergidos de manera casi absoluta en el aislamiento social y en el mundo virtual. Algunos no van a la escuela y, si van, no establecen relaciones. No les gusta bañarse, no les gusta su cuerpo ni alguna parte de él, no les gusta ver su rostro en el espejo ni escuchar su voz. Algunos jóvenes incluso extendieron el uso de la mascarilla en situaciones sociales mucho tiempo después del fin del confinamiento.
Los ejemplos que guían los desarrollos de este artículo provienen de pacientes jóvenes, entre 12 y 23 años, que recibimos en nuestra práctica de extensión universitaria que atiende a adolescentes trans y no binarios.
La idea de este escrito es poder pensar qué función cumple el tejer en la estabilización de la psicosis.
Desde una mirada psicoanalítica haré una articulación teórica vinculada a un caso clínico que doy seguimiento como residente de tercer año del Hospital de Alta Complejidad SAMIC de El Calafate.
Lo que captó mi atención es la parte creativa de la paciente, en particular sus tejidos que son amigurumis, animales tejidos en lana, los cuales ella vende y tiene su emprendimiento.
El presente trabajo se basa en una experiencia coordinando un grupo terapéutico en una Casa de Atención y Acompañamiento Comunitario (CAAC) en el barrio de Mataderos (CABA) en el periodo 2021-2023. El funcionamiento de dicho dispositivo se enmarca en la articulación entre organizaciones sociales y políticas con la Secretaría de Políticas Integrales de Drogas (SEDRONAR), organismo estatal que subsidia a este tipo de organizaciones con el objetivo de que construyan dispositivos territoriales que brindan atención psicosocial gratuita a personas adultas que padecen consumo problemático de sustancias. A partir de dicha experiencia se elaborarán una serie de reflexiones clínicas-teóricas-políticas en torno a las potencialidades, límites y desafíos de las intervenciones grupales en un dispositivo comunitario de salud mental.
¿Cómo desactivar las lógicas de privatización del padecimiento mental? ¿Es suficiente con llevar a cabo prácticas terapéuticas grupales? ¿De qué manera promover enunciaciones colectivas en un grupo? ¿Cuál es el rol de un/a coordinador/a? ¿Qué es "colectivizar" el malestar? ¿Cuáles son sus implicancias políticas y terapéuticas?
En este breve abordaje, donde la práctica marca el paso, pero también el intento de poder deconstruir nuestros propios procesos de subjetivación, nos interesará reflexionar sobre tres ejes: (1) ¿cómo nos aproximamos a una problemática que hemos construido de qué modo? (2) ¿Qué dolores atraviesan las juventudes adolescentes y no-adolescentes? Y (3) ¿Cómo discriminar algunas presentaciones del dolor?
Quizás por este extrañamiento moderno en relación al dolor y la muerte, es que no tengamos una ley de eutanasia o de asistencia a la muerte. El resultado de que la muerte devenga clandestina quizás sea lo que determine
Una querida paciente cuyo análisis se desarrolla de manera virtual por la distancia geográfica que nos separa, trae un sueño.
En el mismo, conversamos, lo hacemos a través de una pequeña ventana. Yo estoy ubicada afuera, y ella, adentro… El espacio en el que la charla discurre seguirá demostrando su significatividad con el paso de los meses, pero hoy no viene al caso. En esta ocasión en particular, ella habla mientras yo la escucho con atención. Se trata de algo importante y estamos ubicadas cada una de su lado, cara a cara.
En 2020 también nos dirigimos a los clásicos para revisar cómo se habían ido sorteando los cambios acaecidos en el pasaje del consultorio vienés del siglo XIX a espacios tan diversos como hospitales generales, gabinetes, campos de refugiados, ludotecas…
Todxs tenemos una historia para contar. Algunas de esas historias están llenas de muchos recuerdos, otras con algunos más chiquitos. Algunas historias están teñidas de momentos felices y otras no tanto. Pero todxs tenemos una historia para contar. Quienes por la suerte del azar de la vida contaron con personas a su alrededor para armar y transmitirles esa historia, tendrán el camino un poco allanado, pero ¿qué sucede con aquellos cuya historia se encuentra inaccesible por no tener quien le cuente dicho relato? ¿A dónde van a parar esas historias?
Intentaremos transmitir la historia de cómo dos psicólogas de un hospital público de la provincia de Buenos Aires, comenzaron a asistir al servicio de neonatología de dicha institución semana a semana en la búsqueda de historias para contar
El traumatismo colectivo nos atraviesa hasta las entrañas. En los cuerpos, en las guardias, en las internaciones, en las calles, en los consultorios, en los diferentes espacios.
En este texto buscaré herramientas en algunos momentos de la historia, precisaré algunos conceptos, para poder llegar a la propuesta de cómo tener dispositivos clínicos a la altura de este traumatismo “generalizado” (tal como lo define Enrique Carpintero) que vivimos.
Nos enfrentamos con procesos de desubjetivación que nos exigen, como entonces, la inteligencia y la imaginación colectiva para enfrentar este “traumatismo generalizado”
ADVERTENCIA: Lo que van a leer a continuación no es un relato convencional: es un intento de transmisión de un día cualquiera de trabajo en un hospital público de la Ciudad de Buenos Aires, sito entre Barracas y Constitución. Transcurre sin comas ni respiros y en tiempo real, lo cual puede generar mareos, náuseas, taquicardia y posibles huidas. Pero, ojalá quieran quedarse hasta el final porque, aunque no lo crean, hay recompensa.
No atropellada, no de un cáncer, ni siquiera por las venas taponadas de colesterol: voy a morir de institución, aplastada de demandas
La idea de este escrito es poder pensar cómo la imagen del cuerpo toma un valor considerable, haciendo del mismo una pantalla donde se proyectan pensamientos, se comunican y se tramitan experiencias. Consecuencia de ello, mi interés fue hacia los tatuajes. Desde una mirada psicoanalítica haré una articulación teórica vinculada a un caso clínico que doy seguimiento como residente de segundo año en el Hospital de Alta Complejidad SAMIC de El Calafate.
Al involucrarme en el caso, lo que captó mi atención fueron sus tatuajes, me preguntaba qué querían decir, que significado tenían, qué no podía decir y pensé en cómo construir su historia
En este artículo nos proponemos establecer una aproximación al concepto de interseccionalidad, con la finalidad de poder articularlo con la clínica psicoanalítica. Para ello, llevaremos a cabo un análisis detallado del caso de la joven homosexual de Freud, utilizando como fuente los artículos del caso freudiano Sobre la psicogénesis de la homosexualidad femenina (1920) y Sidonie Csillag, la joven homosexual de Freud de las biógrafas Rieder, I. & Voigt, D (2004). Sostenemos que la incorporación de este enfoque permitirá una comprensión más profunda y matizada para la escucha psicoanalítica.
A partir de los 90 ́ empieza a visibilizarse movimientos de mujeres indígenas y afrodescendientes que planteaban críticas al feminismo urbano y blanco-mestizo hegemónico hasta entonces, al señalar la necesidad de articular las relaciones de género con las relaciones de raza y colonialidad
En tiempos de abundancia siempre resulta oportuno detenernos y analizar qué tenemos entre las manos, cómo aquello cae por nuestros dedos, qué aromas y manchas nos deja. Hoy, la abundancia en ofrecimiento de supervisiones y formaciones en la materia se hacen evidentes. Nos convocan a interrogarnos, a escuchar, a tomar un posicionamiento.
No existe el Saber Supervisar. El saber queda ligado a la transmisión y ésta al acto terapéutico de la experiencia propia, de su labor como profesional
Como contrapartida de la asociación libre, Freud conceptualiza la atención flotante. Jaques Derrida trabaja el concepto de “hospitalidad” como respuesta ante la otredad. Suely Rolnik y Félix Guattari nos proponen cartografiar un territorio no explorado. Junto a estas, podríamos rastrear otras tantas elaboraciones que nos tienden la mano hacia la posibilidad de una apertura. Son bordes que señalan la brecha necesaria para la emergencia de un campo sensible.
La atención flotante no es un elemento trascendental a-histórico inmune al magma de significaciones sociales ni a las singularidades de lxs analistas.
Entre los avatares de la clínica queda de manifiesto, que el vínculo parento filial es uno de los más complejos para pensar, ya que hay todo un desarrollo teórico, conceptual y práctico que parte de la idea de un estado de inermidad inicial de cuidado absoluto hacia un sujeto que depende del otro para su subsistencia, al “éxito angustiante” que deviene de reconocer a ese otro en su alteridad y autonomía, que no depende ya de esos cuidados.
Nos enfrentamos al desafío de pensar, junto con otros, las marcas de época, por más que los deseos parentales parezcan los mismos en cuanto a la trascendencia, y al cumplimiento narcisista del deseo propio
El presente escrito intentará reflexionar, a partir de un caso clínico, las posibles relaciones entre la psicosis y el concepto de huellas mnémicas como parte de la constitución del psiquismo desde una perspectiva psicoanalítica.
Partiremos de reconocer que cuando un sujeto padece un brote psicótico queda en estado de perplejidad, perdiendo las coordenadas tanto de la realidad como de la orientación, cortando al mismo tiempo el vínculo con el mundo de lo objetal, situación que conlleva un intenso sufrimiento y estado de angustia.
En el caso clínico presentado podemos inferir que en el sujeto la alucinación aparece como desbordando la investidura y se da a expensas de la realidad objetiva.
Estamos atravesando un momento bisagra en nuestra cultura. En este “fin de época en el mundo” hay un “antes”, un “después” y un “mientras tanto, espacio de transición éste asociado a un compás de espera, lo que no resulta así en esta ocasión. Este “entreacto” epocal día a día nos sorprende. Las percepciones, valoraciones y razonamientos con los que veníamos operando lo cotidiano ya no resultan tan adecuados, pudiendo incluso, distorsionar la percepción, la elaboración y el procesamiento de lo percibido. Estamos en un momento de transformación de nuestra “lógica de base”.
El analista no es un maestro que enseña su saber al analizante, sino que ambos, cada uno desde su rol, son sujetos de elaboración de la actual transformacion de la lógica de base y de los valores para intercambiar con los otros conciudadanos
Quiero partir del impacto que me provoca el reiterado encuentro con formas de violencia cada vez más al servicio de la pulsión de muerte, en el marco del marcado crecimiento de la desigualdad social que tomó cuerpo desde la pandemia de covid-19, y que se potencia brutalmente desde el comienzo del gobierno neofascista que estamos transitando en Argentina.
Un sujeto no puede constituirse si no es a través del reconocimiento de otros. Si esa mirada que le permite sentir su condición de sujeto no estuvo, no tiene cómo sostenerse y se derrumba
Carla Delladonna (compiladora), Rocío Uceda (compiladora), Paulina Bais, María Sol Berti, Susana Di Pato, Marta Fernández Boccardo, Romina Gangemi, Maiara García Dalurzo, Bárbara Mariscotti, Agustín Micheletti, María Laura Peretti, Malena Robledo, Georgina Ruso Sierra